Relaciones de Pareja

Rendirse a lo que separa

Para lograr el bienestar y la estabilidad en la pareja no basta con el amor. En casi todas las parejas podemos rastrear la presencia del amor en alguna o todas sus manifestaciones: pasión, ternura, amistad, decisión, compromiso, etc. Sin embargo puede no ser suficiente y, a pesar del amor, algunas parejas no logran superar los grandes temas que los acechan y deben rendirse a la tenaza de las dificultades o buscar soluciones para ellas.

Apreciar nuestros orígenes y tomar a nuestros padres, allana el camino de la pareja.

Una persona soñó una noche que se acercaban sus padres y depositaban unas monedas en sus manos, no sabemos si muchas o pocas, si de oro, de plata o de hierro. La persona durmió feliz el resto de la noche y al día siguiente fue a la casa de los padres y les dijo: – he soñado que me entregabais unas cuantas monedas y he venido a agradeceros y deciros que las tomo con gusto. Los padres que, como todos los padres, encuentran su grandeza en el reconocimiento y capacidad de recibirlos de los hijos contestaron: – como eres tan buen hijo, puedes quedarte con todas las monedas, y puedes gastarlas como quieras y no es necesario que las devuelvas. El hijo se fue de la casa de los padres y para siempre se sintió pleno y enraizado y el día que encontró una pareja podía sentir en su interior “tengo padre y madre así que me bastara con que él o ella sea mi compañero y yo el suyo”.

Esta historia ilustra en el lado inverso el hecho de que a veces algunos hijos no toman sus monedas que representan la herencia de nuestros padres porque entre ellas también están envueltos las heridas y los sucesos dolorosos y prefieren decir: “no me sirven o no son suficientes o son demasiadas, etc.” y entonces, en algún nivel, caminan huérfanos sosteniéndose en los falsos poderes del resentimiento, el victimismo, la enfermedad, la iracundia, etc. en lugar del verdadero poder de tomar a los padres y su historia y su realidad. Entonces, cuando no toman a sus padres, se acercan a su pareja e incluso a sus hijos con la idea de que la pareja o sus pequeños tendrán las buenas monedas que no recibieron de sus padres, lo cual trastorna el orden entre el dar y el tomar.

La pareja no es una relación materno filial sino una relación entre adultos y aunque la pareja tome el lugar materno o filial en ciertos momentos y aunque con suerte algunas parejas logran balsamizar y reparar viejas heridas con los padres, en general cuando esperamos de la pareja lo que no pudimos tomar de los padres y éste se convierte en el patrón de trasfondo de la relación es demasiado y la pareja fracasa en medio de grandes dolores y desgarros emocionales. Al contrario de lo que es usual en las canciones románticas podríamos decir que funcionamos mejor en la pareja cuando somos más autónomos y reconocemos que sin él o ella también estaríamos bien, que también seríamos capaces de vivir.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

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5 pasos para terminar con tu pareja de forma asertiva

Redacción Editorial Phrònesiswww.elartedesabervivir.com

Saber cuándo hemos perdido el interés en una relación puede ser más sencillo que deducir la forma adecuada de comunicarlo sin herir a nuestra pareja actual y, por supuesto, sin salir heridos.

Para la psicóloga Jill P. Weber, muchas personas se atascan en relaciones o matrimonios infelices porque no quieren herir los sentimientos de su pareja o porque no saben cómo dar por terminada la relación, así que en lugar de hacerlo de forma directa, comienzan a comportarse de manera disfuncional para que sea su pareja quien tome la decisión de distanciarse o para crear un punto de quiebre inevitable.

Algo común que hacen las personas en situaciones como esta, explica Weber, es evitar súbitamente todo contacto con la pareja como una señal subrepticia de que las cosas no marchan bien. En otras palabras: se convierten de pronto en un fantasma.

“Esto es un comportamiento irresponsable”, opina Weber, “[Porque] le debes a tu pareja información acerca de lo que está debilitando su unión. De otro modo, estás condenándola a la especulación y la duda”.

Sumado a este comportamiento, otra forma poco recomendable de terminar una relación es hacerlo por teléfono, mensaje de texto o redes sociales. Esto, indica Weber, solo demuestra falta de respeto por la otra persona y poca consideración hacia sus sentimientos.

“No hace falta recurrir a comportamientos disfuncionales para [terminar con tu pareja]. Generalmente, hacer esto sólo intensifica la agonía del rechazo”, explica Weber.

Si estás insatisfecho con tu relación de pareja y no has dado aún con la manera indicada de dar por culminada la relación, solo lee y aplica las siguientes recomendaciones para hacerlo de forma asertiva y sin adoptar una conducta dañina para ninguno de los dos en el proceso.

Cómo terminar con tu pareja desde la empatía

Para Weber, la forma ideal de romper una relación es asumir la responsabilidad absoluta por lo que sentimos y expresar nuestra decisión con honestidad.

A continuación, la psicóloga sugiere una lista de cinco pasos para romper con tu pareja de manera directa y asertiva.

1. No improvises, prepárate con tiempo

Elige un momento y lugar específicos para hablar cara a cara con tu pareja acerca de tu deseo de dar por terminada la relación.

Ten claras las razones por las que quieres romper el vínculo y sé consciente de que tu pareja puede querer que se las expliques detalladamente. Es parte del proceso de asimilación y está en su derecho de buscar un punto de entendimiento.

2. Sé honesto

Cuando comuniques tu decisión, habla siempre desde la honestidad y cita hechos verídicos que den ejemplo de por qué no funcionó la relación.

No te escudes detrás de supuestos ni justifiques el rompimiento atacando a tu pareja o juzgándola por sus errores. No es necesario ponerse a la ofensiva ni victimizarse para respaldar tu decisión; después de todo, las relaciones son de dos personas y tu pareja podría opinar algo distinto que, por supuesto, tiene derecho a expresar.

3. Elige quedarte con lo bueno

Reconoce las cualidades positivas de la relación y las enseñanzas que te llevas de tu pareja.

Expresa los aspectos en los que eres una mejor persona gracias a la experiencia que viviste con tu pareja y qué recuerdos conservas con alegría.

4. Sé consciente del dolor del otro

Haz que tu pareja sepa que estás ahí no sólo para comunicarle tu deseo de culminar la relación sino también para escucharla, apoyarla y responder a sus preguntas. Que perciba que sus sentimientos son importantes para ti, aunque la decisión final haya sido tomada.

5. Corta el flujo de comunicación

Al final de la conversación, haz saber a tu ex pareja que necesitas un periodo de distanciamiento y que, por ende, es mejor no tener contacto por un tiempo.

Para Weber, la lejanía física es indispensable para una recuperación sana. “En realidad”, explica, “La única razón legítima para no evadir el contacto es que hayan hijos de por medio y debas comunicarte con tu ex pareja acerca de las responsabilidades parentales, e incluso en ese caso, debes poner límites para que la conversación se trate únicamente de los niños”.

Cuando este último paso se omite o se pretende que la relación de pareja recién terminada se transforme de inmediato en una relación de amistad, el resultado es una prolongación innecesaria de sufrimiento para una o ambas partes

Según Weber, si bien no podemos controlar la forma en que nuestra pareja asumirá el proceso de duelo, sí podemos decidir tratarla con respeto y consideración, y esto puede marcar una gran diferencia tanto en su recuperación personal como en la imagen que se lleva de nosotros.

Escrito por: Editorial Phronesis

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4 cosas que no debes ignorar en un pololeo (si quieres que sea sano)

Artículo publicado originalmente en El Definido

A raíz del triste y recurrente tema de la violencia en el pololeo, Mane Cárcamo apunta a esos temas que debemos tener en cuenta en una relación de pareja para que sea constructiva.

El caso de Tea Time y la violencia en el pololeo sin duda se ha tomado la agenda noticiosa esta semana. Y no es para menos. Lo visto y narrado debe hacernos reflexionar acerca del tipo de relaciones que estamos construyendo y el cómo todos (mujeres y hombres), debemos concebir y vivir esa palabra tan grande llamada AMOR.

Todos estos lamentables sucesos me hicieron preguntarme, ¿cómo se están viviendo los pololeos? ¿Cuáles son los códigos? ¿Las formas? Porque personalmente creo que en las relaciones humanas las formas sí importan, porque al descuidarlas también se comienza a diluir el fondo y todo aquello que hace que el vínculo con el otro nos lleve no sólo a quererlo mucho, sino que también a ser una mejor versión de uno mismo.

Y bueno, creo que qué hay materias revisables que podríamos sentarnos a pensar y mirar, porque tal vez las hemos normalizado y sin querer ser grave, son los primeros síntomas de actitudes que podrían hacer que una relación deje de ser sana y cuidada.

El pololeo emoticón

Soy seca para el uso del WhatsApp y nada más lejos de esas personas que condenan su uso a ultranza. Pero sí prendo las alertas cuando en una relación, todo pasa por la app. Los cabros ya no son capaces de tocar la puerta para avisarle a la conquista que llegaron (todo se resume en un “afuera”) el amor se declara con lindos y actualizados emoticones y los conflictos se resuelven a través de audios.

¿Y qué pasa con el cara a cara? ¿Con la mirada de perro San Bernardo enamorado, el rostro chato por la actitud del otro, el gesto de tocar la puerta y esperar un ratito haciéndole la pata al suegro? Mi punto no tiene que ver con una exaltación de la Edad Media, sino que con el real encuentro personal y toda la riqueza no verbal que eso implica. Una experiencia que nos habla mucho de la persona que tenemos al frente y que por ende nos hará tomar mejores decisiones también.

La ausencia de intimidad

En un mundo en donde se publica hasta el último Papanicolaou, la intimidad parece un concepto tan pasado de moda como el Axé. No solo la vida es un reality en las redes sociales, sino que además lo que nos pasa, lo que nos hace felices, lo que nos complica, lo sabe todo el mundo menos la persona de la que estamos enamorada/os. De un tiempo a esta parte parece normal que todas las amigas de la oficina sepan lo que ocurre con el pololo entre cuatro paredes (y no me refiero solo a lo físico) y el protagonista de la historia sea el último enterarse de aquellas cosas que no van bien. Lo mismo para los hombres que muchas veces se jactan frente a sus amigos exponiendo a la otra persona como la gaviota de Viña.

¿No debería ser el otro el primero en saber lo que me molesta, lo que me hace feliz, lo que complica o preocupa? ¿No debería existir una zona en la que nadie puede entrar y la que se resguarda bajo siete llaves? A veces me da la sensación que vivimos relaciones en donde toda la cuadra sabe nuestros conflictos, menos el que los está causando. Volver a cuidar lo de adentro, resolver lo que nos preocupa con quien corresponda y ponerle clave de seguridad a lo que tiene que tenerlo, es algo que deberíamos repensar.

Las cosas lateras también son parte del pololeo

Es así. El que solo quiera hacer las cosas que tiene ganas en una relación, lamentablemente le está poniendo fecha de vencimiento a la misma. Hay que apañar en esos panoramas que no nos pueden interesar menos como el cumpleaños de la ahijada que no conocemos, la comida de pega soporífera, la final del campeonato de ajedrez o el encuentro de jedis latinoamericanos. Simplemente porque para el otro es importante y como alguien me dijo por ahí “se debe aprender a ser feliz con la felicidad del que quiero”. Podré sonar cliché y tíldenme de anticuada, pero el amor profundo sí requiere de sacrificios. El que quiera lo contrario y el que no esté dispuesto hacerlo, tiene menos posibilidades que MEO en las próximas elecciones.

¡Abajo los negociantes!

Queridas y queridos, ojo cuando en la relación todo se transa y se negocia. Los pololeos con cupones van directo al abismo. “Te fuiste con tus amigas a un pub… OK yo hoy me desbando con los cabros”, “Si te sumas a ese viaje con tus compañeros de U, voy al matrimonio donde va a estar mi ex polola”. Ese tipo de amenazas en las que el canje es la manera de “castigar “a la pareja, puede ser una manera muy sutil de dominación. El respeto a la libertad en el pololeo es simplemente un mandamiento. Eso no quiere decir que uno no pueda manifestar la molestia frente a algo que no le parece, pero utilizar la transa, la manipulación sicológica o la culpa, es una tarjeta amarilla que nos debe hacer reflexionar acerca de cómo quiero vivir una relación.

La violencia no parte con el combo en seco, como todo en la vida los pequeños y sutiles detalles, comienzan a revelar signos que nos deben hacer tomar conciencia.

Una vez mi papá me dijo en mi tierna juventud “el pololeo es para ser feliz, para pasarlo bien, para conocerse, para madurar. Si es una tragedia venezolana, por mucho que te duela, como diría el vocalista de Magneto ‘vuela vuela’”. ¡Y sí que tenía razón! Y obvio que se lo copiaré y diré a mis hijos. Porque cuando se elige a alguien para ser tu compañero de vida, o construir un proyecto familiar, la capacidad de resolver conflictos con serenidad, el respeto por los intereses y pasiones del otro, la posibilidad de enfrentar marejadas juntos sin naufragar, y ante todo la admiración y la complementariedad con el otro, serán la claves para alcanzar esa felicidad que tanto buscamos los seres humanos.

¿Qué otras cosas agregarías a la lista?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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10 formas de saber si tu pareja es posesiva

Redacción Editorial Phrònesiswww.elartedesabervivir.com

Si tu relación se desenvuelve en un ambiente de control obsesivo, hostilidad, aislamiento social o condicionamientos impuestos como “requisito de amor”, es muy probable que te encuentres en medio de una relación con una pareja posesiva.

Según la psicóloga Shauna Springer, de la Asociación de Psicología Clínica de Florida (Estados Unidos), el comportamiento posesivo supone una forma de celos agravada, mucho más destructiva y peligrosa que habitualmente es ocasionada por una baja autoestima e inseguridad.

A diferencia de los celos moderados, que bien pueden considerarse “normales” en una relación, la posesividad involucra una serie de conductas que atentan directamente contra el equilibrio emocional, libertad e integridad física de la pareja, por lo que no es ni debe considerarse un comportamiento “natural”.

Una tendencia a la posesividad puede dar origen a desórdenes mentales y fisiológicos de consideración, entre ellos:

  • Hipervigilancia
  • Irritabilidad
  • Pensamientos obsesivos
  • Ansiedad generalizada
  • Insomnio

De hecho, los celos y la posesión son una de las principales causas de suicidio y homicidio pasional.

¿Cómo saber si mi pareja es posesiva?

La tendencia a la posesividad puede no hacerse evidente durante las primeras etapas de la relación, sino presentarse paulatinamente a medida que la pareja con personalidad controladora se introduce en el núcleo íntimo de la otra persona. A partir de ese momento, los episodios de celos y demandas obsesivas se vuelven cada vez más frecuentes, siendo común que el miembro dominante de la relación acuda a técnicas de aislamiento social como distanciar a la pareja de su familia y círculo de amigos.

A pesar de las señales de alerta más distintivas en estos casos, como la ausencia de respeto por la privacidad y vida social de la pareja, algunas personas desconocen — o prefieren desconocer — que han caído en el abismo de una relación tóxica con un individuo posesivo hasta que conductas de mayor gravedad, como la violencia física y verbal, hacen su aparición.

Si el comportamiento de tu pareja ha hecho saltar tus alarmas, sírvete de las siguientes características de una personalidad posesiva para evaluar con mayor acierto tu situación actual y tomar las medidas necesarias para garantizar tu propio bienestar y seguridad.

10 características de una persona posesiva

  1. Sabotea tu autoestima y te hace dudar de ti mismo (a). Te inyecta la creencia de que necesitas su apoyo y que no eres capaz de cumplir tus metas por cuenta propia.
  1. Te motiva a adoptar hábitos autodestructivos, como el consumo desmedido de alcohol o drogas. El objetivo de esto es debilitar a la pareja introduciendo una adicción para que resulte más fácil ejercer control sobre ella.
  1. Busca imponer siempre su punto de vista en cualquier situación. Son personas que se niegan a ceder su autoproclamada autoridad, así sea a expensas de la salud física o emocional de otros.
  1. Se muestra anómalamente controladora o agresiva durante los encuentros sexuales. Procura siempre establecer una condición de dominancia sobre la pareja.
  1. Ridiculiza o se burla en lo público y lo privado de la pareja. Convierte el humor crudo y mordaz en un arma de filo para causar daño sobre la autoestima de la otra persona y fortalecer su posición.
  1. Hace mención con frecuencia a los puntos fuertes que posee y lo afortunada que debe sentirse la otra persona por tenerla a su lado. El discurso habitual incluye el énfasis en lo “poco merecedora” que es la pareja, de modo que se establece una dinámica de amo — esclavo donde la víctima de la personalidad posesiva termina creyéndose en deuda perpetua con ella, obligada a sacrificarlo todo y trabajar desmedidamente por la relación.
  1. Ataca las creencias o sistema de valores de la pareja buscando hacerla sentir estúpida o avergonzada por su forma de pensar. En el lado opuesto, reafirma sus propias ideas y las presenta como verídicas e irrefutables.
  1. Desestima la importancia del espacio personal y momentos de soledad del otro. Exige, en cambio, que la pareja deposite toda su atención, tiempo y energía en la relación.
  1. Domina a la perfección el arte de hacer sentir a la pareja culpable por un hecho sin trascendencia, o bien por algo que ni siquiera ha ocurrido. Cuando el otro miembro de la relación es de personalidad sumisa, la culpa puede potenciar fácilmente el aislamiento social y la pérdida de la privacidad con tal de “evitar dolores de cabeza” a la pareja posesiva y “cuidar” la relación.
  1. Busca siempre el modo de obtener información detallada sobre los movimientos y decisiones de la pareja. Considera que ningún dato personal debe serle ocultado y que tiene derecho a manejar la agenda privada de la otra persona para cerciorarse de que realmente no está haciendo “nada malo”.

Referencias:

http://cpancf.com/articles_files/jealousyinrelationships.asp
https://www.psychologytoday.com/blog/friendship-20/201506/20-signs-your-partner-is-controlling

Escrito por: Editorial Phronesis

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Nueve principios para un matrimonio feliz

Redacción Editorial Phrònesiswww.elartedesabervivir.com

En el pasado, las personas contraían nupcias tomando en consideración factores como una estabilidad económica favorable a largo plazo. Hoy en día, el matrimonio se vincula más al amor y el romanticismo que a una figura política meramente racional.

Para la terapeuta de pareja Esther Perel, cuando el matrimonio era una empresa económica, la infidelidad era tratada desde la perspectiva de la seguridad financiera, por ejemplo. Pero ahora que el matrimonio es un arreglo romántico, la infidelidad es tratada desde la seguridad emocional.

El hecho de que decidamos casarnos por amor y no exclusivamente por conveniencia social ha cambiado no sólo las implicaciones que trae consigo la unión entre dos personas, también los aspectos que influyen en que un matrimonio prospere en armonía.

La Asociación Americana de Psicología (APA), ha recopilado una serie de consejos con base en estudios psicológicos que han demostrado estar vinculados con matrimonios plenos y estables.

Ya sea que lleves años con tu pareja o que estés considerando el matrimonio como una posibilidad futura, la siguiente lista de principios te ayudará a conocer las bases de una relación fundamentada en el compañerismo y la alegría.

      1. Sepárate emocionalmente (y a tu pareja) del entorno en el que creciste

No es que el matrimonio exija desentenderte de tu familia o comportarte como un completo extraño, pero sí es importante separar tu identidad de pareja de la identidad de tus padres, tus hermanos o tus abuelos.

Unirte a alguien en matrimonio significa construir una nueva familia, no una réplica de la tuya.

Asentar una distancia emocional prudente evita, además, conflictos de pareja innecesarios que puedan tener origen en prejuicios, costumbres o creencias exclusivamente de tu entorno familiar y las cuales deberás aprender a dejar de lado para comenzar de cero.

Después de todo, si esperas que tu pareja cocine como tu madre o conduzca como tu padre, vivirás un matrimonio muy por debajo de tus expectativas, que serán, de cualquier modo, irreales.

  1. Construye con tu pareja lazos basados en una intimidad e identidad compartidas

El nosotros es más trascendental en el matrimonio que el y el yo.

La conformación de una identidad compartida significa alcanzar un punto de compenetración en el que ambos miembros de la relación sean capaces de pensar acertadamente en lugar del otro, de experimentar una empatía plácida donde el bienestar del ser amado encarne el propio bienestar.

Esto no debe confundirse con una pérdida de autonomía o derechos individuales. La unión emocional de la pareja debe promover de tal modo la confianza y el respeto mutuo que la libertad del otro sea un tesoro inviolable fuera de las garras del egoísmo y la dependencia.

       3. Establece una relación sexual rica y placentera y protégela de intrusiones externas

La conexión sexual no compensa la desconexión emocional, pero un buen entendimiento físico en la cama sí puede reforzar un matrimonio donde exista previamente un lazo de amor sólido.

Cuídate además de exponerte conscientemente a situaciones que puedan perjudicar la integridad de tu matrimonio y destruir la confianza de tu pareja. La fidelidad no debe ser el resultado de los sentimientos, sino una decisión arraigada a una intención y que, de ser necesario, implique acciones formales.

  1. Para las parejas con hijos: intercambien los roles de la paternidad y el efecto de absorción que la llegada de un bebé tiene en el matrimonio

Si la filosofía de los roles de género predomina por encima de la idea de una paternidad con tareas equitativamente repartidas, el resultado será que uno de los miembros de la pareja (por cultura, la madre), será la principal afectada por los efectos de absorción de tiempo y energía que implica el nacimiento de un hijo.

Esto no repercute solo en la salud de la madre, también puede influir en la acumulación de sentimientos negativos hacia el padre, de quien podría percibirse falta de entrega y compromiso.

  1. Protege la privacidad de tu relación

El mundo interno de una pareja es un espacio importantes donde la confianza y la intimidad emocional se refuerzan. Proteger la privacidad de este universo exclusivo significa reservar tiempo para pasar a solas con tu pareja y guardar discreción acerca de sus planes, sueños o inconvenientes.

Lo que tu pareja y tú piensen o hagan es parte de su construcción personal; mantenerlo en privado conserva la magia de la dinámica y una debida sensación de seguridad.

  1. Confronta las crisis y mantén fuerte el vínculo marital ante las adversidades

Los matrimonios mueren muchas veces antes de sufrir un fallecimiento definitivo. Esto no significa que la última muerte (el divorcio) sea inevitable; en realidad, asumir que las crisis son parte del ciclo de vida de toda relación y que son una oportunidad para emprender cambios positivos podría evitar el rompimiento de muchos matrimonios.

Cuando un problema drástico se presente en tu matrimonio, no lo ignores ni lo minimices, plántale cara y explora sentimientos y opciones con tu pareja. Estás en una barca de dos guardianes, no temas a las tormentas.

  1. El matrimonio debe ser un espacio de expresión, no de represión

La plenitud de una relación depende del grado de comodidad que ambas partes sientan al momento de compartir con el ser amado todo lo que son, todo lo que han sido y la ilusión de lo que esperan ser.

Esta libertad de expresión no aplica solo para los buenos momentos, las diferencias y las emociones negativas deben poder compartirse con la misma tranquilidad y fe ciega en que el otro estará ahí para servir de apoyo incondicional.

  1. Utiliza el humor y la risa, y no permitas que la monotonía apague la llama

El humor nos ayuda a poner las cosas en perspectiva sin importar lo gris que luzca el panorama.

Para evitar que la monotonía devore tu matrimonio, debes estar abierto a la espontaneidad y a la diversión no planeada de convertir un momento incómodo en la mejor broma jamás contada.

Si tu pareja y tú aprenden a desenvolverse en esta dinámica ocasional de niños traviesos, siempre tendrán algo nuevo por hacer y un lugar maravilloso al cual ir juntos.

  1. No abandones los detalles que hicieron que tu pareja se enamorara de ti

Las consideraciones iniciales que alimentaron el fuego del romanticismo y dieron forma al amor deben permanecer durante el matrimonio.

De hecho, es el olvido de los detalles y las expresiones de afecto lo que hace que los amores más profundos pierdan el brillo y se marchiten.

Bien lo dijo Mario Benedetti: “Para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena consciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor”.

Fuente: APA

Escrito por: Editorial Phronesis

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Segundas relaciones (3ra parte)

Tolerar el bienestar y el dolor

Lo que nos lleva a la pareja y le otorga su importancia es el reconocimiento de que estamos incompletos, de que algo falta, de que sentirnos solos y únicos lastima el puzzle interior del Alma que todos necesitamos redondear. El otro, por tanto, completa nuestra sed de totalidad. El vehículo que nos lleva al otro es la sexualidad en primer lugar, junto con la ternura, el cuidado y la seguridad en segundo lugar, y la compañía y el camino común en tercer lugar.

Cuando una pareja persiste en su camino común y en el intercambio y crece a través de los hijos, los proyectos compartidos, los retos y vaivenes asumidos, etc. se profundiza el vínculo de una manera necesaria y grata para el alma pero con grandes consecuencias: por un lado aumenta el bienestar de manera tal que algunas personas no lo pueden soportar y por otro lado nos hacemos candidatos al dolor ya que la traición o la pérdida de la persona amada desgarrará nuestro cuerpo, nuestro corazón y nuestra alma.

Una nueva relación debe incluir la pregunta sobre cuánto bienestar seré capaz de buscar y tolerar y también de qué manera estoy listo para ser de nuevo candidato al dolor y asumirlo si es preciso. Para muchos quizá resulte incomprensible la idea de tolerar el bienestar pero mi experiencia como terapeuta me ha enseñado que muchas personas empiezan a boicotear sus relaciones amorosas “justo cuando todo va bien” lo cual me ha hecho pensar a menudo en una especie de tabú cultural sobre el bienestar, lo cual se explica por una feroz lealtad a los modelos familiares en los que crecimos cuando fueron desdichados. Ningún hijo tolera bien un cociente de bienestar mayor del que conoció en su escenario familiar primero.

El reto consiste en permitirlo y transformar lealtades desdichadas en regalos de bienestar para nuestros orígenes.

continuará….

JOAN GARRIGA

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Segundas relaciones (2da parte)

Buscar la felicidad en el lugar equivocado

Es dudoso que el sentido de la pareja sea proveer de felicidad a sus miembros pero es común soñar que la felicidad llegará con la unión perfecta con el otro, como si ésta se tratara del calmante de todos los males, una suerte de elixir que nos hace invulnerables y realiza la esperanza de reposar confiados en el añorado seno materno.

Que la pareja nos dará la felicidad es una creencia tan extendida que si uno la cuestiona se arriesga a hacerse enemigo de los ilusionados. Sin embargo, si preguntamos a parejas consolidadas suelen contestar que la pareja no les ha dado estrictamente felicidad tal como la esperaban, sino una ardua, agria y dulce tarea interior y de crecimiento, y la compensación es más bien un sentimiento de dulzura, alegría, unión y compromiso en el camino común. Proporciona con suerte la alegría y la dulzura de saberse juntos y confiables en un camino común.

Sabiendo que la progresión de la pareja exige un buen número de penosos ajustes en el ego personal resulta un tanto infantil mantener intacta la creencia de que debe proporcionar la felicidad. Según palabras de San Agustín la felicidad consiste en tomar con alegría lo que la vida nos trae y en soltar con la misma alegría lo que la vida nos quita. Seguramente la felicidad tiene más que ver con una actitud ante la realidad que vivimos que con la realidad misma. Somos felices cuando conseguimos apreciar y fluir con lo que nos toca vivir en lugar de hacerlo depender del estricto cumplimiento de nuestros deseos y nuestros cambiantes pensamientos y sentimientos.

Sería un gran paso liberar a nuestras parejas del peso de tener que hacernos felices y liberarnos a nosotros mismos del peso de hacerlas felices para que paradójicamente la felicidad pueda ser mayor. Sería más prudente y sabio tener simplemente la expectativa y el ofrecimiento de un cierto bienestar y realización en el intercambio y en la relación.

Una buena orientación para abordar una nueva relación es liberarla de la expectativa de que nos haga felices asumiendo la tan proclamada idea llena de sentido común de que nada ajeno nos hará felices. Que la felicidad empieza en uno mismo y entonces, como el aceite, se extiende hacia los demás.

continuará….

JOAN GARRIGA

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Ser pareja es distinto que tenerla

Cada vez me toca más seguido enfrentarme a personas, hombres y mujeres que me cuentan historias sobre sus relaciones las que por diferentes razones se ven cada día más complejas. Parece que la tolerancia, la paciencia, la aceptación y la entrega de amor al otro están en jaque en estos tiempos.

Es como sentir que yo quiero ser feliz, pero no está tan claro que quiera hacer feliz al otro. Todo comienza y termina en mi y no en el otro como debiera.

Ser pareja implica tener complicidad, pasión, humor y a mi juicio mas aceptación que tolerancia. Tengo que desear mirar al otro (a) a los ojos y mirar hasta adentro, hasta el alma que seguramente conocí cuando partía el romance. Esas cosas que se dejan de hacer cuando uno se siente erróneamente seguro y parece que el objetivo de haberla o haberlo enamorado se consiguió y ahora podemos descansar.

Se descansa de decir te amo , te necesito y de hacer cosas que al otro o a la otra lo hagan sonreír.

Todo esto, es un trabajo diario que al igual que tantos temas que hemos compartido requiere de la voluntad, de entender que el amor es una decisión.

Y así como el amor es una decisión, ser fiel o no también lo es. Es verdad que muy pocas veces por lo menos conscientemente la infidelidad se busca, sino que más bien aparece y cuando se toma conciencia del ” juego” en el que estoy, recién ahí comienza la decisión de continuar o no en ese doble estándar.

La manera de definir infidelidad desde las femenino es diferente desde lo masculino. Mientras para la primera basta con pensar en otro y tal vez chatear con él, para los segundos, se consolida casi sólo con el acto sexual.

Mucho se me pregunta si una infidelidad se puede perdonar o no, creo primero que es importante entender que la mayoría de las veces la infidelidad nunca es causa de nada, sino que consecuencia de algo que no se habló y que muy probablemente se deriva de ambas personas en la pareja.

Entendiendo esto, estoy segura que una infidelidad se puede perdonar cuando se entiende como un proceso de a dos y como una de las tantas instancias de crecimiento que puede vivir la pareja. Lo qué hay que entender para realizar ese proceso, es que la pareja que existía antes de que esto explotara nunca volverá a ser la misma y es bueno que así sea. Es como un vaso que se rompe y que no a puede pegar y si se pudiera no sería sano. Hay que construir otro vaso con nuevas expectativas, nuevas metas donde el episodio se trabaje, pero no se cobre nunca más.

Perdonar, no implica olvidar, perdonar de verdad implica recordar sin dolor, porque se aprendió de él y se sacaron todos los aprendizajes necesarios de este camino recorrido. Ser pareja requiere tiempo, y es una de las aventuras más lindas del ser humano porque nos enfrenta a nuestras luces y nuestras oscuridades todo el tiempo y si no sabemos caminar con ambos, nos mentiremos y la posibilidad de engañarnos a nosotros mismos y al otro aumentan notoriamente.

El amor de pareja no es a mi juicio incondicional, requiere de un ida y vuelta que debe ser proporcional para que ambos sientas que pueden vivir sus espacios personales y privados entre los dos sin que estos no compitan.

Es una aventura descubrirnos a nosotros a lo largo de la vida, como no va a hacer maravilloso poder descubrir un otro y tener todo el tiempo que la vida regale para compartir ese crecimiento.

Escrito por Pilar Sordo – Psicóloga

Extraído de www.pilarsordo.cl

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Segundas relaciones

por JOAN GARRIGA

Son tiempos caóticos y creativos, originales e inciertos, turbulentos y esperanzados para el amor en las parejas. Algunos estudiosos han acuñado el concepto de “monogamia secuencial” que viene a anunciar lo que todos ya percibimos –unos con cierto alivio, otros con más añoranza-: el funeral de “la pareja para toda la vida”. Monogamia secuencial significa que, hoy por hoy, las personas tenemos estadísticamente muchas probabilidades de tener entre dos, tres o más parejas consecutivamente a lo largo de una vida con la consiguiente complejidad de formatos familiares y de convivencia que acarrea y, sobre todo, con un alto precio en estrés emocional, afectivo y vincular. Nunca como ahora habíamos enfrentado de forma masiva tantas exigencias emocionales y tránsitos dolorosos. Amarse, unirse, vincularse, crear, separarse, desprenderse, volver a empezar, son cualquier cosa menos trámites desde la frivolidad. Golpean las cuerdas que más intensamente vibran en nuestras almas, las del amor y el desamor.

Son tiempos presididos por la libertad individual. Una premisa discutible pero no cuestionada por la mayoría de personas es que somos dueños de nuestra vida y no al revés, que también tendría sentido, a saber, que pertenecemos a la vida y a sus propósitos. Los designios individuales priman a los comunitarios. De hecho en sociedades tecnológicas se desdibuja el sentido de lo colectivo y de lo trascendente y las personas se refugian en un rabioso norte auto referencial. En la actualidad las personas nos sentimos sin esfuerzo el centro del universo, y la presencia de las dificultades que la vida trae nos empuja a salvar el propio barco, el yo tan preciado, olvidando el marco grande del nosotros, del destino común. Así ocurre también en la pareja.

Las parejas han perdido sentido comunitario y, en general, ya no se encuentran insertadas ni apoyadas por una comunidad significativa, ya sea familiar o de convivencia. Por tanto cuando rugen los conflictos y los desacuerdos, cuando surgen las desavenencias, cuando la trama de los hijos pone a prueba la fortaleza de la pareja, cuando las inclemencias económicas o de salud golpean, cuando los estilos afectivos aprendidos en la infancia colisionan, él y ella, no encuentran espacios de apoyo, sosiego y alivio en otros y en la comunidad, y es tanto lo que esperan el uno del otro que resulta demasiado. Ante la tensión, la frustración y el dolor, giran de nuevo hacia el yo, se escoran hacia el único refugio seguro, sí mismos. Consecuencia: la separación. Siempre dolorosa, hiriente, difícil de integrar.

¿Cómo soltar donde pusimos tanto?

¿Cómo replegar el corazón cuando fue tan expansivo?

En la mayoría de las culturas el vínculo de la pareja, especialmente de la pareja convertida en progenitores, tenía un valor sagrado, reverente, de culto y servicio a la vida. La pareja vista como realización en el amor y en la sexualidad al servicio de la comunidad y de la vida.

El peligro que se cierne hoy ante la incertidumbre y el estrés de lo afectivo es la pérdida del sentido de lo sublime y lo misterioso en el vínculo de la pareja. Ante el dolor que se avizora en el horizonte, ante la inseguridad de los modelos, la tentación es ceder a una materialización de lo humano y de los vínculos, en los que el otro es visto como bien de consumo, efímero y fungible. Pero el ser humano necesita completarse a través de lo que le falta que siempre es el otro y, generalmente, para el hombre la mujer y para la mujer el hombre. La pareja nos completa pero no el sentido de media naranja que encuentra su otra media sino que a través del otro conseguimos experimentar la plenitud. Y no sólo la pareja; cuando el otro es verdaderamente un Tú surge el Yo en su grandeza. Como lo decía el filósofo y rabino Martin Buber, el verdadero encuentro humano se da en el Yo-Tú y no en el Yo-ello. El verdadero ser de cada uno se encuentra a través del reconocimiento del Tú.

La trampa fácil es la desesperanza. La salida cómoda es despojar de alma lo humano. El camino difícil es el del amor y el dolor, justo lo que nos hace fuertes y verdaderamente humanos. Una separación casi nunca es un trámite, es un desgarro en el alma y nos aboca a la proeza de transitar sus tempestades emocionales y realizar nuevos aprendizajes para salir fortalecidos en dirección a una nueva relación si es lo que deseamos.

He optado por iniciar esta serie de artículos haciendo una reflexión más sociológica que psicológica en una primera línea de abordaje, pues hemos de reconocer que para aligerar culpas y auto reproches por nuestros fracasos amorosos ayuda que nos sintamos participes de un movimiento social que trae sus propia reglas y exigencias y nos aboca al actual caos amoroso en el cual no hay más brújula para orientarse que la sumisión a los procesos sentimentales y emocionales de cada uno, desdibujados los carriles sobre lo correcto o lo incorrecto. Trataré de iluminar algunos mitos o errores comunes que desembocan en separaciones y como cada uno de ellos puede ser una oportunidad de aprendizaje y reorientación para posteriores relaciones.

continuará….

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

www.facebook.com/joangarrigabacardi

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¿ Celos racionales o enfermizos? Claves para descubrirlo

Redacción Editorial Phrònesiswww.elartedesabervivir.com

Los psicólogos coinciden en que los celos, cuando se presentan en un grado moderado y un contexto coherente, son francamente normales a lo interno de las relaciones y expresan un miedo latente a que el vínculo sentimental establecido con el ser amado pueda verse afectado o deshecho por la intervención de un factor amenazante.

Los celos se manifiestan cuando el temor a la pérdida, la inseguridad y la baja autoestima ganan la batalla a la paz mental. No obstante, existe una diferencia sustancial entre los celos racionales (que atienden a razones consistentes y verificables) y los celos irracionales o enfermizos (que se presentan a través de la ansiedad y la paranoia).

Aprendiendo a diferenciar entre los celos racionales y los celos irracionales

Los celos racionales pueden considerarse naturales cuando existen indicios reales de que un agente externo amenaza la estabilidad de la relación.

Es normal sentir celos, por ejemplo, en los siguientes casos:

  • Descubrimos que nuestra pareja nos oculta encuentros con otra persona en lugares y horas poco usuales.
  • Nuestra pareja recibe mensajes o llamadas en horarios sospechosos y muestra nerviosismo al atenderlas.
  • Cuando nuestra pareja comienza repentinamente a interesarse más por su apariencia física, pero no nos hace partícipes de su cambio de imagen ni toma en cuenta nuestra opinión.
  • Comienza a regresar a casa a altas horas de la noche sin una razón consistente.
  • Cuando nuestra pareja pierde el interés en compartir física o emocionalmente con nosotros.

Los celos racionales, dicho de otro modo, son normales e incluso acertados cuando lo que nuestro compañero sentimental dice que va a hacer no coincide con lo que realmente está haciendo, en cuyo caso es prudente hacer sonar las alarmas y abrir la puerta al diálogo para definir a ciencia cierta la situación actual de la relación y tomar las medidas pertinentes.

Algo muy distinto ocurre con los celos enfermizos, los cuales se presentan exista o no evidencia de peso, ya que responden más a una personalidad ansiosa e insegura que a un comportamiento inusual en la pareja.

Los celos enfermizos se manifiestan habitualmente en las siguientes condiciones:

  • Nuestra pareja no atiende a nuestros mensajes o llamadas con la prontitud deseada y asumimos que está con otra persona.
  • Comparte con su círculo de amistades y conocidos, que incluye miembros del sexo opuesto.
  • Desconocemos el lugar exacto en que se encuentra nuestra pareja y eso nos produce ansiedad y pensamientos obsesivos.

Los celos irracionales conducen con el tiempo a patrones de conducta disfuncionales, como la violencia, la persecución de la pareja y la obsesividad compulsiva.

¿Cómo saber si mis celos son racionales o enfermizos?

Lee cuidadosamente y responde con absoluta franqueza al siguiente listado de preguntas. Si la mayoría de tus respuestas son afirmativas, es probable que poseas una personalidad con tendencia a los celos, la ansiedad y la manipulación.

  • ¿Interrogas o sientes el impulso de interrogar constantemente a tu pareja acerca de los sitios que frecuenta o las personas con las que coincide?
  • ¿Exiges a tu pareja que te revele información detallada de sus planes o que te dé cuenta de sus decisiones?
  • ¿Sientes la necesidad de castigar a tu pareja con malos tratos o indiferencia cuando no atiende a tus ansias de saber dónde se encuentra y qué está haciendo?
  • ¿Preguntas constantemente a tu pareja respecto a sus sentimientos por ti?
  • ¿Revisas por cuenta propia el teléfono de tu pareja, su computador personal o su correo electrónico?
  • ¿Conoces la contraseña de las redes sociales de tu pareja y accedes a ellas regularmente para “supervisar” con quién establece contacto?
  • ¿Discutes con tu pareja frecuentemente con base en sospechas, pensamientos o escenarios hipotéticos?

Según el psicólogo David Buss, los celos trabajan a nivel cerebral mediante la activación de circuitos específicos que determinan la magnitud de la reacción de un individuo a otro, por lo que los hombros son más celosos ante la posibilidad de una infidelidad física, mientras que las mujeres se ven más afectadas por la posibilidad de una infidelidad emocional.

Aún así, los celos enfermizos llevados al límite pueden motivar tanto a hombres como a mujeres a causar daño físico o emocional a sí mismos, a su pareja o a terceros. Para el psicólogo Seth Myers, lo más importante es realizar una tarea de autoobservación, ser honesto con uno mismo y determinar si los celos que experimentamos se deben a una situación real o si conforman un patrón de conducta que ha sido común en relaciones anteriores, en cuyo caso el origen del malestar puede ser un autoconcepto pobre, miedo al abandono, falta de confianza en nuestras propias cualidades, miedo a salir lastimados o a abrirnos emocionalmente.

Una vez somos conscientes del origen de nuestros celos, resulta más sencillo afrontar cada episodio desde un ángulo racional y no pasional.

Si quieres reforzar esta lectura lo puedes hacer a través de las guías prácticas del reconocido psicologo y escritor Walter Riso  quien aborda este y otros temas relacionados con las relaciones de pareja.

Referencias:

The 3 Reasons We Can Get Jealous (2014). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/insight-is-2020/201409/the-3-reasons-we-can-get-jealous

Excelatlife.com (2016). Disponible en https://www.excelatlife.com/articles/irrationaljealousy.htm

Guías prácticas de Walter Riso

 

Escrito por: Editorial Phronesis

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