Ser pareja hoy en día…

La revolución femenina de los últimos años ha impactado en múltiples ámbitos de la vida, en Chile (y en otras partes del mundo también) hubo una presidenta mujer, más mujeres en el parlamento, mujeres convocando marchas por sus derechos, por nuevas leyes que las protejan, etc. Poco a poco la mujer ha tomado un rol más activo en la sociedad y dentro de todos los ámbitos que podemos apreciar, la pareja es uno de ellos.

Aunque nunca me tocó vivir en la era donde la mujer sólo daba el amén y funcionaba para los niños y su marido, creo que soy de la generación de transición, que abarca probablemente desde los años 70 a la fecha, donde se pueden ver cada vez más mujeres emprendiendo, ocupando altos cargos de empresas, viajando con  sus amigas, teniendo una vida independiente de su vida como pareja y como mamá, lo cual me parece muy sano siempre y cuando todas las áreas puedan estar equilibradas.

Como dije anteriormente, una de las áreas más afectadas con este rol más activo es en la pareja, donde probablemente el hombre aún no ha encontrado la forma de posicionarse en este nuevo rol. Cada día recibo a más pacientes hombres en la consulta con bajo deseo sexual o con alguna disfunción sexual como la eyaculación precoz o la disfunción eréctil que se según ellos se generaron de un minuto a otro, sin motivos aparentes.

Mi teoría es que no han sabido sostener una relación con mujeres empoderadas, se sienten castrados real y simbólicamente, cada vez que ellos se sienten que no son capaces. Al mismo tiempo las mujeres empoderadas fácilmente cruzan el límite y se transforman en mujeres controladoras nivel extremo. Esta dinámica, tan típica en nuestra sociedad, pocas veces es consciente para la pareja. Nuestro trabajo como terapeutas es poder ponerla sobre la mesa para ir reparando en ciertos patrones que se van repitiendo hace meses, los cuales me imagino que han sido el ingrediente perfecto para mantener una relación lo menos erótica posible.

El excesivo control de las mujeres y la excesiva pasividad o poca proactividad en los hombres es lo anti afrodisíaco para una relación.

Y comienzan los problemas de deseo sexual, en hombres y mujeres. Porque la verdad es que nadie se excita si tiene a una “mamá” al lado, dando instrucciones una y otra vez. Y por el otro lado, a ninguna mujer le gusta tener que repetir las cosas 200 veces para que su pareja lo almacene y ejecute lo antes posible. Y rápidamente se empieza a establecer este círculo vicioso de “dar órdenes, porque si no, no hace nada” y la contraparte “no recibe órdenes (menos de una mujer) por lo tanto no hará nada”. Este mecanismo a veces es muy inconsciente, y nos toma un par de sesiones poder verlo y entenderlo.

Pienso que en esta sociedad machista en la cual nos ha tocado a todos crecer, el hombre está muy acostumbrado a que le hagan las cosas, desde la comida hasta sus trámites personales como pedir hora al doctor. Es cosa de ver a nuestras abuelas con nuestros padres y tíos, o en algunos casos a nuestras mamás con nuestros hermanos.

Tengo varios pacientes que me cuentan que ellos nunca hicieron nada en la casa, que eran sus hermanas y mamás quienes servían, hacían las camas, llevaban la ropa sucia a la lavadora, le hacían el almuerzo y colación para el colegio, etc. Nunca jamás tuvo que hacer nada, hasta que decidió casarse y al momento de vivir con su señora, no entendía nada (y ella menos). “Nunca hice nada en mi casa, entonces no sé qué cosas hay que hacer, le pido a mi señora que me explique o que me haga una lista y ella se niega, dice que yo averigüe pero que empieza ya, antes de que sea demasiado tarde”. Por su parte la señora dice “No puedo creer que no entienda que las cosas no se hacen por obra del espíritu santo en la casa. La ropa sucia no se va sola del suelo al canasto y del canasto a la lavadora. Tampoco se lava sola. El refrigerador no se llena solo todos los lunes, hay que pensar en un menú semanal además de ir al supermercado y comprar, y así sucesivamente”.

Estos son ejemplos muy concretos de lo que les estoy tratando de transmitir respecto del equilibrio, de empoderarse, de no tomar todo el control, de confiar en el otro, de respetar sus tiempos y sus formas, y que no porque las cosas no se hagan perfectamente como uno las hace, significa que se hacen mal.

Sí, algunas mujeres les toca lidiar con hombres menos proactivos que realmente no saben qué hacer, y no porque no quieran sino porque nunca nadie les enseñó ni tampoco ellos quisieron aprender. Estas son las parejas con las cuales uno parte con tareas básicas en la terapia y en muy poco tiempo se ven los cambios tanto en la dinámica relacional como en la vida sexual.

Se preguntarán por qué y solo puedo decirles que todo está relacionado. Cuando trabajamos las disfunciones sexuales tanto en mujeres como en hombres, pocas veces nos quedamos hablando solo de la vida sexual. Podemos ampliar la mirada y ver que lo que pasa en el día a día nos da pistas de lo que pasa en la cama. Podemos entender por qué les pasa ahora si la verdad es que nunca antes habían tenido ese problema, y la pareja logra ver que la manera en la que funcionaban, no era lo mejor para ellos.

El típico “nunca dije nada para no tener problemas” es el famoso Pan de hoy y hambre de mañana. Me cuesta entender la dificultad que tienen las parejas para hablar de los problemitas y los problemones, sé que no es fácil, sé que en muchas ocasiones algunos no logran escuchar o entender lo que el otro quiere decir, o sencillamente el golpe al ego es tan fuerte que entran en modo defensa y ataque. Cualquiera de los mecanismos es tremendamente dañino para cada uno y para la pareja.

Creo que si hay algo en lo que no están logrando ponerse de acuerdo puedan consultar con un profesional que los ayude a entenderse y les de herramientas para el manejo de situaciones complejas a futuro. Porque lo que se guarden, muchas veces se acumula y termina saliendo por otro lado, y si son problemas de pareja ese otro lado muchas veces son las disfunciones sexuales.

Veo lo mal que lo pasan las parejas, veo el dolor que hay en ambos por lo lograr una relación sexual placentera y natural y veo que a veces es tan poco lo que hay que hacer pero tanto lo que les cuesta pedir ayuda que los problemas se acentúan y la pareja a veces llega tarde. ¿Para qué seguir pasándolo mal si hay especialistas que te pueden ayudar a pasarlo bien y disfrutar? No le tengan miedo a la terapia de pareja, no es más que una ayuda para resolver ciertos temas que ambos no han logrado a ser por cuenta propia.

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Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

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Amar es para valientes

Hace algunos meses les conté por mi página de Instagram @hoy.me.toca que me había llegado la saga Crossfire de Sylvia Day y estaba ansiosa por leerla. Y de toda la literatura erótica que he leído debo decir que este es uno de los libros que menos me ha enganchado, nunca sentí esa necesidad de leer y leer sin parar hasta poder terminar y seguir con el otro (eso sí me pasó con los de Megan Maxwell y con las 50 sombras de Grey).

Pero me quedo con una pregunta que está al inicio del capítulo 15 que dice ¿Cómo se puede profundizar en una relación amorosa si no se conocen los secretos del alma de la persona que amas?

Esta pregunta tiene respuesta en las charlas de Brené Brown que se las mega recomiendo que pueden encontrar en Netflix o Youtube, pero para quienes no la conocen les intentaré responder desde mi interpretación.

Amar a alguien es un riesgo que no todos están dispuestos a tomar, porque cuando decides amar, al mismo tiempo decides voluntariamente exponerte al sufrimiento y al fracaso. Nos cuesta quedarnos en el aquí y ahora y vivir cada momento, bueno o malo, con pasión, con amor y ternura y entender que todas las relaciones (pareja, amistades, hijos, etc) tienen altos y bajos. Nuestra cabeza rápidamente nos muestra todos los posibles escenarios donde pudiera terminar esta relación, muchas veces el fatalista es el que gana el primer lugar.

¿Qué pasa si me deja? ¿Qué pasa si no le gusto tanto? ¿Qué pasa si me hace sufrir? Miles de preguntas que te atormentan y te hacen planear una y otra vez la salida de emergencia en caso de desastre. Preguntas que lo único que hacen es desconectarte de tu corazón y hacer funcionar la cabeza, donde el capitán del barco es el EGO, a mil por hora.

El ego solo sabe moverse en una zona, si lo sacas de ahí se enciende una alarma de alerta que dice “en este terreno donde me estás llevando, yo no te voy a poder salvar, asi que rápidamente toma todas tus cosas y volvamos a la zona de confort, volvamos a la comodidad de nuestra vida donde no tomamos riesgos y sabemos predecir y controlar todas las variables que se presenten”. Y así es como volvemos a construir este gran muro de piedra que nos protege del sufrimiento, que nos hace ver como un hombre o mujer fuerte, que nada le afecta y que si se cae, ni le duele.

La pregunta es: ¿cómo voy a esperar que alguien me ame si me escondo? Nadie puede encontrar tu esencia detrás de tanto disfraz. Finalmente si alguien te encuentra, tal vez ni siquiera te encuentra a ti, más bien encuentra una versión de ti que tú te has contado que existe pero que realmente no eres tú.

Hacer el ejercicio de saber quién soy y qué quiero, cuáles son mis miedos más grandes, mis penas más profundas, mis sueños, etc. es salir de mi escondite, es arriesgarme a vivir, es atreverme a amarme y amar, es poder ser vulnerable, aprender a caerse, fracasar, sufrir. Amar es atreverse a ser vulnerables, es una elección que debemos hacer todos los días y NUNCA es fácil.

Esas conversaciones incómodas que quieres tener con tu pareja pero no te atreves, por miedo a perderlo/a, a que se enoje, a discutir, a generar una tensión. Esas son las conversaciones que tenemos que aprender a tener, porque evitarlas sólo te salva de la situación por un tiempo, pero eventualmente volverán a aparecer y tendrás que hacerte cargo.

Elegir la valentía por sobre la comodidad es como elegir comer sano, están previniendo futuras complicaciones en la salud de tu cuerpo, y en la salud de tu relación. Tener la valentía para actuar aun cuando sabes que no puedes controlar el resultado, es salir de tu zona de confort; como decir ‘te amo’ primero, sin saber si el otro te va a decir ‘yo también’. La vulnerabilidad es el camino hacia el otro, pero nos da tanto miedo quedar expuestos, que muchas veces preferimos (inconscientemente) quedarnos detrás de ese gran muro, donde nadie nos puede encontrar.

Preferimos no amar para no sufrir y terminamos lastimándonos demasiado, porque estamos programados para amar y pertenecer, está en nuestro ADN.

 

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

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Ser fiel es una opción, no una obligación

Hace pocos días hice una encuesta en mi cuenta de Instagram @hoy.me.toca respecto de la infidelidad, quería saber el porcentaje de personas que había perdonado una infidelidad y que me contaran un poco más de su historia.

De 1.166 personas que vieron la pregunta, sólo 437 la respondieron, es decir un 37,5% (me pregunto qué le habrá pasado al resto que no quiso responder). El 59% de las personas no había perdonado la infidelidad y el otro 41% sí.

A pesar de que las historias eran bien variadas, el factor común para quienes perdonaron la infidelidad (y contaban que se había arrepentido de hacerlo, con excepción de un par), fue que la conducta se repitió en el tiempo no una, sino varias veces hasta que finalmente la relación terminó de pésima manera. Y para quienes no perdonaron, el factor común de todas las historias fue que en las futuras relaciones de su ex se enteraron que también lo hacía, por lo que jamás se arrepintieron de la decisión que tomaron, inclusive en los casos que había mucho amor de por medio.

En mi opinión, y como siempre lo digo, creo que no hay reglas establecidas ni un manual de cómo actuar frente a una situación así. He acompañado procesos de mucho dolor, desilusión, desamor, rabia y frustración seguidos de un perdón genuino y real, de un perdón que nace del amor y que se construye todos los días. No es fácil, creo que es el camino más difícil y desafiante que una pareja puede optar y creo que sólo es posible si va acompañado de una terapia.

No lo digo por ser terapeuta, lo digo porque a veces las voces de las personas en general toman fuerza y te ves inmerso en una situación que está controlada por tu cabeza y por la gente que te rodea y no logras escuchar tu corazón y conectarte con lo que realmente sientes. Es casi instintivo decir que no perdones, que nadie te puede hacer algo así, por lo general es una forma de cuidarte y protegerte.

Perdonar una infidelidad no es olvidar que paso, no es hacer cómo si nada ha pasado y seguir adelante, no es fingir un bienestar para el mundo mientras estás muriendo por dentro. Perdonar una infidelidad requiere de mucho coraje, fuerza y valentía. Es una apuesta, es confiar en algo que está quebrado en mil pedazos, es volver a confiar en quien te traicionó, es apostar por quien no apostó por ti. Perdonar una infidelidad es un acto de amor profundo que creo que pocas personas pueden lograr.

Yo siempre digo que hay tipos y tipos de infidelidad, otros podrán decir que no importa lo que haya sido, es traición igual. Estoy de acuerdo, pero creo que somos humanos y todos podemos cometer errores en la vida, unos en lo económico, otros en el amor, otros se caen a la drogas, otros al alcohol y así. No quiero justificar, sólo quiero que ampliemos la mirada.

Está lo que pasa solo una noche (o un día), en una oportunidad y que no vuelve a haber contacto ni se vuelve a repetir la situación, puede ser sólo un beso o sexo, da igual. En el mejor de los casos quien fue infiel se le da vuelta el mundo y logra pedir ayuda para entender qué fue lo que le pasó y cómo llegó hacer lo que hizo. Se da cuenta de que al parecer la relación perfecta que él o ella creía que tenía no era tan así y decide iniciar un proceso de cambios tanto individuales como de pareja. No siempre se confiesa la infidelidad y esto hace que el proceso sea difícil porque finalmente quien fue infiel es quién lleva la parte más pesada, él debe cargar solo con lo que pasó. A veces confesarlo es simplemente para poder sacarse esta carga y sentirse más aliviado, sin considerar el daño que puedo causar con la confesión. En otra encuesta que hice hace un par de meses, muchas personas respondieron que si fue algo de una noche y nunca más va a ocurrir, mejor no enterarse.

Luego está la infidelidad que ocurrió una vez pero sigue habiendo contacto y muchas ganas de volver a repetirlo, pero un sentimiento de culpa tremendo que no permite una nueva reunión pero sí hay una intención. En la mayoría de los casos la pareja intuye algo, revisa celulares, correos, redes sociales o sencillamente enfrente a la persona hasta que hay una confesión, seguida por un quiebre. Algunos perdonan y ahí viene el trabajo como pareja. Otros tantos (leía en las historias que me mandaban por DM) prefieren pagar con la misma moneda para sentir que están iguales y poder volver a construir la relación, con muy poco éxito.

Y el tercer caso y el más grave a mi juicio es mantener encuentros esporádicos o de frentón una relación paralela. Desde mi visión creo que es muy patológico ya que es vivir en un mundo de mentiras, de traiciones, de planificar todo, coordinar encuentros, no estar ni aquí ni allá, vivir sin conexión emocional, perseguidos todo el tiempo sin lograr disfrutar de la vida, y si lo logran creo que la patología es aún más grave.

Por lo general, para que ocurra una infidelidad es porque hay algo que no está funcionando en la relación y que ninguno de los dos lo había visto o si alguien tenía alguna idea, no había sido capaz de hablarlo, por el motivo que sea. Y por eso es que insisto tanto en que apenas tengan ideas o fantasías rondando en la cabeza pueda hablarlo, tal vez no con la pareja pero con alguien (amigo, primo, hermano, psicólogo, etc). Porque si se lo guardan, les puedo garantizar que eso terminará creciendo y creciendo hasta que llegue a ser insostenible.

Ser fiel es una opción y para mantener esa opción viva hay que trabajar en la relación todo el tiempo, hay que hablar, hay que compartir momentos, hay que buscar apoyo cuando lo necesites, hay que procesar y elaborar situaciones de la vida que han sido complicadas y que fácilmente invitan a escapar para no contactarse con las heridas del pasado. Ser fiel contigo, con tus valores, con tus ideales, con tu familia, con lo que alguna vez prometiste frente a la gente que querías y por sobre todo con el hombre o la mujer que elegiste para que te acompañe el resto de la vida.

 

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

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Desconectarse para conectarse.

A más de 20 años del primer Smartphone en el mundo podemos ver las consecuencias que estos aparatos tienen en las relaciones. Me atrevería a decir que no hay persona que no se queje del uso excesivo que su pareja tiene de su celular, del mismo modo que no existe nadie que asuma con responsabilidad su adicción, más bien están todos intentando justificar una conducta que ya la han clasificado como nomofobia: miedo irracional a salir de casa sin el celular, y que afecta al 6% de la población mundial.

Algunos estudios han revelado que pasamos alrededor de 5 horas diarias al celular, y creo que esas horas están concentradas en la tarde, entre que uno sale de la oficina y se va a dormir. Es así como las personas llegan a sus casas a sentarse al sillón a ver redes sociales, organizar eventos sociales, coordinar tareas y estudios para los hijos, babyshower, despedidas de soltero/a, etc. Es que hoy en día si no tienes whatsapp te quedas fuera de todo. Ya nadie llama para invitarte a un asado, todo se coordina por chat.

Como que ya no hay espacio para fallar, la tecnología nos obliga a estar en todas partes menos donde estamos. Revisamos las fotos de los viajes de nuestros amigos que recorren el mundo, compartimos un pedacito de la emoción de cada una de sus aventuras, acompañamos el crecimiento de todas las guaguas, sabemos perfectamente cuando caminaron, su juguete favorito si comen solos o con sus papás y la realidad es que jamás hemos ido a conocer a esa personita. Algunas veces le dices hola a una persona en un asado y a los 20 minutos ya te está pidiendo amistad en Facebook y así suma y sigue la cantidad de plataformas que te “obligan” a estar en todas partes menos en el único lugar donde deberías estar, que por lo demás lo elegiste tu libremente.

Creo que toda pareja debe tomarse un minuto para poner reglas básicas de convivencia. Las que yo les suelo sugerir a los pacientes es que ojalá lleguen a sus casas con el celular adentro de la cartera o en el bolsillo para que puedan tener las manos libres para abrazar al que ya está adentro esperándolos. La segunda sugerencia es que ojalá puedan dejarlo en la entrada, junto a las llaves del auto y pueda permanecer ahí al menos la primera hora que ustedes estén en sus casas para poder hablar del día, de lo que van a comer, de si van a ver una serie o ir al cine, de los planes para las vacaciones y si tienen hijos, básicamente para que los dos estén conectados con sus hijos y puedan ir entendiendo a estos pequeños seres que solo necesitan tu presencia y tu mirada. El tercer consejo es que cuando salgan a comer estén sin celular y puedan conversar, es impresionante como algunas parejas ya no tienen tema y ahí entran algunas de las tareas que yo les asigno de sesión a sesión. Y por último, que entre los dos creen sus propias reglas respecto de la tecnología, puede existir el minuto de redes sociales, y “permitirse” ver 10-20 minutos todo lo necesario para calmar la ansiedad y que luego sigamos en los que estábamos, pero son algunos minutos no todo el tiempo.

El automático es ir a buscar el celular por la excusa que sea, siempre tendrás un pretexto para encubrir tu adicción “es que quedé de llamar a mi mamá”, “le tengo que responder a Pepito”, “se me olvidó mandar un mail”, “tengo que confirmar la hora al dentista”, etc. Sí, estoy segura que hay cosas importantes que hacer con el celular, pero te puedo garantizar que la persona que tienes al frente te quiere a ti, en carne y hueso para que tengan unos minutos de conexión, para sentirse, para mirarse, básicamente para conectarse.

Hay que aprender a desconectarse del celular para poder conectarse con las personas de carne y hueso que conviven con uno y que necesitan de uno (ya sea la pareja o los hijos).

No crean que yo les hablo desde fuera, soy una más de todas las descripciones que han leído, pero últimamente he hecho el ejercicio de soltar y entender que uno no puede participar de todas las conversaciones y decisiones que se toman virtualmente. He optado por llega a mi casa y dejar el celular lo más lejos posible (lo mismo que hago con el chocolate jajaja) porque sé que si lo tengo cerca, lo voy a agarrar, es algo absolutamente automático.

Intento nunca llegar hablando o respondiendo whatsapp (créanme que fallo muchas veces) y cada vez que me acuerdo de algo que creo que debo escribir inmediatamente, lo anoto en un papel y lo hago luego de que mis niños se duerman. Esa pregunta que me hago a mí misma ¿es necesario resolver esto inmediatamente? Casi siempre la respondo con un NO. Estoy segura que mis hijos prefieren a una mamá que los mira a los ojos y que esta emocionalmente disponible para ellos que una mamá desconectada de las necesidades de ellos y conectada a un aparato.

 

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

Notas:

28.115.115 celulares en chile mas de 10 millones de la cantidad de habitantes

5 horas diarias conectados al celular

Chile es líder en uso de redes sociales

El aumento de internet móvil ha sido del 500%

39% de los chilenos dice tener problemas con su pareja producto del celular

45% revisa el celular luego de haber tenido relaciones sexuales

(Entel y GFK Adimark)

 

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¿Enamorado?

A todos alguna vez nos ha tocado prender el carbón para la parrilla y todos hemos usado algún artefacto para tirar aire (o incluso soplado con la boca) para que el carbón prenda más rápido. ¿Curioso no? Que el fuego necesite aire para prender. Ese mismo aire es el que se necesita en las relaciones de pareja para mantener el deseo vivo, sobre todo si son de larga data.

Si hay una pregunta que se repite una y otra vez en mi cuenta de Instagram @hoymetoca es respecto del deseo sexual. Debo decir que siempre son mujeres las que escriben pero no puedo dejar de lado a los hombres, ya que en la consulta es donde veo el sufrimiento de ellos.

Inevitablemente cuando baja el deseo sexual las personas se preguntan si siguen enamoradas o si tal vez ya se acabó el amor. Y aquí viene una pregunta que pocas veces podremos responder con certeza, ya que el enamoramiento está tan idealizado, por lo intenso que se viven los primeros encuentros, que existe un anhelo por volver a sentir esas mariposas en el estómago y cuando ya no las sentimos creemos que se fue el amor.

Sabían ustedes que el estado del enamoramiento ha sido objeto de estudio para muchos científicos y todos concluyen que dura entre 8 meses y 4 años máximo. Incluso han llegado a sugerir que cuando uno se encuentra en este estado no tome decisiones importantes, ya que el cerebro actúa muy parecido a como si estuviera bajo los efectos de una droga tan fuerte como la cocaína, por lo tanto el razonamiento se ve afectado y por ende se toman malas decisiones.

Esa euforia, esa idealización del otro, esa incapacidad por integrar los aspectos malos y buenos, ese relajo con el que se ven el resto de los problemas (si es que se ven) son parte de esta droga llamada amor, probablemente la más pura y sana, pero droga al fin y al cabo. No te permite ver thebigpicture, simplemente danzas al ritmo de las hormonas que viven dentro de tu cuerpo como si todos los días fuera año nuevo.

Este estado, muy perseguido y anhelado por todos es una crónica de una muerte anunciada. Todos quienes lo hayan sentido alguna vez saben que va a caer, probablemente lo único que no se sabe es cuándo va a pasar esto, pero lo importante es saber que va a pasar y que cuando aparezca la realidad (porque el resto es un cuento de Disney) necesitamos herramientas para afrontarla y no salir arrancando, buscando un nuevo paisaje donde vuelen mariposas. La gracia está en poder ver el mismo paisaje con distintos ojos.

Aquí viene la gran misión que desde mi punto de vista tiene como objetivo número uno agradecer el tiempo de las mariposas y aceptar que probablemente esa intensidad y ese nivel de sensaciones y deseo por el otro jamás volverán a aparecer tan fuerte con la misma persona, lo que no quiere decir que van a desaparecer por completo. A mí me gusta pensar que es como la nieve, sabemos que eventualmente va a caer nieve, esperamos una época del año donde se asume que va a llover y nos preparamos para ver nuestras majestuosas y blancas montañas. Del mismo modo, sabemos que no tenemos nieve los 12 meses del año, y eso no nos hace salir arrancando a ninguna parte, simplemente guardamos nuestros equipos y esperamos pacientemente la próxima temporada.

Estar en pareja es poder construir y reconstruir permanentemente la relación, como cuando uno tiene una casa, nunca paras de decorar y redecorar los espacios, remodelar, ampliar cambiar tapices, etc. Véanlo así, ustedes son un hogar que tiene que estar cómodo para todos. Nadie quiere sentarse en el mismo sillón toda la vida. No le teman a los cambios, no le tengan miedo a decir lo que no me gusta del otro (con amor) y reciban con los brazos abiertos las inquietudes del otro.

Es por esto que siempre incito las conversaciones entre las parejas, conversaciones reales no de asuntos domésticos ni administrativos del hogar. A través de tareas y ejercicios que les mando para la casa logramos crear un espacio distinto de intimidad y cercanía que con el tiempo se había perdido por los motivos que sean. Poder atreverse a conversar de algo nuevo que los va a beneficiar a ambos, poder hacer cosas distintas, verse mutuamente desde otro lugar que no sea el de madre/padre sino que el de dos humanos necesitados de contacto físico y emocional, muchas veces hambrientos sexualmente.

 

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

Foto portada: Photo by Adam Kontor from Pexels

 

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El Amor y el Efecto mariposa

Cómo y por qué nos enamoramos de una persona y no de otra, probablemente será un misterio que nunca vamos a resolver. Lo que sí sabemos es que una vez que hacemos el match, nuestro cerebro comienza a secretar mayores cantidades de dopamina (hormona de la felicidad) que nos nubla por un tiempo, permitiendo ver sólo lo positivo en la otra persona. Pensamos todo el día en ella, revisamos una y otra vez el eterno chat que existe entre ambos, no toleramos la idea de estar separados, no nos despegamos del celular y cuando estamos chateando pareciera que nada más existe en la vida que ese momento. Freud dijo que el enamoramiento es un estado psicótico de la personalidad, es decir es lo más parecido a estar loco.

Lo bueno, y lo malo al mismo tiempo,  es que tiene una fecha de vencimiento. Los comienzos siempre están llenos de posibilidades, la primera etapa de cualquier encuentro está llena de fantasías. Vemos a alguien que nos atrae y en menos de 10 minutos nos estamos imaginando cómo sería darle un beso, tener sexo, estar de novios, vivir juntos, tener un bebé, etc. Inspirados en las fantasías permanecemos en un extraño estado entre el mundo terrenal y el paraíso, nada tiene más importancia que el encuentro con esa persona.

Realmente es un estado alterado de la conciencia, y como tal es muy importante no tomar grandes decisiones. Como lo mencioné más arriba, es un estado que tiene caducidad, por lo tanto hay que aprovecharlo, no cuestionarlo y disfrutarlo mientras dure. Porque esa intensidad de los primeros días, semanas o meses (los estudios dicen que no dura más de 12 meses) es lo que diferencia este estado del amor. El enamoramiento muchas veces es el estado previo al amor. Es en el amor donde logramos tomar distancia, comenzamos a ver las diferencias y construimos un espacio común donde existen dos personas.

Nosotros estamos diseñados para amar, para enamorarnos, para perder la cabeza por amor en todas sus versiones. A veces llegamos a un trabajo que nos encanta y damos la vida por hacerlo lo mejor posible. Pero siempre hay un punto en que uno ya no puede seguir subiendo, ya no hay más emoción, lo desconocido se transforma en conocido, los desafíos ya son metas cumplidas, y el entusiasmo disminuye cada vez más, al punto de transformarse en aburrimiento.

Por eso que debemos disfrutar el estado, porque no sabemos cuánto va a durar, del mismo modo que las mariposas no saben cuándo van a morir. ¿Sabían que estos hermosos seres alados viven como máximo un año?

Creo que lo importante es que podamos volar tan lindo como lo hacen las mariposas, posarnos en una flor sin saber lo que va a ocurrir mañana, porque estoy segura que la mariposa no sabe cuántos días de vida le queda, ella fluye y disfruta el momento, haciendo el trabajo que la naturaleza le asignó. Si lo pensamos fríamente, la naturaleza necesita que el ser humano logre experimentar un estado de enamoramiento para preservar la especie. Y no estoy hablando del amor romántico sino que de ese estado carnal por querer prácticamente comerse al otro. Ese estado medio incómodo medio placentero donde no sabes si reír o llorar, donde las ganas de apresar al otro te llevan a un estado de desesperación constante.

La clave para sobrevivir sin sufrir, es saber que esto pasa, entender que es un estado donde pareciera que todo lo que brilla es oro, saber que no estamos capacitados para tomar decisiones importantes durante ese proceso y anticipar la transformación del enamoramiento al amor. Vivir ese tránsito lo mejor posible, sabiendo que tal vez logremos estar ahí nuevamente ya sea con una pareja, con un hijo, con un trabajo o con un proyecto de vida.

Vivir bonito para amar bonito.

Dicen por ahí que no todo lo que brilla es oro…

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

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Es el gesto, no el producto

Hay una queja universal de las mujeres respecto de lo poco detallistas de sus parejas. Al parecer el hombre está dispuesto a darle en el gusto cuando escuchan que algo les gusta a su pareja “cómpratelo y yo te transfiero”, el problema es que lo que las mujeres quieren no es el producto sino el gesto. Da lo mismo si no es la talla ni el color que queríamos, el simple hecho de que sean ellos quienes van al lugar a elegir algo hace que el regalo sea especial. Y no hablo de cosas materiales, hablo de proyectos, panoramas, comidas, salidas a bailar, etc. Es invertir tiempo y ganas en la pareja.

Como les he contado en otros post que he escrito, en mi cuenta de Instagram @hoymetoca he estado haciendo encuestas que me tienen sorprendida, no sólo por el feedback que recibo sino porque de ellas obtengo material para seguir inspirándome en temas actuales y relevantes que ayuden a las parejas.

Generar instancias es mucho más difícil de lo que uno cree, en especial quienes tenemos hijos. Porque pensar en salir ya es un tema, coordinar con quien uno deja a los niños para poder estar tranquilos, pensar en que al día siguiente igual tenemos que levantarnos a trabajar (o si es fin de semana) a estar con ellos, jugar, vestirlos, darles almuerzo y hacer todo lo que un niño requiere de sus padres no es fácil, menos si uno está enfiestado. De sólo escribirlo ya me agoto.

La invitación es a que puedan trabajar como equipo, que planifiquen una cita romántica con todos los detalles cubiertos y puedan dividirse las tareas (en caso que tengan hijos) uno se preocupa de elegir un lugar, reservar y planificar el resto de la noche, y el otro se encarga de que los niños estén bien cuidados por alguien de su confianza.

Las mujeres esperamos sorpresas, siempre. Esto es una regla BÁSICA jajaja. Así que hombres, echen a volar su imaginación, háganse el tiempo de buscar un lugar lindo o que crean que a su mujer le podría gustar, no es necesario que compren un regalo, pero si lo hacen hay un punto extra para ustedes, que muchas veces se traduce en una mujer feliz, dispuesta a darlo todo. Y cuando digo todo, es TODO.

Cómo siempre les digo a las parejas que atiendo, ojalá eviten conversar de temas caseros (nana, colegios, niños, trabajo, etc.) y puedan compartir una comida sin su celular, cara a cara y logren hablar de ustedes, sus proyectos juntos, sus crisis, sus miedos. Puedan vulnerabilizarse, contarse cosas que llevan un tiempo guardadas de una forma amable, puedan hablar o discutir con amor, sin herirse ni sacarse en cara nada, sino que compartir sus pensamientos y sentimientos respecto de situaciones determinadas.

Ojalá puedan ponerse metas como pareja, viajes, sueños, proyectos. A mí se me ocurría ayer mientras pensaba en este post que sería lindo proponer que todos los 14 de cada mes pudieran celebrar el día de los enamorados. Encuentro muy egoísta con el amor hacerlo sólo una vez al año. Incluso creo que una vez a la semana las parejas debieran tener un espacio para ellos, quizás no en formato cita y mega producción, pero sí compartir una copa de vino, un aperitivo y poder estar los dos solos. Porque de eso se trata, de generar un espacio de conversación donde yo pueda hablar de las cosas que me pasan.

Suena fácil pero no lo es. Si se detienen un minuto a pensar cuándo fue la última vez que lo hicieron, probablemente les tome un tiempo acordarse. Y creo que es injusto. Por qué le dedicamos más tiempo a todo lo que está a nuestro alrededor menos a la pareja. Por qué creemos que el hecho de ya haber firmado un papel o de tener hijos en común me asegura el amor eterno con mi pareja.

Ojalá vengan generaciones que logren cambiar las estadísticas de los divorcios. Parejas dispuestas a invertir en la empresa más importante de sus vidas, la familia. Que nuestra pareja esté dentro de nuestras primeras prioridades. Hay miles de formas de hacerlo, no siempre es con un producto, muchas veces es un simple gesto. Un mensaje a medio día de amor, un beso (pero un buen beso, no un topón) cuando llega a la casa, una comida que le guste, un abrazo sólo porque sí, un masaje, una ducha juntos, estar..simplemente estar disponible para el otro, no sólo marcando tarjeta y calentando el sillón de la casa para que nadie diga después que no estoy.

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación
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¿Para qué estamos en pareja?

Es muy probable que todos respondamos lo mismo: para ser feliz, pero nadie puede hacerte feliz si es que tú no eres feliz contigo mismo. Tenemos una creencia arraigada en cada célula de nuestro cuerpo de que somos seres incompletos. Sin darnos cuenta, porque prácticamente el 95% de nuestra conducta es inconsciente, mientras que sólo el 5% es consciente, repetimos patrones culturales que generan la sensación de incompletud en nosotros y en los otros.

Estamos permanentemente creyendo que necesitamos algo para ser feliz. Un trabajo, un auto, una polera, unos kilos menos, un viaje, una carrera, pero por sobre todo, una pareja. Y no cualquier pareja, ojala alguien que se asemeje al príncipe o la princesa de los cuentos que a muy temprana edad nos leyeron y que con el paso de los años se fueron replicando en películas infantiles y telenovelas.

Alguien me puede decir si existe algún cuento infantil o película que hable de lo positivo que es estar en paz con uno mismo. Que hable de vivir el presente y no preocuparse por el pasado ni por el futuro. Estoy casi 100% segura que no existen y que no van a existir, porque a la sociedad le conviene y le acomoda hacernos pensar que necesitamos algo para ser feliz.

Pero si nos atreviéramos a vivir un poquito más conscientes y después de leer estas líneas volvemos al título ¿qué se te viene a la mente? Yo debo reconocer que me hice la pregunta varias veces y cada respuesta me parecía más absurda que la anterior.

Si pudiéramos fluir y vibrar cada día de nuestras vidas probablemente viviríamos en un mundo más amable y menos estresados. Suena casi imposible, sobretodo hoy en día que estamos acostumbrados a la inmediatez. Pero si ponemos un poco de nuestra parte y logramos conectarnos con nosotros mismos, con nuestra intuición y nuestro propósito de vida nos damos cuenta que es más fácil de lo que pensamos.

Y cada pareja que eliges en tu camino viene a mostrarte un pedacito de tu luz y de tu sombra. Cada relación es una oportunidad de crecimiento, aprendizaje y sanación. Algunos pasan fugazmente y otros se quedan un tiempo más largo, pero si haces el ejercicio de preguntarte ¿qué aprendí de mis ex parejas? Te aseguro que te encontrarás con respuestas mágicas y reveladoras. Hay un orden cósmico que nos hace cruzarnos con la persona indicada para mi crecimiento, de eso estoy segura. Por eso es que no hay que buscar una pareja, las parejas llegan cuando tu estas preparado para crecer.

Siempre les cuento que tengo una cuenta en Instagram @hoymetoca donde intento publicar contenido relacionado a la terapia de pareja, la sexualidad y la vida actual en relación a estos dos temas. A veces hago encuestas que para sorpresa mía, son respondidas por muchas personas que me dan su testimonio, me cuentas sus problemas y me hacen preguntas. Y me doy cuenta que como sociedad, estamos ansiosos por llegar a esta perfección que les hablaba más arriba.

Creo que no hay relación de parejas sin crisis. Cada crisis es una oportunidad de crecer, la magia es saber vivirla consciente y de la manera más amable posible. Crecer duele, muchas veces renunciamos a un proyecto, una ilusión, una expectativa y debemos seguir caminando, encontrándonos y entendiendo que cada relación es un nuevo despertar.

Admiro a las personas honestas que son capaces de decir verdades que muchas veces son criticadas por la sociedad. Mujeres en búsqueda de un hombre que les dé estabilidad económica, personas que no logran ser fieles y mantienen la relación con su pareja por deber o por los hijos, hombres casados que se dieron cuenta en el camino que son homosexuales y no logran asumirlo, etc. Nadie puede juzgar al de al lado, cada quien construye su propio camino y decide quien quiere que lo acompañe. Y cuando te das cuenta que ya no sigues creciendo, que ya tocaste el techo, está permitido cortar, agradecer y seguir adelante.

Debemos aprender a hacernos responsable por nuestra sombra, entender que cuando el otro me refleja mi oscuridad, es como cuando estamos leyendo un artículo y destaca una idea que nos parece atractiva. El universo, Dios, Buda, las energías o como quieras llamarlo, se encargan de poner en tu camino quien te enseñará a conocerte mejor. Nada es casual.

Ahora muchos se preguntan por el amor para toda la vida, y acá quiero hacer una distinción porque todo lo que les acabo de escribir habla del lado espiritual de la vida. Hay otro lado que es más racional, si queremos ponerle un nombre,  que está más ligado a los miedos y las carencias. Este otro lado está comandado por el ego, quien nos atormenta una y otra vez y nos impide avanzar y crecer.

El ego es quien nos hace creer que quienes tienen pareja es porque están bien, y quienes no la tienen es porque algo pasa con ellos. Es quien nos hace creer que una relación de 10 años vale más que una de 1 año. Es quien nos arrastra a la zona de confort, donde todo es seguro y no hay riesgos, pero es una zona de poco crecimiento personal.

No sé dónde leí esta frase pero se me quedó grabada Dios no borra nada de tu vida si no es para escribir algo mejor. Acepta, crece, evoluciona y sánate. Si tuviste la suerte de coincidir con alguien que vibra en tu misma frecuencia, podrán crecer juntos. De lo contrario, vendrán otros que te enseñarán y mostrarán la ruta para tu autoconocimiento y valoración.

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

 

 

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FIDELIDAD

¿Les pareció raro el título? La verdad es que lo escribí siempre bajo el nombre de infidelidad, y después me quedé pensando que siempre se habla de lo mismo, del lado negativo, así que me propuse escribir desde el otro lado. Espero que resulte bien.

Hace un par de semanas hice una encuesta express en mi Instagram @hoymetoca respecto de la infidelidad y me sorprendió la cantidad de mensajes que recibí internamente. Me hubiera encantado responderlos pero me fue imposible, sin embargo obtuve información de ambos sexos que me pareció relevante compartir.

A pesar de que las estadísticas no arrojaron grandes diferencias (básicamente todas las respuestas fueron 50% sí y 50% no), el tema que más me da vuelta en la cabeza es cuál es la diferencia entre una persona que a pesar de las diferencias y las crisis que vive con su pareja puede ser fiel, y la que no.

Uno siempre escucha historias y creo que antiguamente se pensaba que siempre era el hombre el infiel y la mujer la pobre víctima de tal situación. Pero los tiempos han cambiado y el tema es igual para ambos lados. Desde mi punto de vista, la única diferencia (en la mayoría de los casos) es que cuando la mujer es infiel es porque se enamoró de otro hombre. En cambio el hombre es infiel por una noche, producto de una calentura.

Como les comenté más arriba, quisiera hablar de la fidelidad. Porque la verdad es que es muy fácil ser infiel y llevar el secreto a la tumba. La tarea difícil es ser fiel, a pesar de las crisis, de la indiferencia, de los malos ratos y de la abstinencia sexual. Porque todo eso es parte de estar en pareja, es parte del contrato (real o simbólico) que firmas cuando decides estar con una persona.

Y siempre volvemos a lo mismo, pero no me voy a cansar de repetirlo porque la verdad es que es el ingrediente secreto para lograr estar bien con tu pareja. La comunicación es la clave del éxito. Y no me refiero a las conversaciones cotidianas, esas todo el mundo las logra tener sin mayores problemas. Yo estoy hablando de sentarse a conversar esos temas que nos incomodan, que muchas veces lo podemos hablar con nuestro psicólogo o nuestra mejor amiga, pero jamás con nuestra pareja, que es el protagonista de la historia.

Sentarse a hablar de sexo (de la A a la Z) y de lo que nos está pasando creo que son los temas más complejos y que todo el mundo evita. Yo muchas veces le pregunto a mis pacientes si lo que me están contando a mí se lo han dicho a su pareja y me miran con cara de “estás loca”. Y les respondo a su cara diciéndole que una cosa es que lo conversemos nosotros para evaluar no sólo el conflicto, si no que las posibles reacciones del otro, pero otra cosa es que eventualmente se lo tienen que comunicar, si es que no quieren que todo se derrumbe.

Porque eso es lo que pasa cuando evitamos hablar de ciertos temas que pueden ser muy dolorosos, pero que a la larga traen consigo un enorme crecimiento. Y acá entramos a indagar en las culturas familiares y los patrones relacionales de cada uno. Porque en la mayoría de los casos, las familias crecen con ciertos paradigmas de relación donde hay cosas de las que no se habla y donde ningún integrante de la familia se atrevió a cuestionar. El foco hay que ponerlo en que la pareja actual que consulta (o la persona individual pero que está en pareja) es una familia nueva, y como tal, tiene que crear nuevos códigos de relacionamiento, los cuales deben ser conversados entre los dos.

Por ejemplo, el dinero. Algunas parejas se casan sin siquiera haber hablado el tema económico. Ninguno de los dos sabe cuánto gana el otro y cuanto es lo que puede aportar. Ambos conviven con la idea de que en el camino irán viendo cómo se van dando las cosas, pero llega un punto en el que hay un desorden y comienzan los conflictos. Nadie sabe qué hacer porque nunca hablan el tema, entonces se quedan sin herramientas para solucionar uno de los miles de temas que tendrán durante los años que estén juntos.

Con el sexo o la relación misma es igual. Y por más doloroso que pueda sonar, es mejor tener la conversación donde yo le puedo decir a mi pareja que algo no anda bien, que en tal situación sentiste atracción por otro hombre, que te sentiste bien porque ese hombre te miró un poco más, te dijo algunos piropos, te hizo sentir especial y que eso te asustó porque no lo habías sentido antes. Y preguntarle a él qué opina, y entre los dos empezar a re-conectar para ver en qué punto fue el que se desconectaron.

Porque cuando uno está enamorado, como que no tiene energías para fijarse en otro. Puedes entrar a un lugar donde hay miles de hombres guapos, los reconoces como tal, pero tu día sigue absolutamente normal. En cambio cuando uno está soltando la relación actual, por los motivos que sean, entras al mismo lugar y las hormonas se te revolucionan, te pones coqueta, tienes ganas de que alguien te hable, te invite a bailar, etc.

Para mí, ese es el termómetro de que algo no anda bien. Es el momento de aclarar tus sentimientos y tener la conversación incómoda, esperando que el otro sea receptivo y no defensivo. Porque a veces pasa que después de que uno se arma de valor y va a conversar, el otro contesta defendiéndose porque siente que le están hiriendo el ego. Y sí, a todos nos duele el ego cuando tu pareja te quiere decir que algo no anda bien, pero la clave es traspasar esa barrera y conversar desde y con el corazón abierto.

Esto implica un “quiebre”, donde hay dos opciones: o se ponen las pilas y se reconquistan (es un trabajo largo que requiere de mucho amor y pasión) o lentamente la pareja se comienza a separar y eventualmente llegará el punto donde alguno tomará la decisión de terminar.

Solo me queda decirles que no tienen nada que perder, los animo a que metan sus miedos en el bolsillo, busquen un lugar y un momento perfecto, hagan una linda introducción para que el otro escuche lo más abierto posible lo que ustedes tiene que decir.

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

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Enamorados – En amor de a dos (*)

Todos quienes hayan tenido alguna relación duradera en su vida, ya sea convivencia o matrimonio, saben que en todas las relaciones uno pasa por etapas críticas en las que le gustaría mandar todo a la punta del cerro. Momentos en los que el miedo te invade y te haces miles de preguntas por segundo para lograr responderte si es que debes seguir con esa persona o no.

Lo cierto es que en el amor hay que saber vivir siempre con la incertidumbre, ya que nunca sabrás si existe alguien mejor. Sería ideal que existiera una especie de “test del enamoramiento” tal como el test de embarazo, donde uno pueda poner un poco de saliva y te indique si estás o no enamorada. Nos ahorraríamos un montón de problemas por el simple hecho de que un aparato marcó positivo en el test de amor.

Pero como no existe porque no se puede medir el amor, tenemos que hacer un trabajo un poco más profundo y conectarnos con nuestro ser esencial. Poder atravesar la barrera mental y conectarnos con el corazón para poder escuchar qué nos dice el cuerpo. Poder ser tú misma, sentirse bien, feliz, amada, respetada y reconocida la mayor parte del tiempo, independiente de los problemas, son algunos de las preguntas que debes hacerte a ti misma para saber si lo que sientes es amor real y del bueno.

Este es el camino consciente del cual no muchos se hacen cargo porque hay un fenómeno bien raro cuando elegimos a nuestras parejas. Resulta que al principio todo es adrenalina y oxitocina al cuadrado. Recibes un mensaje y todas las hormonas de tu cuerpo están bailando. Te llaman y tus mejillas se tornan de color rojo automáticamente. Lo ves (o vas a un lugar donde sabes que va a estar) y los niveles de endorfina en el cuerpo aumentan. Y no lo digo por decirlo, en Estados Unidos se han realizado estudios donde se ha demostrado que el período de enamoramiento (en términos biológicos, es decir mayor producción y liberación de las hormonas mencionadas) dura sólo 100 días (3 meses y medio aproximadamente).

Luego todo va volviendo a la normalidad lentamente hasta que llega un período de estancamiento donde vienen las primeras peleas, porque lo que antes no nos molestaba (porque nuestro cuerpo estaba invadido de amor) ahora nos molesta. Acá por lo general vienen los primeros enfrentamientos y se activan los patrones relacionales en torno a las discusiones: cómo discutimos, cómo nos comunicamos, cómo escuchamos, subimos el tono, gritamos, nos insultamos, etc.

Y acá comienza la prueba de fuego para todas las parejas porque sin saberlo se activan nuestros mecanismos de defensa que hemos ido incorporando a lo largo de nuestras vidas y todas las alternativas son posibles. Evitar el conflicto, reprimirlo, disociarnos (desde mi punto de vista creo que acá entra la infidelidad), proyectarlo en el otro, racionalizarlo, etc.

Poder ir superando estas crisis desde el amor, la conversación, la paciencia (PAZ y CIENCIA), respetar los tiempos y entender que el otro procesa de distinta manera, permitirle su espacio y exigir el tuyo, poder decantar, no hablar con rabia, no herir para alimentar el ego, sino que habitar un espacio de vulnerabilidad donde abro mi corazón y desde ahí acepto mis errores y puedo plantear mi molestia con dulzura. Suena utópico, sí. Pero se puede. Para mí acá reside la clave de todas las parejas, aprender a pelear bonito para crecer y brillar luego de cada tormenta.

Si esto no te nace, si sientes que haces o te hacen más daño del amor que te entregan, si no logras conectar, si dejas de ser tú y te ves convertida en una persona que no te gusta ser, creo que hay que hacerse nuevamente las preguntas.

Es tan delgada la línea entre comodidad, enamoramiento, calentura y obsesión que cuesta diferenciar en cual de esos 4 estados uno se encuentra. Si ese es tu caso, no dudes en conversar con tus amigas o pedir hora a un terapeuta. Tenemos que abrirnos a la cultura de la terapia, entender que no hay que esperar a estar mal, herida, decepcionada o deprimida para pedir ayuda de un profesional. A veces puedes ir unas cuantas sesiones si estas confundida y luego seguir caminando sola. O ir con tu pareja cuando sientan que no logran llegar a acuerdo respecto de un tema en particular, no significa que están mal como pareja, simplemente decidieron exponerse ante otro que actúa como traductor del síntoma de la pareja y el malestar de cada uno.

No es fácil estar en pareja. No es fácil atravesar crisis. No es fácil diferenciar cuando una relación te hace daño. No, no es fácil y es por esto mismo que debemos perderle el miedo a la terapia, y abrirnos a la posibilidad de que un tercero nos ayude a entender en el lugar en el que estamos y los caminos que tenemos por delante.

 

(*) Juego de palabras original de Alfonso Casas

Michelle_PollmannMichelle Pollmann Román

Directora de Centro Al Alma

Psicóloga Clínica
Postítulo Psicoterapia Psicoanalítica
Terapeuta de Pareja
Sexóloga en formación

 

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