La ansiedad: el peor enemigo de los amores a distancia

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

Quienes se embarcan en la travesía de amar a alguien desafiando las brechas del tiempo y el espacio, ven en la distancia al enemigo indiscutible de su amor, un temor que sin duda disminuye a medida que se cultiva la intimidad emocional y se reafirman los vínculos de confianza.

Sentir que las mentes se acercan y se cierran como lo harían dos amantes en la oscuridad se convierte en una necesidad cuando la mayor amenaza parece ser que los espacios sobran y el deseo más grande — la cercanía — se pierde en el camino.

Pero no siempre la altura y la anchura son lo único que puede hacer que una relación a distancia fracase. Las parejas en estas circunstancias han de hacer frente a un elemento que perjudica, en igual medida, las relaciones donde la proximidad física es permanente: la ansiedad.  

En términos psicológicos, la ansiedad se define como un estado de incertidumbre o inseguridad permanente. En el ámbito de las relaciones de pareja, la ansiedad se produce cuando existe falta de comunicación, baja autoestima o problemas de aceptaciónmiedo a ser abandonado y un historial de relaciones conflictivas.    

Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Purdue, las personas que experimentan altos niveles de ansiedad en una relación a distancia son “dolorosamente más conscientes de la ausencia de su pareja”.

Las repercusiones varían en función de si se trata de una relación a larga distancia o a corta distancia. Cuando la pareja se encuentra geográficamente cerca, las visitas ocasionales pueden reducir considerablemente la ansiedad al funcionar como mecanismos de reafirmación, es decir: indicativos de que todo marcha bien en la relación.  Sin embargo, en las relaciones a larga distancia, niveles altos de ansiedad solo conducen a comportamientos más críticos de lo normal en torno a la pareja y a niveles más bajos de satisfacción.

La ansiedad puede llevar a un grado de desesperación tal que quien la experimenta llega a encontrar dificultades para funcionar correctamente en su vida diaria, sintiendo la urgencia de contar con la presencia (tanto emocional como física) de la pareja. Eventualmente, esto puede derivar en la manifestación de conductas que van creando poco a poco grietas emocionales en la relación, entre ellas:

  • Dependencia, la cual surge cuando el deseo de garantizar un vínculo emocional sólido con la pareja se torna obsesivo, al punto de perder la propia libertad y atentar contra la libertad ajena.
  • Comportamiento controlador, a través del cual se intenta dominar al ser amado estableciendo normas con el fin de aliviar la angustia.

Desde luego, la ansiedad puede verse empeorada por la ausencia de hábitos de pareja orientados a enriquecer la conexión emocional y sostener la confianza. Para la psicóloga Susan Krauss Whitbourne, es importante que las personas en una relación a distancia procuren mantener un flujo de comunicación constante y enfocarse en los aspectos positivos en lugar de dramatizar el hecho de estar separadas.

No obstante, la naturaleza de las relaciones a distancia hace que sea inevitable tener que lidiar tarde o temprano (en mayor o menor grado) con los celos y la desconfianza, algo que puede dificultar la tarea de enfocarse únicamente en los aspectos positivos.

La psicóloga Susan Heitler considera que la clave está en no caer en patrones de pensamiento negativos que solo agravan los efectos de la ansiedad, principalmente:

  • Pensar que nuestra idea de lo que sucede es, realmente, lo que sucede 

    “Las adivinanzas suelen estar basadas en nuestros peores miedos, y la mayoría de las interpretaciones que hacemos del pensar y sentir de otros son malinterpretaciones”, explica Heitler.Es importante mantenernos siempre abiertos a la posibilidad de que, incluso nuestras mayores sospechas o preocupaciones, pueden resultar siendo producto de nuestra imaginación, y recordar en todo momento que la distancia no es pronóstico de infidelidadfalta de compromiso o un fracaso inminente en la relación, sino que se trata de una condición temporal, una circunstancia que no tiene porqué durar toda la vida y que incluso puede ser vista como una oportunidad para crecer de manera individual y reafirmar la decisión de llevar adelante un proyecto de vida conjunto.

    • Evitar hablar de nuestros miedos e inseguridades

    La ansiedad aumenta cuando hay un asunto o problema que no ha sido atendido, cuando la tensión — en lugar de ser liberada — se acumula de manera enfermiza. De ahí la importancia de establecer siempre un diálogo en torno a las dudas e incomodidades que puedan asomar en la relación (planes de visita poco formales o flujo de comunicación insatisfactorio) en lugar de evitarlas por temor a parecer inmaduro, desconsiderado o generar molestia en la pareja.

    • Dedicar nuestro tiempo y energía a tratar crisis que aún no existen

    Uno de los métodos que las parejas utilizan para sobrellevar la distancia es la visualización a futuro. Desde luego, esta es una estrategia muy positiva a la hora de establecer metas en común y planificar una vida compartida, sin embargo, la anticipación mal llevada puede desembocar en episodios de ansiedad a causa de problemas que ni siquiera son parte de un futuro cercano, lo que supone una pérdida total de tiempo y energía.

    Enfocarse de manera obsesiva en concretar proyectos que siguen estando en fase de planificación, al igual que asumir o atribuir responsabilidades fuera de tiempo, genera dosis de tensión enormes que pueden afectar tanto a nivel individual como a nivel de pareja.

    Mantenerse enfocado en el aquí y el ahora y asimilar que el proceso de reunirse de manera definitiva con el ser amado amerita cumplir metas a corto plazo, es la única manera de evitar que la ansiedad estrangule el amor.

    Como bien dijera el filósofo oriental Lao Tsé: “Si vives en el pasado, vivirás deprimido. Si vives en el futuro, vivirás angustiado. Si vives en el presente, vivirás en paz”.

     

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    Referencias:

    Love from Afar: Staying Close While You Live Apart. (2012). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/fulfillment-any-age/201210/love-afar-staying-close-while-you-live-apart

    Worrying in Relationships: 3 Habits That Invite Anxiety. (2016). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/resolution-not-conflict/201204/worrying-in-relationships-3-habits-invite-anxiety

    Relationship Anxiety – Anxiety House Brisbane (2016). Disponible en http://www.anxietyhouse.com.au/anxiety/anxiety-over-the-end-of-a-relationship

    Por: Editorial Phrònesis

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¿Importa la diferencia de edad en el amor?

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

A lo largo de los años, muchos se han hecho la pregunta sobre la incidencia que puede tener la diferencia de edad cuando piensan en dar ese gran paso hacia el altar.

Dos reconocidos especialistas en relaciones de pareja, el doctor Charles D. Schmitz y su esposa, la doctora Elizabeth A.Schmitz, dan una escueta respuesta a esta interrogante: Depende y, de inmediato, pasan a analizar el tema con base en las muchas entrevistas que han hecho a parejas alrededor del mundo.

“A través de los cientos de contactos que hemos tenido con las parejas hemos determinado que cuando se ama de verdad, la edad no tiene mucha importancia en la mayoría de los aspectos de la relación. Sin embargo, existe un punto muy real relacionado con esto: hay ciertas circunstancias en las que la diferencia en edad sí incide en la relación amorosa y, por tanto, en el matrimonio”, anotan los expertos.

Revisando una serie de posibilidades señalan que, por ejemplo, si una mujer de 17 años piensa casarse con un hombre de 47 quizás la idea no sea tan buena, puesto que las experiencias de una prácticamente adolescente son muy diferentes de las de una persona que ya tiene en su haber más de cuatro décadas. A los 17 años todavía se pudiera decir que se trata de un adolescente en la mayoría de aspectos, en cambio una persona de 47 años es alguien que probablemente ha alcanzado una gran experiencia y que por lo general ha vivido las pruebas y tribulaciones que la vida siempre presenta. Estas diferencias pueden significar grandes retos para la relación, sin duda alguna.

“El éxito potencial de un matrimonio realmente sí depende de la madurez y el nivel de experiencia de quienes se aman. La verdad clara y precisa es que no existe una diferencia mágica de edad cuando del amor y el matrimonio se trata. Sin embargo, en nuestra experiencia hemos podido ver que mientras más corta es esa diferencia entre dos personas que se aman, mayor será la posibilidad de construir un amor que perdure. Ya sea que la diferencia de edad sea de uno, cinco, 10 o más años, el amor verdadero triunfa sobre todo lo demás. La verdadera interrogante es más bien ¿cómo saber que es amor de verdad?, versus otra pregunta “¿qué edad tiene la persona amada?”. Amar es mucho más importante que cualquier diferencia de edad entre dos personas que dicen amarse mutuamente, aseguran los expertos.

Un ejemplo que se puede usar como espejo

Para comprender mejor lo anterior, los doctores Schmitz ejemplarizan la relación de Marco y Susana, quienes tienen 48 y 37 años respectivamente. Ambos son divorciados y, según los expertos, los dos han experimentado terribles matrimonios. Lo mejor que les ha sucedido es haberse encontrado. En realidad, se han enamorado profunda e inequívocamente el uno del otro. “Escucharles a ambos describir su relación amorosa en maravilloso y esperanzador. Ellos están redefiniendo el verdadero amor, no solamente se aman el uno al otro sino que han aprendido qué significa el sentirse respetados dentro de una relación, saben ahora lo que es la confianza y la honestidad mutua (ambos valores intrínsecos de una relación exitosa) y se valoran uno al otro como seres humanos dignos del mayor respeto, admiración y cariño”, señalan los expertos.

Añaden otros detalles de la pareja tales como que tanto Marco como Susana tienen hijos de un matrimonio previo y que ambos los aman profundamente y los protegen de manera extraordinaria y, por esta razón, los dos están de acuerdo en que no pudieran amar a otro hombre o mujer que no amara también a sus hijos.

“Eso es muy bueno para ellos. Al comienzo de la relación se mostraron muy cautelosos en relación con la diferencia de edad existente entre los dos. Pero con el tiempo esto dejó de ser un obstáculo y ahora se han enfocado en seguir juntos, amarse y apoyarse pues se han dado cuenta de que sus respectivas edades no interfieren en su más importante decisión: la de salir adelante con su relación”, indican los doctores Schmitz.

Lo que la investigación ha dejado

Para estos expertos, luego de tres décadas de investigación sobre el tema, han aprendido que el amor pone de lado cualquier consideración cuando el enamoramiento llega a su máximo nivel y, en la mayoría de casos, cuando llega al matrimonio, sin importar la edad de los miembros de la pareja ni la diferencia de años existente entre quienes se aman. La mayoría de matrimonios tienen éxito cuando la diferencia de edad entre esas dos personas que se aman es de aproximadamente 10 años o menos. Cuando la diferencia es mayor a 10 años, la tasa de éxito empieza a declinar. En cambio, cuando la diferencia es menos de 10 años, la tasa de éxito sube. En otras palabras, se pudiera decir que generalmente es cierto aquello de que a menos diferencia en edad, mayor es la posibilidad de que el matrimonio tenga éxito.

Sin embargo, los doctores Schmitz aseguran que no existe un elixir mágico cuando de amor se trata. “Estar enamorados, amar sin barreras es más importante que la edad. La edad pudiera ser algo relativo en una relación. Más aún, la edad tiene menor importancia en una relación que el amor y, además, el amor no tiene tiempo y de eso muchos pueden dar razón. Por otro lado, cada persona, cada pareja siente y piensa de manera individual y eso justamente es lo que atrae a la posible pareja”, señalan.

¿Tienes alguna experiencia al respecto? Cuéntanos

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7 señales de que tu relación de pareja va en la dirección correcta

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

No cabe duda de que el mejor “termómetro” en el terreno del amor serán siempre las emociones. Cuando, en una pareja, ambos integrantes crecen y aportan al crecimiento personal del otro, cuando existe confianza, comprensión, solidaridad, respeto, entendimiento físico y la complicidad de los mejores amigos, la presencia del ser amado se convierte en un “as bajo la manga” que promueve nuestra felicidad individual al tiempo que nos revela la magia de una felicidad mutua, una alegría compartida lúdicamente como comparten dos niños la danza del juego.

Sentirse a gusto siendo uno mismo y porque el otro es quien es, sentirse respaldado y valorado son per sé las señales más fidedignas de que hemos establecido una relación de pareja propicia para el enriquecimiento y el disfrute de la vida. No obstante, existen indicadores adicionales que quizás, en medio del día y día y de aquello que a lo interno de las parejas se vuelve habitual, pasa desapercibido u olvidamos poner sobre la balanza al momento de evaluar la madurez de nuestras relaciones. Después de todo, el “romanticismo” — contrario a lo que nos han enseñado — no lo es todo.

Cómo saber si estás en una buena relación de pareja

Toma nota de las siguientes siete señales que, según los psicólogos, se presentan en toda relación de pareja sana y estable.

¿Cuáles reconoces en tu relación?

Sé que estoy en una buena relación si…

  1.  Mi pareja y yo expresamos libremente nuestras opiniones y sentimientos

No se trata de compartir pensamientos o discrepancias en torno a la mejor salsa para acompañar las comidas, sino de un vínculo donde revelar nuestras angustias, miedos y fantasmas sea posible, porque contamos con el apoyo y acogida del ser amado.

La Asociación Americana de Psicología (APA) recomienda a las parejas, en especial a las que llevan un estilo de vida muy ajetreado o están casadas, apartar unos minutos al día para conversar acerca de temas de índole más personal, de manera que puedan mantenerse siempre en sintonía con la vida interna del otro.

  1. Tanto mi pareja como yo tenemos una vida fuera de la relación

La dependencia emocional es una de las problemáticas comunes que más afecta las relaciones de pareja.

La necesidad de estar cerca del compañero sentimental, emocional o físicamente, da lugar a los celos, la posesión y la manipulación, es debido a eso que las parejas integradas por personas independientes que no experimentan ansiedad al estar separadas del ser amado para atender las obligaciones personales tienden a ser más estables, sanas y duraderas.

El psicólogo y escritor Walter Riso hace énfasis, en este aspecto, en el requisito indispensable de no dejarse absorber por la vida en pareja, sino conservarse como un individuo libre que participa voluntariamente en una relación, pero que no pertenece a ella.

  1. Mi pareja y yo nos inspiramos mutuamente para crecer en el plano personal

Una relación de pareja donde ambos miembros se motivan y apoyan para crecer en el ámbito personal o profesional es una relación de camaradería donde no existe el egoísmo y, por tanto, es un vínculo sano.

Si, por el contrario, sientes que tu pareja te retiene de algún modo o que sabotea tu crecimiento individual, podrías estar en medio de una relación perniciosa que ocasione, a mediano o largo plazo, heridas de consideración sobre tu autoestima.

  1. Mi pareja y yo sentimos admiración por las cualidades del otro

La admiración (reconocimiento y valoración) no debe ser confundida con la idolatría (reconocimiento, exageración y valoración obsesiva).

Que tu pareja te admire implica que es capaz de ver más allá de la superficialidad y apreciar tus virtudes y cualidades positivas, incluso aquellas que tú mismo desestimas. A veces, es el reflejo en los ojos del ser amado, donde se nos muestra más fuertes y rebosantes, lo que nos contagia de valentía para emprender nuevos caminos y abrirnos paso hacia nuestros sueños.

  1. Existe solidaridad y comprensión entre ambos

“Si te duele, me duele”.

Puede parecer una premisa demasiado drástica, pero en lo absoluto sugiere que debamos fusionarnos con nuestra pareja hasta perder la separatidad de las propias emociones. Se trata, más bien, de desarrollar una empatía amorosa que nos permita estar en conexión con los sentimientos de la persona que amamos, que despierte cada fibra de nuestra sensibilidad y nos motive a tomar acción, a reconfortar al ser amado, a ofrecer lo mejor de nosotros para el alivio de alguien más.

Las relaciones de pareja son un equipo de dos unidades donde los vaivenes de la vida pueden hacer tambalear un par de piernas en cualquier momento, pero jamás derrumbarlas ni aplastar el espíritu ante la mirada indiferente del otro.

  1. Cada uno aporta a la relación con igual interés y dedicación

Es cierto que cada persona posee una forma característica de expresar afecto, y que esta forma puede ser singularmente distinta de las demás. Sin embargo, la diversidad de recursos y maneras de expresar amor no debe ser excusa para fenómenos como los “amores a medio tiempo” o los “amores clandestinos”, donde uno de los miembros de la relación integra y hace partícipe al otro en su vida, mientras el otro parece ir y venir de vez en cuando, medir su tiempo con la pareja o esperar que sea ella quien tome siempre la iniciativa.

Como dejó en papel Julio Cortázar: “Me atormenta tu amor que no me sirve de puente, porque un puente no se sostiene de un solo lado”.

  1. Tanto mi pareja como yo reconocemos y respetamos nuestras diferencias

Una de las razones esenciales para definir y conservar la idea de una relación de pareja formada por dos personas y no por una “unión metafísica” es que los gustos, la filosofía de vida, las prioridades y los esquemas de valores difieren enormemente de un individuo a otro, incluso si existen puntos de coincidencia en ciertos aspectos.

Un refrán muy popular dice que cuando dos personas piensan exactamente lo mismo es porque una de las dos no está pensando. Una relación constructiva y madura es aquella donde la pareja fomenta el libre pensamiento y la libertad emocional del otro, donde no se aspira a suprimir las preferencias individuales ni a imponer las propias.

“Ser y dejar ser”, dicen los sabios.

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5 pasos para terminar con tu pareja de forma asertiva

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Saber cuándo hemos perdido el interés en una relación puede ser más sencillo que deducir la forma adecuada de comunicarlo sin herir a nuestra pareja actual y, por supuesto, sin salir heridos.

Para la psicóloga Jill P. Weber, muchas personas se atascan en relaciones o matrimonios infelices porque no quieren herir los sentimientos de su pareja o porque no saben cómo dar por terminada la relación, así que en lugar de hacerlo de forma directa, comienzan a comportarse de manera disfuncional para que sea su pareja quien tome la decisión de distanciarse o para crear un punto de quiebre inevitable.

Algo común que hacen las personas en situaciones como esta, explica Weber, es evitar súbitamente todo contacto con la pareja como una señal subrepticia de que las cosas no marchan bien. En otras palabras: se convierten de pronto en un fantasma.

“Esto es un comportamiento irresponsable”, opina Weber, “[Porque] le debes a tu pareja información acerca de lo que está debilitando su unión. De otro modo, estás condenándola a la especulación y la duda”.

Sumado a este comportamiento, otra forma poco recomendable de terminar una relación es hacerlo por teléfono, mensaje de texto o redes sociales. Esto, indica Weber, solo demuestra falta de respeto por la otra persona y poca consideración hacia sus sentimientos.

“No hace falta recurrir a comportamientos disfuncionales para [terminar con tu pareja]. Generalmente, hacer esto sólo intensifica la agonía del rechazo”, explica Weber.

Si estás insatisfecho con tu relación de pareja y no has dado aún con la manera indicada de dar por culminada la relación, solo lee y aplica las siguientes recomendaciones para hacerlo de forma asertiva y sin adoptar una conducta dañina para ninguno de los dos en el proceso.

Cómo terminar con tu pareja desde la empatía

Para Weber, la forma ideal de romper una relación es asumir la responsabilidad absoluta por lo que sentimos y expresar nuestra decisión con honestidad.

A continuación, la psicóloga sugiere una lista de cinco pasos para romper con tu pareja de manera directa y asertiva.

1. No improvises, prepárate con tiempo

Elige un momento y lugar específicos para hablar cara a cara con tu pareja acerca de tu deseo de dar por terminada la relación.

Ten claras las razones por las que quieres romper el vínculo y sé consciente de que tu pareja puede querer que se las expliques detalladamente. Es parte del proceso de asimilación y está en su derecho de buscar un punto de entendimiento.

2. Sé honesto

Cuando comuniques tu decisión, habla siempre desde la honestidad y cita hechos verídicos que den ejemplo de por qué no funcionó la relación.

No te escudes detrás de supuestos ni justifiques el rompimiento atacando a tu pareja o juzgándola por sus errores. No es necesario ponerse a la ofensiva ni victimizarse para respaldar tu decisión; después de todo, las relaciones son de dos personas y tu pareja podría opinar algo distinto que, por supuesto, tiene derecho a expresar.

3. Elige quedarte con lo bueno

Reconoce las cualidades positivas de la relación y las enseñanzas que te llevas de tu pareja.

Expresa los aspectos en los que eres una mejor persona gracias a la experiencia que viviste con tu pareja y qué recuerdos conservas con alegría.

4. Sé consciente del dolor del otro

Haz que tu pareja sepa que estás ahí no sólo para comunicarle tu deseo de culminar la relación sino también para escucharla, apoyarla y responder a sus preguntas. Que perciba que sus sentimientos son importantes para ti, aunque la decisión final haya sido tomada.

5. Corta el flujo de comunicación

Al final de la conversación, haz saber a tu ex pareja que necesitas un periodo de distanciamiento y que, por ende, es mejor no tener contacto por un tiempo.

Para Weber, la lejanía física es indispensable para una recuperación sana. “En realidad”, explica, “La única razón legítima para no evadir el contacto es que hayan hijos de por medio y debas comunicarte con tu ex pareja acerca de las responsabilidades parentales, e incluso en ese caso, debes poner límites para que la conversación se trate únicamente de los niños”.

Cuando este último paso se omite o se pretende que la relación de pareja recién terminada se transforme de inmediato en una relación de amistad, el resultado es una prolongación innecesaria de sufrimiento para una o ambas partes

Según Weber, si bien no podemos controlar la forma en que nuestra pareja asumirá el proceso de duelo, sí podemos decidir tratarla con respeto y consideración, y esto puede marcar una gran diferencia tanto en su recuperación personal como en la imagen que se lleva de nosotros.

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10 formas de saber si tu pareja es posesiva

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Si tu relación se desenvuelve en un ambiente de control obsesivo, hostilidad, aislamiento social o condicionamientos impuestos como “requisito de amor”, es muy probable que te encuentres en medio de una relación con una pareja posesiva.

Según la psicóloga Shauna Springer, de la Asociación de Psicología Clínica de Florida (Estados Unidos), el comportamiento posesivo supone una forma de celos agravada, mucho más destructiva y peligrosa que habitualmente es ocasionada por una baja autoestima e inseguridad.

A diferencia de los celos moderados, que bien pueden considerarse “normales” en una relación, la posesividad involucra una serie de conductas que atentan directamente contra el equilibrio emocional, libertad e integridad física de la pareja, por lo que no es ni debe considerarse un comportamiento “natural”.

Una tendencia a la posesividad puede dar origen a desórdenes mentales y fisiológicos de consideración, entre ellos:

  • Hipervigilancia
  • Irritabilidad
  • Pensamientos obsesivos
  • Ansiedad generalizada
  • Insomnio

De hecho, los celos y la posesión son una de las principales causas de suicidio y homicidio pasional.

¿Cómo saber si mi pareja es posesiva?

La tendencia a la posesividad puede no hacerse evidente durante las primeras etapas de la relación, sino presentarse paulatinamente a medida que la pareja con personalidad controladora se introduce en el núcleo íntimo de la otra persona. A partir de ese momento, los episodios de celos y demandas obsesivas se vuelven cada vez más frecuentes, siendo común que el miembro dominante de la relación acuda a técnicas de aislamiento social como distanciar a la pareja de su familia y círculo de amigos.

A pesar de las señales de alerta más distintivas en estos casos, como la ausencia de respeto por la privacidad y vida social de la pareja, algunas personas desconocen — o prefieren desconocer — que han caído en el abismo de una relación tóxica con un individuo posesivo hasta que conductas de mayor gravedad, como la violencia física y verbal, hacen su aparición.

Si el comportamiento de tu pareja ha hecho saltar tus alarmas, sírvete de las siguientes características de una personalidad posesiva para evaluar con mayor acierto tu situación actual y tomar las medidas necesarias para garantizar tu propio bienestar y seguridad.

10 características de una persona posesiva

  1. Sabotea tu autoestima y te hace dudar de ti mismo (a). Te inyecta la creencia de que necesitas su apoyo y que no eres capaz de cumplir tus metas por cuenta propia.
  1. Te motiva a adoptar hábitos autodestructivos, como el consumo desmedido de alcohol o drogas. El objetivo de esto es debilitar a la pareja introduciendo una adicción para que resulte más fácil ejercer control sobre ella.
  1. Busca imponer siempre su punto de vista en cualquier situación. Son personas que se niegan a ceder su autoproclamada autoridad, así sea a expensas de la salud física o emocional de otros.
  1. Se muestra anómalamente controladora o agresiva durante los encuentros sexuales. Procura siempre establecer una condición de dominancia sobre la pareja.
  1. Ridiculiza o se burla en lo público y lo privado de la pareja. Convierte el humor crudo y mordaz en un arma de filo para causar daño sobre la autoestima de la otra persona y fortalecer su posición.
  1. Hace mención con frecuencia a los puntos fuertes que posee y lo afortunada que debe sentirse la otra persona por tenerla a su lado. El discurso habitual incluye el énfasis en lo “poco merecedora” que es la pareja, de modo que se establece una dinámica de amo — esclavo donde la víctima de la personalidad posesiva termina creyéndose en deuda perpetua con ella, obligada a sacrificarlo todo y trabajar desmedidamente por la relación.
  1. Ataca las creencias o sistema de valores de la pareja buscando hacerla sentir estúpida o avergonzada por su forma de pensar. En el lado opuesto, reafirma sus propias ideas y las presenta como verídicas e irrefutables.
  1. Desestima la importancia del espacio personal y momentos de soledad del otro. Exige, en cambio, que la pareja deposite toda su atención, tiempo y energía en la relación.
  1. Domina a la perfección el arte de hacer sentir a la pareja culpable por un hecho sin trascendencia, o bien por algo que ni siquiera ha ocurrido. Cuando el otro miembro de la relación es de personalidad sumisa, la culpa puede potenciar fácilmente el aislamiento social y la pérdida de la privacidad con tal de “evitar dolores de cabeza” a la pareja posesiva y “cuidar” la relación.
  1. Busca siempre el modo de obtener información detallada sobre los movimientos y decisiones de la pareja. Considera que ningún dato personal debe serle ocultado y que tiene derecho a manejar la agenda privada de la otra persona para cerciorarse de que realmente no está haciendo “nada malo”.

Referencias:

http://cpancf.com/articles_files/jealousyinrelationships.asp
https://www.psychologytoday.com/blog/friendship-20/201506/20-signs-your-partner-is-controlling

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Nueve principios para un matrimonio feliz

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En el pasado, las personas contraían nupcias tomando en consideración factores como una estabilidad económica favorable a largo plazo. Hoy en día, el matrimonio se vincula más al amor y el romanticismo que a una figura política meramente racional.

Para la terapeuta de pareja Esther Perel, cuando el matrimonio era una empresa económica, la infidelidad era tratada desde la perspectiva de la seguridad financiera, por ejemplo. Pero ahora que el matrimonio es un arreglo romántico, la infidelidad es tratada desde la seguridad emocional.

El hecho de que decidamos casarnos por amor y no exclusivamente por conveniencia social ha cambiado no sólo las implicaciones que trae consigo la unión entre dos personas, también los aspectos que influyen en que un matrimonio prospere en armonía.

La Asociación Americana de Psicología (APA), ha recopilado una serie de consejos con base en estudios psicológicos que han demostrado estar vinculados con matrimonios plenos y estables.

Ya sea que lleves años con tu pareja o que estés considerando el matrimonio como una posibilidad futura, la siguiente lista de principios te ayudará a conocer las bases de una relación fundamentada en el compañerismo y la alegría.

      1. Sepárate emocionalmente (y a tu pareja) del entorno en el que creciste

No es que el matrimonio exija desentenderte de tu familia o comportarte como un completo extraño, pero sí es importante separar tu identidad de pareja de la identidad de tus padres, tus hermanos o tus abuelos.

Unirte a alguien en matrimonio significa construir una nueva familia, no una réplica de la tuya.

Asentar una distancia emocional prudente evita, además, conflictos de pareja innecesarios que puedan tener origen en prejuicios, costumbres o creencias exclusivamente de tu entorno familiar y las cuales deberás aprender a dejar de lado para comenzar de cero.

Después de todo, si esperas que tu pareja cocine como tu madre o conduzca como tu padre, vivirás un matrimonio muy por debajo de tus expectativas, que serán, de cualquier modo, irreales.

  1. Construye con tu pareja lazos basados en una intimidad e identidad compartidas

El nosotros es más trascendental en el matrimonio que el y el yo.

La conformación de una identidad compartida significa alcanzar un punto de compenetración en el que ambos miembros de la relación sean capaces de pensar acertadamente en lugar del otro, de experimentar una empatía plácida donde el bienestar del ser amado encarne el propio bienestar.

Esto no debe confundirse con una pérdida de autonomía o derechos individuales. La unión emocional de la pareja debe promover de tal modo la confianza y el respeto mutuo que la libertad del otro sea un tesoro inviolable fuera de las garras del egoísmo y la dependencia.

       3. Establece una relación sexual rica y placentera y protégela de intrusiones externas

La conexión sexual no compensa la desconexión emocional, pero un buen entendimiento físico en la cama sí puede reforzar un matrimonio donde exista previamente un lazo de amor sólido.

Cuídate además de exponerte conscientemente a situaciones que puedan perjudicar la integridad de tu matrimonio y destruir la confianza de tu pareja. La fidelidad no debe ser el resultado de los sentimientos, sino una decisión arraigada a una intención y que, de ser necesario, implique acciones formales.

  1. Para las parejas con hijos: intercambien los roles de la paternidad y el efecto de absorción que la llegada de un bebé tiene en el matrimonio

Si la filosofía de los roles de género predomina por encima de la idea de una paternidad con tareas equitativamente repartidas, el resultado será que uno de los miembros de la pareja (por cultura, la madre), será la principal afectada por los efectos de absorción de tiempo y energía que implica el nacimiento de un hijo.

Esto no repercute solo en la salud de la madre, también puede influir en la acumulación de sentimientos negativos hacia el padre, de quien podría percibirse falta de entrega y compromiso.

  1. Protege la privacidad de tu relación

El mundo interno de una pareja es un espacio importantes donde la confianza y la intimidad emocional se refuerzan. Proteger la privacidad de este universo exclusivo significa reservar tiempo para pasar a solas con tu pareja y guardar discreción acerca de sus planes, sueños o inconvenientes.

Lo que tu pareja y tú piensen o hagan es parte de su construcción personal; mantenerlo en privado conserva la magia de la dinámica y una debida sensación de seguridad.

  1. Confronta las crisis y mantén fuerte el vínculo marital ante las adversidades

Los matrimonios mueren muchas veces antes de sufrir un fallecimiento definitivo. Esto no significa que la última muerte (el divorcio) sea inevitable; en realidad, asumir que las crisis son parte del ciclo de vida de toda relación y que son una oportunidad para emprender cambios positivos podría evitar el rompimiento de muchos matrimonios.

Cuando un problema drástico se presente en tu matrimonio, no lo ignores ni lo minimices, plántale cara y explora sentimientos y opciones con tu pareja. Estás en una barca de dos guardianes, no temas a las tormentas.

  1. El matrimonio debe ser un espacio de expresión, no de represión

La plenitud de una relación depende del grado de comodidad que ambas partes sientan al momento de compartir con el ser amado todo lo que son, todo lo que han sido y la ilusión de lo que esperan ser.

Esta libertad de expresión no aplica solo para los buenos momentos, las diferencias y las emociones negativas deben poder compartirse con la misma tranquilidad y fe ciega en que el otro estará ahí para servir de apoyo incondicional.

  1. Utiliza el humor y la risa, y no permitas que la monotonía apague la llama

El humor nos ayuda a poner las cosas en perspectiva sin importar lo gris que luzca el panorama.

Para evitar que la monotonía devore tu matrimonio, debes estar abierto a la espontaneidad y a la diversión no planeada de convertir un momento incómodo en la mejor broma jamás contada.

Si tu pareja y tú aprenden a desenvolverse en esta dinámica ocasional de niños traviesos, siempre tendrán algo nuevo por hacer y un lugar maravilloso al cual ir juntos.

  1. No abandones los detalles que hicieron que tu pareja se enamorara de ti

Las consideraciones iniciales que alimentaron el fuego del romanticismo y dieron forma al amor deben permanecer durante el matrimonio.

De hecho, es el olvido de los detalles y las expresiones de afecto lo que hace que los amores más profundos pierdan el brillo y se marchiten.

Bien lo dijo Mario Benedetti: “Para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena consciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor”.

Fuente: APA

Escrito por: Editorial Phronesis

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¿ Celos racionales o enfermizos? Claves para descubrirlo

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Los psicólogos coinciden en que los celos, cuando se presentan en un grado moderado y un contexto coherente, son francamente normales a lo interno de las relaciones y expresan un miedo latente a que el vínculo sentimental establecido con el ser amado pueda verse afectado o deshecho por la intervención de un factor amenazante.

Los celos se manifiestan cuando el temor a la pérdida, la inseguridad y la baja autoestima ganan la batalla a la paz mental. No obstante, existe una diferencia sustancial entre los celos racionales (que atienden a razones consistentes y verificables) y los celos irracionales o enfermizos (que se presentan a través de la ansiedad y la paranoia).

Aprendiendo a diferenciar entre los celos racionales y los celos irracionales

Los celos racionales pueden considerarse naturales cuando existen indicios reales de que un agente externo amenaza la estabilidad de la relación.

Es normal sentir celos, por ejemplo, en los siguientes casos:

  • Descubrimos que nuestra pareja nos oculta encuentros con otra persona en lugares y horas poco usuales.
  • Nuestra pareja recibe mensajes o llamadas en horarios sospechosos y muestra nerviosismo al atenderlas.
  • Cuando nuestra pareja comienza repentinamente a interesarse más por su apariencia física, pero no nos hace partícipes de su cambio de imagen ni toma en cuenta nuestra opinión.
  • Comienza a regresar a casa a altas horas de la noche sin una razón consistente.
  • Cuando nuestra pareja pierde el interés en compartir física o emocionalmente con nosotros.

Los celos racionales, dicho de otro modo, son normales e incluso acertados cuando lo que nuestro compañero sentimental dice que va a hacer no coincide con lo que realmente está haciendo, en cuyo caso es prudente hacer sonar las alarmas y abrir la puerta al diálogo para definir a ciencia cierta la situación actual de la relación y tomar las medidas pertinentes.

Algo muy distinto ocurre con los celos enfermizos, los cuales se presentan exista o no evidencia de peso, ya que responden más a una personalidad ansiosa e insegura que a un comportamiento inusual en la pareja.

Los celos enfermizos se manifiestan habitualmente en las siguientes condiciones:

  • Nuestra pareja no atiende a nuestros mensajes o llamadas con la prontitud deseada y asumimos que está con otra persona.
  • Comparte con su círculo de amistades y conocidos, que incluye miembros del sexo opuesto.
  • Desconocemos el lugar exacto en que se encuentra nuestra pareja y eso nos produce ansiedad y pensamientos obsesivos.

Los celos irracionales conducen con el tiempo a patrones de conducta disfuncionales, como la violencia, la persecución de la pareja y la obsesividad compulsiva.

¿Cómo saber si mis celos son racionales o enfermizos?

Lee cuidadosamente y responde con absoluta franqueza al siguiente listado de preguntas. Si la mayoría de tus respuestas son afirmativas, es probable que poseas una personalidad con tendencia a los celos, la ansiedad y la manipulación.

  • ¿Interrogas o sientes el impulso de interrogar constantemente a tu pareja acerca de los sitios que frecuenta o las personas con las que coincide?
  • ¿Exiges a tu pareja que te revele información detallada de sus planes o que te dé cuenta de sus decisiones?
  • ¿Sientes la necesidad de castigar a tu pareja con malos tratos o indiferencia cuando no atiende a tus ansias de saber dónde se encuentra y qué está haciendo?
  • ¿Preguntas constantemente a tu pareja respecto a sus sentimientos por ti?
  • ¿Revisas por cuenta propia el teléfono de tu pareja, su computador personal o su correo electrónico?
  • ¿Conoces la contraseña de las redes sociales de tu pareja y accedes a ellas regularmente para “supervisar” con quién establece contacto?
  • ¿Discutes con tu pareja frecuentemente con base en sospechas, pensamientos o escenarios hipotéticos?

Según el psicólogo David Buss, los celos trabajan a nivel cerebral mediante la activación de circuitos específicos que determinan la magnitud de la reacción de un individuo a otro, por lo que los hombros son más celosos ante la posibilidad de una infidelidad física, mientras que las mujeres se ven más afectadas por la posibilidad de una infidelidad emocional.

Aún así, los celos enfermizos llevados al límite pueden motivar tanto a hombres como a mujeres a causar daño físico o emocional a sí mismos, a su pareja o a terceros. Para el psicólogo Seth Myers, lo más importante es realizar una tarea de autoobservación, ser honesto con uno mismo y determinar si los celos que experimentamos se deben a una situación real o si conforman un patrón de conducta que ha sido común en relaciones anteriores, en cuyo caso el origen del malestar puede ser un autoconcepto pobre, miedo al abandono, falta de confianza en nuestras propias cualidades, miedo a salir lastimados o a abrirnos emocionalmente.

Una vez somos conscientes del origen de nuestros celos, resulta más sencillo afrontar cada episodio desde un ángulo racional y no pasional.

Si quieres reforzar esta lectura lo puedes hacer a través de las guías prácticas del reconocido psicologo y escritor Walter Riso  quien aborda este y otros temas relacionados con las relaciones de pareja.

Referencias:

The 3 Reasons We Can Get Jealous (2014). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/insight-is-2020/201409/the-3-reasons-we-can-get-jealous

Excelatlife.com (2016). Disponible en https://www.excelatlife.com/articles/irrationaljealousy.htm

Guías prácticas de Walter Riso

 

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Cómo actuar oportunamente para salvar tu matrimonio

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Cuando ciertos indicadores coinciden en el tiempo y denotan comportamientos inesperados que no corresponden a la costumbre de la pareja, la probabilidad de que exista un enredo aumenta sustancialmente. Recuerda bien esta palabra: probabilidad.

No se trata de convertirse en una persona ultra desconfiada e inventarse engaños donde no los hay, sino de mantener una actitud racional frente a los recelos, hablar con la pareja y comunicar la inquietud, sin agresiones ni escándalos. Veamos algunas señales que podrás identificar para evitar que tu relación de pareja caiga en la infidelidad:     

  1. Indiferencia afectiva: se percibe una lejanía y frialdad por parte de la otra persona, las manifestaciones amorosas son cada vez menos y el mal humor aumenta. Esta actitud es sospechosa, sobretodo cuando perdura por mucho tiempo. Si es así, mejor estar solo que esperar “peras del olmo” toda una vida.
  2. Frialdad sexual: Un bajón en el deseo sexual siempre es preocupante. Si no hay enfermedades físicas o psicológicas que expliquen el desgano, preocúpate. Los altibajos eróticos son normales, siempre y cuando sean esporádicos y no demuestren un deterioro paulatino y constante.
  3. Preocupación repentina y excesiva por la apariencia física: Obviamente, no se trata de la sana costumbre de ir a un gimnasio y embellecerse. Lo que puede resultar sospechoso es el repentino cuidado por la apariencia física en personas que nunca se habían preocupado su aspecto y, sobretodo, si no se involucra al otro y faltan las preguntas: “¿Te gusta mi nuevo look?”, “¿Qué opinas de mi maquillaje?”, “¿Te gusto más sin panza?”.
  4. Cambios inesperados de rutinas Si no hay motivos claros y comprobables, los cambios inesperados e injustificados de las costumbres cotidianas no deben ignorarse: almorzar fuera, llegar tarde, trabajar los fines de semana, etc. Por lo general, uno no modifica sus rutinas de un día para el otro sin razones válidas y sin explicaciones. No te acuestas con una persona y te levantas con otra y, si esta mutación ocurre, estás en problemas.
  5. Llamadas y/o conversaciones sigilosas telefónicas a horas extrañas o inoportunas
  6. Tres cuestiones a tener en cuenta:
    1. No se despega del móvil o corre velozmente a contestar,
    2. Cuando revisas el aparato, misteriosamente no aparecen los números marcados ni las llamadas recibidas.
    3. Las conversaciones son demasiado largas y nunca sabes con certeza con quién habló.
  7. Debes actuar cuanto antes si detectas cualquiera de estos comportamientos. Muchos matrimonios se podrían haber salvado si alguno de sus miembros hubiera reaccionado oportunamente a estas señales.  

El estrés, las crisis existenciales, la depresión, las enfermedades físicas, los problemas laborales y  otros muchos factores,  afectan la manera de relacionarse y nada tienen que ver con la presencia de algún intruso o intrusa.

Cualquier dato aislado no es suficiente para generar una duda razonable, sin embargo, en la “Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja” de Walter Riso, encontrarás más señales e indicadores de la aparición de un o una amante en tu relación de pareja.

Aprende a identificarlos y combatirlos a lo largo de sus útiles párrafos. Conócela haciendo clic aquí

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Todo aquello que nos hiere, también nos fortalece

La vida está llena de obstáculos y decepciones. Las cosas no siempre marchan como lo deseamos o como lo habíamos planeado y esta incongruencia entre los hechos y las expectativas personales puede generar frustración y tristeza.

El budismo es claro en esto: el origen del sufrimiento es el deseo. Para los occidentales, sin embargo, puede ser más difícil asimilar el desprendimiento material y emocional con la misma naturalidad que para los orientales, especialmente porque nos vemos invadidos por una cultura de consumo y posesión.

La mirada superficial que aplicamos en Occidente a los eventos de vida traumáticos hace que nos perdamos gran parte de las enseñanzas que cada experiencia, sobre todo las más dolorosas, guardan para nosotros.

Nos centramos únicamente en el dolor, en la desilusión, en el sentir de la herida abierta pero no en el inmenso valor que tendrá la cicatriz una vez haya sanado.

El escritor William Shakespeare se refiere del siguiente modo al ejercicio de develar lecciones de vida donde sólo parecen haber tragedias:

“Dulces son los frutos de la adversidad que, semejante al feo y venenoso sapo, lleva en la cabeza una joya preciosa”.

De este modo hemos de aprender a contemplar los momentos difíciles, los cambios inesperados de rumbo, las desilusiones, los amores que no pudieron ser y las despedidas dolorosas: como un fruto latente, una lección de vida que resplandece como una joya preciosa.

El sendero de la resiliencia

La Asociación Americana de Psicología (APA) nos habla de la resiliencia como el proceso de adaptación que nos permite sobreponernos a las adversidades y los eventos traumáticos, como la muerte de un familiar o el rompimiento de una relación amorosa.

La resiliencia no es un super poder ni un privilegio reservado para los grandes maestros espirituales: todos somos capaces de recuperarnos emocionalmente de las dificultades. Lo que marca una gran diferencia es la disposición que tengamos a pensar, creer y actuar a favor de la resiliencia.

En otras palabras: ser una persona resiliente es una decisión que involucra una forma de persona, un conjunto de creencias y una forma de comportarnos.

Factores que influyen en nuestra capacidad de ser resilientes

La APA menciona un elemento clave que guarda relación con nuestra capacidad de ser más o menos resilientes: las personas que nos rodean.

Nunca ha sido un secreto que el tipo de gente del que nos rodeamos influye en los hábitos que adoptamos e incluso en la imagen que conformamos de nosotros mismos. Cuando se trata de resiliencia, contar con relaciones interpersonales que sean modelo de amor y confianza fortalece nuestra capacidad de resurgimiento.

Además, algunas prácticas asociadas con la resiliencia son:

  • Hacer planes con bases realistas y seguir pasos concretos para cumplir nuestros objetivos.
  • Desarrollar una visión positiva de nosotros mismos y confianza en nuestras fortalezas y destrezas.
  • Estar abiertos a comunicarnos con los demás, compartir nuestras ideas y sentimientos y recibir apoyo de otras personas para resolver problemas.
  • Fortalecer nuestra capacidad para lidiar con sentimientos fuertes e impulsos a través del diálogo interno con nosotros mismos.

Aprendiendo a ver el arcoiris después de la tormenta

Incluso los eventos de vida más dolorosos representan una oportunidad invaluable para crecer espiritualmente y fortalecer nuestro amor propio, pero esto implica que tomemos una decisión clara: aprender de nuestro pasado.

Tomar esta ruta no siempre es fácil, ya que aprender del pasado implica asimilar que ha quedado atrás, que somos personas distintas y que la vida continúa.

Algunas estrategias útiles para aprender a ver la belleza en los cambios y apreciar la virtud detrás de las nubes negras son:

1.Aceptar que el cambio forma parte de la vida. La naturaleza misma es un ejemplo del eterno devenir necesario para que exista un equilibrio sano en el mundo.

Una vez que hayamos decidido visualizar el cambio como una metamorfosis evolutiva y no como una condena, dejaremos de sentirnos víctimas de nuestras circunstancias y podremos enfocarnos en las oportunidades que acompañan a todo cierre de ciclo.

2.Crear nuevas conexiones. No solo con personas completamente nuevas, con gustos e intereses distintos, también es positivo conectar con aficiones que hayamos dejado a un lado o con actividades que siempre hemos querido explorar.

El negativismo que sobreviene con las adversidades es peligroso: nos aprisiona en lamentaciones constantes y pensamientos negativos. Salirse de esta zona de peligro y reencontrarse con el milagro de la vida a través de experiencias nuevas nos ayuda a superar las dificultades y asumir un nuevo comienzo.

3. Negarse a ver las crisis como un amontonamiento de problemas. Las crisis no son más que creencias que se han dado encontronazos con una pared de eventos inesperados.  

Gran parte de las experiencias de sufrimiento que vivimos se deben a nuestra obstinación, a nuestra terquedad por negarnos a aceptar que la vida gira en un eterno renacer y que no podemos controlarlo todo.

Desentiéndete de la responsabilidad ficticia de llevar el mundo sobre los hombros. No te culpes, no te flageles, recibe con el asombro de un niño cada cambio que se presenta en tu vida y conviértete con ilusión en el arquitecto de una nueva obra.

No eres una víctima de las adversidades, eres un alumno digno y capaz en el camino a convertirse en un maestro de vida para otros.

Refuerza esta lectura con las guías prácticas , del reconocido psicólogo y escritor Walter Riso

 

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Referencias: Guías prácticas de Walter Riso 

 

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La gran mayoría de personas sufren por causa de esto

Hay algo particular en el uso del término «apego». En nuestra sociedad parece tener, en su uso, una connotación positiva, por lo cual vamos a dejar antes otra cuestión clara: hablaremos del apego como sinónimo de adicción. Para esto, comencemos estableciendo la diferencia entre las adicciones que son aceptadas o están reglamentadas por la psicología y la psiquiatría y las que no: se tiende a llamar apego a las adicciones que no están clasificadas. Así, cuando hablamos de adicciones la gente suele ponerse en alerta; esa alerta es necesaria.

¿Qué quiere decir «apego afectivo»?

El apego es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: primera, que es permanente; segunda, que te va a hacer feliz; tercera, que te va a dar seguridad total y, por último, que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y, por ende, no aceptas el desprendimiento.

¿Qué es lo que pasa con una persona cuando se apega a alguien? Es concluyente, el apego corrompe, eso te lo dirá cualquier psicólogo en este campo. Para mí, el apego, es el principal motivo de sufrimiento en la historia de la humanidad. Si el apego corrompe, pierdes tu dignidad, tu respeto, tus valores más esenciales. También pierdes libertad, y no puedes decidir cómo te vas a mover. Pierdes tranquilidad porque una de las características del apego es el miedo a perder aquello que deseas. Finalmente, pierdes también la alegría. Tu mente está tan metida en invertir recursos que pierde la posibilidad de disfrutar la vida con muchas otras cosas, te absorbe.  

Tal como lo indica Walter Riso en su «Guía práctica para vencer la dependencia emocional», hay dos perspectivas desde las cuales comprenderlo:

  • El apego afectivo es una vinculación mental y emocional, generalmente obsesiva, a ciertas personas, originada en la creencia irracional de que ese vínculo proveerá de manera única y permanente, placer, seguridad o autorrealización. Léase bien: “permanente” (indestructible, eterno, inmodificable, arraigado). En consecuencia, la persona apegada estará convencida de que sin esa relación estrecha sentimental (adherente o dependiente) le será imposible ser feliz, alcanzar sus metas vitales o tener una vida normal y satisfactoria «Sin él o ella no soy nada o muy poco» o cosas por el estilo. Es imposible vivir libre y sanamente con semejante lastre.
  • Lo que define el apego no es tanto el deseo sino la incapacidad de renunciar a él cuando debe hacerse y podríamos decir que tal renuncia es conveniente, si el vínculo resulta dañino para la salud mental y/o el  bienestar de uno, el mundo y la gente que nos rodea. Concretamente, respecto al amor, renunciar a una relación debería hacerse cuando:
  • Ya no te aman.
  • Tu autorrealización vital se ve afectada.
  • Si tus principios se ven vulnerados.

Para desapegarse, hay que tener un espíritu rebelde, ser irreverente con las causas del apego. Pero rebeldía no es salir gritando contra las cosas sin sentido, sino derrumbar esos esquemas básicos de autodestrucción en los que estás metido y establecer luego un nuevo paradigma de vida. Ser desapegado es, en cierto modo, ser un subversivo del orden establecido. En ninguno de los manuales que están saliendo ahora para ser feliz te dicen que hay que rebelarse contra las normas; En las guías prácticas de Walter Riso , con ese cierto toque de descaro y sinceridad que caracteriza al autor, cómo rebelarse asertivamente para darle una buena bofetada a la dependencia emocional y afectiva. Adquiérelas haciendo clic aquí.

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Referencias: Guías prácticas de Walter Riso

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