5 pasos para terminar con tu pareja de forma asertiva

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Saber cuándo hemos perdido el interés en una relación puede ser más sencillo que deducir la forma adecuada de comunicarlo sin herir a nuestra pareja actual y, por supuesto, sin salir heridos.

Para la psicóloga Jill P. Weber, muchas personas se atascan en relaciones o matrimonios infelices porque no quieren herir los sentimientos de su pareja o porque no saben cómo dar por terminada la relación, así que en lugar de hacerlo de forma directa, comienzan a comportarse de manera disfuncional para que sea su pareja quien tome la decisión de distanciarse o para crear un punto de quiebre inevitable.

Algo común que hacen las personas en situaciones como esta, explica Weber, es evitar súbitamente todo contacto con la pareja como una señal subrepticia de que las cosas no marchan bien. En otras palabras: se convierten de pronto en un fantasma.

“Esto es un comportamiento irresponsable”, opina Weber, “[Porque] le debes a tu pareja información acerca de lo que está debilitando su unión. De otro modo, estás condenándola a la especulación y la duda”.

Sumado a este comportamiento, otra forma poco recomendable de terminar una relación es hacerlo por teléfono, mensaje de texto o redes sociales. Esto, indica Weber, solo demuestra falta de respeto por la otra persona y poca consideración hacia sus sentimientos.

“No hace falta recurrir a comportamientos disfuncionales para [terminar con tu pareja]. Generalmente, hacer esto sólo intensifica la agonía del rechazo”, explica Weber.

Si estás insatisfecho con tu relación de pareja y no has dado aún con la manera indicada de dar por culminada la relación, solo lee y aplica las siguientes recomendaciones para hacerlo de forma asertiva y sin adoptar una conducta dañina para ninguno de los dos en el proceso.

Cómo terminar con tu pareja desde la empatía

Para Weber, la forma ideal de romper una relación es asumir la responsabilidad absoluta por lo que sentimos y expresar nuestra decisión con honestidad.

A continuación, la psicóloga sugiere una lista de cinco pasos para romper con tu pareja de manera directa y asertiva.

1. No improvises, prepárate con tiempo

Elige un momento y lugar específicos para hablar cara a cara con tu pareja acerca de tu deseo de dar por terminada la relación.

Ten claras las razones por las que quieres romper el vínculo y sé consciente de que tu pareja puede querer que se las expliques detalladamente. Es parte del proceso de asimilación y está en su derecho de buscar un punto de entendimiento.

2. Sé honesto

Cuando comuniques tu decisión, habla siempre desde la honestidad y cita hechos verídicos que den ejemplo de por qué no funcionó la relación.

No te escudes detrás de supuestos ni justifiques el rompimiento atacando a tu pareja o juzgándola por sus errores. No es necesario ponerse a la ofensiva ni victimizarse para respaldar tu decisión; después de todo, las relaciones son de dos personas y tu pareja podría opinar algo distinto que, por supuesto, tiene derecho a expresar.

3. Elige quedarte con lo bueno

Reconoce las cualidades positivas de la relación y las enseñanzas que te llevas de tu pareja.

Expresa los aspectos en los que eres una mejor persona gracias a la experiencia que viviste con tu pareja y qué recuerdos conservas con alegría.

4. Sé consciente del dolor del otro

Haz que tu pareja sepa que estás ahí no sólo para comunicarle tu deseo de culminar la relación sino también para escucharla, apoyarla y responder a sus preguntas. Que perciba que sus sentimientos son importantes para ti, aunque la decisión final haya sido tomada.

5. Corta el flujo de comunicación

Al final de la conversación, haz saber a tu ex pareja que necesitas un periodo de distanciamiento y que, por ende, es mejor no tener contacto por un tiempo.

Para Weber, la lejanía física es indispensable para una recuperación sana. “En realidad”, explica, “La única razón legítima para no evadir el contacto es que hayan hijos de por medio y debas comunicarte con tu ex pareja acerca de las responsabilidades parentales, e incluso en ese caso, debes poner límites para que la conversación se trate únicamente de los niños”.

Cuando este último paso se omite o se pretende que la relación de pareja recién terminada se transforme de inmediato en una relación de amistad, el resultado es una prolongación innecesaria de sufrimiento para una o ambas partes

Según Weber, si bien no podemos controlar la forma en que nuestra pareja asumirá el proceso de duelo, sí podemos decidir tratarla con respeto y consideración, y esto puede marcar una gran diferencia tanto en su recuperación personal como en la imagen que se lleva de nosotros.

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10 formas de saber si tu pareja es posesiva

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Si tu relación se desenvuelve en un ambiente de control obsesivo, hostilidad, aislamiento social o condicionamientos impuestos como “requisito de amor”, es muy probable que te encuentres en medio de una relación con una pareja posesiva.

Según la psicóloga Shauna Springer, de la Asociación de Psicología Clínica de Florida (Estados Unidos), el comportamiento posesivo supone una forma de celos agravada, mucho más destructiva y peligrosa que habitualmente es ocasionada por una baja autoestima e inseguridad.

A diferencia de los celos moderados, que bien pueden considerarse “normales” en una relación, la posesividad involucra una serie de conductas que atentan directamente contra el equilibrio emocional, libertad e integridad física de la pareja, por lo que no es ni debe considerarse un comportamiento “natural”.

Una tendencia a la posesividad puede dar origen a desórdenes mentales y fisiológicos de consideración, entre ellos:

  • Hipervigilancia
  • Irritabilidad
  • Pensamientos obsesivos
  • Ansiedad generalizada
  • Insomnio

De hecho, los celos y la posesión son una de las principales causas de suicidio y homicidio pasional.

¿Cómo saber si mi pareja es posesiva?

La tendencia a la posesividad puede no hacerse evidente durante las primeras etapas de la relación, sino presentarse paulatinamente a medida que la pareja con personalidad controladora se introduce en el núcleo íntimo de la otra persona. A partir de ese momento, los episodios de celos y demandas obsesivas se vuelven cada vez más frecuentes, siendo común que el miembro dominante de la relación acuda a técnicas de aislamiento social como distanciar a la pareja de su familia y círculo de amigos.

A pesar de las señales de alerta más distintivas en estos casos, como la ausencia de respeto por la privacidad y vida social de la pareja, algunas personas desconocen — o prefieren desconocer — que han caído en el abismo de una relación tóxica con un individuo posesivo hasta que conductas de mayor gravedad, como la violencia física y verbal, hacen su aparición.

Si el comportamiento de tu pareja ha hecho saltar tus alarmas, sírvete de las siguientes características de una personalidad posesiva para evaluar con mayor acierto tu situación actual y tomar las medidas necesarias para garantizar tu propio bienestar y seguridad.

10 características de una persona posesiva

  1. Sabotea tu autoestima y te hace dudar de ti mismo (a). Te inyecta la creencia de que necesitas su apoyo y que no eres capaz de cumplir tus metas por cuenta propia.
  1. Te motiva a adoptar hábitos autodestructivos, como el consumo desmedido de alcohol o drogas. El objetivo de esto es debilitar a la pareja introduciendo una adicción para que resulte más fácil ejercer control sobre ella.
  1. Busca imponer siempre su punto de vista en cualquier situación. Son personas que se niegan a ceder su autoproclamada autoridad, así sea a expensas de la salud física o emocional de otros.
  1. Se muestra anómalamente controladora o agresiva durante los encuentros sexuales. Procura siempre establecer una condición de dominancia sobre la pareja.
  1. Ridiculiza o se burla en lo público y lo privado de la pareja. Convierte el humor crudo y mordaz en un arma de filo para causar daño sobre la autoestima de la otra persona y fortalecer su posición.
  1. Hace mención con frecuencia a los puntos fuertes que posee y lo afortunada que debe sentirse la otra persona por tenerla a su lado. El discurso habitual incluye el énfasis en lo “poco merecedora” que es la pareja, de modo que se establece una dinámica de amo — esclavo donde la víctima de la personalidad posesiva termina creyéndose en deuda perpetua con ella, obligada a sacrificarlo todo y trabajar desmedidamente por la relación.
  1. Ataca las creencias o sistema de valores de la pareja buscando hacerla sentir estúpida o avergonzada por su forma de pensar. En el lado opuesto, reafirma sus propias ideas y las presenta como verídicas e irrefutables.
  1. Desestima la importancia del espacio personal y momentos de soledad del otro. Exige, en cambio, que la pareja deposite toda su atención, tiempo y energía en la relación.
  1. Domina a la perfección el arte de hacer sentir a la pareja culpable por un hecho sin trascendencia, o bien por algo que ni siquiera ha ocurrido. Cuando el otro miembro de la relación es de personalidad sumisa, la culpa puede potenciar fácilmente el aislamiento social y la pérdida de la privacidad con tal de “evitar dolores de cabeza” a la pareja posesiva y “cuidar” la relación.
  1. Busca siempre el modo de obtener información detallada sobre los movimientos y decisiones de la pareja. Considera que ningún dato personal debe serle ocultado y que tiene derecho a manejar la agenda privada de la otra persona para cerciorarse de que realmente no está haciendo “nada malo”.

Referencias:

http://cpancf.com/articles_files/jealousyinrelationships.asp
https://www.psychologytoday.com/blog/friendship-20/201506/20-signs-your-partner-is-controlling

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Nueve principios para un matrimonio feliz

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En el pasado, las personas contraían nupcias tomando en consideración factores como una estabilidad económica favorable a largo plazo. Hoy en día, el matrimonio se vincula más al amor y el romanticismo que a una figura política meramente racional.

Para la terapeuta de pareja Esther Perel, cuando el matrimonio era una empresa económica, la infidelidad era tratada desde la perspectiva de la seguridad financiera, por ejemplo. Pero ahora que el matrimonio es un arreglo romántico, la infidelidad es tratada desde la seguridad emocional.

El hecho de que decidamos casarnos por amor y no exclusivamente por conveniencia social ha cambiado no sólo las implicaciones que trae consigo la unión entre dos personas, también los aspectos que influyen en que un matrimonio prospere en armonía.

La Asociación Americana de Psicología (APA), ha recopilado una serie de consejos con base en estudios psicológicos que han demostrado estar vinculados con matrimonios plenos y estables.

Ya sea que lleves años con tu pareja o que estés considerando el matrimonio como una posibilidad futura, la siguiente lista de principios te ayudará a conocer las bases de una relación fundamentada en el compañerismo y la alegría.

      1. Sepárate emocionalmente (y a tu pareja) del entorno en el que creciste

No es que el matrimonio exija desentenderte de tu familia o comportarte como un completo extraño, pero sí es importante separar tu identidad de pareja de la identidad de tus padres, tus hermanos o tus abuelos.

Unirte a alguien en matrimonio significa construir una nueva familia, no una réplica de la tuya.

Asentar una distancia emocional prudente evita, además, conflictos de pareja innecesarios que puedan tener origen en prejuicios, costumbres o creencias exclusivamente de tu entorno familiar y las cuales deberás aprender a dejar de lado para comenzar de cero.

Después de todo, si esperas que tu pareja cocine como tu madre o conduzca como tu padre, vivirás un matrimonio muy por debajo de tus expectativas, que serán, de cualquier modo, irreales.

  1. Construye con tu pareja lazos basados en una intimidad e identidad compartidas

El nosotros es más trascendental en el matrimonio que el y el yo.

La conformación de una identidad compartida significa alcanzar un punto de compenetración en el que ambos miembros de la relación sean capaces de pensar acertadamente en lugar del otro, de experimentar una empatía plácida donde el bienestar del ser amado encarne el propio bienestar.

Esto no debe confundirse con una pérdida de autonomía o derechos individuales. La unión emocional de la pareja debe promover de tal modo la confianza y el respeto mutuo que la libertad del otro sea un tesoro inviolable fuera de las garras del egoísmo y la dependencia.

       3. Establece una relación sexual rica y placentera y protégela de intrusiones externas

La conexión sexual no compensa la desconexión emocional, pero un buen entendimiento físico en la cama sí puede reforzar un matrimonio donde exista previamente un lazo de amor sólido.

Cuídate además de exponerte conscientemente a situaciones que puedan perjudicar la integridad de tu matrimonio y destruir la confianza de tu pareja. La fidelidad no debe ser el resultado de los sentimientos, sino una decisión arraigada a una intención y que, de ser necesario, implique acciones formales.

  1. Para las parejas con hijos: intercambien los roles de la paternidad y el efecto de absorción que la llegada de un bebé tiene en el matrimonio

Si la filosofía de los roles de género predomina por encima de la idea de una paternidad con tareas equitativamente repartidas, el resultado será que uno de los miembros de la pareja (por cultura, la madre), será la principal afectada por los efectos de absorción de tiempo y energía que implica el nacimiento de un hijo.

Esto no repercute solo en la salud de la madre, también puede influir en la acumulación de sentimientos negativos hacia el padre, de quien podría percibirse falta de entrega y compromiso.

  1. Protege la privacidad de tu relación

El mundo interno de una pareja es un espacio importantes donde la confianza y la intimidad emocional se refuerzan. Proteger la privacidad de este universo exclusivo significa reservar tiempo para pasar a solas con tu pareja y guardar discreción acerca de sus planes, sueños o inconvenientes.

Lo que tu pareja y tú piensen o hagan es parte de su construcción personal; mantenerlo en privado conserva la magia de la dinámica y una debida sensación de seguridad.

  1. Confronta las crisis y mantén fuerte el vínculo marital ante las adversidades

Los matrimonios mueren muchas veces antes de sufrir un fallecimiento definitivo. Esto no significa que la última muerte (el divorcio) sea inevitable; en realidad, asumir que las crisis son parte del ciclo de vida de toda relación y que son una oportunidad para emprender cambios positivos podría evitar el rompimiento de muchos matrimonios.

Cuando un problema drástico se presente en tu matrimonio, no lo ignores ni lo minimices, plántale cara y explora sentimientos y opciones con tu pareja. Estás en una barca de dos guardianes, no temas a las tormentas.

  1. El matrimonio debe ser un espacio de expresión, no de represión

La plenitud de una relación depende del grado de comodidad que ambas partes sientan al momento de compartir con el ser amado todo lo que son, todo lo que han sido y la ilusión de lo que esperan ser.

Esta libertad de expresión no aplica solo para los buenos momentos, las diferencias y las emociones negativas deben poder compartirse con la misma tranquilidad y fe ciega en que el otro estará ahí para servir de apoyo incondicional.

  1. Utiliza el humor y la risa, y no permitas que la monotonía apague la llama

El humor nos ayuda a poner las cosas en perspectiva sin importar lo gris que luzca el panorama.

Para evitar que la monotonía devore tu matrimonio, debes estar abierto a la espontaneidad y a la diversión no planeada de convertir un momento incómodo en la mejor broma jamás contada.

Si tu pareja y tú aprenden a desenvolverse en esta dinámica ocasional de niños traviesos, siempre tendrán algo nuevo por hacer y un lugar maravilloso al cual ir juntos.

  1. No abandones los detalles que hicieron que tu pareja se enamorara de ti

Las consideraciones iniciales que alimentaron el fuego del romanticismo y dieron forma al amor deben permanecer durante el matrimonio.

De hecho, es el olvido de los detalles y las expresiones de afecto lo que hace que los amores más profundos pierdan el brillo y se marchiten.

Bien lo dijo Mario Benedetti: “Para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena consciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor”.

Fuente: APA

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¿ Celos racionales o enfermizos? Claves para descubrirlo

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Los psicólogos coinciden en que los celos, cuando se presentan en un grado moderado y un contexto coherente, son francamente normales a lo interno de las relaciones y expresan un miedo latente a que el vínculo sentimental establecido con el ser amado pueda verse afectado o deshecho por la intervención de un factor amenazante.

Los celos se manifiestan cuando el temor a la pérdida, la inseguridad y la baja autoestima ganan la batalla a la paz mental. No obstante, existe una diferencia sustancial entre los celos racionales (que atienden a razones consistentes y verificables) y los celos irracionales o enfermizos (que se presentan a través de la ansiedad y la paranoia).

Aprendiendo a diferenciar entre los celos racionales y los celos irracionales

Los celos racionales pueden considerarse naturales cuando existen indicios reales de que un agente externo amenaza la estabilidad de la relación.

Es normal sentir celos, por ejemplo, en los siguientes casos:

  • Descubrimos que nuestra pareja nos oculta encuentros con otra persona en lugares y horas poco usuales.
  • Nuestra pareja recibe mensajes o llamadas en horarios sospechosos y muestra nerviosismo al atenderlas.
  • Cuando nuestra pareja comienza repentinamente a interesarse más por su apariencia física, pero no nos hace partícipes de su cambio de imagen ni toma en cuenta nuestra opinión.
  • Comienza a regresar a casa a altas horas de la noche sin una razón consistente.
  • Cuando nuestra pareja pierde el interés en compartir física o emocionalmente con nosotros.

Los celos racionales, dicho de otro modo, son normales e incluso acertados cuando lo que nuestro compañero sentimental dice que va a hacer no coincide con lo que realmente está haciendo, en cuyo caso es prudente hacer sonar las alarmas y abrir la puerta al diálogo para definir a ciencia cierta la situación actual de la relación y tomar las medidas pertinentes.

Algo muy distinto ocurre con los celos enfermizos, los cuales se presentan exista o no evidencia de peso, ya que responden más a una personalidad ansiosa e insegura que a un comportamiento inusual en la pareja.

Los celos enfermizos se manifiestan habitualmente en las siguientes condiciones:

  • Nuestra pareja no atiende a nuestros mensajes o llamadas con la prontitud deseada y asumimos que está con otra persona.
  • Comparte con su círculo de amistades y conocidos, que incluye miembros del sexo opuesto.
  • Desconocemos el lugar exacto en que se encuentra nuestra pareja y eso nos produce ansiedad y pensamientos obsesivos.

Los celos irracionales conducen con el tiempo a patrones de conducta disfuncionales, como la violencia, la persecución de la pareja y la obsesividad compulsiva.

¿Cómo saber si mis celos son racionales o enfermizos?

Lee cuidadosamente y responde con absoluta franqueza al siguiente listado de preguntas. Si la mayoría de tus respuestas son afirmativas, es probable que poseas una personalidad con tendencia a los celos, la ansiedad y la manipulación.

  • ¿Interrogas o sientes el impulso de interrogar constantemente a tu pareja acerca de los sitios que frecuenta o las personas con las que coincide?
  • ¿Exiges a tu pareja que te revele información detallada de sus planes o que te dé cuenta de sus decisiones?
  • ¿Sientes la necesidad de castigar a tu pareja con malos tratos o indiferencia cuando no atiende a tus ansias de saber dónde se encuentra y qué está haciendo?
  • ¿Preguntas constantemente a tu pareja respecto a sus sentimientos por ti?
  • ¿Revisas por cuenta propia el teléfono de tu pareja, su computador personal o su correo electrónico?
  • ¿Conoces la contraseña de las redes sociales de tu pareja y accedes a ellas regularmente para “supervisar” con quién establece contacto?
  • ¿Discutes con tu pareja frecuentemente con base en sospechas, pensamientos o escenarios hipotéticos?

Según el psicólogo David Buss, los celos trabajan a nivel cerebral mediante la activación de circuitos específicos que determinan la magnitud de la reacción de un individuo a otro, por lo que los hombros son más celosos ante la posibilidad de una infidelidad física, mientras que las mujeres se ven más afectadas por la posibilidad de una infidelidad emocional.

Aún así, los celos enfermizos llevados al límite pueden motivar tanto a hombres como a mujeres a causar daño físico o emocional a sí mismos, a su pareja o a terceros. Para el psicólogo Seth Myers, lo más importante es realizar una tarea de autoobservación, ser honesto con uno mismo y determinar si los celos que experimentamos se deben a una situación real o si conforman un patrón de conducta que ha sido común en relaciones anteriores, en cuyo caso el origen del malestar puede ser un autoconcepto pobre, miedo al abandono, falta de confianza en nuestras propias cualidades, miedo a salir lastimados o a abrirnos emocionalmente.

Una vez somos conscientes del origen de nuestros celos, resulta más sencillo afrontar cada episodio desde un ángulo racional y no pasional.

Si quieres reforzar esta lectura lo puedes hacer a través de las guías prácticas del reconocido psicologo y escritor Walter Riso  quien aborda este y otros temas relacionados con las relaciones de pareja.

Referencias:

The 3 Reasons We Can Get Jealous (2014). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/insight-is-2020/201409/the-3-reasons-we-can-get-jealous

Excelatlife.com (2016). Disponible en https://www.excelatlife.com/articles/irrationaljealousy.htm

Guías prácticas de Walter Riso

 

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Cómo actuar oportunamente para salvar tu matrimonio

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Cuando ciertos indicadores coinciden en el tiempo y denotan comportamientos inesperados que no corresponden a la costumbre de la pareja, la probabilidad de que exista un enredo aumenta sustancialmente. Recuerda bien esta palabra: probabilidad.

No se trata de convertirse en una persona ultra desconfiada e inventarse engaños donde no los hay, sino de mantener una actitud racional frente a los recelos, hablar con la pareja y comunicar la inquietud, sin agresiones ni escándalos. Veamos algunas señales que podrás identificar para evitar que tu relación de pareja caiga en la infidelidad:     

  1. Indiferencia afectiva: se percibe una lejanía y frialdad por parte de la otra persona, las manifestaciones amorosas son cada vez menos y el mal humor aumenta. Esta actitud es sospechosa, sobretodo cuando perdura por mucho tiempo. Si es así, mejor estar solo que esperar “peras del olmo” toda una vida.
  2. Frialdad sexual: Un bajón en el deseo sexual siempre es preocupante. Si no hay enfermedades físicas o psicológicas que expliquen el desgano, preocúpate. Los altibajos eróticos son normales, siempre y cuando sean esporádicos y no demuestren un deterioro paulatino y constante.
  3. Preocupación repentina y excesiva por la apariencia física: Obviamente, no se trata de la sana costumbre de ir a un gimnasio y embellecerse. Lo que puede resultar sospechoso es el repentino cuidado por la apariencia física en personas que nunca se habían preocupado su aspecto y, sobretodo, si no se involucra al otro y faltan las preguntas: “¿Te gusta mi nuevo look?”, “¿Qué opinas de mi maquillaje?”, “¿Te gusto más sin panza?”.
  4. Cambios inesperados de rutinas Si no hay motivos claros y comprobables, los cambios inesperados e injustificados de las costumbres cotidianas no deben ignorarse: almorzar fuera, llegar tarde, trabajar los fines de semana, etc. Por lo general, uno no modifica sus rutinas de un día para el otro sin razones válidas y sin explicaciones. No te acuestas con una persona y te levantas con otra y, si esta mutación ocurre, estás en problemas.
  5. Llamadas y/o conversaciones sigilosas telefónicas a horas extrañas o inoportunas
  6. Tres cuestiones a tener en cuenta:
    1. No se despega del móvil o corre velozmente a contestar,
    2. Cuando revisas el aparato, misteriosamente no aparecen los números marcados ni las llamadas recibidas.
    3. Las conversaciones son demasiado largas y nunca sabes con certeza con quién habló.
  7. Debes actuar cuanto antes si detectas cualquiera de estos comportamientos. Muchos matrimonios se podrían haber salvado si alguno de sus miembros hubiera reaccionado oportunamente a estas señales.  

El estrés, las crisis existenciales, la depresión, las enfermedades físicas, los problemas laborales y  otros muchos factores,  afectan la manera de relacionarse y nada tienen que ver con la presencia de algún intruso o intrusa.

Cualquier dato aislado no es suficiente para generar una duda razonable, sin embargo, en la “Guía práctica para afrontar la infidelidad de la pareja” de Walter Riso, encontrarás más señales e indicadores de la aparición de un o una amante en tu relación de pareja.

Aprende a identificarlos y combatirlos a lo largo de sus útiles párrafos. Conócela haciendo clic aquí

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Todo aquello que nos hiere, también nos fortalece

La vida está llena de obstáculos y decepciones. Las cosas no siempre marchan como lo deseamos o como lo habíamos planeado y esta incongruencia entre los hechos y las expectativas personales puede generar frustración y tristeza.

El budismo es claro en esto: el origen del sufrimiento es el deseo. Para los occidentales, sin embargo, puede ser más difícil asimilar el desprendimiento material y emocional con la misma naturalidad que para los orientales, especialmente porque nos vemos invadidos por una cultura de consumo y posesión.

La mirada superficial que aplicamos en Occidente a los eventos de vida traumáticos hace que nos perdamos gran parte de las enseñanzas que cada experiencia, sobre todo las más dolorosas, guardan para nosotros.

Nos centramos únicamente en el dolor, en la desilusión, en el sentir de la herida abierta pero no en el inmenso valor que tendrá la cicatriz una vez haya sanado.

El escritor William Shakespeare se refiere del siguiente modo al ejercicio de develar lecciones de vida donde sólo parecen haber tragedias:

“Dulces son los frutos de la adversidad que, semejante al feo y venenoso sapo, lleva en la cabeza una joya preciosa”.

De este modo hemos de aprender a contemplar los momentos difíciles, los cambios inesperados de rumbo, las desilusiones, los amores que no pudieron ser y las despedidas dolorosas: como un fruto latente, una lección de vida que resplandece como una joya preciosa.

El sendero de la resiliencia

La Asociación Americana de Psicología (APA) nos habla de la resiliencia como el proceso de adaptación que nos permite sobreponernos a las adversidades y los eventos traumáticos, como la muerte de un familiar o el rompimiento de una relación amorosa.

La resiliencia no es un super poder ni un privilegio reservado para los grandes maestros espirituales: todos somos capaces de recuperarnos emocionalmente de las dificultades. Lo que marca una gran diferencia es la disposición que tengamos a pensar, creer y actuar a favor de la resiliencia.

En otras palabras: ser una persona resiliente es una decisión que involucra una forma de persona, un conjunto de creencias y una forma de comportarnos.

Factores que influyen en nuestra capacidad de ser resilientes

La APA menciona un elemento clave que guarda relación con nuestra capacidad de ser más o menos resilientes: las personas que nos rodean.

Nunca ha sido un secreto que el tipo de gente del que nos rodeamos influye en los hábitos que adoptamos e incluso en la imagen que conformamos de nosotros mismos. Cuando se trata de resiliencia, contar con relaciones interpersonales que sean modelo de amor y confianza fortalece nuestra capacidad de resurgimiento.

Además, algunas prácticas asociadas con la resiliencia son:

  • Hacer planes con bases realistas y seguir pasos concretos para cumplir nuestros objetivos.
  • Desarrollar una visión positiva de nosotros mismos y confianza en nuestras fortalezas y destrezas.
  • Estar abiertos a comunicarnos con los demás, compartir nuestras ideas y sentimientos y recibir apoyo de otras personas para resolver problemas.
  • Fortalecer nuestra capacidad para lidiar con sentimientos fuertes e impulsos a través del diálogo interno con nosotros mismos.

Aprendiendo a ver el arcoiris después de la tormenta

Incluso los eventos de vida más dolorosos representan una oportunidad invaluable para crecer espiritualmente y fortalecer nuestro amor propio, pero esto implica que tomemos una decisión clara: aprender de nuestro pasado.

Tomar esta ruta no siempre es fácil, ya que aprender del pasado implica asimilar que ha quedado atrás, que somos personas distintas y que la vida continúa.

Algunas estrategias útiles para aprender a ver la belleza en los cambios y apreciar la virtud detrás de las nubes negras son:

1.Aceptar que el cambio forma parte de la vida. La naturaleza misma es un ejemplo del eterno devenir necesario para que exista un equilibrio sano en el mundo.

Una vez que hayamos decidido visualizar el cambio como una metamorfosis evolutiva y no como una condena, dejaremos de sentirnos víctimas de nuestras circunstancias y podremos enfocarnos en las oportunidades que acompañan a todo cierre de ciclo.

2.Crear nuevas conexiones. No solo con personas completamente nuevas, con gustos e intereses distintos, también es positivo conectar con aficiones que hayamos dejado a un lado o con actividades que siempre hemos querido explorar.

El negativismo que sobreviene con las adversidades es peligroso: nos aprisiona en lamentaciones constantes y pensamientos negativos. Salirse de esta zona de peligro y reencontrarse con el milagro de la vida a través de experiencias nuevas nos ayuda a superar las dificultades y asumir un nuevo comienzo.

3. Negarse a ver las crisis como un amontonamiento de problemas. Las crisis no son más que creencias que se han dado encontronazos con una pared de eventos inesperados.  

Gran parte de las experiencias de sufrimiento que vivimos se deben a nuestra obstinación, a nuestra terquedad por negarnos a aceptar que la vida gira en un eterno renacer y que no podemos controlarlo todo.

Desentiéndete de la responsabilidad ficticia de llevar el mundo sobre los hombros. No te culpes, no te flageles, recibe con el asombro de un niño cada cambio que se presenta en tu vida y conviértete con ilusión en el arquitecto de una nueva obra.

No eres una víctima de las adversidades, eres un alumno digno y capaz en el camino a convertirse en un maestro de vida para otros.

Refuerza esta lectura con las guías prácticas , del reconocido psicólogo y escritor Walter Riso

 

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Referencias: Guías prácticas de Walter Riso 

 

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La gran mayoría de personas sufren por causa de esto

Hay algo particular en el uso del término «apego». En nuestra sociedad parece tener, en su uso, una connotación positiva, por lo cual vamos a dejar antes otra cuestión clara: hablaremos del apego como sinónimo de adicción. Para esto, comencemos estableciendo la diferencia entre las adicciones que son aceptadas o están reglamentadas por la psicología y la psiquiatría y las que no: se tiende a llamar apego a las adicciones que no están clasificadas. Así, cuando hablamos de adicciones la gente suele ponerse en alerta; esa alerta es necesaria.

¿Qué quiere decir «apego afectivo»?

El apego es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: primera, que es permanente; segunda, que te va a hacer feliz; tercera, que te va a dar seguridad total y, por último, que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y, por ende, no aceptas el desprendimiento.

¿Qué es lo que pasa con una persona cuando se apega a alguien? Es concluyente, el apego corrompe, eso te lo dirá cualquier psicólogo en este campo. Para mí, el apego, es el principal motivo de sufrimiento en la historia de la humanidad. Si el apego corrompe, pierdes tu dignidad, tu respeto, tus valores más esenciales. También pierdes libertad, y no puedes decidir cómo te vas a mover. Pierdes tranquilidad porque una de las características del apego es el miedo a perder aquello que deseas. Finalmente, pierdes también la alegría. Tu mente está tan metida en invertir recursos que pierde la posibilidad de disfrutar la vida con muchas otras cosas, te absorbe.  

Tal como lo indica Walter Riso en su «Guía práctica para vencer la dependencia emocional», hay dos perspectivas desde las cuales comprenderlo:

  • El apego afectivo es una vinculación mental y emocional, generalmente obsesiva, a ciertas personas, originada en la creencia irracional de que ese vínculo proveerá de manera única y permanente, placer, seguridad o autorrealización. Léase bien: “permanente” (indestructible, eterno, inmodificable, arraigado). En consecuencia, la persona apegada estará convencida de que sin esa relación estrecha sentimental (adherente o dependiente) le será imposible ser feliz, alcanzar sus metas vitales o tener una vida normal y satisfactoria «Sin él o ella no soy nada o muy poco» o cosas por el estilo. Es imposible vivir libre y sanamente con semejante lastre.
  • Lo que define el apego no es tanto el deseo sino la incapacidad de renunciar a él cuando debe hacerse y podríamos decir que tal renuncia es conveniente, si el vínculo resulta dañino para la salud mental y/o el  bienestar de uno, el mundo y la gente que nos rodea. Concretamente, respecto al amor, renunciar a una relación debería hacerse cuando:
  • Ya no te aman.
  • Tu autorrealización vital se ve afectada.
  • Si tus principios se ven vulnerados.

Para desapegarse, hay que tener un espíritu rebelde, ser irreverente con las causas del apego. Pero rebeldía no es salir gritando contra las cosas sin sentido, sino derrumbar esos esquemas básicos de autodestrucción en los que estás metido y establecer luego un nuevo paradigma de vida. Ser desapegado es, en cierto modo, ser un subversivo del orden establecido. En ninguno de los manuales que están saliendo ahora para ser feliz te dicen que hay que rebelarse contra las normas; En las guías prácticas de Walter Riso , con ese cierto toque de descaro y sinceridad que caracteriza al autor, cómo rebelarse asertivamente para darle una buena bofetada a la dependencia emocional y afectiva. Adquiérelas haciendo clic aquí.

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Referencias: Guías prácticas de Walter Riso

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¿Hoy te quieren y mañana no?

Vivir una relación de pareja puede generar una amplia gama de emociones muy gratificantes para tu vida. Sentir que amas a otra persona y que esta te ama a ti te hace sentir feliz y con vitalidad. Sin embargo, hay veces en las que la pareja se convierte en una vivencia negativa que aporta niveles elevados de malestar a una o a las dos personas implicadas en la relación.

Muchas parejas en el mundo actualmente atraviesan por un dilema, una dicotomía del corazón, esa que no alcanza a comprender por qué se extraña al otro cuando no está y cuando se tiene esa persona al lado el amor se va acabando poco a poco. Paradojas del amor: «Sufro porque no estás, sufro porque estás; quiero que te marches, quiero que regreses; vete pero no me dejes del todo; cuando estás a mi lado me aburro, me canso, me estreso, pero cuando te tengo lejos, no puedo vivir sin ti, te echo de menos y te necesito».

Este tipo de situaciones se convierten en un conflicto insoportable y desgastante. Llevas tiempo tratando de acomodarte a una contradicción que te envuelve y te revuelca, te sube y te baja: «Sí, pero no», «No, pero sí». Un amor inconcluso, que no es capaz de definirse a sí mismo y, lo peor de todo, puede durar siglos:¡Qué pesadilla!

En una relación sana y equilibrada, los dos andan a ritmos similares, no a igual velocidad, pero sí por la misma senda, cuando uno de los dos es víctima de la inseguridad sentimental de su pareja, esto le va generando emociones negativas, depresión y tensión emocional.

La premisa que debes incorporar a tu mente y que luego operará como un factor de inmunidad nos la da el psicólogo y escritor Walter Riso de manera contundente: «Si alguien duda de que te ama, no te ama. A los enamorados de verdad hay que frenarlos y no empujarlos».

Si estás en una relación de este tipo, no te queda más que rezar e irte en cuanto el «ni contigo, ni sin ti» asome.

¿Estás en una situación similar? ¿Lo has estado alguna vez? Si la respuesta es no, tal vez cantar victoria sería demasiado apresurado, porque cualquiera puede involucrarse en una relación de este tipo: los indecisos afectivos andan por la calle. Ármate de los mejores consejos y técnicas de los psicólogos Walter Riso, Diego Castrillón y Alberto Ferrer descargando sus nuevas colecciones . Encontrarás valiosos contenidos que reúnen toda la experiencia y conocimientos de estos autores especializados en temas de pareja (entre otros). Recuerda que para poder tener una relación sana con los demás debes empezar contigo mismo.

 

Escrito por: Editorial Phronesis

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Referencia: Colección fortalece tu relación contigo mismo y con tu pareja  

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5 hábitos que indican falta de confianza en ti mismo

El término confianza se define como “la medida en que pensamos que una acción determinada conllevará resultados positivos”, o en otras palabras: el grado en que creemos posible lograr nuestros objetivos. La falta de confianza es un problema mayor que deteriora nuestra calidad de vida, en tanto afecta la visión que tenemos de nosotros mismos e impide que nos desenvolvamos correctamente en sociedad.

Es muy común que nos sintamos ansiosos antes de tomar una decisión importante o emprender un proyecto esencial en nuestra vida personal o profesional. La duda asoma con facilidad y pronto nos cuestionamos acerca de la posibilidad de alcanzar nuestras metas. La inseguridad en momentos cruciales es un estado natural, muchas personas exitosas atraviesan instantes de duda y, no obstante, saben cómo sortear estos episodios de debilidad humana y seguir adelante con sus planes para, finalmente, sembrar bandera en la cima más alta.

Pero ¿qué ocurre cuando la falta de confianza transforma periodos normales de nerviosismo y duda en tormentos de orden superior? O más importante aún: ¿cómo saber si nuestros periodos de duda son realmente naturales o si, en cambio, hemos estado siendo víctimas de una desconfianza agravada que nos paraliza y perjudica nuestra relación con nosotros mismos y los demás?

Señales de que la falta de confianza está frenando tu vida

  1. Búsqueda constante de aprobación

Si con frecuencia te preocupa de forma exagerada el punto de vista de los demás, esto puede ser un indicio claro de falta de confianza que, a su vez, acarrea una necesidad latente de validación.

Las personas que requieren ser validadas por agentes externos se muestran incrédulas ante sus propias cualidades y se sienten inferiores en comparación con el resto, por lo que demandan que una persona de “status superior” le indique el camino a seguir, le revele la decisión correcta o, simplemente, le garantice que cuenta con las virtudes necesarias para desempeñarse en una tarea por sí mismo.

  1. Tendencia a desplazar la responsabilidad por los actos cometidos

La falta de confianza también se vincula con la inmadurez al momento de afrontar las consecuencias de nuestros actos. Cuando no contamos con un carácter sólido para hacernos responsables de nuestros errores, la desconfianza en nuestras habilidades personales nos lleva a culpar a los demás para que sean ellos quienes se hagan cargo de lo que nosotros nos sentimos incapaces de manejar.

El procedimiento es similar a la dinámica hijo-padre.

  1. Necesidad compulsiva de dar explicaciones

Las personas con poca confianza en sí mismas se sienten obligadas a dar explicaciones constantemente por las decisiones que toman, el comportamiento que adoptan o su forma de pensar. Temen que la impresión que los demás puedan hacerse de ellas sea negativa, así que previenen la posibilidad de quedar mal frente al resto dando cuenta en todo momento de las razones que les llevan a actuar de una manera determinada.

  1. Especulación negativa acerca de los sentimientos o pensamientos de los demás

Una frase común entre las personas que desconfían de sí mismas es: “Seguramente piensa…” o “Seguramente le parezco…”, seguida de una conclusión pesimista. Y es que la falta de confianza se traduce en una imposibilidad para creer que el resto de las personas pueda tener una impresión inmejorable de nosotros, a pesar de haber tenido encuentros favorables y amistosos en el pasado.

La especulación siempre es peligrosa, pero cuando ocurre dentro de una mente que se automutila con dosis precisas de negatividad, es desastrosa, ya que nos pinta el cuadro más mortificante posible y nos genera altos niveles de ansiedad.

  1. Descreimiento en las propias facultades

Finalmente, una señal contundente de falta de confianza es el menosprecio de las propias capacidades, o lo que podría llamarse duda irracional.

Lo que diferencia la duda racional de la irracional es que la primera atiende a parámetros lógicos, corroborables, como el temor a no cumplir con una asignación en el tiempo estipulado; la duda irracional, en cambio, proviene de la inseguridad personal y funciona como un mecanismo que suprime todos los logros alcanzados con anterioridad y toda capacidad de auto reconocimiento para convencer al individuo de que es incapaz de hacer algo (incluso si ha realizado una tarea similar o exactamente igual en el pasado).

Todos sentimos miedo alguna vez, todos experimentamos ansiedad antes de hacer algo que consideramos importante, pero si la falta de confianza te priva de llevar una vida alegre y equilibrada, es hora de tomar acción.

Ponte metas, desafíate, realiza cambios como practicar más seguido un pasatiempo o hacer ejercicio con más regularidad. Darte cuenta de que eres capaz de cumplir esos objetivos por ti mismo te ayudará a aumentar tu confianza y ser más feliz.

Referencias:

Raising low self-esteem – Live Well – NHS Choices. (2016). Nhs.uk. http://www.nhs.uk/Livewell/mentalhealth/Pages/Dealingwithlowself-esteem.aspx

Escrito por: Editorial Phronesis

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7 errores comunes que aniquilan el amor

No siempre el buen porvenir de una relación depende del modo en que nos comportamos con nuestra pareja, también juega un papel determinante la manera en que decidimos no comportarnos, la sabiduría para saber cuándo guardar silencio, la templanza para saber cuándo no empujar, la intuición para saber bailar al son del vals con una gracia tal que dos cuerpos parezcan uno.

Presta atención a los siguientes errores comunes que muchas parejas cometen día tras día sin saber que, a raíz de ellos, se va tejiendo la cuerda que asfixia el amor. Reflexiona sobre cada uno y cúrate de imitarlos para que tu relación de pareja se conserve dulce, solidaria y perdurable.

  1. Dejar que se pierda el contacto emocional

Presencia física no equivale a presencia emocional. Puede que tu pareja y tú pasen tiempo juntos en gran proporción durante el día, pero compartir el desayuno, ir al trabajo juntos o ver un programa de televisión por las noches no hace las veces de tiempo de calidad al menos que sea palpable un intercambio de ideas y sentimientos, ya sea verbalmente o a través del tacto.

La falta de conexión en la pareja produce una sensación de “estar sin estar” que va marchitando poco a poco el amor hasta que la relación se transforma en una mera coincidencia rutinaria entre desconocidos.

  1. Afrontar las discusiones con una postura ofensiva

Las diferencias y roces de la convivencia son completamente normales en cualquier relación, el inconveniente es que muchas personas no saben cómo hacerles frente de manera asertiva y caen en el error de atacar a su pareja, responsabilizarla injustamente por los problemas que atraviesa la pareja o desacreditarla.

Aprende a guardar silencio cuando el enfado te incite a pronunciar palabras que puedan herir los sentimientos de quien amas. Edúcate en el arte de la moderación y evitarás, en apenas un segundo, largas horas de amargura.

  1. Poner “a prueba” los sentimientos del otro

Algunas personas recurren al chantaje para forzar a su pareja a “demostrar” la veracidad de sus sentimientos. Suelen ser individuos con tendencia narcisista, o bien con una baja autoestima y problemas de seguridad que necesitan verificar constantemente el compromiso que el ser amado ha adquirido con ellos para controlar sus niveles de ansiedad, o incluso para definir qué tanto deben aportar ellos a la relación.

Recuerda esto: todo tipo de manipulación, sin importar el grado, supone una violación del derecho individual a la libre toma de decisiones. Ningún amor prospera bajo esas condiciones.

  1. No apoyar al ser amado

Uno de los principios básicos de toda relación estable y feliz es que exista solidaridad entre sus miembros, que cada uno sea capaz de alegrarse por la dicha del otro, o bien acompañarlo en sus horas más oscuras de forma natural, sin empujones, sin exigencias, no porque sea una cláusula de contrato sino porque el idioma del amor también habla de compasión.

Si tu pareja no siente tu apoyo cuando atraviesa un momento difícil, esto dice mucho del estado y potencial de la relación. Todo es tan fácil como entender que donde hay falta de interés, también hay falta de amor.

  1. Ser insistente en errores del pasado

Muchas relaciones se ven sujetas a periodos de oscura calamidad y, sin embargo, son capaces de reponerse y seguir adelante. Ya sea que se trate de una infidelidad, una ofensa o un evento doloroso respecto al cual se acordó un perdón sincero y un borrón y cuenta nueva, salir a desenterrar tumbas cada vez que ocurre una discusión o nos sentimos irritados o angustiados es un golpe bajo que deteriora severamente la relación, ya que no sólo evidencia que el perdón nunca terminó de darse, sino que envía un mensaje claro a nuestra pareja: “Hagas lo que hagas, no volveré a confiar del todo en ti”.

  1. Dar la relación por garantizada

Caer en la monotonía es un grave error, y suele ser la causa de muchas infidelidades y disolución irremediable de parejas que, en otras circunstancias, pudieron permanecer juntas.

Jamás puede darse una relación por asegurada. Tal y como cuenta una metáfora muy conocida (y certera), el amor es como una planta que debe regarse todos los días para no morir de resequedad. En el plano opuesto, cuando asumimos que el afecto de nuestra pareja ha alcanzado un punto de madurez en el que no cambiará sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer, pecamos de arrogantes e insensibles, algo ante lo cual ni siquiera el amor es inmune.

  1. No decir a tiempo lo que sentimos

Acumular descontentos es la fórmula mágica para matar lentamente el amor. Pronto, deja de tener importancia si nuestra pareja olvidó nuestro cumpleaños o si dejó abierta la ventana de la cocina: cualquier equivocación se convierte en una sentencia de muerte que concluye con un: “No más”, y todo termina “de pronto”, sin razón aparente.

Expresa siempre tus preocupaciones o insatisfacciones en el momento en que las experimentamos, no calles tus sentimientos a propósito para evitar episodios incómodos. Tarde o temprano, la consciencia te pasará factura y sentirás que has estado traicionándote a ti mismo para mantener a flote la relación.

Escrito por: Editorial Phronesis

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Referencias: Guías prácticas de Walter Riso 

 

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