Cómo reconocer si mi hijo es el “agresor” del curso

La otra cara del bullying

El 2 de mayo se conmemora el Día Mundial Contra el Acoso Escolar, una situación que afecta a millones de estudiantes en todo el mundo y de manera progresiva a los alumnos chilenos. Además de aquellos que lamentablemente han sido víctimas de bullying, el origen del problema se encuentra en los menores que se convierten en los protagonistas de la agresión, ya sea física, psicológica o virtual. Por ello, la psicóloga infanto juvenil de Centros Médicos Vidaintegra, Karen Cristi, explica cuáles son las señales que caracterizan estas conductas y entrega recomendaciones para frenarlas.

La Superintendencia de Educación entregó cifras preocupantes: entre 5to y 3ro básico se produce el 43% de las denuncias por maltrato ocurrido en la sala de clases y el 35,8% de estos ataques se registra dentro del aula. Además, los datos publicados revelaron que los hombres son víctimas del 60% del bullying físico, mientras que el 70% de las agresiones psicológicas afectan a las mujeres.

Según la psicóloga infanto juvenil de Centros Médicos Vidaintegra, Karen Cristi, las situaciones agresivas tienden a empezar desde los 8 años y manifestarse con mayor claridad a los 10 años, cuando los niños se dan cuenta del liderazgo que pueden ejercer y se empiezan a generar grupos, ya sea de forma positiva o negativa. “La detección temprana y resolución oportuna del conflicto serán decisivas para la continuidad de un ambiente favorable para el aprendizaje y el desarrollo”, explica la especialista.

Características del agresor

Para reconocer si el menor se está transformado en el “agresor” del curso, es esencial observar primero su comportamiento en casa.“Distinguir si están manifestando un carácter agresivo, con alguna  conducta impulsiva hacia sus hermanos o reflejando escasos sentimientos de culpabilidad e indiferencia frente al dolor ajeno”,afirma la psicóloga.

Los patrones de crianza en ocasiones avalan el maltrato, ya que los adultos inculcan que el éxito se debe lograr sin considerar si alguien resulta herido en el proceso. “Los padres en ocasiones y sin darse cuenta, prefieren un hijo que agreda, en vez de uno que no se sepa defender”, destaca la profesional.Algunos delos indicios de este comportamiento son:

  • Familias donde los límites de comportamiento están poco definidos.
  • Menores que imitan conductas o actitudes.
  • Escaso reconocimiento de sus emociones.
  • Falta de empatía.
  • Percibe respeto de sus pares lo que lo lleva a mantener su conducta.
  • Resuelve los conflictos de manera agresiva.

La familia y la comunidad escolar juegan un rol fundamental en la vida del niño que está adoptando conductas agresivas o de maltrato. “Debemos privilegiar el diálogo continuo, la comunicación abierta y directa, sin juicios, y prevenir o detener situaciones de hostigamiento”,especifica Karen Cristi.

También es importante enseñar desde pequeños la sana resolución de conflictos, favorecer la empatía, y brindar un ambiente familiar estable, ya que los hijos son el reflejo de las actitudes y conductas de los padres. “Además, un contexto positivo en la comunidad escolar, es primordial para una educación de calidad y para un sano crecimiento”, agrega Karen Cristi.

Las víctimas del bullying

En casos de maltratos entre alumnos también existen los observadores, aquellos niños que se trasforman en participantes pasivos de agresiones ya sean física, psicológica o virtual, ya que temen convertirse en las víctimas. Como explica la psicóloga, los menores que sufren de bullying tienen las siguientes características:

  • Familias que tienden a la sobre protección y a veces a infantilizar sus conductas, dando poco espacio a la comunicación.
  • Menores con baja socialización.
  • No reaccionan ante la agresión por vergüenza o porque lo perciben como una situación más, es decir se conforman y no ven la vulneración de sus derechos.

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¡Estudiar en colores!

En esta oportunidad les quiero contar acerca de un técnica de estudio tan famosa como efectiva…

Cuando nos disponemos a estudiar y debemos averiguar, planificar, leer y comprender es fundamental poder hacerlo de manera eficiente y de ese modo no perder el tiempo ni las energías y sentirnos motivados con todos los conocimientos nuevos que vamos incorporando. Para eso existen variedad de técnicas y estrategias que nos ayudan a entender mientras leemos, una de esas estrategias es interactuar constantemente con el texto de estudio ya sea tomando notas, realizando autopreguntas o subrayando. Se puede subrayar con destacadores lo que lo hace aún más atractivo, no obstante no es una tarea fácil, como todo para lograr las metas, se necesitará de práctica y estudio constante y gradual.

A continuación algunos usos del código de colores:

-Utilizar un color para cada asignatura

-Utilizar un color para cada tipo de información relevante

-Utilizar un color para cada tarea o deber escolar

-Utilizar un color para cada etapa del estudio

Breve explicación para cada uso:

Utilizar un color para cada asignatura la que tendrá un color a lo largo de toda la etapa escolar, propongo:

verde para Ciencias

naranjo para Historia

fucsia para Matemáticas

amarillo para Lenguaje

calipso para Tecnología

Utilizar un color para cada tipo de información relevante

Se refiere a que iremos destacando para cada asignatura un tipo de idea principal que debemos ser capaces de reconocer. A groso modo les puedo compartir que en Ciencias la información más importante serán conceptos y sistemas. En Historia la mayor parte de las veces serán fechas, lugares y personas. En matemáticas serán procesos y esquemas. En lenguaje serán hechos y consecuencias de estos hechos. y en el caso de tecnología serán más bien proyectos y sus etapas. Cada uno de los anteriores debemos subrayar con el color asignado (mencionados anteriormente) para poder elaborar con esas ideas destacadas un posterior esquema o resumen.

Utilizar un color para cada tarea o deber escolar

Para este uso sugiero en el calendario de actividades escolares (o planificador) destacar cada actividad con un color diferente, por lo que quedaría: control de lecturas amarillo, pruebas fucsia, quiz o control acumulativo verde, dictado naranjo y proyectos grupal o presentaciones verde y tareas con celeste. De este modo cada vez que se mira el calendario (diariamente ojalá!!) se entenderá con solo mirarlo cómo viene la semana y el mes…

Utilizar un color para cada etapa del estudio

Se refiere a ir cambiando de color para subrayar en la medida que se va avanzando en el estudio. Para la primera lectura, que es más superficial, se destacará con verde; luego en la segunda que ya es más comprensiva se destacará con fucsia, luego en la tercera donde ya se entiende más se destacará con celeste, y así sucesivamente hasta llegar a lo medular con lo cual se podrá elaborar un esquema o resumen.

 

claudiapaseteneClaudia Pastene Gorigoitía

Mamá de tres hijos.

Psicopedagoga, Profesora Básica y Terapeuta Floral

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¿Es posible prevenir el bullying?

Al iniciarse el año escolar muchos padres, niños y adolescentes sienten preocupación porque significa volver a estar expuestos al maltrato y acoso escolar.

Es natural esta preocupación dadas las altas cifras de violencia escolar en Chile, tanto en los índices de percepción como en los índices de reporte de víctimas y victimarios. Según un estudio de los Ministerios del Interior y Educación, en alumnos de séptimo a cuarto medio un 44,7% declara haber sido víctima de algún tipo de violencia en el colegio. La violencia psicológica es la más común (42,6%) seguida por las agresiones físicas (29,7%). (http://www.seguridadpublica.gov.cl)

 Existen algunas confusiones, mitos e ideas equivocadas en torno al bullying o acoso escolar.

En primer lugar, aclarar que los conflictos, peleas o discusiones, así como las bromas o juegos pesados, no son bullying. En el caso de los conflictos, sin minimizarlos, son oportunidades para enseñar habilidades de resolución de conflictos, y por lo tanto prevenir escaladas de maltrato que pueden llegar a constituirse como acoso escolar. Respecto de las bromas y juegos que podrían dañar o herir a alguien, como adultos tenemos que averiguar qué sienten cada uno de los involucrados para poner límites o frenar una conducta.

El bullying es el maltrato reiterado de una persona que está en una situación de superioridad sobre otra, que no tiene la capacidad de defenderse. Esto es evidente en ciertas situaciones tales, como cuando un alumno mayor acosa a uno más chico, cuando se agrede a un alumno nuevo o cuando existe una evidente diferencia en la capacidad física. Pero hay desequilibrios de poder que no son tan evidentes, y por eso los adultos tenemos que estar atentos a las dinámicas de curso o de grupo.

Segundo, está la creencia generalizada de que tanto víctimas como victimarios son “niños con problemas”, que vienen de familias disfuncionales, que han sido víctimas de abuso en otras ocasiones o que tienen muy baja autoestima. Si bien se ha visto una correlación con estos factores, las cifras demuestran que cualquier niño puede convertirse en agresor o víctima bajo ciertas circunstancias. Muchas veces se pasan por alto situaciones de abuso porque no es creíble que tales o cuales niños sean capaces de acciones de maltrato, ya sea porque en sus casas se portan adecuadamente y de forma pacífica, o porque son considerados muy buenos alumnos, por su liderazgo, notas, etc.

Tercero, el mito que cuestiona el título de esta columna: el bullying ha existido y existirá siempre. Este creencia es probablemente la más perniciosa para prevenir el maltrato y promover la bondad, puesto que subyacen dos ideas: que las víctimas deben aprender a defenderse mejor y que lo que hacen los victimarios no es tan terrible en realidad. Muchas veces escuchamos adultos con frases como “así son los hombres”, “son típicas cosas de las niñitas”, “no hagas caso”, “si te pegan pega”, etc. Corolario de este mito que queremos desterrar. El bulliying puede tener consecuencias muy profundas en víctimas y agresores, y no sólo en ellos, también en los observadores pasivos. Está estudiada la correlación que existe entre rendimiento académico y clima escolar, porque sin duda el aprendizaje es puesto en jaque cuando los alumnos sienten temor, por la posibilidad de convertirse en víctima, o angustia, por verse obligados a consentir en acciones que van contra su conciencia.

Que haya existido siempre, no significa que no podamos cambiar. De hecho, los seres humanos hemos ido superando muchísimas situaciones de violencia y abusos de larga data, tales como la esclavitud, las desigualdades que afectaban a las mujeres, la discriminación a discapacitados, etc. Pero que sea posible no significa que sea fácil.

Es muy alentador que en nuestro país ya exista una ley de violencia escolar que exige a los colegios, públicos y privados:

1. Tener un encargado de Conviviencia Escolar

2. Tener reglamento interno que regule las relaciones entre los distintos actores, con medidas preventivas y pedagógicas

3. Crear protocolos de actuación ante situaciones concretas de maltrato o bullying.

4.  Definir qué acciones constituyen faltas a la buena convivencia, graduándolas según su gravedad.

5. Que esto sea conocido por toda la comunidad.

Pero esta ley nunca será suficiente si no hay una educación (a niños y adultos) en habilidades socioemocionales muy específicas, orientadas al fomento de la compasión, la asertividad y el aprecio, no sólo en los colegios, sino especialmente en nuestras familias. Aún cuando nuestros hijos no estén involucrados directamente en situaciones de maltrato y acoso escolar, ellos sí pueden hacer la diferencia si se atreven a defender a un compañero, o a pedir ayuda sin temor a las represalias y a generar un ambiente que no sólo condene la violencia sino que promueva un estilo de relacionarnos más sano y positivo.

Como padres cumplimos un rol modelador de este tipo de habilidades, que es casi insustituible, lo que nos presenta el desafío de evaluar  cómo vivimos nosotros el buen trato en los diferentes ámbitos y relaciones interpersonales. Algunas habilidades fundamentales que debemos desarrollar son: la capacidad de reconocer emociones en mí y en otros, saber escuchar activamente, hablar desde el yo, reconocer conductas de buen trato y mal trato, saber pedir ayuda, entre otras.

Algunos consejos para empezar a cambiar una cultura, desde la familia hacia el colegio:

1. Hablar de los eventos del día desde los sentimientos. No quedarse en el “¿qué hiciste?”,  “¿con quién jugaste?” O “¿Qué traes de tarea?”. Preguntar “¿cómo te sentiste?”, “¿qué te entusiasmó?”, “¿hay algo que te preocupe?”, etc.

2. Escuchar sus ideas, opiniones y sentimientos sobre el maltrato en su colegio o en la casa. Sin escandalizarse, pero tampoco minimizando.

3. Cuando hayan discusiones o peleas en la casa, tratar de intervenir para enseñar a resolver, no para parar la discusión ni para evitar el conflicto. Pedir más calma, respirar, establecer turnos para hablar y para escuchar, hacer lluvia de ideas, etc.

3. Ser muy claro en poner límite a acciones evidentemente de maltrato. No podemos aceptar golpes, insultos, sobrenombres hirientes, etc. El hecho de que seamos familia no nos da derecho a tratarnos mal.

4. Tener una mente abierta para aceptar la posibilidad de que un hijo puede ser víctima o agresor en algún momento, y eso no significa que hayas hecho algo mal. Podemos intervenir muy a tiempo, haciendo ver los daños o el dolor que provocan ciertas acciones.

Prevenir el bullying si es posible, e incluso es insuficiente, porque lo que queremos es crear comunidades de colaboración, respetuosas donde todos se sientan valiosos.

AMA ofrece un completo programa de desarrollo de habilidades socioemocionales para la promoción del buen trato a los colegios. Conéctate por el Buen Trato trabaja con alumnos, profesores, directivos y padres, desde pre kinder a cuarto medio. Abarcando a todos los estamentos podemos alinear a la comunidad y producir cambios desde las familias.

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.talleresama.cl

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¡No quiero entrar al colegio!

9 consejos para enfrentar la vuelta a clases

Estudiar, levantarse temprano, hacer tareas y usar uniforme. Para algunos niños y adolescentes, el término de las vacaciones representa un proceso difícil que en ocasiones puede generar rechazo y angustia en el escolar. A días de empezar las clases, la psicóloga de Centros Médicos Vidaintegra, Paulina Pérez, se refiere a los factores de riesgo que pueden derivar en estas conductas y entrega recomendaciones para cambiar la actitud del menor frente al colegio.

Es normal que un niño no quiera volver al colegio después de tres meses de vacaciones y descanso, en especial considerando que cada año se suman responsabilidades mientras avanzan de curso y se desarrollan como adolescentes. No obstante, en algunos casos el rechazo que genera el ingreso a clases empieza a producir angustia en el menor, lo cual puede comprometer su desarrollo social, desempeño académico e incluso su salud mental.

Para cambiar la percepción negativa del colegio que tienen algunos estudiantes y amenizar la entrada a clases, la psicóloga de Centros Médicos Vidaintegra, Paulina Pérez, recomienda identificar la causa que desmotiva al escolar e integrarse como padres en el proceso educativo. “La actitud de los papás es lo primero que hay que observar. Si ellos son muy autoritarios, se quejan constantemente y no participan de sus actividades, podrían favorecer que el niño o adolescente adquiera la misma actitud”, señala la especialista.

Cómo disfrutar del colegio

Hay que tener en cuenta que el colegio es una parte esencial de la vida de los escolares, ya que pasan la mayor parte de su día en esta labor, mientras están en pleno desarrollo emocional, cognitivo, intelectual, motor y social. “Para que disfruten de este proceso, es importante que sepan que a pesar de que se terminaron las vacaciones, no perderán sus espacios de descanso y recreación” afirma la psicóloga.

Para lograr una imagen positiva del colegio, Paulina entrega las siguientes recomendaciones:

  1. Prestar atención a la causa que perturba su motivación y ayudarlo tanto a nivel de los padres como de los profesores.
  2. Reforzar los logros y la autoestima del adolescente.
  1. Buscar un colegio considerando sus habilidades, gustos y tradiciones familiares.
  2. Realizar las tareas en casa de forma divertida, aprovechando de compartir y comentar anécdotas reales para que vayan visualizando lo interesante de ciertas materias.
  3. No exigir perfección en el rendimiento académico y considerar que algunosramos no son de su preferencia.
  4. Conversar sobre las actividades que realizan durante el recreo para saber si son de su gusto o no.
  5. Invitar a sus compañeros a la casa para mejorar el vínculo con ellos.
  6. No dejar que las tareas en casa consuman toda la tarde, se deben considerar momentos de descanso, recreación y juego.
  7. Tomar un buen desayuno y priorizar colaciones saludables para favorecer su energía y concentración.

Cuando las conductas de rechazo ante el colegio se trasforman en pataletas, “es importante como padres mantener la calma, no obedecer al menor durante el episodio, esperar que se calme, luego escucharlo y llegar a un acuerdo con aquello que deseaba y agradecerle que ya no esté haciendo pataleta”, aclara la especialista.

Señales de alerta

En algunos casos, el menor puede estar pasando un mal momento en el colegio sin comunicar la situación a los padres. Así, el rechazo es más profundo pero no necesariamente evidente. Para identificar una situación como ésta, se debe poner atención a cualquier cambio en el niño desde el inicio de clases. “Algunos síntomas son el bajo rendimiento escolar, irritabilidad, desconcentración, aislamiento, no desea hablar del colegio, baja autoestima, angustia en las horas previas y posterior a la jornada escolar”, dice la psicóloga.

De hecho, alrededor de los 12 años  el adolescente tiende a desmotivarse y puede estar más cansado y rechazar algunas asignaturas que no son de su agrado. “Acá es importante buscar estimulación ya sea en lo social, pulir sus habilidades, premiarlos con algún taller que ellos deseen, felicitarlos ante cada logro, apoyarlos, identificar sus metas, dejarlos descansar en las tardes o fines de semana, no darles mucha tarea en casa, entre otros”, explica la especialista.

¿Cambio de colegio?

El cambio de colegio debe ser una decisión pensada en familia y también con la opinión del escolar. Si hay un problema dentro de la institución y se agotaron los intentos de solución sin lograr resultados favorables, es tiempo de un cambio.

Es importante que haya coherencia entre el colegio y los hábitos de vida familiares para que el escolar se identifique mejor con su escuela. “Por ejemplo, no colocar a un niño de una familia no exigente en un colegio muy exigente, o si le gusta el deporte, privilegiar un colegio que fomente esa área”, asegura la psicóloga.

 

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¿Es bueno o no hacer tareas?

La noticia de que la ONU pide prohibir las tareas escolares en todo el mundo ha generado bastante polémica.

Los que están a favor de las tareas plantean que son necesarias para que los niños refuercen lo aprendido en clases, desarrollen hábitos de estudio y sentido de responsabilidad. Junto con esto refieren que las tareas permiten que los padres participen de manera activa del aprendizaje de sus hijos.

Por su parte, los que están en contra plantean que las tareas estresan a los niños, deterioran las relaciones familiares, generan rechazo hacia el aprendizaje y restan horas de juego y descanso necesarias para estar el desarrollo y bienestar.

Lo anterior cobra especial relevancia en Chile, que es uno de los países con mayores índices de estrés y depresión infantil.

Ante la duda si es bueno o no hacer tareas, revisé un par de investigaciones y papers. Les cuento lo que encontré.

Harris Cooper es un académico de la Universidad de Duke que lleva años estudiando los beneficios y costos de hacer tareas. A nivel mundial es reconocido como gurú en el tema. Para sus estudios ha revisado investigaciones que datan desde 1987 a la fecha.

Cooper plantea que el beneficio de hacer tareas depende de la edad del niño. En pre-básica no tiene valor alguno. Entre primero y cuarto básico pequeñas cantidades de tareas podrían ayudar a los niños a construir hábitos de estudio. Entre quinto y  octavo básico las tareas dejan de tener beneficios después de los 90 minutos, mientras que en enseñanza media después de 2 horas de estudio (Cooper, 1989; Cooper, Robinson, & Patall, 2006).

Es importante aclarar que los beneficios encontrados no son significativos. Comienzan recién a ser moderados al llegar a la enseñanza media. Esto significa que el beneficio de hacer tareas en los años escolares es bajo y poco claro.

Junto con esto, Cooper plantea que el tipo de tarea también influye. Se ha visto que la lectura es una de las actividades que más enriquecen el aprendizaje y que las actividades prácticas mejoran los resultados en las evaluaciones.

Finalmente Cooper refiere que cuando las tareas son excesivas o se dan a edades inadecuadas, no sólo pierden sus beneficios, sino que pueden generar resultados adversos, como estrés y actitud negativa hacia el colegio y el aprendizaje.

Es importante aclarar que los resultados de sus estudios están basados en colegios que no tienen jornada extendida. Por lo que los beneficios encontrados en las investigaciones, que ya son pobres, en niños con jornada extendida se perderían por completo.

Otros autores destacados plantean que las tareas se deberían suprimir por completo. Etta Kralovec, profesora de la Universidad  de Arizona y coautora de The End of Homework: How Homework Disrupts Families, Overburdens Children, and Limits Learning” es uno de ellos.

En función de los resultados podríamos concluir que los niños con jornada completa no deberían tener tareas, solo se les debería fomentar la lectura. Por su parte, los niños con jornada normal podrían tener pocas tareas en función de su edad y curso. Y que para que realmente se respeten los tiempos adecuados, sería preciso que los profesores se organicen tanto en las tareas como en las fechas de las pruebas. Suspender tareas para cuidar el tiempo del niño no sirve de nada si le ponen pruebas seguidas o más de una prueba el mismo día.

Por otra parte a ningún niño se le debería privar el derecho a descansar, jugar y compartir con sus seres queridos, como tampoco el derecho a que les guste saber y aprender (que como ya vimos, se pierde cuando se les exige en desmedida). Esta más que comprobado que los niños necesitan horas de juego activo y descanso para estar bien y desarrollarse en plenitud.

Finalmente hablar del desarrollo de responsabilidad y hábitos de estudio. Para que un niño desarrolle el sentido de responsabilidad es importante que se le pidan cosas que puede hacer. Cuando las exigencias son superiores a la capacidad del niño, los padres son los que terminan haciendo lo que el niño no es capaz de hacer por si mismo. Cuando esto ocurre, el niño aprende justamente lo contrario a lo que buscamos: que no es capaz de ser responsable y que por tanto necesita de la ayuda de otros. Por otra parte, la responsabilidad se puede desarrollar a través de otras actividades, como tareas domésticas (hacer la cama, darle de comida al perro, etc.).

Algo similar ocurre con el desarrollo de hábitos de estudios. Cuando la exigencia es desmedida, al niño le cuesta sentarse a estudiar y por tanto adquirir el hábito. No lo hace a gusto, todo lo contrario. Lo hace con protesta, llanto y/o desgano.

Por todo lo anterior me atrevo a decir que se deberían eliminar las tareas a los niños que están con horario extendido. Que se debería fomentar la lectura y el amor por el aprendizaje. Y que de la mano de este cambio revolucionario haya un aumento real de las horas de juego y conexión con nuestros niños. ¡Que volvamos a lo esencial! 

Andrea Cardemil Ricke

Mamá de 3

Psicóloga Infanto-Juvenil

Magíster en Psicoterapia Integrativa

Diploma en Terapia de Juego

Diploma en Manejo Interdisciplonario de las dificultades del Escolar

Autora del libro “Apego Seguro: Cómo relacionarte con tu hijo después de los dos años”  y“Separarse con niños pequeños: cómo seguir nutriendo tras la ruptura” de (Ediciones B).

 

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Colaciones saludables: Descubre cómo ayudan a mejorar el rendimiento de tus hijos

Los altos índices de obesidad infantil en Chile son un claro reflejo de que los niños y adolescentes no tienen una alimentación balanceada. La nutricionista de Clínica Vespucio, Paulina Mella, se refiere a las colaciones saludables y la importancia de un buen desayuno que cubra las necesidades nutritivas de un niño en etapa escolar.

El consumo excesivo de hidratos de carbono, alimentos altos en grasa, azúcar y sal, lideran las preferencias de las personas, especialmente de niños y adolescentes. Según el último estudio del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), nuestro país se ubica en el sexto lugar mundial en obesidad infantil y ocupa el primer puesto en América Latina.

La nutricionista de Clínica Vespucio, Paulina Mella, señala que, con tales indicadores y con el propósito de frenar esta tendencia, es esencial que los padres motiven el consumo de alimentos que aporten los nutrientes esenciales para el correcto desarrollo y crecimiento del niño.

Una colación saludable es el complemento perfecto si el escolar consume un buen desayuno, que contenga leche, cereales, fruta (entera, picada o en jugo) y alguna proteína, como la pechuga o el jamón de pavo. La nutricionista explica que “la primera comida del día es importante porque reactiva la función cerebral y aporta los nutrientes necesarios para que el niño pueda enfrentar adecuadamente la jornada escolar”.

Al respecto, la especialista sostiene que desde el desayuno hasta la colación no deben transcurrir más de cuatro horas y en este contexto, es importante que los padres puedan orientar a los niños en la elección del snack. También, es fundamental enseñarles los beneficios de una merienda saludable y que aprendan a diferenciar qué tipo de alimentos deben consumir y cuáles hay que evitar, concientizándolos de los riesgos a mediano y largo plazo, que implica la ingesta de comidas altas en grasas, azúcar y sal.

En cuanto a la colación, ésta dependerá de la edad del escolar. La experta de Clínica Vespucio dice que los niños, entre los3 y 4 años, deben consumir una pequeña colación que no sobrepase las 100 calorías. En el caso de los más grandes, se recomienda un snack de alrededor de 150 calorías, y para los adolescentes, lo ideal es una que contenga cerca de 200 calorías.

Así, una “colación saludable” debe incluir un alto contenido de fibra, vitamina A y C, calcio y hierro; por lo que se aconseja incorporar frutas de la estación;sándwich de pan integral con palta, jamón, quesillo, ricota o pollo;yogurt y leches bajas en grasas, barras de cereal y jugos de frutas naturales.

A continuación, la nutricionista de Clínica Vespucio, Paulina Mella, entrega una tabla de recomendaciones de snack saludables para llevar al colegio:

En niños de 2 a 5 años

Lunes: una fruta pequeña

Martes:Un lácteo descremado (cajita de leche con sabor o cultivada)

Miércoles:Palitos de zanahoria y apio

Jueves: Un puñado de frutos secos (almendras y nueces)

Viernes:Un pan de molde con huevo, palta o quesillo

 

Niños en educación básica

Lunes: Un envase de chips con fruta deshidratada y un yogurt pequeño descremado

Martes: Un envase de leche descremada con sabor y una fruta mediana

Miércoles: Una botella pequeña de jugo de fruta natural (sin azúcar adicionada) y ocho unidades de almendras o nueces

Jueves: ½ taza de cereales y una fruta pequeña

Viernes: una rebanada de pan de molde con jamón de pavo y un envase pequeño de leche cultivada (sin grasa)

 

Adolescentes en enseñanza media

Lunes:Un yogurt bajo en grasas y 16 unidades de almendras o nueces

Martes:Una fruta grande(de la estación) y 40 gramos de pasas

Miércoles: Un envase de leche individual (descremada) y un sándwich (2 rebanadas) de pan integran con jamón de pavo

Jueves:3 rollitos de pechuga de pavo (cocida o asada) y media taza de frutas de la estación

Viernes: Una barra de cereal y un yogurt descremado

 

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Las tareas para la casa

Estos últimos tiempos han sido tiempos en que la gente ha salido a las calles  a movilizarse en virtud de sus intereses y derechos, y esto se ve cada día con más fuerzas, la educación por cierto no se escapa de eso, incluso las tareas para la casa están siendo motivo de revolución, de movilización, de prensa e incluso pretendiendo estar enmarcadas en el ámbito de lo legal.

A mi parecer se está llegando demasiado lejos con algo tan subjetivo e imposible de controlar en el caso de prohibirse el envío de estas para la casa. Se percibe en el aire una lucha de extremos para cada postura, cuando a mi modo de ver, las tareas son fundamentales y si bien no hay estudios que demuestren que las tareas sean un factor que ayuda al rendimiento escolar, tampoco hay estudios que avalen que el no enviar tareas para la casa promueva una mejor calidad del tiempo libre en los estudiantes.

Recuerdo mi etapa de escolar y si bien la jornada aún no era extendida, por lo que hacer tareas en la casa era parte del programa, las tareas nunca me parecieron extras o innecesarias o producto de la falta de organización del tiempo del profesor de asignatura, muy por el contrario, era momento para estudiar tranquilamente o de aprender con compañeros, era momento para estudiar con los papás y tiempo para desarrollar aquellas habilidades emocionales e intelectuales tan valoradas hoy en día, que a veces en el colegio se veían opacadas por la inseguridad o desconfianza académica o competencia inevitable dentro de la sala de clases, tales habilidades son por ejemplo la creatividad, la recopilación de datos, la selección de información relevante, la planificación, el uso del ingenio, la perseverancia y el interés por buscar información y elaborar un tema, trabajo, exposición o informe, metodologías cada vez mas usadas en los colegios en Chile y en el extranjero.

Las tareas, en muchos casos han sido causa de discusión en los hogares, no lo niego, han sido motivo de estrés en algunos momentos, han sido trabajo para los padres más que para los hijos, como también han sido motivo de castigo para el que no las llevo realizadas, nada de eso niego, sin embargo una tarea tiene por finalidad potenciar una necesidad educativa que sin esa ejercitación (pasadas unas horas de la previa presentación en el aula) no podría verse corregida. Tenenos el caso de la caligrafía, del cálculo matemático, de vocabulario, de valencias y tablas periódicas, etc. Tal como en el dibujo, la música y la gimnasia, uno para desarrollar una habilidad debe reforzarla y no dentro del parámetro colegio, la idea para que sea más significativa, es hacerla horas después, en otro escenario, con otra gente, con otra modalidad, en otro escritorio, en otro ambiente! Tal vez ahi se podrían evitar algunos inconvenientes, tratemos de facilitarle al alumno (el alumno es alumno a lo largo de todo el período lectivo, incluso cuando está en su casa, a excepción de las vacaciones) de todos los materiales y de un entorno adecuado para trabajar como luz adecuada, lápices en buen estado, gomas de borrar, cuadernos, impresora, tinta, carpetas, sacapuntas, temperatura agradable y ausencia de ruidos molestos.

La educación es una instancia para que el estudiante aprenda a aprender de otra manera, mas lúdica, mas amigable, menos formal, precisamente estoy convencida que sólo se aprende cuando los contenidos y tareas pasan por la emoción. Por lo mismo la educación debería estar siempre centrada en eso en desarrollarse dentro de un buen ambiente, respetando las emociones de cada uno, basada en la felicidad de los niños como principio fundamental para que funcione, y el hecho de enviar tareas para la casa no debería ser tomado como un castigo, pues si asi fuera estaría significando que hay problemas de base y la mirada que se le da a las tareas son el síntoma de que algo no anda bien en el proceso de aprendizaje, pero jamás que la tarea es el problema.

Una tarea en sí no es mala, para mi las tareas son un instrumento pedagógico que ayuda de sobremanera en la mayoría de los casos a disminuir necesidades de los alumnos. Las tareas son complementarias al trabajo que se hace en la sala de clases, y por ende no deberían ser obligatorias para todos los alumnos, sólo para aquellos casos en que el profesor vea una necesidad puntual con tal o cual contenido.

Por lo tanto, si queremos que nuestros hijos aprendan a aprender, si queremos que aprendan a descubrir, inventar, crear y compartir que mejor manera que lograrlo con la ayuda de las responsabilidades escolares, y si éstas fueran tomadas de mala manera, mejor investiguemos de donde viene ese rechazo hacia el colegio o a la asignatura, o desde los padres hacia el sistema en general, tal vez por ahí podríamos comenzar a hacer las correcciones.

 

Claudia Pastene Gorigoitía

Mamá de dos hijos.

Psicopedagoga, Profesora Básica y Terapeuta Floral

 

Fotografía: Escuela de fotografía diseñado por Evening_tao – Freepik.com

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