PREDICA CON EL EJEMPLO

A veces me pregunto si estaremos haciendo bien al ir contra la corriente, sin castigos ni presiones, apostando al desarrollo de la inteligencia emocional, de la toma de decisiones conscientes, resiliencia, empatía.

Como toda mamá, me cuestiono, me hago preguntas. Luego veo a mi hijo tratando a un perro que recién conoce con tanto amor, empatía, respeto. Y veo a mi hija de 21 meses caminando por el puerto ofreciéndole su comida a la gente que pasa y me maravillo.

Pero cuando analizo caigo en la cuenta de que, minutos antes, yo les lleve a unos abuelos que estaban sentados cerca nuestro unos bizcochos que había comprado. Me doy cuenta que más allá de los detalles cotidianos, los encuentros, desencuentros, confusiones y a veces los conflictos, nuestros hijos nos ven y nos tienen como parámetro.

Hoy más que nunca, mamá o papá, trabaja en ti mismo, en tu ego, en tu paciencia, en tu tolerancia con los demás, porque tus hijos te están viendo.

Si tu hijo responde con amor, empatía, generosidad, tolerancia, date una palmada en la espalda: lo estás haciendo bien.

Pero también observa cómo maneja sus emociones y pregúntate: ¿cómo reaccionas con las tuyas?, ¿Atacas o discutes fuerte con tu pareja delante de tus hijos?, ¿Gritas cuando estás enojada?, ¿insultas a otras personas en su presencia?, ¿te burlas de otros?, ¿criticas a los demás mientras tus hijos escuchan? Si lo haces, no te castigues pero toma consciencia, aun no es tarde.

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Cómo elogiar a nuestros hijos pequeños para reforzar su autoestima

No hay orgullo más grande que ver a nuestros hijos dominando habilidades: los primeros pasos, las primeras palabras, el primer partido de fútbol o recital de ballet y hasta la primera vez que se sientan solitos son momentos épicos y los celebramos con euforia. El orgullo rebasa nuestro pecho y es normal sentirse así.

Pero muchas veces nos encontramos todo el tiempo alabando o aplaudiendo cosas que nuestros hijos ya han dominado hace tiempo o quizás lo hacemos exagerando sus logros y debo decirles que los niños son muy vivos y se dan cuenta cuando no somos del todo sinceros con nuestras alabanzas y aunque creamos que enaltecer es siempre positivo hay momentos y formas en las que pasa todo lo contrario.

Por supuesto que una familia amorosa que alienta a sus hijos usando determinados tipos de elogios logrará efectos positivos en su persistencia, resiliencia y felicidad. Así lo sugieren los hallazgos del estudio realizado por Morris and Zentall (2014).

Una de las hipótesis de este experimento era que cuando los cumplidos eran ambiguos o solo gestuales los efectos no eran tan beneficiosos que cuando la alabanza incluía una propiedad o característica particular (por ejemplo: “muy bien” versus “lo lograste porque eres inteligente”) pero su conclusión fue que en realidad los elogios ambiguos o gestuales eran igual de efectivos que los que incluían una característica específicas e inclusive los niños sentían menos presión parental.

Es más, observaron que los elogios gestuales (como el famoso dedo pulgar hacia arriba) proporcionaban beneficios positivos únicos en la autoevaluación de los niños. Algo que sorprendió a los investigadores fue que cuando un niño atribuye su éxito a rasgos específicos, como la inteligencia, y luego experimenta fallas, es menos probable que persista porque el fracaso amenaza la creencia de que él / ella es inteligente.

9B0F8755-B50F-4AA9-AA3F-9E47CF36761BPor otro lado, mientras determinados tipos de elogios son aliados en el desarrollo de la inteligencia emocional y de la motivación otros pueden afectar la autoestima de nuestros hijos. Así concluyeron en su investigación Brummelman y colaboradores (2017) quienes observaron que, dependiendo de las circunstancias, los elogios pueden dañar la autoestima de los niños o servir como combustible en el desarrollo del narcisismo.

Por eso, a la hora de hacerles un cumplido para motivarlos, podemos seguir los lineamientos sugeridos por Jennifer Henderlong Corpus y Mark Lepper, psicólogos de renombre que analizaron los datos obtenidos en más de 30 años de estudios sobre los efectos de los elogios (Henderlong & Lepper 2002). Un artículo en inglés que leí hace un tiempo supo resumir estas directrices de una manera fenomenal y se las comparto (un poco adaptadas):

  • Ser específicos y muy sinceros a la hora de elogiar el desempeño de nuestros hijos.
  • Alabarlos solo sobre atributos o características que ellos tienen el poder de cambiar o mejorar.
  • Utilizar palabras que describan estándares realistas y alcanzables.
  • No excedernos al elogiar logros que se consiguen muy fácilmente
  • No abusar de las adulaciones a los hijos cuando estos se deban a alguna actividad que los niños amen hacer.
  • El enfoque debe ser el de motivar a nuestros retoños a dominar habilidades, no en compararse con otros niños.

Esto requiere práctica y toma tiempo, lo sé por experiencia propia, y es debido a que los cumplidos nacen espontáneamente de nosotros.

35085891-DF9C-4AA5-895A-FCB8664B0B05Yo puedo adicionar, en función a lo que he aprendido en mis cursos, mis lecturas de investigaciones y mi experiencia personal, que más allá de estos hallazgos es fundamental transmitirles a nuestros hijos que:

  • Los fracasos no determinan quiénes somos y son parte de la vida.
  • Nuestro amor para con ellos NO se determina en función de sus logros o su belleza, es incondicional y no deben hacer nada excepcional para ser merecedores del mismo.

El amor nunca está de más, como tampoco está de más tratar de utilizar todas las herramientas disponibles para hacer el mejor trabajo en la crianza dentro de nuestras posibilidades.

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Cuando otros niños hieren a tu hijo: Cómo reaccionar de manera positiva

Mi hijo había salido con su traje de caballero, el cual ama y adora y usa todo el tiempo. Fue al parque y aparentemente unas niñas se burlaron de él y ya no quiso usarlo ese día, estaba triste: ¿Cómo debo reaccionar?

Duele, duele mucho cuando nuestros hijos sufren y sobre todo cuando son otros niños los que los hieren, porque es muy difícil como padres procesar y dejar fluir. El instinto de mamá loba es muy fuerte, queremos proteger a nuestros cachorros y defenderlos pero debemos dejar que entre niños traten de resolver sus conflictos solos cuando sea posible, así aprenderán a autoregular sus emociones y gestionar las situaciones que generen malestar.

Cuando Máx me contó que a las niñas no les gusto su traje y por eso no querían jugar con él, mi “yo- impulsiva” le hubiera dicho: “esas nenas son malas y mentirosas, tu traje es hermoso y solo te critican porque te envidian, ignóralas”, pero, ¿qué le estaría enseñando con eso? 1) que la culpa de todos los males es de los demás 2) que etiquetar a otros niños y asumir sus acciones es correcto 3) que hay que ignorar al que opine diferente. 4) que nuestra tristeza o felicidad depende de lo que los demás hagan.

No, no quiero meter esas ideas en la cabeza de mi hijo, por eso la que debía responder era mi “yo consciente” (mindfulness). Lo primero que recomiendo hacer antes estas situaciones es reconocer y avalar los sentimientos de nuestro hijo y empatizar: “¿Te dolió que a las niñas no les guste tu traje?, es normal sentirse así. ¿Te dolió que se rieran de ti? Eso no se siente bien, yo lo entiendo, me ha pasado muchas veces”.

Luego, en mi caso, le expliqué a mi hijo que existen diferentes gustos y que eso es perfectamente normal: “Pero a ti te gusta mucho tu disfraz de caballero, ¿no? Si te gusta no tienes que dejar de usarlo porque a otras personas no les agrade . Sabes, muchas veces la ropa que a mi me gusta no le gusta a papá pero yo la sigo usando. A tu hermanita, por ejemplo, le encantan los champiñones y para ti son asquerosos, pero ella igual los come, y está bien, no a todos nos gustan las mismas cosas. El mundo sería muy aburrido si a todos nos gustara lo mismo. Si a ti te agrada usar tu traje de caballero pero a otras niñas no, no es tu problema, es de ellas. Si te gusta algo dilo sin miedo y defiéndelo a capa y espada”

Lo más maravilloso de la situación fue la respuesta de mi hijo: “Si, como un caballero con capa y espada”.

 

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LA METAMORFOSIS DE UNA MADRE

Antes de ser mamá tenía muy claro que primero sería mujer y luego madre, que no quería que la maternidad me absorbiera dejando de ser Ana para ser “la mamá de…”. Luego entendí que las cosas son mucho más profunda y están enraizadas y entrelazadas de una manera tan fuerte que era imposible seguir siendo simplemente Ana.

Ya no podía elegir entre ser mujer o madre porque ya era mujer-madre, todo junto. La maternidad es intrínseca, es tan parte de una que no se puede separar, es como querer separar un brazo del cuerpo.

La maternidad implica reformular prioridades, reinventarse y redefinirse como mujer-madre, lo que NO quiere decir que las mamás no tengamos vida propia, sueños propios o que hayamos perdido parte de nuestra esencia, por el contrario quiere decir que hemos sumado y ganado, que la bella oruga ahora tiene alas que la acompañarán hasta el día de su muerte y más allá.

Quiere decir que no importa lo que pase, de ahora en adelante siempre seremos un nuevo ser, aún cuando los hijos ya no estén físicamente nunca podemos volver a ser lo que fuimos porque la metamorfosis fue tan grande y el caos tan bello que siempre serán parte de nuestra historia, de nuestro ser y estar.

 

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Criar con respeto empieza por uno mismo

Hay muchos tipos de crianza alternativa en auge, lo cual es muy positivo: la crianza respetuosa o con apego, la crianza positiva, la crianza consciente, etc. Cada una tiene sus puntos centrales los cuales varían,  pero hay un eje en el que todas coinciden y es el énfasis en el desarrollo emocional saludable de los hijos cuyos pilares son el respeto, la empatía, la resiliencia, la atención plena y el respeto a las etapas neurobiológicas y conductuales por la que atraviesan los niños durante su crecimiento y desarrollo.

La única forma de poder abordar estos estilos de crianza es haciendo las paces con nuestra historia personal. La paternidad es una caja de pandora de la que sale una cascada de asuntos pendientes, de sentimientos reprimidos, dominados o dormidos y no queda otra que trabajarlos y superarlos lo mejor que se pueda para poder ser los guías y facilitadores que nuestros hijos se merecen.

Como se dice en la calle: no podemos amar a nadie si no nos amamos a nosotros primero, a lo que yo agrego que no podemos criar a nadie en el respeto si no nos respetamos a nosotros mismos y a nuestra pareja, no podemos criar un niño seguro de sí mismo si todavía nos cuesta tanto amarnos por quienes somos, no podemos criar hijos felices si nuestro concepto de felicidad sigue siendo errado, no podemos criar niño emocionalmente inteligentes si no somos resilientes.

No podemos proyectar nuestra mejor versión de padres si no hemos perdonado a los nuestros por los inevitables errores y les hemos pedido disculpas por juzgarlos tan duramente. Todos estos puntos nos van tocando a lo largo del camino de la crianza y nos invitan a leer mucho, a formar una tribu de pares, a aprender estrategias y herramientas nuevas, nos empujan a auto- analizarnos, nos obligan a ser mejores, a dejar ir.

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La crianza con apego, y especialmente la crianza consciente, nos hacen caer en la cuenta que el trabajo no empieza por los hijos sino por uno mismo y ese es un regalo muy especial que yo no me esperaba. Porque mientras los hijos crecen, crecemos nosotros con ellos, mientras desarrollan su inteligencia emocional quizás con muchos menos vicios que nosotros, somos nosotros los que, trabajo mediante, los vamos alcanzando a ellos a su nivel para ir a la par, para aprender y crecer en el amor, la confianza, la tolerancia, el respeto, la armonía y la creatividad.

Nuestros hijos son nuestra segunda oportunidad de ser quienes siempre quisimos ser pero no pudimos por el contexto, por la falta de herramientas emocionales de nuestros padres, por el adoctrinamiento, por perseguir un falso ideal de felicidad.

La buena noticias es que siempre estamos a tiempo de ser luz.

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Los hijos no vienen a llenar vacíos

Los hijos no vienen a llenar vacíos. Tu hijo no va a reemplazar el amor de un padre ausente ni curará el dolor del marido que fue infiel o los compañeros de salón que se burlaron de vos toda tu adolescencia.

Un hijo no es un trofeo ni nuestra segunda oportunidad de nada que no tenga que ver con nuestra evolución emocional. Es un ser independiente y no una pertenencia. Tener un hijo no es como comprar una cartera: no se devuelven ni se cambian por otro modelo.

Tener hijos es una responsabilidad enorme. Traer un bebé al mundo es una decisión que debiera ser meditada, libre de egoísmos o apegos patológicos. Por eso respeto muchísimo a las personas que deciden no tener hijos si no están absolutamente convencidas.

Los hijos no llegan para llenar vacíos, sino a confrontarnos con la imperiosas necesidad de sanar nuestras heridas emocionales para no perpetuar ciclos en ellos. Estas heridas no desaparecen al parir, se irán poco a poco con terapia, oración, meditación y amor.

Ellos crecerán y se iran para hacer sus vidas y ahí quedás vos, con los mismos vacíos emocionales que tu hijo quizas anestesio, pero que no pudo ni podrá llenar nunca y que muchas veces se transformarán en cargas pesadisimas.

Curar es perdonar, agradecer, pedir perdón y soltar. Sanar nuestras heridas emocionales, empezando con las que tenemos con nuestros padres, es el primer peldaño de una paternidad respetuosa.

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“Mamá, me visto solo”: 8 ventajas de dejarlos elegir su atuendo

‌En casa dejamos que los niños elijan su ropa. Como nuestros hijos son muy pequeños (3,6 y 1,8) les damos dos o tres opciones y ellos escogen, combinan y agregan accesorios a su gusto. Darles alternativas no es para limitarlos, es por economía del hogar y salud: si está nevando afuera y mi hijo decide salir en calzones probablemente se enferme, o si todos los días se pone el mismo atuendo sin darme chance de lavarlo es poco higiénico, etc.

Hay ocasiones especiales en las que puede ser más complicado dejarlos elegir, pero en el día a día tiene muchísimas ventajas:

1) Los ayuda a expresar sus gustos en cuanto a colores, texturas, combinaciones y su estado de ánimo.

2) Les permite mostrar su individualidad frente a la masificación.

3) Promueve su Independencia.

4) Evita conflictos y ahorra tiempo: Cuando es el niño el que decide que ponerse seguramente se cambiará mucho más rápido que si tratamos de que use algo que no le gusta o con lo que no se siente cómodo.

5) Les enseña la importancia de cuidar la ropa: Mi hijo ha aprendido que si llena de comida su traje de superhéroe o se tira en el barro deberá esperar al menos un día para usarlo de nuevo porque hay que lavarlo. Eso lo ayuda a dimensionar la importancia de cuidar algo que le gusta mucho.

Mac 1.jpg6) Es divertido ver las combinaciones que escogen: En casa hoy tengo un Ninja con rosario y gorra de béisbol, el otro día tenía a una niña spiderman con corona y hace una semana un pirata con casco de caballero y pantalones de pijama. Estos atuendos quedarán grabados en mi retina por siempre.

7) Los hace sentir orgullosos y empoderados: Cuando mi hijo se mira al espejo luego de combinar su vestuario veo ese brillo en sus ojos que no tiene precio.

8) Favorece el apego: Si los dejamos elegir los niños sienten que son tenidos en cuenta, que confiamos en su criterio y que NO los amamos en función de cómo lucen sino de quienes son.

Recuerdo cuando mi mamá me obligaba a usar camisas con cuellos gigantes llenos de puntillas y como yo las odiaba y ni bien salía de casa metía el cuello de la camisa para adentro porque me hacía sentir tonta y ñoña.

En definitiva, aunque tratemos de imponer nuestros gustos los niños encontrarán una forma de hacer valer su opinión porque son seres distintos de nosotras. Podemos entonces elegir entre generar una tensión innecesaria con ellos o aceptarlos como son, incluyendo sus gustos por más excéntricos o diferentes de los nuestros que sean. Dejar el ego de lado y dejar de preocuparnos por el qué dirán es difícil, lo sé, pero vale la pena intentarlo.

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CÓMO EL MINDFULNESS MEJORÓ LA RELACIÓN CON MI HIJO

Mi hijo de 3 años y medio está en el patio solo. Desde hace diez minutos no escucho ni una mosca volar y todos sabemos que cuando un niño pequeño está muy callado por un largo rato la probabilidad de que este haciendo algo prohibido o peligroso es alta.

Salgo afuera a ver que pasa entre curiosa y asustada y ahí lo veo: desnudo metido en una maceta llena de tierra con una de mis cucharas tirando tierra par afuera y hablando solo. Mi versión de mamá estresada y de poca paciencia analiza la situación de la siguiente manera: “Ahora seguro se ensucia todo, voy a tener que bañarlo de nuevo y recién sale de la ducha, voy a tener que barrer toda la tierra y encima está con la cuchara que uso para cocinar y la llena de microbios y está desnudo, aunque no hace frío se puede enfermar”. Mi antigua Yo-Mamá-Alterada hubiera sacado al niño de la maceta en ese instante y acto seguido le hubiera dado un buen reto en un tono de voz elevado con frases del tipo: “las macetas no son para jugar, ¿Y ahora quien limpia este desastre?”. Mientras tanto, mi hijo seguramente enojado se pondría a gritar o a llorar sin querer salirse y sin entender por qué estoy tan enojada.

Pero mi Yo-Mamá-Consciente, la actual, la que ha trabajado muchísimo y sigue trabajando en la regulación de sus emociones, la que ha tomado cursos y leído sobre mindfulness e inteligencia emocional, la que sabe que no es el fin del mundo, la que ha investigado lo bueno que es que los niños jueguen solos y con objetos de la naturaleza, esa mamá actúa muy diferente:

Respira hondo, cuenta hasta diez y en lugar de estresarse y gritar se contiene y primero analiza la situación, lo que está pasando en ese preciso instante sin pensar en lo que sucederá luego, sin irse al futuro: ¿Esta situación ahora mismo es peligrosa?, ¿Es el fin del mundo? y la respuesta es No. Entonces sigue analizando más en profundidad y de ese análisis surgen preguntas como: ¿Qué es lo peor que puede pasar?, ¿tener que bañarlo, tener que barrer un poco más?, ¿amerita un enojo y un conflicto?, ¿Qué puede pasar si lo dejo seguir jugando?, ¿que se entretenga solo un rato largo, que deje volar su imaginación?.

Definitivamente la situación no amerita ni justifica que tenga una disputa con mi hijo, que ambos nos estresemos. Entonces no le digo nada y decido vivir el momento. Me siento a su lado con mi café medio frío a verlo jugar y le pregunto que está haciendo, a lo que él me contesta que está preparando chocolate puro para darle a todos los niños en halloween y nos reímos juntos, nos divertimos. Que maravillosa es la mente de los niños cuando la dejamos ser.

La tarde siguió su curso y él jugó un rato más. Luego me ayudó a barrer y una vez en la bañadera me contó lo rico que le había quedado su chocolate y que bien se lo había pasado, me brazo y me dijo, como todos los días, “mamá estoy muy feliz contigo”.

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4 ALTERNATIVAS AL RINCÓN DE PENSAR

Te encanta la crianza respetuosa, eres la fan número uno, pero a la hora de los conflictos te paralizas y sientes que te faltan estrategias.

Por eso, y en afán de darte una mano, voy a compartir contigo estás cuatro alternativas para el popular Rincón de Pensar que no es más que uno de los tantos castigos disfrazados y te preguntarás: “¿qué tiene de malo?”, y es normal que creas que ésta opción es mejor que un grito o un golpe porque, en teoría, solo estás poniendo distancia entre tu hijo y tú evitando la violencia. Le pides que se vaya a “pensar” en lo que “hizo mal” y que no puede salir hasta que “reflexione” o “se calme”.

Pero esperar que un preescolar comprenda y reflexione sobre un accionar que quizás simplemente no percibe como algo incorrecto no es realista. Por el contrario, cuando tu hijo hace algo que para ti no es correcto y como resultado lo apartas o lo ignoras probablemente sienta angustia de separación, se sienta humillado, rechazado o simplemente se quede en el rincón imaginando algún juego hasta que le saques el “castigo”.

Si lo que quieres es que tu hijo se calme el rincón de pensar cumplirá su cometido, pero si lo que realmente te interesa es que tu niño aprenda a regular sus emociones lo ideal sería entonces ayudarlo a procesarlas, ayudarlo a comprender las razones por las cuales su accionar no fue el más adecuado e indagar los motivos detrás de la acción.

“Y entonces, ¿qué hago?, ¡ya no me quedan opciones!”, me dijo un día Marcela en uno de mis talleres, y así compartí mis 4 opciones:

1) Expresa tus Emociones: Explícale a tu hijo cómo te hace sentir lo que está haciendo, o como su accionar afecta a otras personas. Se clara en la causa y el efecto: “Cuando gritas tan fuerte me asustas y me duelen los oídos”. Evita términos negativos o hirientes: “solo los niños maleducados gritan” o “cuando gritas pareces una bestia”. A mi me ha funcionado de manera excelente ser honesta con mi hijo cuando algo me molesta o me hace mal y en la mayoría de las ocasiones él lo comprende y cede.

2) Las Dos Opciones: En la mayoría de los conflictos de los niños pequeños hay opciones que pueden mantener a las partes en paz. Por ejemplo: Si el problema es que tu hijo empuja continuamente a otros niños para subir primero a la resbaladilla lo primero que debes hacer es alejar al niño del lugar de conflicto, explicarle en calma las razones por las cuales no es lindo empujar y colarse, en lo posible ponerlo en el lugar de los demás niños “¿a ti te gusta cuando te empujan?” y preguntarle por qué lo hace, ya que a veces es una reacción a una agresión que tu no viste. Acto seguido le ofreces dos opciones: disculparse con los niños y seguir en la resbaladilla respetando los turnos o ir a los columpios o a otro juego que él quiera.Algunas mamás me han dicho que se debe obligar al niño a pedir disculpas y aquí discrepo, los preescolares están aprendiendo sobre la empatía y en muchas oportunidades aún no comprenden que el otro se siente mal por lo que ellos han hecho (lo que es normal para su edad), entonces si lo obligamos a pedir perdón en realidad le estamos enseñando a mentir. Lo que deberíamos hacer es trabajar en desarrollar su empatía. Este artículo puede ser de utilidad.

3) Cambiar de Ambiente: Muchas veces cuando los niños pequeños están muy irritables el problema está en el entorno: demasiada gente, demasiado ruido, poco espacio, etc. Por ejemplo, cuando mi hijo mayor tenía 18 meses llegamos a la conclusión con mi marido de que si en el lugar a donde lo llevabámos a jugar había más de 6-8 niños él tenia la tendencia a alterarse, empujar o quitar juguetes pero si eran 5 o menos jugaba muy tranquilo, entonces tratábamos de evitar lugares llenos de niños o cambiábamos de ambiente. ¡Ojo! también puede ser sueño.

4) El Rincón de Relajación Para Papás: Muchas veces los que necesitamos regular las emociones somos los adultos. Me ha pasado que cuando la paciencia está al límite en alguna ocasión termino gritando o alterada por situaciones nada graves. Es importante reconocerlas y estar alerta. Si estamos agotados y no logramos que nuestro hijo nos escuche podemos decirle: “Estoy muy cansada y un poco enojada porque nadie me escucha ni colabora conmigo, entonces voy a salir afuera unos minutos para calmarme”. Por supuesto que siempre debemos dejar a nuestros hijos con otro adulto o ir a un lugar desde donde podamos monitorizarlos, pero cuando el pequeño observe como ante la frustración nosotros actuamos de manera calmada y sin estallar le estaremos enseñando con el ejemplo a regular las emociones. Seguramente pasados unos minutos ya estará mucho más abierto a escucharnos y nosotr@s mucho mas relajad@s (eso me ha pasado la mayoría de las veces). En este articulo explico como regular mis emociones mejoró mucho la relación con mi hijo.

Por último no te sientas culpable si en alguna oportunidas éstas u otras opciones no te funcionan, porque criar con respeto y consciencia no es nada fácil. Recuerda siempre abrazar a tus hijos y decirles que los amas, el amor nunca está de más y mucho menos cuando el niño está abrumado.

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Si encuentras errores ortográficos o caligráficos enviame un mail a ana@nutrimama.com (no me linches, escribo desde mi celular con autocorrector y si me pusiera en perfeccionista  nunca publicaría artículos porque no tengo tiempo, ¡gracias!)

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YO, LA PEOR DE TODAS

Si, soy una mala madre. Hoy en el súper mi hija me apretó todos los botoncitos que conoce y cedí: le compré unas papitas de las más chatarrozas para que me deje terminar el super y ya en la caja sentía todas la mirada inquisidoras de otros papás de nenes chiquitos y de papás de nenes grandes que, quizás, ya se olvidaron lo demandante que es la primera infancia.

Sentía sus miradas en la nuca entre murmullos: “como alimenta así a su hija?, que horror!, cómo será en la casa”. Lo que ellos no saben es que en casa mi hija en lo que va del día comió un trozo de salmón, media zanahoria, algunas nueces y 1/4 de manzana. Lo que ellos no saben es que cuando le abrí sus papitas tire 3/4 de la bolsa en la basura. Lo que no saben es que ella comió algunas y dejó el resto porque no está acostumbrada a comerlas. Lo que no saben es que anoche dormimos 4 horas y bastante mal dormidas. Lo que no saben es que anoche por alguna razón se despertó muchas veces y entre mordidas y tirones a mis pechos mientras tomaba teta trataba de volverse a dormir.

Pido perdón a la sociedad y a mis colegas por no ser perfecta como Julio Basulto. Tratemos de no quedarnos con la foto y juzguemos menos. Las nutricionistas también a veces la embarramos.

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