Frente a frente con el fracaso: cómo sobrevivir y aprender de él

Artículo publicado originalmente en El Definido

A propósito de los candidatos icónicos que salieron perdedores, Mane Cárcamo aprovecha de reflexionar sobre el fracaso. ¿Cómo salir de la humillación y plantarse ante un nuevo escenario?

Andrés Zaldívar, Ignacio Walker y Lily Pérez (entre otros) no pasan por su día más felices. Tuvieron que cerrar las champañas, guardar en las bodegas el merchandaising y apagar las luces de los escenarios que tenían dispuestos para celebrar. Después de años en el parlamento, la ciudadanía (y el nuevo sistema electoral) les pasaron el sobre azul. Fueron protagonistas de lo que a todas luces conocemos como fracaso.

No votaría ni he votado por ninguno de ellos. Pero sí debo decir que algo de extrañeza me provocó ese tufillo festivo y por qué no decirlo soberbio, que celebró mayoritariamente en las redes sociales que a otros les fuera mal. Porque amigos seamos sinceros, ¿a quién no le ha pasado?

Le pasó a nuestra selección que tendrá que ver el mundial de Rusia por la TV. Walt Disney fue un fracaso en el colegio y prácticamente en todos sus trabajos anteriores a la animación. Don Francisco fue despedido al mes en su primer programa de televisión “Show Dominical” en Canal 13. A Steve Jobs lo echaron de Apple, su propia empresa, en 1985.

O sea, está clarísimo que nadie está libre de mandarse un gran guatazo y que tal vez sería bueno reflexionar de cómo hemos enfrentado los que hemos vivido o si estamos preparados para resistir uno con dignidad y altura de miras.

Paula Ortiz, psicóloga PUCV y Doctora de la Universidad de Granada en Ciencias de la Actividad Física, Deporte y Calidad de vida, con más de 12 años de experiencia de trabajo con deportistas de alto rendimiento conoce y ha estudiado muy bien el tema del fracaso.

El fracaso y el éxito lo interpretamos respecto a situaciones de evaluación. En el deporte es un partido, a nivel académico es una prueba, en el ámbito político son unas elecciones por ejemplo. Ante una situación de evaluación aparecen emociones respecto al resultado obtenido. Esas emociones están relacionadas a tres grandes aspectos, primero, la significación o relevancia social del resultado obtenido, segundo el grado de dificultad de la tarea y tercero las características personales,nos aclara la especialista.

El animador Martín Cárcamo (hermano de quien escribe para ser muy transparente) no siempre bailó con la bonita. Por muchos años participó en programas que apenas marcaban 1 punto de rating, estuvo un largo tiempo “congelado” en CHV y fue el animador al que le tocó bajar la cortina de programas emblemáticos como “Extra Jóvenes” y “Rojo”.

“Mi carrera partió con muchos momentos difíciles. Fueron cerca de 10 años en donde tuve que enfrentar el fin de programas íconos de la televisión chilena, bajas audiencias y críticas desfavorables. Fue muy complicado, porque si ya que te vaya mal en la pega es fuerte, la exposición mediática lo hace más complejo. Sin embargo, siempre tuve claro que ésta era mi vocación y creo que eso me permitió perseverar cuando muchos me decían que mejor tomara otro camino. Y el rigor también fue clave. Trabajar duro y con una meta clara, fueron gravitantes para no decaer cuando el viento no jugaba a favor”, nos cuenta.

Para Paula Ortiz la resiliencia es fundamental en este tipo de situaciones: Las emociones post fracaso en general son negativas, tales como pena, desasosiego, frustración e incluso ansiedad. Es aquí donde la resiliencia entra a jugar un papel clave. Las personas resilientes son capaces de ver el futuro como una oportunidad de mejorar lo que está mal y están claras respecto a su responsabilidad personal para construir el propio camino. Este tipo de personalidades son capaces de trasformar las emociones negativas en oportunidades de auto superación, con una mirada de optimismo y esperanza”.

Luis Larraín, ex Presidente de la Fundación Iguales y hoy ex candidato a diputado por el distrito 10 en Santiago, a simple vista pareciera haberlo tenido todo. Viene de una familia acomodada, ingresó con puntaje nacional a Ingeniería en la Universidad Católica, incursionó en el modelaje, tuvo la posibilidad de estudiar en el extranjero, aprender otros idiomas y se ha transformado en una figura reconocida en los medios por su participación en la Fundación Iguales.

Sin embargo ha tenido varios encuentros cercanos con lo que podríamos llamar fracaso. El más reciente fue no haber obtenido los votos necesarios para ocupar una silla en el parlamento: “He tenido muchos fracasos, en el colegio me costó relacionarme con mis compañeros. Hacer amigos fue mi primer fracaso. Me fue mal en el examen de título. Por un problema de salud tuve que dializarme tres veces por semana durante 5 horas, lo que no me permitía encontrar pega. Me trasplanté, pero me falló el riñón… por lo que mi vida ha sido bien zigzagueante y ya estoy acostumbrado que en la vida hay mejores momentos que otros”.

Luis tiene muy claro lo que le ha hecho no auto compadecerse y estar siempre en búsqueda de nuevos desafíos y liderazgos. “Creo que lo que me hace salir adelante es la convicción de que los fracasos son parte de los aprendizajes. Nadie que tenga una vida perfecta, que no toma ningún riesgo, hace un gran aporte a la sociedad. Para producir cambios, para influir en la vida del resto, hay que arriesgarse, hay que equivocarse, reflexionar y todas las cosas que me han pasado me han transformado en mejor persona”, nos revela.

El trabajo de los padres en la crianza de niños preparados para enfrentar bien un fracaso también es fundamental. No es raro ver a papás gritando en las canchas deportivas, más ofuscados que los propios hijos cuando estos pierden un partido de fútbol, o mamás que están pendientes de los promedios de notas de las otras compañeras de sus hijas, como para hacer un ranking mental con el fin de posicionarse en el mundo. Cabe preguntarse si estamos preparando a nuestros niños no solo a tolerar la frustración, sino que también a aceptarla y aprender de ella. Porque como dije al inicio, NADIE está libre.

“La palabra fracaso es muy fuerte, porque se puede interpretar como una situación constante y claramente no es así. Como tampoco lo es el éxito. Cuando somos presos de la emoción negativa que produce un fracaso hay que preocuparse, ya que nos bloquea y no nos permite avanzar. La clave está en no centrarse en el problema, si no muy por el contrario, en buscar soluciones”comenta Ortiz.

¿Qué hacer frente a un fracaso?

Ya perdimos la elección, ya nos echaron de la pega, nuestro emprendimiento se fue a las pailas y no quedamos seleccionados en el concurso de piano para el que practicamos durante seis meses. Ha llegado el momento de usar la cabeza fría y la sicóloga Paula Ortiz es muy clara a la hora de tomar las riendas del asunto:

1. La ola ya arrasó y no sirve seguir llorando por las esquinas. Ortiz es enfática en manifestar que lo primero es “plantearnos qué expectativas u objetivos tendré frente a este nuevo escenario, para saber cómo iniciar la reconstrucción”.

2. Otra sugerencia que entrega es preguntarnos frente al fracaso del que somos protagonistas: ¿Qué estuvo bajo mi control y qué no estuvo bajo mi control? En esto es fundamental ser objetivos para evitar caer en “soy un incompetente” o “todo me sale mal”. Es importante ser capaces de ver los matices y aquellas situaciones de las que no somos responsables y así poder aceptarlas y soltarlas.

3. Evaluar nuestro actuar: es importante cuestionarnos qué acciones fueron efectivas y cuáles no. Y respecto a las segundas, preguntarnos de corazón: ¿Qué podemos cambiar? La idea es lograr salir de la situación misma que nos tiene enredados en un mismo tema y comenzar a centrarnos en las soluciones.

4. Finalmente y (aunque nos de rabia este consejo) mirar la situación del fracaso como un aprendizaje y no como una sentencia determinante de nuestra vida. Porque pase lo que el mundo sigue girando y siempre hay nuevas oportunidades. Si no, pregúntenle a Don Francis.

¿Cuál ha sido tu peor fracaso y cómo saliste de él?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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Qué es el éxito y cómo conseguirlo sin perderte en el camino

“¿Qué es el éxito?” Me preguntan a menudo. Como si hubiera una sola respuesta simple que sirviera para todos. No la hay. Por eso hoy te invito a explorar qué es el éxito para ti para que lo logres sin perderte en el camino.

Qué es el éxito para la mujer

En los últimos años la definición de qué es el éxito ha ido cambiando, en particular para la mujer. La presión para lograrlo todo al mismo tiempo es cada vez mayor. Estar casada, tener hijos exitosos, tener un puesto de alta responsabilidad, viajar, estar hermosa, delgada y saludable.  Si te dejas llevar por lo que ves en los medios y en redes sociales parece que la vara nunca deja de subir.

Sin embargo, no todo lo que reluce es oro y es bueno distinguir la realidad de la fantasía. Nadie te cuenta que antes de tomarse la foto con su perfecta familia al hijo le había dado un ataque de furia en medio de una tienda. O que el evento VIP que subió tu colega a Instagram es lo único bueno que le ocurrió esa semana. O que el evento era súper aburrido y sólo fue para tomarse la foto y que todos vieran que ella estaba entre las invitadas exclusivas. Con frecuencia, la seguidilla de efectos que se desencadenan a partir de una foto como ésta es algo así:

  • Sientes envidia (aunque sea de “la buena”) porque ella fue al evento y tú no
  • Te enoja que no te hayan invitado. Quizá incluso te enoja que ni exista la posibilidad de que te hubieran invitado
  • Te planteas por qué no tienes el éxito que mereces a pesar de todos tus esfuerzos
  • Entras en un círculo de autocrítica improductivo que te enoja cada vez más
  • Dejas de disfrutar quién eres, y lo que tienes. Nada es suficiente
  • Decides no mirar más las redes sociales por un tiempo

Editando tu vida como si fuera una película

Las redes sociales tienen la gran ventaja de permitirte proyectar la imagen de ti y de tu vida que más te guste. Puedes aparecer glamorosa, solidaria, generosa o aventurera. Es decir, puedes destacar cada día otro aspecto tuyo ya sea real o imaginario. La desventaja es que el resto del mundo hace lo mismo y nunca sabes cuánto de lo que ves es real y cuánto es producto de una cuidadosa edición con filtros y Photoshop incluidos. Es importante recordar esto cuando visitas las redes para no dejarte vender un modelo de éxito que no es del todo real.

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Cosas que la gente oculta

Cuando alguien pierde el trabajo o un cliente (si eres emprendedora) difícilmente lo vaya a publicar online. Intentará dar la impresión de que sigue trabajando o que las cosas van bien. De la misma manera la mayoría desaparecemos de la comunidad virtual cuando estamos frustrados porque no nos salen las cosas en las que hemos invertido tiempo y esfuerzo, cuando un amigo nos hiere, o cuando sufrimos cualquier tipo de rechazo.  Y en algún punto esto es adecuado porque sabemos que no todos quienes ven tus redes sociales son tus amigos cercanos. No hay necesidad de estar viviendo cada aspecto de tu vida de manera pública.

Claro, existen quienes aprovechan estos reveses para ventilar su ira contra el mundo, pero si te fijas, pocas veces son las personas a las que tú consideras exitosas. ¿No te parece raro? ¿Qué quiere decir esto, que a esas personas todo les sale bien todo el tiempo? Obvio que no. La diferencia es que las personas que viven una vida de cuentos de hadas suelen editar lo que sacan a relucir y nunca te enteras de sus malos momentos. El resultado es que los resientes como si vivieran realmente en un cuento de hadas.

¿Qué te hace feliz? ¿Qué es lo que te da mayor satisfacción? Preguntas que te ayudan a llegar a tu propia definición de qué es el éxito.

¿Crees que se nace predestinado a tener éxito?

Pero además aquí hay otro factor en juego. Es bastante probable que aquellos a quienes consideras exitosos tengan una mentalidad de crecimiento (growth mindset). Es decir, que consideren que trabajando duro pueden lograr lo que se propongan. Personas que usan sus fracasos como momentos de aprendizaje necesarios para seguir  adelante. En la otra punta del espectro están quienes tienen una mentalidad fija, (fixed mindset). Es decir, personas que consideran que se nace con talento o sin él y por lo tanto hay poco que puedan hacer para cambiar su “destino”. Si estás en este grupo, difícilmente puedas sentirte exitosa. Continuarás mirando el éxito como algo que les pasa a los que nacieron con talento o en cierto grupo social, etc.

En este video sobre éxito y fracaso ves más sobre este tema

Qué es el éxito para ti

Sin duda, el primer paso para no seguir mirando con envidia las fabulosas fotos de tus amigos en Instagram, es preguntarte qué es el éxito para ti. Porque si lo tienes claro, ya no tendrás nada más que envidiar. Por ejemplo: si para ti tener un trabajo estable con un horario fijo y vacaciones pagas es parte de esa respuesta, ver a tu amiga viajando por las Galápagos a mitad de año te arrancará una sonrisa en lugar de un ceño fruncido.

Para mi el éxito es vivir de lo que me da mayor placer: escribir, presentar, ayudar a la gente a encontrar su propio éxito. ¿Y para ti?

(Por supuesto que hay situaciones complejas como una mujer que siempre quiso ser madre y por una razón u otra no lo logró. Es probable que ver foto tras foto de hermosos bebés en los feeds de sus amigas no la haga sentir particularmente exitosa. Pero si ese es tu caso, es hora de crear un nuevo guión para tu vida. De encontrar nuevas respuestas a “qué es el éxito para ti” ya que esa primera definición ya perimió.)

Aquí tienes 7 claves para el éxito profesional

Qué es el éxito en la sociedad en la que vives

En cada país (y en cada comunidad, grupo social y familia) la definición de éxito es ligeramente distinta. En Estados Unidos los marcadores de éxito están dados por posesiones materiales. “Cuanto tienes = cuanto eres.” Esta definición se va actualizando todo el tiempo. Por ejemplo, en los últimos años, los dueños de startups que logran financiación o que venden sus emprendimientos a grandes empresas de tecnología son un nuevo símbolo de éxito.

El problema es que ni tú ni yo hemos tenido nada que ver en establecer los parámetros de éxito a los que aspiramos casi por inercia.

Entonces, pregúntate: ¿A quién se considera una persona de éxito en tu familia? ¿En tu grupo social? ¿Cuán alineada está la definición social de éxito con la tuya personal? Esta última pregunta es la que te permitirá redefinir qué es el éxito para ti y de esa manera tomar distancia respecto de lo que otros proyectan como éxito para acercarte a lo que para ti es verdaderamente relevante.


El éxito reside en definirlo para ti y vivir tu vida de acuerdo a tus propia definición.

Mi papá, un exitoso cirujano, me dijo el otro día: “A mi nunca me dio envidia el éxito de los demás. Nunca envidié ni lo que tienen ni cuán lejos han llegado en la vida. Para mi lo importante siempre fue desafiarme y superarme a mi mismo”.

Me parecen palabras sabias para guiarnos en esta jornada en la que transitamos todos juntos lado a lado. Entendiendo que cada uno tiene su propia definición de éxito nos permite vivir mejor y dejar vivir mejor a los demás. ¿Probamos?

 

mariela_dabbahMariela Dabbah es escritora, conferencista y coach. Como Coach por más de 20 años ha apoyado el desarrollo de carrera de hombres y mujeres latinos en USA , Mariela como integrante de la Red de Profesionales de Mundo Mujer comparte en esta web un material muy interesante para ti, todo basado en su experiencia.

Autora del libro “Poder de Mujer”

Extraido de http://redshoemovement.es/como-se-desarrolla-la-presencia-ejecutiva/

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¿DE QUÉ TIENES MIEDO?

¿Cuánto tiempo llevas posponiendo algo porque tienes miedo?

A lo mejor tu trabajo no te gusta y querrías un puesto de mayor responsabilidad o cambiar de trayectoria profesional, o empezar tu propio negocio. Puede que quieras cambiar otro tipo de situación no relacionada con tu trabajo, pero no te atreves, te da miedo, ¿verdad?

Así que te pones todo tipo de excusas para posponer lo que quieres o, simplemente, para no hacerlo.

Todos tenemos excusas y miedos a los que, a veces, permitimos jugar un papel importante en nuestra vida.

Los conocidos “Sí, pero…soy muy joven, muy mayor, no tengo suficiente experiencia, es demasiado tarde, cómo voy a cambiar de idea ahora, no voy a tirar por la borda todos los años de estudio…”

Puedes encontrar todas las excusas que quieras. Excusas que te facilitan no tener que abandonar lo conocido, no tener que probar nada nuevo, pero que suponen un obstáculo a la hora de conseguir tus objetivos y sueños.

 

Si el trabajo que haces no es lo que quieres, eso significa que pasas al menos ocho horas al día haciendo algo que no te gusta, en un sitio que no te gusta y sintiéndote culpable porque te gustaría estar haciendo otra cosa y no das lo mejor de ti misma.

Y si hablamos de otros aspectos de tu vida igual, te pasas sufriendo la mayor parte del tiempo. ¿No te parece que ya es suficiente?

Si realmente quieres hacer algo al respecto, es hora de dejar de quejarse y de ponerse manos a la obra. Por supuesto es mas fácil decirlo que hacerlo, pero tu desafío está en saber encontrar la oportunidad en estas circunstancias.

Al final, las excusas no son más que miedo y el primer paso a dar es identificar qué es lo que verdaderamente te asusta.

Estos son los miedos mas comunes:

Miedo a los cambios.

A casi nadie le gustan los cambios y mucha gente prefiere olvidarse de lo que realmente quiere antes que enfrentarse a cualquier tipo de cambio. Sin embargo, los cambios no tienen por que ser para mal, al contrario, te pueden traer muchas cosas buenas (seguro que te acuerdas de alguna ocasión en la que un cambio fue para bien).

Por otro lado, los seres humanos nos adaptamos a prácticamente todo y es algo a tener siempre en mente, que nos adaptamos a las cosas nuevas y empezamos a considerarlas normales en poco tiempo (y te lo dice alguien que ha cambiado de ciudad, de país, y de carrera).

Miedo a lo desconocido.

A veces es difícil enfrentarse a lo desconocido, con el resultado de que prefieres quedarte como estás, aunque no seas feliz. Es a lo que estás acostumbrada, lo que conoces, lo que puedes manejar y eso es más fácil que atreverse a dar el salto a lo desconocido. Pero piensa, ¿te va a llevar a algún sitio quedarte ahí sin hacer nada?

 

Miedo a cometer errores.

Todos cometemos errores, somos seres humanos. Lo errores nos enseñan muchas cosas y al contrario de lo que piensas, lo malo no es cometer un error, sino lo que haces para remediarlo (si es que es necesario remediarlo).

Así que no te preocupes tanto por cometer errores, que para casi todo hay solución y que a base de errores se aprende; por no mencionar las cosas que se han descubierto por error (por ejemplo la penicilina).

 

Miedo al éxito.

Mucha gente teme las supuestas consecuencias negativas del éxito, los sacrificios que en teoría te va a conllevar. Te convertirás en alguien egoísta, materialista, esnob…No tendrás tiempo para tus seres queridos, y mucho menos para ti misma.

Pero ¿sabes qué?

Tú tienes mucho más control sobre tu vida del que quieres admitir.

Puedes decidir cuáles son tus prioridades y ponerlas en primer lugar. Además, el éxito y el dinero no te van a convertir en una mala persona si nunca lo has sido.

Una vez oí que el dinero te hace más de lo que ya eres. Así que si eres una buena persona y te gusta ayudar a los demás, tener mas dinero hará que puedas ayudar incluso más.

 

Miedo a tomar una decisión equivocada.

Para muchas de vosotras tomar decisiones es un castigo. Quieres estar segura de que sea la decisión correcta, la mejor. No quieres cometer un error del que te arrepientas toda la vida, ¿verdad?

Te equivocas, no necesitas la decisión perfecta, sino una lo suficientemente buena, que se ajuste a tus valores y necesidades. Además, la mayor parte de las decisiones (sobre todo las relacionadas con tu carrera profesional) no son de por vida; en la mayoría de los casos puedes cambiar de opinión.

Y como mencioné antes, lo que realmente importa es lo que hagas con las consecuencias de tus decisiones.

 

Miedo al fracaso.

¿Y qué pasa si fracasas? Aprenderás la lección y no cometerás los mismos errores la siguiente vez.

Hasta los personas con más éxito han fracasado alguna vez. Así es la vida.

Así que simplemente ten en cuenta que el fracaso no es malo, es un paso mas hacia el éxito.

 

Miedo a no estar a la altura.

Te asustan la alta responsabilidad, las expectativas, no ser capaz de hacerlo tan bien como deberías, no triunfar en todo lo que hagas. Si has sido elegida para un puesto de responsabilidad es porque te lo mereces, porque vales para ello. ¿O tú crees que te lo habrían ofrecido si no fueras capaz de hacerlo?

 

Todo el mundo ha tenido miedo en uno u otro momento de su vida y es normal. Lo que es importante es identificar claramente cual es tu principal miedo, para que puedas racionalizarlo y descubrir cómo puedes sentirte mejor.

Por ejemplo, si tienes miedo al fracaso tener un plan B te hará sentir más segura.

 

Por otro lado, ¿qué es lo peor que puede pasar?

Considera estas preguntas: “¿Qué pasaría si…?” Y entonces, ¿qué?…Y ¿qué?

Por ejemplo, ¿qué es lo peor que podría pasar si no fueras lo suficientemente buena para el trabajo? Me despedirían. ¿Y que pasaría si te despidieran? Me sentiría fatal, pero supongo que encontraría otro trabajo. ¿Y que? Supongo que no pasaría nada, sobreviviría.

 

En la mayoría de los casos, ese final tan temido no sería tan malo como esperas y desde luego sobrevivirías.

Si tienes claro qué es lo que quieres conseguir y tienes una estrategia con objetivos realistas, serás capaz de, paso a paso, seguir adelante a pesar del miedo.

Ni siquiera tienes que superar los miedos, no tienes que vencerlos; solo tienes que seguir adelante a pesar de ellos.

 

No dejes que tus excusas y miedo te hagan conformarte con menos de lo que quieres o, peor, con algo que ni siquiera quieres. Tienes derecho a disfrutar de tu trabajo y de todas las áreas de tu vida.

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La Dra. Aida Baida Gil, coach certificada y fundadora de www.coachdelaprofesional.com se dedica a ayudar a las mujeres profesionales que se sienten estancadas o insatisfechas y que están listas para avanzar profesionalmente, establecerse por su cuenta o redirigir su carrera.

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¿Temes al fracaso?

El crecimiento personal es todo un desafío, en el que es necesario pasar por obstáculos; lecciones suaves; una gama grande de sentimientos, para al final terminar un escalón más arriba del desarrollo interno.

Reflexiona…

¿Cómo te tratas cuando cometes errores o las cosas no salen como quieres?

Es probable que descubras que te hablas o te tratas como lo hacían aquellas personas que cuidaron de ti en el pasado.

Recuerda…

Para saber lo que sabes el día de hoy, fue necesario atreverte, equivocarte y volver a comenzar.

Las equivocaciones son necesarias para saber que las cosas se podían hacer de otra manera; que quizás había un mejor momento; que pudiste ser más cauteloso etc., es muy probable que en una situación parecida más adelante, esa memoria llegue a ti y la puedas abordar de una manera más adaptativa.

Si es tan necesario equivocarse para aprender ¿por qué le tenemos tanto miedo?

El miedo a equivocarnos viene de la educación que recibimos de pequeños. En nuestra sociedad cada vez se les exige más a los niños y son condicionados para entrar en un sistema de creencias la cual los hace trabajar para lograr la perfección, confundiendo esta en no cometer errores.

Jorge Bucay señala que la percepción del fracaso sería diferente si hubiera un sistema de premios donde se recompensara por cada error que fueras capaz de cometer. En mi opinión esto puede sonar muy radical, sin embargo, el premiar la aceptación del supuesto “error” daría paso además de un aprendizaje, una manera muy ligera de enfrentar la vida.

La perfección desde “mi mapa”, es reconocer que somos perfectos con nuestros aciertos y equivocaciones, pero sobre todo, el dejar de temer a lo que es necesario para crecer.

Vive con-siente-mente tu perfección

 

Alejandra Espinosa

Psicóloga y acompañante en BioDescodificación

Extraido de www.institutodraco.com/es

 

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¡Atención con las comparaciones!

El escritor portugués José Saramago publicó en 1947 su primera novela, pero su gran éxito lo logró en 1980 con su novela “Alzado del Suelo’, cuando cumplía sus 58 años de edad. A partir de esta obra, Saramago publica sin descanso consiguiendo así consolidarse como un escritor de referencia. Es decir, pasaron más de 30 años para que el mundo tomara conciencia que existía como escritor. Pero sus inicios fueron difíciles: Aunque Saramago era buen alumno, no pudo finalizar sus estudios porque sus padres ya no pudieron pagarle la escuela. Tuvo diversos oficios, pero mientras era administrativo en la seguridad social publicó la citada primera novela, sin ningún éxito. Prosiguieron más fracasos, por años, mientras trabajaba entre otros en una compañía de seguros, colaboraba como periodista en un periódico, como crítico literario en una revista, pudiendo recién desde 1976 dedicarse por completo a su trabajo literario.

¿Se puede decir entonces, que Saramago fue un escritor casi aficionado por más de 30 años y que desde 1980 recién se transformó en un escritor de verdad?  Claro, se podría decir que tener éxito recién tras más de tres décadas, es como si a un empleado nunca le suban el sueldo en unos 15 años trabajando para la misma empresa. Comparable con alguien que estudió teatro y pasó esperando una década hasta obtener un primer rol en una obra; con aquel que entrena para el maratón por largos años para correr la primera vez en unas seis horas. ¿Son éxitos o son fracasos?

En definitiva depende con qué y quienes te compares. Es un hecho, siempre existirá alguien más rápido, conocido, querido, capaz, lúcido, contactado que tú. Son muchos que ganan más dinero, que tienen más vacaciones, que poseen más beneficios en el trabajo, que manejan el auto que tú quisieras, que poseen una casa más grande, que tienen más seguidores en Instagram… Da igual qué y cómo lo midas o compares: siempre habrá quienes tendrán más.

Pero si ello es así: ¿cuál es entonces el sentido más profundo de la comparación? El solo hecho de compararlo, midiendo de alguna forma, no significa que realmente deba ser relevante para ti, o que sea justo o injusto. Mucho más importante debiera ser primero, que logres dilucidar qué es realmente importante en tu vida en general, en tu trabajo, en tu relación de pareja…  Definir qué quisieras cambiar o qué anhelas alcanzar, ignorando las comparaciones que no tengan estricta relación con ello. Muchas personas caen en comparaciones odiosas, resentidas, oportunistas, injustas, inapropiadas, descontextualizadas, etc., no sólo haciéndose daño a sí mismas, sino también a su entorno inmediato. Pero no sólo caen en ello, peor aún, se ponen en el rol de víctima, esperando que otros lo resuelvan por ellos.  La única comparación realmente importante es aquella, donde comparamos lo que hacemos, con lo que soñamos realizar, pero teniendo a la vez en la mira nuestras verdaderas capacidades para lograrlo.

No opino que dejemos de lado las comparaciones, eso es imposible y también absurdo. Por el contrario: digo que compares, pero sólo aquellas que te apoyen y sean útiles para seguir el camino hacia tu meta. Las demás comparaciones son distractoras, inútiles e incluso dañinas.

A propósito: en 1998 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura a José Saramago.

Ricardo Gevert – Adm. Industrial

texto extraído de www.gevert.com

 

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