EL INMENSO VALOR DE ESPERAR MENOS Y PEDIR MÁS

¿Cuántas veces nos vemos enfrentados a la frustración o decepción de que nuestra amiga, pareja o hijo no hizo lo que yo esperaba? Vivimos esperando que los otros cumplan con aquello que imaginamos o con lo que necesitamos, pero que poco nos dedicamos a pedir eso que queremos, esperamos o soñamos. Es como que si por pedirlo y hacerlo explícito, el acto perdiera todo tipo de valor cuando el otro finalmente se decide a hacerlo.

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Innumerables son las veces que he visto a mis adolescentes en la consulta, a sus padres o parejas, pasar una y otra vez por la decepción de que el otro no hace lo que espero. Frases como: “…pero si ellas saben que tienen que preguntarme cómo estoy si me ven mal… ¿no es obvio?“, “…pero si él sabe que tiene que portarse bien en el colegio y hacer sus tareas…”, “… sabe que necesito ayuda en la casa…no necesito decírselo“, y así podría continuar eternamente. Nos vamos transformando en seres decepcionados de las relaciones que tenemos, desilusionados de aquellos que en teoría nos quieren y enrabiados de sentir que esos que más me aman no me entregan lo que yo espero, lo que necesito, lo que “ellos saben”. pero en realidad NO lo saben. Nos vamos sumergiendo en un círculo vicioso, que nos aísla, entrampa  e incomunica: con nuestra pareja, hijos o amigas. Empezamos a sentirnos poco queridos, menos entendidos, y muy solos en este mundo, en el cual sentimos que damos el máximo por el otro, pero ellos apenas  dan su mínimo por mí.

¿Será realmente tan así? ¿O será que ese mínimo para mí, es el máximo del otro? ¿Quizás el otro debe poseer poderes mágicos que lo hagan adivinar lo que necesito? ¿Será realmente que no me quieren, no me ven y no me valoran? ¿Cuántas veces hacemos explícitas nuestras necesidades? Mi experiencia en la consulta, y al escuchar a la gente que quiero y me rodea, en la mayoría de los casos me encuentro con personas que no piden, no dicen y no muestran lo que necesitan, eso que las hace felices o tristes o  lo que las hace sentirse queridas. Es en ese momento cuando se produce un entrampe y quiebre comunicacional que solo complejiza las relaciones, les quita profundidad y nos distancian del otro.

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¿Por qué dejamos de valorar eso que el otro hace, si se lo pido explícitamente? ¿Por qué carece de valor si lo hizo, después de que ya se lo pedí? Cada vez que pedimos y recibimos es exactamente el mismo regalo que cuando no lo decimos. Quizás cuando nos sorprenden, esa acción inesperada pasa a tener una mayor carga de emoción y felicidad, pero no por eso, recibir pidiendo carece de valor. Cuando demando y soy escuchada, ya es un regalo, cuando pido y soy explícita con lo que necesito, también  es un regalo para el otro, que puede conocerme y leerme en eso que me hace falta. ¿Por qué no regalarnos más transparencia en las relaciones? ¿Por qué no hacernos el regalo de pedir y ser escuchado? Cuando el otro escucha y decide darme eso que pido, es tanto o más valorado, que cuando no lo he pedido, porque esa persona se detuvo, conectó conmigo, me escuchó activamente, me entendió y me dió eso que tanto necesitaba.

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No entrampemos nuestras relaciones con expectativas irreales.  En esperar que el otro dé solo porque yo doy, en que dé lo mismo que yo estoy dando. La realidad es que todos somos distintos y eso que yo doy no siempre es lo que recibo, y eso que yo espero no es lo mismo que el otro puede darme. ¿Qué pasaría si aprendiéramos a ser más explícitos con nuestras necesidades? Estoy segura que desde el cariño incondicional que hay puesta en cada una de nuestras relaciones, eso que espero y pido finalmente se haría realidad.

Aprendamos a sentirnos queridos por todos esos gestos que hace el otro: mirarme, escucharme, detenerse, conectar, regalar, darme espacio y también cuando me da eso que pido. Dejemos de quejarnos por eso que el otro no hace porque no adivina y comencemos a pedir, abiertos a que el otro pueda darnos o no, eso que necesitamos…. y si decide darlo…no olvidemos que eso también posee un tremendo valor.

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Solo si logramos ser más explícitos, y dispuestos a recibir pidiendo, conseguiremos sentirnos queridos y acompañados en esta vida. Seamos menos exigentes con el resto y con nosotros mismos. Si necesito que mi hijo adolescente me salude cuando llega a la casa, que mi marido me ayude más en las tareas diarias, que nuestra señora nos dé tiempo solos, o simplemente si queremos que nuestros papás nos escuchen y acepten como somos… ¡PIDAMÓSLO! abiertamente y de corazón, explicándole al otro por qué es tan importante para mí. Y si eso llega… por favor no le quitemos el mérito! Valorémoslo aún más!

Me gustaría que nos pusiéramos el desafío de empezar a esperar menos y pedir más….¿Cuánto eso nos acercaría al otro?….no somos adivinos, lo que necesitas tu es distinto de lo que necesito yo… pide más…espera menos.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

Instagram: @joselacamarapsicologa

 

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¡¡¡VACACIONES… AL FIN!!!… ¿O NO?

Una querida amiga le dice “cansanciones“… Que gran nombre, es justo lo que buscaba; ¿no les pasa que cuando esas ansiadas vacaciones llegan, no son lo que esperaban? La mayoría de las veces son tan altas las expectativas que ponemos a momentos especiales que, sin duda, nunca llegan a cumplirse. Esas vacaciones soñadas, terminan estrellándose y convirtiéndose en un sueño frustrado. ¿Cuánta realidad sumamos a nuestras expectativas?, ¿qué pasa que creemos que mágicamente en las vacaciones todo será “perfecto”? ¿existe definitivamente lo perfecto?

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Siempre esperamos tanto este preciado momento del año, en que por fin queremos poner la mente en modo avión y el espíritu en Zen. Sin embargo, esto nos impide conectarnos con el hecho que las vacaciones son más de lo mismo de todos los días, a menos que nos propongamos conscientemente cambiar algo de eso que hacemos siempre. Las dinámicas familiares son las mismas, las peleas entre hermanos siguen, ponerse de acuerdo en qué comer y cuándo no es fácil, los niños parecen más cansados que descansados y nosotros más rabiosos que contentos. Poco a poco uno empieza a extrañar la rutina de mandarlos al colegio, hacer tareas, ir al trabajo, y conectarse a ratos, y sólo a ratos, con ellos durante el día. Pareciera ser que en estas cansaciones no da como una “sobredosis familiar”.

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Al menos yo, presa de esta sobredosis familiar, me he dado cuenta de dos cosas importantes. Una es descubrir y pensar lo poco acostumbrados que estamos a convivir con nuestros niños, el escaso tiempo real les dedicamos en el día a día y que siempre insuficiente tolerancia que tenemos a conectarnos con ellos como lo que son: niños. Ellos que lo pasan bien moviéndose, saltando, jugando, riendo, gritando, bailando, peleando y haciendo tonteras. Me doy cuenta también de cuánto les exigimos día a día comportarse como adultos, que reflexionen, se controlen, piensen y escuchen… incluso en vacaciones. El otro día escuche a un humorista decir que los niños reían 100 veces al día, mientras que los adultos solo 18. No estoy tan segura de lo real la cifra, pero al menos solo pensarla me produjo tristeza…. ¿por qué necesitamos que se transformen en adultos? ¿cuánto podemos tolerar que sean niños y estén contentos siéndolo? ¿Qué necesitamos nosotros como papás para poder darles más libertad y estar tranquilos y felices con eso?

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Por otro lado, pienso inevitablemente como todos vivimos en una sociedad que tiende a mostrar y mirar sólo lo bueno, y para eso tenemos una plataforma ideal para hacerlo, como son las redes sociales. Que difícil se nos ha hecho conectarnos con lo real, lo imperfecto, lo cotidiano y lo que finalmente somos. Hoy me encuentro en un viaje planeado hace un año: maravilloso, soñado, y todos los calificativos que caben para esta instancia, pero no puedo dejar de compartirles un poco de realidad.

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A esta mamá “psicóloga” no le sale todo perfecto y a esta familia “ideal” le pasan cosas reales. En este tiempo, hemos tenido peleas, anécdotas, risas, enojos, llantos, y mucha, pero mucha sintonía… porque ella no sólo está en las fotos perfectas de Instagram o Facebook, sino también en los momentos complejos que no salen en las redes, en las peleas y en cómo las vamos resolviendo. Por ejemplo, en qué hacemos cuando llueve a cántaros con 3 niños que duermen, esperando los fuegos artificiales del año nuevo; cómo lidiamos con el enojo de esperar a todo sol al que se le olvidaron las tarjetas para subirse al bus; en cómo logramos congeniar las mañas y sentarnos a comer todos felices. No puedo negar que a ratos los he dejado poco ser niños, que me gana el cansancio y que todo lo que publico en las redes es SOLO una parte de la realidad. A ratos también ansío estar sentada en mi consulta con mis amados pacientes o en el banquito de mi plaza conversando con mis amigas. Y me doy cuenta, como siempre que estamos en una parte queremos estar en otra, que poco nos permite esto disfrutar del día a día y cada instancia que nos regala la vida. Es ahí cuando intento cambiar de nuevo el switch.

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¿Qué hacemos entonces para que esas vacaciones soñadas no sean sólo frustración o cansancio?, ¿cómo reponerse a lo amargo y lo cotidiano? Primero que todo: seamos realistas, porque en estas vacaciones habrá de todo y de eso también se trata. Podemos intentar buscar la modalidad Zen que a ratos aparece, pero cuando no aparezca, que tampoco nos torture la culpa. Busquemos eso que necesitamos para nosotros también: leer un libro, tener una hora para escribir o dormir una siesta en la playa. Deleguemos y dividamos las tareas, saber leer nuestro cansancio y pedir ayuda. Dejemos de intentar que nuestros niños se comporten como adultos y démonos la oportunidad de nosotros comportarnos como niños también. Toleremos más momentos de gritos y juegos inocentes poco soportables. Riámonos juntos de las tonteras que inventan. Agradezcamos cada intento que hacen por ayudarnos y seamos explícitos en pedirles a ellos que es lo que necesitamos que hagan. Enfrentemos los malos ratos, y si tenemos ganas de que vuelva marzo, en algún minuto de las vacaciones, pensemos en todo lo que esperamos para que llegará este momento y ahí, en ese instante, tomemos la decisión de hacer algo distinto, cualquier cosa que los lleve a ustedes y a ellos como niños al disfrute.

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¿Por qué escribo ahora? ¿En mis vacaciones? ¿En mi viaje soñado? Primero que nada, porque es mi escape, mi motor y mi minuto de desintoxicación de esta sobredosis familiar. Además, porque creo, en algún rincón oculto de mi corazón, que se sentirán identificados y entonces quizás puedo aportarles algo de realidad y mirar las vacaciones sin tanto idealismo (vacaciones soñadas) o pesimismo (cansaciones). Definitivamente creo que puedo aportarles en mirar esta instancia de manera distinta, sumándole un poco de cabeza e intentando hacer algo diferente que ayude a aumentar ese disfrute en cada uno de los que integran tu familia.

Perdón si les rompí la ilusión de las vacaciones perfectas, pero quizás es mejor ser realistas, que encontrarnos con eso que no queríamos y entonces poner todo ese peso de negatividad y frustración en nuestros hijos, que también ansiaban sus vacaciones, pero como niños.

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Por mi parte, seguiré en mi viaje, soñado y esperado, real y verdadero, lejos de ser perfecto, pero no por eso, menos maravilloso. Espero no tener que “querer” que llegue marzo, para así poder disfrutar cada momento, el que venga: bueno, malo o más o menos…. al final de eso se trata la vida y eso también son las vacaciones: dentro de toda imperfección agradecida.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

joselacamara@gmail.com

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Talento sin fronteras

En una época en la que priman la globalización, el compartir conocimiento y el trabajo en equipo, del de verdad, los equipos multiculturales (y multidisciplinares) son un claro valor añadido.

La incorporación en las compañías de profesionales de otros países y culturas enriquece al equipo con otros modos de gestión, estilos de liderazgo, redes profesionales y conocimientos. El sumar visiones diferentes y distintos modos de entender la vida, sumando perspectivas, aseguran, con la fórmula correcta, el éxito y el alcance global de los proyectos de cualquier organización.

Fórmula para el éxito del talento sin fronteras

1. Comunicación al cuadrado

La mayor preocupación del profesional extranjero los primeros meses será la adaptación de su familia, en caso de tenerla, y la suya propia. La familia juega un papel fundamental a la hora de adaptarse a un país e incide directamente en el éxito o fracaso del proceso de movilidad internacional.

Es fundamental por parte de la empresa una buena política de acogida que incluya información y asesoramiento sobre entorno, colegios, zonas para vivir, aspectos culturales, networking, apoyo en la mudanza o alquiler de casas para facilitar el aterrizaje en un entorno desconocido. Es importante la comunicación fluida, para que el profesional perciba que la compañía se preocupa por él y evitar la sensación de desarraigo.

2. Empatía

El profesional extranjero que se incorpora a trabajar con un equipo local, con una cultura y unas dinámicas de trabajo distintas, necesita un periodo de adaptación en el que se suele generar cierta frustración y la sensación de “hablar en otro idioma”. Por ello es fundamental primero entender, para luego ser entendido.

Tanto la empresa como los miembros del equipo y el profesional extranjero deben ser capaces de comprender y ceder en busca de la sinergia del conjunto del equipo, y terminar encontrando soluciones diferentes y disruptivas gracias a esa visión multicultural.

La empatía será clave para aportar valor como conjunto. Este video refleja a la perfección los problemas de comunicación en las organizaciones y en la vida misma:

3. Suma de talento

El mejor equipo es aquel que, una vez “engranado” tiene habilidades complementarias, si a eso le sumamos, diversidad de género, de edad, de raza y de credo, aunque debamos tener paciencia en la fase de arranque, porque será más lenta, una vez que hayamos encajado las piezas el resultado será exponencial.

Un equipo formado por personas con visiones y formas de hacer las cosas parecidas desarrollará proyectos que tendrán buena acogida por otras personas que sean como ellos. Sin embargo, un proyecto desarrollado con personas diferentes tendrá un alcance mucho mayor llegando a personas con visiones diversas. SI, da más pereza trabajar con personas distintas a ti, pero SI te aportará mucho más.

4. Planificación

En el caso de proyectos puntuales o expatriaciones un factor importante y muy complejo es la gestión transparente y responsable de plazos y condiciones de cara a la repatriación (un aspecto especialmente sensible y, normalmente, poco claro).

Según el análisis de E&Y e IESE en torno a un 20% de los profesionales expatriados cambian de empresa tras la repatriación al no cumplirse sus expectativas. Por ello, aunque es muy complicado para la empresa predecir el futuro, es importante la transparencia y el ser claros con los pros y los contras de la movilidad internacional trasladando los posibles escenarios de cara al futuro.

El profesional internacional

Las personas que han vivido una experiencia profesional internacional desarrollan múltiples habilidades y capacidades. Son profesionales:

  • PROACTIVOS Y VALIENTES: porque han dejado atrás la comodidad de su vida en su país de origen para lanzarse a una oportunidad en otro país y asumir retos, saltando muy lejos de su zona de confort.
  • EXPLORADORES DE VISIÓN ESTRATÉGICA, porque se aventuran en lo desconocido con la brújula siempre a punto para encontrar el norte con una mochila llena de nuevos amigos, rincones, aprendizajes, historias y experiencias.
  • ADAPTABLES porque han aprendido a vivir a caballo entre dos realidades distintas, entre dos países, dos culturas, dos idiomas y dos vidas y les resultará más sencillo adelantarse y adaptarse a los cambios en la organización.
  • HABILIDADES SOCIALES, porque han tenido que abrirse a buscar nuevos amigos y reinventarse en ese país, antes desconocido, que se ha convertido en su hogar.

Estos profesionales aportan un claro valor añadido en cualquier organización, no sólo por el conocimiento de diferentes entornos, culturas, prácticas y formación adquiridos en ese período, sino también gracias a una experiencia vital que les habrá hecho ganar en capacidad de adaptación, visión global y proactividad además de crecer como personas ya que habrá tenido que construirse no solo una trayectoria en la organización, sino también, una vida entera…

Takeaways: Buenas prácticas para la movilidad internacional:

  • INICIO: La fijación de expectativas claras y realistas con respecto tanto al proyecto como al entorno (para él y para la adaptación de su familia) como de cara al desarrollo posterior.
  • DESARROLLO: Mantener una comunicación fluida, y empática, con la matriz y con RRHH.
  • CIERRE: La gestión transparente y responsable de plazos y condiciones de cara a la repatriación (un aspecto especialmente sensible y, normalmente, poco claro). Según un estudio de EY e IESE en torno a un 20 % de los profesionales cambian de empresa tras la repatriación al no cumplirse sus expectativas.

    blanca_rodriguez_ackermannBlanca Rodriguez Senior

    Manager Ackermann

    International Chile

    Conoce a Blanca aqui

    Articulo extraido de www.hrconnect.cl

 

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Cómo identificar la mejor opción para iniciar tu proyecto (personal o profesional)

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Segundas relaciones (2da parte)

Buscar la felicidad en el lugar equivocado

Es dudoso que el sentido de la pareja sea proveer de felicidad a sus miembros pero es común soñar que la felicidad llegará con la unión perfecta con el otro, como si ésta se tratara del calmante de todos los males, una suerte de elixir que nos hace invulnerables y realiza la esperanza de reposar confiados en el añorado seno materno.

Que la pareja nos dará la felicidad es una creencia tan extendida que si uno la cuestiona se arriesga a hacerse enemigo de los ilusionados. Sin embargo, si preguntamos a parejas consolidadas suelen contestar que la pareja no les ha dado estrictamente felicidad tal como la esperaban, sino una ardua, agria y dulce tarea interior y de crecimiento, y la compensación es más bien un sentimiento de dulzura, alegría, unión y compromiso en el camino común. Proporciona con suerte la alegría y la dulzura de saberse juntos y confiables en un camino común.

Sabiendo que la progresión de la pareja exige un buen número de penosos ajustes en el ego personal resulta un tanto infantil mantener intacta la creencia de que debe proporcionar la felicidad. Según palabras de San Agustín la felicidad consiste en tomar con alegría lo que la vida nos trae y en soltar con la misma alegría lo que la vida nos quita. Seguramente la felicidad tiene más que ver con una actitud ante la realidad que vivimos que con la realidad misma. Somos felices cuando conseguimos apreciar y fluir con lo que nos toca vivir en lugar de hacerlo depender del estricto cumplimiento de nuestros deseos y nuestros cambiantes pensamientos y sentimientos.

Sería un gran paso liberar a nuestras parejas del peso de tener que hacernos felices y liberarnos a nosotros mismos del peso de hacerlas felices para que paradójicamente la felicidad pueda ser mayor. Sería más prudente y sabio tener simplemente la expectativa y el ofrecimiento de un cierto bienestar y realización en el intercambio y en la relación.

Una buena orientación para abordar una nueva relación es liberarla de la expectativa de que nos haga felices asumiendo la tan proclamada idea llena de sentido común de que nada ajeno nos hará felices. Que la felicidad empieza en uno mismo y entonces, como el aceite, se extiende hacia los demás.

continuará….

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

www.facebook.com/joangarrigabacardi

 ver artículo anterior AQUI
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Demasiadas expectativas en la pareja (2da parte)

Continuando con el artículo “Demasiadas expectativas en la pareja” de Joan Garriga

Consejos prácticos

LOS SENTIMIENTOS EXCESIVOS SOLO EMPEORAN LAS RELACIONES. Aprende a controlar los sentimientos muy intensos como la rabia o la tristeza… Acostumbran a ser un avisador de asuntos pendientes del pasado, como el abandono por parte de los padres o la invasión de los mismos. Los sentimientos de este tipo están relacionados con los que tienen los niños cuando les falta algo muy importante.

EL DAR Y EL RECIBIR TIENE QUE ESTAR COMPENSADO. Cuando estamos en una relación de pareja que funciona uno de sus características es que lo que yo le doy al otro, el otro lo recibe y lo agradece. Y lo que yo obtengo de la relación, es decir lo que el otro me da, compensa lo que yo he dado. No porque sea lo mismo, ya que cada uno aporta cosas diferentes, sino porque es algo que yo quiero.

ESPERAR QUE LA PAREJA SOLUCIONE TUS TEMAS PENDIENTES ES PEDIRLE DEMASIADO. Haz las paces con el niño que fuiste. No esperes de la pareja que te solucione los temas pendientes. Las situaciones inconclusas que uno tiene sólo las puede arreglar uno mismo. El intentar que otro se haga cargo de ellas nos convierte en desvalidos y una carga para los demás, ya que el otro no puede resolverlas.

DESARROLLA TU ADULTO. El análisis de las situaciones es una capacidad que todos los seres humanos adultos tenemos. Usarla en la relación de pareja puede ayudar a salir de los conflictos emocionales. Poder ver en la pareja las cosas que si te da y qué características positivas tiene es una manera de alimentar la relación y hacerla florecer. Haz una lista enumerando las cosas positivas que tiene tu pareja.

PREOCUPATE MÁS POR SER UNA BUENA PAREJA QUE POR TENER UNA BUENA PAREJA. El prepararse para ser un buen compañero y poder compartir la vida con otra persona puede ayudar a que la relación funcione. Si estás muy preocupado por encontrar un buen compañero estás poniendo la solución al problema fuera de ti. En cambio si tú te preocupas por aprender a ser una buena pareja estás trabajando para tener una buena relación.

BUSCA QUE LA RELACIÓN SEA FÁCIL. No sirve estar enganchado relaciones conflictivas, el disfrute y la felicidad van asociados a la facilidad de las cosas. Esta se consigue cuando eres capaz de recibir lo que si te puede dar tu pareja y tomarlo como un regalo y saber agradecerlo. Seguro que hay cosas que tu pareja no te puede dar, también puedes buscarlo en otras relaciones, una sola persona no nos lo puede dar todo.

SI ME QUISIERAS HARIAS TAL COSA… Todos tenemos creencias sobre lo que es el amor y qué hacen las personas cuando quieren y para cada uno estas creencias son diferentes. Todos tenemos maneras de querer diferentes y no son unas mejores que las otras. Poder valorar la manera que tiene mi pareja de quererme, aunque sea diferente de lo que espero, ayuda a la relación de pareja.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

www.facebook.com/joangarrigabacardi

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Creencias imperfectas

Empiezas por sentir que no haces alguna cosa bien, acaban pensando que haces las cosas mal, crees que no sabes o que has olvidado lo que ya sabías, te sientes inútil, incapaz… ¡Cualquiera lo hace todo mejor que tú! ¿Te suena? Quizás no te gustas. Ni lo que ves frente al espejo ni tu forma de ser. No te creer los halagos de los demás, piensas que te lo dicen porque les das pena, y eso refuerza tu sensación de que eres alguien con poco valor… ¿Te sientes identificado?

He de confesarte algo: tus expectativas y tus creencias influyen directamente en el resultado. Si lo aplicamos a la autoestima, pensar que no vas a ser capaz o que no tienes valor, es un pensamiento que puede acabar cumpliéndose. ¿Qué puedes hacer, entonces, al respecto?

 

1. Toma conciencia

El primer paso es tomar conciencia de lo que nos está pasando. Párate un instante a reflexionar. A menudo no dedicamos ni un solo instante al día en chequear cómo nos sentimos, observar qué pensamientos ocupan nuestra mente y cómo actuamos con los demás. Si eres capaz de identificar en ti mismo alguna de las manifestaciones comentadas al inicio de este artículo, ya has iniciado el camino. Ya estás preparado para dar los siguientes pasos.

2. Identifica las causas.

Parece fácil, pero no lo es. Tampoco es algo evidente. Quizás últimamente te sientes estresado en tu trabajo, o existe un ser querido enfermo que te preocupe. A lo mejor estás pasando por un mal momento con tu pareja o estás preocupado por el comportamiento de tus hijos. En estos casos: ¡enhorabuena! Tienes una visión clara de donde vienen tus problemas y esto te va a permitir en orientar tus energías en su resolución.

Pero en otras ocasiones, muchas, no podemos sentir mal pero no sabemos por qué. No pasa nada, es habitual que esto suceda. En este caso, tenemos que dedicar un poco de energía en autoobservarme y chequearme, para descubrir su origen.

 

3. Actúa sobre el síntoma

Además de actuar sobre la causa, una vez la hemos identificado, es igualmente interesante actuar sobre el síntoma. De la misma manera que cuando tienes fiebre, además de descubrir el foco de origen de la misma, nos tomamos un paracetamol para que ésta disminuya.

Por ejemplo, si la ansiedad te gana la partida, ponla a raya con técnicas de respiración consciente, relajación o mindfulness; también puedes evitar el estímulo que provoca tu ansiedad, depende del caso. Las técnicas de distracción o parada del pensamiento, nos ayudarán aliviar los síntomas más obsesivos; también el deporte o una actividad física placentera. Técnicas de reestructuración cognitiva pueden ayudarnos con nuestra autoestima o síntomas depresivos; además de restablecer unos buenos hábitos de alimentación e higiene del sueño.

 

4. Pide ayuda

No necesariamente estoy hablando de ayuda profesional. Quizás necesitas contárselo a esa persona de confianza que está a tu alrededor. Díselo a esa persona que te quiere y que además te haya notado que no te sientes bien de un tiempo a esta parte. Verbalízalo de una vez por todas: “Necesito ayuda para dejar de pasarlo mal con esto que me sucede o me preocupa”. Y si es necesario…

 

5. Pide ayuda a un experto.

De la misma manera que vas al dentista cuando tienes un dolor de muelas. Un experto te ayudará a observar cómo te saboteas a ti mismo, qué falla en tus relaciones y dónde se originan esos molestos síntomas. Te proporcionará perspectiva sobre lo que sucede y herramientas para solventar y prevenir futuros problemas. Dejarás de estar atascado en esa misma situación, con la que chocas una y otra vez.

Los síntomas emocionales son alertas que nos dan nuestro cuerpo, y que debemos escuchar. Pedir ayuda puede ser el inicio de un verdadero cambio, no sólo para librarte de tu malestar, sino para aprender a disfrutar de la vida y a sentirte feliz con lo que haces. ¿A qué esperas?

 

Irene Morales

Psicóloga Clínica y de la Salud

Extraido de www.institutodraco.com/es

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