ENSEÑANDO LA AUTOCOMPASIÓN EN NUESTROS HIJOS

La mayoría de las veces hablamos de cómo mejorar la autoestima en nuestros hijos, cómo reforzarlos y con eso cómo ir formando en ellos esa ansiada autoestima positiva. Este último tiempo me he dedicado a leer y reflexionar acerca de cómo este es sólo uno de los pasos para poder ayudarlos en su formación. Al ver a mis adolescentes en la consulta, me he dado cuenta que quizás nos falta el paso nuclear y más importante: enseñar en la autocompasión.

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Si buscamos en google, todo aquello que se relaciona con el ser autocompasivos, se lee desde una mirada negativa. Normalmente se alude a que al serlo con nosotros mismos nos ponemos en un rol de víctima, como si esta palabra significara un constante lamentarse por uno mismo, que poco nos ayuda para movernos frente al sufrimiento. Vivimos en una sociedad que no nos permite estar mal, que nos empuja a tener una mirada positiva y salir adelante, y si bien esa es una parte fundamental para poder mirar mi realidad desde otra perspectiva, poco nos enseña de cómo debemos abrazar el sufrimiento. La autocompasión no se trata de sentir lástima por uno mismo o hacerse la víctima. La autocompasión nos enseña a comprender ese sufrimiento para poder avanzar. Pero, ¿cómo logramos abrazarla si solo nos criticamos a nosotros mismos? ¿cómo logramos superarlo si no logramos aprender y crecer de esos momentos difíciles? ¿cómo logramos sentirnos capaces de sobrellevar aquello que me toca vivir si mis auto diálogos van en la línea de no poder tolerar la frustración y fracaso?.

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No puedo dejar de pensar en lo poco nos han enseñado a tratarnos bien a nosotros mismos. Que poco hemos hablado de cómo debemos mirarnos, querernos y entendernos. Sabemos lo que le diríamos a un mejor amigo en una situación difícil, pero sin duda nos perdemos cuando se trata de hablarnos a nosotros mismos en un momento de vergüenza, tristeza o desesperación. Nuestra voz interna se vuelve juzgadora y crítica, y lo que es peor, aún pensamos y sentimos que todo aquél que nos mira, nos juzga y nos critica de la misma manera que lo hacemos con nosotros mismos. Nos hemos olvidado de enseñar una mirada vulnerable de nosotros mismos, una mirada amiga que no solo permite abrazar el sufrimiento, sino también revela nuestro verdadero ser. Una mirada que nos permite aceptarnos como somos, con nuestros defectos y virtudes, y que nos ayuda a avanzar para ser cada día una mejor persona.

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En mi consulta tiendo a ver a adolescentes, niños o padres paralizados frente a la mirada o juicio de otro, y entonces con tal de no exponerse a eso evitan todo tipo de situaciones. Adolescentes que no dicen lo que piensan, por miedo a que los otros los vean como tontos, mamás que no se atreven a decir que a veces están cansadas por miedo a esas otras madres que puedan verlas como malas madres, niños que no se atreven a decirles a sus mejores amigos que no molesten al de al lado porque ese mejor amigo puede reírse de ellos o apartarlo. Y entonces nos ponemos evasivos de esas situaciones, y con eso autocríticos al no sentirnos capaces de poder mostrarnos tal cual somos. Queremos ser perfectos a los ojos del otro, sin darnos cuenta que esos “ojos del otro” son mis propios ojos, mis propios miedos, mis propios juicios. Entramos en un círculo vicioso de evitar ser juzgado para juzgarnos de la manera más dura posible a nosotros mismos, que finalmente nos lleva a sentirnos incapaces de decir o mostrar lo que pienso o lo que soy. Terminamos paralizados frente al mundo, incapaces de abrazarnos, querernos y mimarnos a nosotros mismos, como lo haríamos probablemente con nuestro mejor amigo.

Las emociones y situaciones difíciles son parte del contrato que tenemos con la vida, no es posible tener un trabajo importante, construir una familia, hacer del mundo un mejor lugar, sin estrés y sin malestar, estas emociones son sin duda parte del recorrido y el aprendizaje para tener una vida significativa. Y como lidiar con ellas, como nos hablamos a nosotros mismos desde una mirada autocompasiva y como logramos mirarlas desde otro lugar es parte de poder sobrellevarlas y aprender.

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La autocompasión es poder cuidarse y ser amable con uno mismo. La investigadora Kristin Neff identifica tres componentes importantes. El primero es la amabilidad, ser comprensivo y compasivo con uno mismo al sentirse incompetente, inadecuado, poco atractivo, poco inteligente, etc. Sentimientos que uno tiene en el día a día y que no hay nada de malo en tenerlos y vivirlos, muchas veces luchamos porque nuestros hijos o nosotros mismos no nos sintamos de esa manera. Sin embargo, siendo autocompasivos se torna más fácil de sobrellevar y se aprende. El segundo componente es la humanidad, y consiste en revertir la tendencia a aislarnos cuando estamos sufriendo, pensando que “sólo a mi me pueden pasar estas cosas”. En la actitud auto-compasiva hacemos lo contrario, tomando perspectiva y recordando que nuestro sufrimiento es compartido por muchos, y más aun, que la imperfección y el dolor es parte de la experiencia humana. Finalmente, el último componente es el que ella denomina mindfulness, que se entiende como la capacidad de poder observar abiertamente nuestra experiencia sin identificarnos con ella. Desde una actitud auto-compasiva logramos tomar una perspectiva balanceada de nuestras emociones, de manera que nuestro dolor no es negado o reprimido, pero tampoco nos identificamos completamente con él sintiéndonos paralizados.

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Necesitamos trabajar en nuestra autocompasión y ayudar a nuestros hijos en ella. Aprendamos a decirnos a nosotros mismos frases cariñosas “todo va a pasar” “lo hice lo mejor que pude, aunque no resultó” “puedo equivocarme y con eso aprendo”, etc. Alejemos los juicios a nosotros mismos “no valgo nada” “soy muy mala mamá, amigo o jefe” “no sirvo para esto”, estas frases solo nos detienen y paralizan, nos dan miedo. Finalmente poder desarrollar la autocompasión, nos entrega mucho más estabilidad que nuestra autoestima, que tiende a oscilar frente a las distintas miradas del otro. Si logramos querernos y tratarnos a nosotros mismos como tratamos a nuestros mejores amigos, lograremos la aceptación y desde ahí podemos tener un punto de partida potente para poder querernos, con errores, sufrimientos, con pasar vergüenzas, enfrentando las distintas situaciones, sin miedo a equivocarnos.

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Porque, finalmente si nos equivocamos ¿qué sería lo peor podría pasar?. Si aprendemos a ser autocompasivos probablemente podríamos cuidarnos y ser comprensivos con nosotros mismos, aprendiendo del error y confiando que tengo las capacidades de salir adelante…..ineptamente, tontamente, inadecuadamente, genuinamente….como sea lo logro, me atrevo, me quiero.

“Si tu compasión no te incluye a ti mismo, es incompleta” -Jack Kornfield.

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ADOLESCENTES: CARRETES … LA DISTORSIÓN TOTAL

“Fuimos a una fiesta donde iban todas mis amigas y un grupo de amigos de otro colegio. Llegamos y partió como siempre… todos previando. Ese día tenía ganas de tomar y de curarme para poder pasarlo bien. Fueron varias piscolas, algunos fumaban mota y la cosa empezó a prender. Sin darme mucha cuenta cruce el límite…..y me borré.  Solo me acuerdo que antes de estar borrada estaba coqueteando con un mino de los del grupo. Bailamos un par de canciones y de ahí no me acuerdo más. Solo flashbacks, vomite varias veces mientras una amiga me cuidaba y no sé cómo llegue a estar sola con él en el estacionamiento de la casa donde estábamos. Yo no entendía nada, no podía hablar, recuerdo que me desvestía, sentí que él estaba arriba mío y al otro día solo se me venía a la mente la imagen de su cuerpo sin ropa, encima mío….sin tener claridad de lo que pasó. No se que hicimos, solo se que no pude hablar. Al otro día me sentí abusada, transgredida, no pude decir que no….pero tampoco le dije que sí. Lo tuve que llamar para preguntarle que había pasado realmente. No me podía quedar con la duda. Cuando le pregunté, el me dijo “si pos, tiramos, si tu no dijiste nada” y ahora no se como avanzar. Me siento fea, vulnerada y no confío en nadie…ni siquiera en mi misma”

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Esta semana fue dura, escuché vivencias de adolescentes realmente demoledoras… de esas que rompen el alma y te hacen cuestionarte dónde estamos parados y qué estamos haciendo mal.  Al comentar el tema , me pidieron  que por favor escribiera de esto, porque es algo que uno ni siquiera se imagina. Jóvenes en descontrol total frente a carretes sin memoria. Consumo de droga, alcohol en exceso, abuso sexual entre compañeros o conocidos y la extraña manera de compartir esta distorsión a través de Stories en Instagram mostrando a “amigas” o “amigos” tomando en exceso o dándose besos en una fiesta. Un abismo al riesgo y vulnerabilidad extrema, de la que ni siquiera tienen consciencia.

¿Qué ha ido pasando con nuestra sociedad que los carretes de los adolescentes han virado al descontrol absoluto? No digo TODOS los carretes y con esto no quiero crear una especie de pánico colectivo, al mirar a lo que nuestros jóvenes se ven expuestos cada fin de semana. Lo que quiero es que nos demos el espacio y tiempo de pensar ¿qué está pasando? ¿por qué se ha perdido el respeto por el otro y por mí mismo? ¿qué pasa que el exceso de alcohol se ha normalizado y no tomar representa a los valientes? ¿Qué pasa que mujeres adolescentes toman hasta quedar borradas y sus mismo amigos, conocidos o compañeros abusan sexualmente de ellas?

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Sé que suena duro, incluso irreal. Sé que piensan que esto no pasa con sus hijos, que pasa en otros lados, otros colegios, con otro tipo de personas. Pero por un segundo necesito que piensen ¿qué pasaría si fuese tú hijo el que abusó de una compañera de colegio? ¿Qué pasaría si tu hija llega a contarte (si tienes la suerte de que lo haga) que sin acordarse bien de la noche anterior, tiene flashbacks de que la desvistieron y amaneció sin saber lo que había pasado? Sé que tu mundo se derrumbaría, y probablemente pensarías qué hice mal, o quizás desvariarías en preguntas como: ¿qué hago a ahora? ¿Es real? ¿cómo pasó algo así? o simplemente seguirías negando bajándole el perfil como si nunca hubiera pasado o fuera algo normal de estos tiempos.

Lamentablemente esto es algo que está pasando, carretes sin control en los que nuestros adolescentes quedan absolutamente vulnerables frente a la vida. Hoy ya no solo existe el peligro del asalto, que le peguen, que se pierda borracho caminando por ahí o que choquen curados….hoy lamentablemente el peligro está entre ellos mismos, hoy son ellos los que han perdido la mirada del otro por estar inconscientes  por el alcohol y a ratos las drogas. Los pololos pelean a niveles desorbitantes y los jóvenes que se coquetean a veces termina en un abuso sin memoria, con niñas tiradas intentando recordar lo que pasó.

 

¿Qué hacemos? Lo primero es intentar no caer en el juicio o crítica, porque esto no construye y no ayuda a acercarnos a la realidad que están viviendo nuestros hijos. Tampoco se trata de no dejarlos salir nunca más o sobreprotegerlos llenándolos de mensajes para que se reporten de cómo, dónde y con quién están. Quizás simplemente se trata de poder sentarse a tener conversaciones sinceras y pensar CON ellos ¿cómo se están cuidando? ¿Qué pasa con el cuidado de su cuerpo, el valor por ellos mismos y el respeto a su vida? ¿Hasta qué punto se permiten tomar y pasar al abismo del sin memoria? ¿Cuánto están dispuestos a transar al estar en ese abismo? ¿Qué pasa que adolescentes leen un sí como respuesta  a una propuesta sexual cuando tienen a una persona sin consciencia al frente que simplemente no puede decir que no?

A mí me genera una profunda tristeza ver como adolescentes llenos de recursos y sueños se van transformando por el abuso de alcohol y drogas, en personas que no se respetan, ni a ellos mismos, se transforman a ratos en jóvenes sin sentido común… lo más desesperanzador es ver como lo que va pasando en estos carretes descontrolados y distorsionados, va lamentablemente definiendo su vida y muchas veces haciéndolos cada vez más frágiles emocionalmente “no me acuerdo de lo que pasó anoche” “no puedo pasarlo bien si no tomo” “me quedé borrada” “me fui a dar la pala” “peleamos muy fuerte porque estábamos los dos muy mal, habíamos tomado mucho”.

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¿Cómo volver a que tengan consciencia de su cuerpo y de sus límites? ¿Cómo hacer que puedan elegirse a ellos y cuidarse porque su cuerpo y su alma son lo más preciado y único que realmente tienen? Como papás necesitamos abrir los ojos: son nuestros hijos los que están frente a esta realidad, tenemos que acompañarlos, preguntarles qué pasa en los carretes y definitivamente acercarnos mucho más. No pasa por prohibir porque lo harán escondidos, en eso tienen un máster. Saben cómo ocultar borracheras, Uber  a solas, Stories de carretes en sus Instagram…..definitivamente si no hay confianza sabrán como hacerlo para que ustedes no se enteren. Y entonces los dejamos solos frente a un mundo de riesgos.

Muchos podrán decirme que nosotros cuando fuimos adolescentes pasamos por ahí, que peco de exagerada y que estoy sobredimensionando la realidad. Pero la verdad es que no es la misma adolescencia, nuestros jóvenes hoy viven mucho más expuestos frente la arremetida de las redes sociales, mucho más solos frente a papás más ocupados, mucho más exigidos frente a un sistema educacional que los estrangula con estándares por cumplir, mucho más aislados de sus amigos y con una extraña necesidad de compararse con aquel que es “mejor” que ellos. Pareciera que estuvieran en un mundo donde las relaciones profundas son mucho más difíciles de construir, donde lo importante es como te ves, que notas tienes o cuantos followers o likes tienes en Instagram. Se ha perdido profundidad, valores, respeto y ellos sin decirlo los añoran. Porque cada adolescente que conozco padece del mismo mal: la necesidad de sentirse querido, viviendo en un mundo que pareciera perfecto, pero que dista mucho de ser vivido por ellos como tal. Carencias y más carencias.

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NO, definitivamente no es nuestra misma adolescencia. Necesitamos hacer algo y lo primero y más importante es poder construir un lazo profundo de confianza donde exista la certeza de que sin importar lo que tengan para contar o hasta donde metieron las patas  pueden llegar a pedir auxilio. No basta con ser controladores, y estar encima… necesitamos estar cerca, pero de corazón. Reflexionar con ellos, preguntar, preguntar y preguntar. Abrir espacios de conexión donde exista hablar de valores, respeto, amor, autocuidado y como aprendemos a través del error.

Si queremos que nuestra hija no sea abusada por estar borracha, o que nuestro hijo NO sea el que abusó sin siquiera mirarlo como un abuso. Si queremos que nuestros jóvenes no estén comprando droga a través de Grinder, o que no se tomen una botella de pisco en un carrete para terminar en la ambulancia, dispuestas por los organizadores de las mismas fiestas necesitamos ACERCARNOS, CONSTRUIR, HABLAR.

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Y no digo que esto les asegure no pasar por estas vivencias… porque lamentablemente nuestros jóvenes están expuestos a muchos más riesgos de lo que nosotros estuvimos…pero si les aseguro que si han construido esa relación, al menos tendrán la oportunidad de saber por lo que están pasando, serán de los pocos padres a los que les pedirán rescate y por lo tanto de los pocos que podrán ayudar a sus hijos a aprender de eso que ocurrió: PROTEGERLOS DE VERDAD. Si no hemos construido esta relación ni siquiera podremos estar ahí para cuando lo necesiten, porque como ellos bien saben hacerlo lo ocultarán por miedo al castigo o a la decepción que pueda traerles.

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Si queremos formar, necesitamos estar!!! Estar de corazón: cerca y abiertos a abrazarlos en cada descontrol, en cada riesgo y en cada situación de vulnerabilidad… esto solo podrá pasar si abrimos los ojos y nos transformamos en papás cercanos y abiertos al error, todos nos equivocamos cuando fuimos adolescentes, esperemos y soñemos por ser esos padres a los que nuestros hijos recurren.

Crea, construye, acompaña, habla, pregunta, norma… no juzgues, critiques, niegues, o des por perdida esta relación. Solo de ella construirás hijos sanos, conscientes y respetuosos del otro y de ellos mismos. Y lo más importante: EMPIEZA HOY…..incluso si son chicos.

María José Lacámara – Conoce más AQUI

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Hacerte las uñas no sirve. El verdadero ingrediente del autocuidado

¿Se han dado cuenta que cuando uno le cuenta a otros que está estresada el único consejo que te dan es que te regales tiempo para hacer algo que te guste o relaje (y la mayoría de las veces te dan como ejemplo ir a la peluquería o tomarse un café con una amiga)?

Si bien salir de la rutina y hacer algo que nos gusta hace bien, es solo una solución parche. Porque nos genera calma en el momento, pero al llegar a casa nos esperan las mismas cosas que nos tenían estresadas al salir. Y las pilas que cargaste, tarde o temprano se vuelven a desgastar.

Si lo vemos desde este prisma, la solución no está en hacer una actividad pasajera, sino en nuestro interior. Un cambio en nuestro estilo de vida. Especialmente en la forma en que enfrentamos los estresores y desafíos del día a día.

A mi parecer, la clave está en el autocuidado y amor propio. Si nos queremos, sabremos buscar la forma de satisfacer nuestras necesidades. Sabremos cuándo postergarnos y cuando ponernos como prioridad. Sabremos ponernos límites. Y lo más importante, sabremos ser compasivas con nosotras mismas. Nuestra voz interna nos acompaña en todo momento y depende de nosotras que nos hable y contenga como lo haría nuestra mejor amiga, o que nos devalué y agobie como lo haría nuestra peor enemiga.

A continuación te voy a dar cinco consejos para que practiques el autocuidado y la autocompasión:

  1. Sé descriptiva y usa adjetivos neutros cuando te hables a ti misma de ti misma: No es lo mismo decir «soy agresiva», que «siento la rabia muy intensa y a veces me cuesta mantener el control». El primero ataca y merma nuestra autoestima, mientras que el segundo nos invita y motiva al cambio y al crecimiento.

Cuando te equivocas, no es lo mismo decirte «eres la peor madre del mundo», que «te equivocaste, no estuvo bien cómo actuaste, tranquilízate y pide perdón».

Juzgarse y autodevaluarse no sirve de nada. Mírate con cariño y compasión, trata de entender de dónde vienen tus dificultades y qué podrías hacer para manejarlas mejor.

  1. Aprende a manejar la culpa: Todas las emociones son postitivas en tanto tienen un propósito adaptativo: comunicarte lo que te pasa y qué necesitas. La culpa tiene la importante misión de mostrarte que te equivocaste, ayudarte a aprender del error y motivarte a reparar cuando es necesario.

 

Al igual que todas las otras emociones, una vez que cumple con la misión para la cual fue creada, debes dejarla ir. Quedarte pegada criticándote a ti misma no sirve de nada. Cuando haces eso la culpa se vuelve patológica. No hay aprendizaje ni reparación.

 

  1. Esfuérzate por estar consciente de tus sensaciones, emociones y necesidades: El cuerpo es el primero en darse cuenta que algo nos pasa. Por lo mismo, es muy importante prestarle atención cuando nos habla y tratar de decifrar qué es lo que nos quiere decir. Te doy un ejemplo. Yo me doy cuenta que me estoy empezando a estresar cuando empiezo a respirar profundo, o que me siento pasada a llevar cuando se me aprieta el estómago. Al darme cuenta de esto, me pregunto qué me pasa y qué necesito.

 

  1. Dale importancia a tus necesidades: Además de estar atenta a tus sensaciones, emociones y necesidades, es importante que te preocupes de <<atenderte>> de manera oportuna. Es como cuando vas manejando y se prende el aviso de que queda poca bencina. Si no le haces caso, tarde o temprano te quedas en pana.

 

  1. Pregúntate qué hay detrás de tus autoexigencias: No sirve bajar nuestros niveles de exigencia si no trabajamos la fuente que los sube. Si eres muy crítica contigo misma, quizás sería bueno que te preguntes porqué eres así. ¿Será que sustentas tu valor como madre en el éxito y por tanto al equivocarte te sientes la peor madre del mundo? ¿Será que detrás de esta autoexigencia hay pensamientos irracionales como «tengo que ser perfecta» o «si me equivoco voy a dañar a mi hijo»? ¿Será que eres dura contigo misma porque te falta trabajar el amor propio? (Cardemil, 2019).

 

Para terminar, recuerda que el autocuidado y el amor propio es algo que se trabaja todos los días. Y de ahora en adelante, cuando te sientas agobiada, la solución no está en ir a hacerte las uñas, sino en ser tu mejor amiga.

 

Andrea Cardemil Ricke

Psicóloga Infanto Juvenil

Autora de <<Apego Seguro: cómo relacionarte con tu hijo a partir de los dos años >> y <<Separarse con niños pequeños: cómo seguir nutriendo tras la ruptura>>

Instagram: @andreacardemil

 

 

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Cómo mantenerse feliz alrededor de personas negativas

Algunas personas son naturalmente negativas; se quejan, discuten, se comparan con los demás, comienzan el drama y simplemente ven el vaso medio vacío. Siempre habrá obstáculos en la vida y está bien tener días “vasos medio vacíos” y ser realista acerca de sus sentimientos, pero también es importante tratar de mantener una actitud positiva a largo plazo, aprender de sus errores y expresar gratitud, incluso si estás atrapado alrededor de personas negativas.

En su mayor parte, puedes elegir conscientemente con quién te rodeas. Tú elige a sus amigos y puede decidir con qué miembros de la familia desea pasar tiempo; sin embargo, no puede elegir a sus compañeros de trabajo, compañeros de clase, sus suegros o el público en general. Si te encuentras rodeado de amigos negativos o miembros de tu familia o te atraen los seguidores negativos en las redes sociales, puedes elegir desconectarse de ellos e ir por caminos diferentes. Separarse de las personas negativas es un aspecto importante del autocuidado, el amor propio y el respeto por uno mismo. Lo más probable es que no cambie a estas personas negativas, por lo que es mejor seguir adelante. Recuerde que nadie puede hacerlo infeliz sin su permiso.

Dicho esto, a veces tienes que involucrarte con compañeros de trabajo negativos o compartir una cena navideña con familiares negativos. Es importante reconocer que estas personas son negativas en sus patrones de pensamiento, comportamientos y pueden carecer de una autoconciencia total. En ocasiones, puede encontrar personas negativas o groseras en público mientras hacen recados, ya sean conductores, compradores o empleados que lo ayuden con su compra. Tal vez estas personas están teniendo un mal día o han recibido malas noticias, o simplemente son personas con mentalidad negativa. A continuación hay algunos consejos y trucos para lidiar con la “Nancy negativa del mundo”.

No lo tomes personalmente

Tal vez escuchó a alguien hablar mal de usted, tal vez un compañero de trabajo lo dejó fuera del ciclo de comunicación sobre un importante plazo de trabajo o tal vez la dama en la línea de pago frente a usted está siendo increíblemente grosera con el empleado de la tienda. Muchas veces, cuando las personas enfrentan dificultades en sus vidas, quienes las rodean se convierten en el blanco de sus estrategias de supervivencia poco saludables. Sus comportamientos se manifiestan a partir de inseguridades, miedos e ira. Lo más importante que puede recordar es que se trata de ellos, no de usted, y por lo tanto no se lo tome como algo personal.

Practica la gratitud

Haga una lista de agradecimientos, deje que las personas sepan cuán agradecido está usted por su presencia, y cuente sus bendiciones para las cosas pequeñas. Practicar la gratitud ha demostrado aumentar la felicidad entre las personas, independientemente de cuánto o cuánto tengas. Me aseguro de contar mis bendiciones con la mayor frecuencia posible, de estar agradecido de que mi madre todavía esté en mi vida y de reconocer que tengo un trabajo que me encanta. Hay tantas personas que conozco que odian sus trabajos, están desempleadas o tienen padres que ya fallecieron.

Vea este desafío como una oportunidad para el crecimiento y el autodescubrimiento

Cuando se tome el tiempo de poner las cosas en perspectiva, cambie su forma de pensar y altere su percepción sobre lo que la otra persona puede estar experimentando, crecerá como individuo. Es posible que desee preguntarse, ¿qué está sucediendo en la vida de esta persona que los hace comportarse de esta manera?

“Podemos quejarnos porque los rosales tienen espinas, o se regocijan porque los arbustos espinosos tienen rosas”. – Abraham Lincoln

Difunde las interacciones negativas con el humor

A principios de este verano, estaba manejando a casa desde Mammoth con un auto lleno de mis amigas aventureras (estábamos regresando a casa de un viaje con mochila en el sendero John Muir). Un tipo salió de un estacionamiento justo en frente de mí y tuve que cerrar mis descansos. Toqué el claxon y me sentí frustrado con su manejo errático. Mientras tocaba la bocina, asomó la cabeza por la ventana, sonrió de oreja a oreja y me dio un “pulgar hacia arriba” gigante. Yo mismo, así como todos mis amigos, no pude evitar reír. Nos dijimos “¿acaso nos dio un pulgar gigante?” Lo encontramos gracioso. Este chico eligió el humor y difundió la situación. Hasta el día de hoy, cada vez que alguien me llama en el camino, le doy un “pulgar hacia arriba” por la ventana o cada vez que alguien dice un comentario grosero, generalmente respondo con una broma. A menudo, difundir la situación con amabilidad y humor es la mejor manera de lidiar con una situación negativa o con una persona negativa. Ríase de usted mismo, ría con otras personas y recuerde que una sonrisa es un lenguaje universal para la bondad.

Pasar tiempo a solas

Pasar tiempo solo ha demostrado que aumenta la autoconciencia, aumenta la autoconfianza y aumenta la felicidad. Eventualmente, se sentirá cómodo al pasar tiempo a solas y aprenderá que este solo tiempo puede ayudarlo a encontrar ideas y oportunidades que le ayudarán a resolver situaciones difíciles. Cuando alguien a tu alrededor está actuando increíblemente negativo, hazte a un lado y tómate un tiempo para ti. Reflexiona sobre sus acciones, tus sentimientos y permítete ser consciente.

Texto Psychology Today

Redacción Instituto Draco

www.institutodraco.com

www.facebook.com/InstitutoDraco

 

 

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Semana Mundial de la Concientización sobre el uso de antibióticos

Del 13 al 19 de noviembre

Semana Mundial de la Concientización sobre el uso de antibióticos1

  • La Organización Mundial de la Salud (OMS) con el propósito de dar a conocer los riesgos sanitarios asociados a la resistencia a los antibióticos y promover la aplicación de buenas prácticas sobre el consumo responsable de medicamentos, por tercer año consecutivo inicia la semana mundial para incentivar a la población a tomar conciencia sobre el abuso de antibióticos sin prescripción médica.
  • La Dra. María Luz Endeiza, infectóloga de la Clínica Universidad de los Andes aborda los riesgos de la automedicación, más aún si se trata de antibióticos y qué aspectos se deben tener en consideración, con el fin de evitar consecuencias mayores, que podrían poner en riesgo la salud de las personas.

Bajo el lema “Antibióticos: manéjalos con cuidado”, la Organización Mundial de la Salud comienza hoy la semana de la Concientización del uso de Antibióticos, cuyo objetivo está centrado en sensibilizar a la población sobre la resistencia a los antimicrobianos y las consecuencias del mal uso de medicamentos sin prescripción médica. Esta campaña mundial, busca promover buenas prácticas en el público en general y el compromiso de los gobiernos de los Estados Miembros de este organismo, rubro sanitario y encargados de la formulación de políticas públicas para evitar la aparición y expansión de la resistencia a los mismos.

En la actualidad, mueren alrededor de 700 mil personas en todo el mundo a causa de este problema y si no se toman las medidas necesarias, se estima que para el 2050 la cifra aumente a 10 millones[1]. Es por eso que el laboratorio Pfizer se sumó a esta iniciativa y presentó la campaña “Pequeñas acciones salvarán millones de vidas”, en conjunto con la Asociación Panamericana de Infectología (API) y la Clínica Universidad de los Andes, la que también estará enfocada a informar sobre la resistencia antimicrobiana y de qué manera se puede contribuir a disminuirla. Para más información al respecto, visitar www.resistenciabacteriana.com

¿Por qué se genera la farmacorresistencia?

Durante los últimos años, esta situación se ha transformado en una amenaza para la salud mundial, debido al abuso, automedicación y a la ingesta poco responsable de los antibióticos. “Siempre deben  respetarse las indicaciones del especialista para evitar complicaciones mayores, lo antibióticos deben tomarse únicamente cuando los prescriba un médico y  jamás automedicarse”, explica la Dra. Maria Luz Endeiza, infectóloga de Clínica Universidad de los Andes.

Por tanto, si la persona no toma el medicamento tal como lo prescribe el médico, se expone a serios riesgos de generar y propagar una nueva cepa de bacterias resistentes a los antibióticos y complicadas de abordar. Los comportamientos actuales de la población, también son factores representativos de esta amenaza; por ello, es importante modificar algunas conductas destinadas a reducir la propagación de las infecciones, a través de la vacunación, lavado de las manos, seguridad de las relaciones sexuales y una buena higiene alimentaria.

Tipos de resistencia antibiótica

La resistencia de las bacterias a los antibióticos puede ser natural, provenir de mutaciones o bien originarse por transferencia de genes. La Dra. María Luz Endeiza, infectóloga de Clínica Universidad de los Andes indica que “cuando todas las cepas pertenecientes a la misma especie son resistentes a un antibiótico, se habla de resistencia natural. Por otro lado, cuando la resistencia bacteriana sólo aparece en algunas cepas de una especie normalmente sensible se habla de resistencia adquirida, que es la forma más habitual de su presentación y puede ser por mutación o por la adquisición de nuevos genes.”

Impacto en la población

Según la Organización Mundial de la Salud, cuando ya no se pueden tratar las infecciones con los antibióticos de primera línea, es necesario emplear fármacos más caros. La mayor duración de la enfermedad y del tratamiento, a menudo en el medio hospitalario, incrementa los costos de la atención sanitaria y la carga económica para las familias y la sociedad.

Tips para combatir la resistencia:

–              Tener vacunas al día

–              Lavarse habitualmente las manos

–              Tener relaciones sexuales protegidas

–              Mantener una buena higiene alimentaria

–              Nunca automedicarse antibióticos.

1 http://www.who.int/campaigns/world-antibiotic-awareness-week/es/

2Review on Antimicrobial Resistance. Antimicrobial Resistance: Tackling a Crisis for the Health and Wealth of Nations. December 2014. Available at: http://amr-review.org/sites/default/files/AMR%20Review%20Paper%20-%20Tackling%20a%20crisis%20for%20the%20health%20and%20wealth%20of%20nations_1.pdf

 

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MUJERES Y ESTRÉS: Siempre en el lugar equivocado

Con la modernidad las mujeres hemos ido ganando mas autonomía y una serie de derechos que hasta los años 50, eran impensables para nuestro género. Desde entonces, hemos logrado planificar cuántos hijos tener, votar, salir a trabajar y ser económicamente independientes.

El lado “B” de esto es que nos hemos visto obligadas a cumplir muchos roles, los que la mayoría de nosotras, no alcanzamos a “cumplir bien”. Basta revisar un día “tipo” de cualquier mujer: nos levantamos, levantamos a nuestros hijos, preparamos el desayuno, los llevamos al colegio, batallamos por nuestro espacio en la oficina, volvemos a la casa, nos hacemos cargo de las labores domésticas, somos pareja y muchas veces también nos hacemos cargo de nuestros padres.

Con esta infinita cantidad de roles y responsabilidades, es fácil sentir que no damos abasto y que siempre estamos en el lugar equivocado. En el trabajo, recordamos los pendientes que tenemos con nuestros hijos, con nuestra pareja, con la casa. Cuando estamos con nuestros hijos, recordamos la larga lista de cosas sin hacer que dejamos en el trabajo. Con ese ritmo, lo único que cultivamos es la sensación de insatisfacción y culpa de no estar siendo “suficientemente buenas”: buenas madres, esposas, trabajadoras, hijas, amigas y un largo etcétera de roles “mediocremente” cumplidos.

El multitasking, que se ha elevado como una habilidad tremendamente deseable y necesaria en el mundo actual, tiene sus bemoles. La presión por cumplir las expectativas en ámbitos diversos e infinitos nos hace caer en una espiral de culpa, descontento y ansiedad. Muchas sentimos que para ser queridas debemos hacerlo bien todo. Centramos nuestra existencia en satisfacer las demandas que se nos hacen desde distintos flancos, haciendo “rendir” el día lo más que podemos. Todo esto a un costo muy alto, que implica muchas veces desconectarnos de lo que sentimos, evadirnos del presente por estar absortas en nuestros pensamientos y, finalmente, estar ausentes en nuestra vida. Estamos siempre viviendo en otro momento: en el momento en que tendremos más tiempo para estar con nuestros hijos, en el momento en que tendremos más tiempo para dedicar al trabajo, a la pareja, a la casa, a la vida, a nuestros intereses. Siempre estamos anticipándonos, apuradas por estar en ciertos lugares o culpables por no haber estado lo suficiente en otros.

El problema es cuando la meta es lo único que vale y todo lo demás se transforma en un tramite para “llegar” y “cumplir”. Entonces, uno corre, corre, corre. Y nunca es suficiente.

Nos auto imponemos un nivel de exigencia y de perfección que lo único que hace es ayudarnos a cultivar la pena y la rabia con nosotras mismas, porque –ya lo sabemos– la perfección no existe: uno nunca llegará a ser todo lo buena madre que quiere ser; ni tendrá la casa todo lo perfecta que la quiere tener, aunque tengamos esa manida fantasía de que cuando tengamos todo ordenado, cuando los niños estén grandes y titulados, cuando ya tengamos la casa propia y funcione bien, y tengamos ahorros y podamos salir de vacaciones, entonces, llegaremos a la felicidad verdadera. Nuestra vida se asemeja a esa esquiva ambición de querer tener siempre todos los cajones bien ordenados, cuando, en realidad, siempre habrá algo desordenado, en movimiento, cambiando. Vivir aspirando a un mundo de perfección, entonces, tiene un costo demasiado alto.

Por esto mismo, no es raro que los índices de ansiedad y depresión en mujeres chilenas sea alarmantemente elevado, lo que sin lugar a dudas tiene un costo social altísimo dado el rol fundamental que tenemos tanto en la familia como en el trabajo.

Es por esto que ahora mas que nunca se nos hace tremendamente importante incorporar espacios de autocuidado para la mujer. Es urgente considerar nuestra salud mental como un derecho y una necesidad, porque esto no solo nos afecta a nosotras sino también a todos quienes nos rodean.

Y es aquí donde la práctica de mindfulness (atención plena) y de la compasión son fundamentales. La posibilidad de cultivar la atención al momento presente y dejar por unos instantes de lado todos los “pendientes” y  los “deberia”, además de una actitud amable con nosotras mismas es de suma importancia.  Esto comienza por tomar conciencia de la sobrecarga a la que nos sometemos, lo difícil que nos resulta delegar y pedir ayuda, y de la posibilidad real de hacer algo diferente, sin transformarnos en una superwoman. Porque estoy segura que mas de alguna esta pensando: ¿y ahora ademas quieren que practique mindfulness? ¡Solo lo puede lograr una superwoman! (¡o esa odiosa conocida con la que nos comparamos y que parece hacer todo bien!).

Cuidarnos a nosotras mismas es posible, y no necesariamente tiene que ver con gastar grandes sumas de dinero en terapias alternativas, hacernos cirugias plásticas para lograr el cuerpo deseado, o destinar tiempo que no tenemos internándonos en un “spa”, un “ashram” o irnos a la India a un retiro espiritual. No.

Tiene que ver con tomar la decisión de emprender un camino quizás no fácil pero necesario, de conocernos mejor, tomar conciencia de nuestras capacidades y limitaciones, practicar la aceptación de lo que no podemos cambiar y darnos esa cuota de amabilidad que suele ser tan esquiva con nosotras mismas.

En el camino hacia el bienestar, las prácticas de mindfulness y compasión son excelentes aliadas, y las iremos conociendo en las próximas columnas.

Bárbara Porter J. Psicóloga Clínica PUC

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