El Poder De Tus Palabras

Uno de los grandes descubrimientos de mi vida,  fue cuando conocí la “magia de las palabras”. Está demostrado que nuestras palabras están estrechamente relacionadas con nuestra actitud, y esta a su vez con nuestras creencias. La pregunta sería, ¿qué fue primero el huevo o la gallina? ¿es mi actitud la que da lugar a mis palabras o son mis palabras las que condicionan mi actitud?

El Poder de tus palabras Pon a trabajSinceramente, creo que la influencia se da en las dos direcciones. La manera en que nos expresamos y como nos comunicamos está afectando a nuestra actitud, de igual forma la actitud que tenemos ante algo origina nuestra manera particular de comunicarnos.

El cuidado en el uso de nuestro lenguaje es una herramienta poderosísima para condicionar nuestros resultados en la vida, de la misma manera que observar como habla una persona, nos está dando muchas pistas sobre su sistema de creencias, muchas veces asentado a nivel subconsciente.

El uso que hacemos de nuestro lenguaje es una herramienta poderosísima para crear nuestros resultados en la vida

Aquí y ahora, no voy a hablarte del poder de la comunicación, que es algo mucho más amplio. Saber comunicarse correctamente implica aspectos como, hacerse entender, entender a otros, comprender mejor lo que sucede, saber influenciar, crear conexión con tu interlocutor, fomentar el respeto, ganarse la confianza de los demás, etc.

Básicamente, el arte de la comunicación implica dominar tres aspectos: lo que decimos (palabras), como lo decimos (tono, etc.) y como actuamos (expresión corporal y facial). Hoy solo quiero centrarme en lo que decimos, en nuestras palabras, en como hablamos, en definitiva, en el uso que hacemos de nuestro lenguaje.

Lo primero que aprendí es que si quieres algo, debes pedirlo. ¿A que suena de evidente? Pues aunque te parezca extraño, muchas veces sucede todo lo contrario. Nos dedicamos a quejarnos y a decir lo que no queremos, y es entonces cuando nuestro cerebro se enfoca, precisamente en eso (en lo que NO queremos) y abandona cualquier opción de centrarse en lo que realmente deseamos, perdiendo así muchos de los recursos que tenemos y podríamos utilizar para alcanzar nuestros deseos. Así de simple.

Neurológicamente, nuestro cerebro tiene unos mecanismos de funcionamiento muy claros, por ejemplo, no entiende los mensajes en negativo.

¿Qué quiero decirte con esto?

Si yo te digo que pienses en una galleta de chocolate, inmediatamente tu cerebro acudirá a los archivos donde tiene guardada su representación de lo que es una galleta de chocolate y la visualizarás. Pero si te digo que no pienses en un pastel de nata, tu cerebro prescinde del no, y busca es su archivo la representación que tú tienes de lo que es un pastel de nata y eso es precisamente lo que visualizarás. Ha omitido el no completamente. Se hizo un estudio con niños en un colegio y se vio que sustituir los carteles que indicaban no grites, por otros que decían habla en voz baja, era mucho más efectivo.

Cuando nos expresamos tenemos que poner especial cuidado en hablar en positivo, manifestando lo que realmente queremos y salir de la “actitud de la queja”, si lo que deseamos es que nuestra vida empiece a manifestar unos resultados positivos …. Y tú, ¿cómo te expresas habitualmente? ¿sabes lo que, realmente, quieres para poder pedirlo?

Con cariño,

Firma Esther Aranda

Esther Aranda

The mind coach y facilitadora de Misión de Vida
**Creadora del Entrenamiento Intensivo Misión de Vida

www.ponatrabajartupasion.com
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Acerca de la Autora:

Esther Aranda,  The mind coach & facilitadora de Misión de Vida. Fundadora de la plataforma www.ponatrabajartupasion.com.  Su misión: ayudar a otras personas a descubrir su misión de vida, y a que realicen el trabajo que aman, viviendo una vida con propósito y sentido para ellas, eliminando la desorientación y frustración vital.  Creadora del curso gratuito “Taller de Autoestima: Las 9 Claves del Éxito Profesional, puedes solicitarlo en www.ponatrabajartupasion.com.  “Cada uno de nosotros podemos vivir una vida plena y con sentido,  haciendo un trabajo que amemos y realizando nuestra misión de vida, lo que nos permitirá así cambiar el mundo desde nuestro lugar”.   Esther Aranda

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Herencia cultural y salud

Así como pensamos – así influenciamos nuestra salud. Las personas que pasan enojadas tienden a hacerse úlceras con más frecuencia que las normales, quienes depredan su vitalidad tienden a hacer un cáncer, quienes no saben relajarse tienden a provocar eventos cardio-vasculares, etc. Es un tema que la medicina alopática del día a día ha esquivado sistemáticamente escudándose en mil argumentos cada vez más ridículos y fuera de la realidad (según el refrán lo que no cabe en la caja de lo visible no puede ser verdad o serio). – Hay personas, por el otro lado, que le atribuyen al pensar capacidades sanadoras más allá de toda evidencia repetible en forma consistente.

Las cosas no son tan fáciles como querríamos que fuesen. Pero en algún lugar entre estos dos extremos (como pensamos no tiene nada que ver con la salud, el buen pensar cura cualquier enfermedad) hay mucha experiencia que nos hace ser optimistas en el tema. Es probable que continuando con un trabajo cuidadoso y sensible logremos acrecentar y desarrollar el potencial sanador guardado en la naturaleza de las personas.

Hace algunos años ya que estudio el lenguaje y la cultura de los indo-europeos, de esa gente que vivió entre 6000 y 5000 años atrás en las estepas del sur de Rusia, y que esparció su modo de vivir, trabajar, combatir, relacionarse, hablar, matar, robar, rezar, a una vasta área del mundo: Europa, Anatolia y el Cáucaso, China occidental, Irán, India.

Un ingenioso método de investigación se hizo cargo durante los últimos 150 años, más o menos, de reconstruir su mundo. Se inició con la sorpresa de ver que el sánscrito y el griego clásico compartían similitudes aquí y allá, en raíces, declinaciones, conjugaciones, pronombres, números. Con el tiempo y a partir del celta, latín, griego, germánico, hitita, iraní, sánscrito, tochario y otros, estos investigadores han reconstituido más de 2000 (!) palabras de lo que se llama el Indo-Europeo maduro (3000 a.C.). Se han restablecido fórmulas poéticas, rituales, creencias y costumbres. Lo que se sabe hoy de esta gente – que no conoció la escritura y por lo tanto no pudo dejar testimonio concreto de sí – es realmente extraordinario. ¿Qué cosa de su mundo es aún válida en nuestros días?

Para acercarme a una respuesta jugué con una oración inventada así a la pasada: la vaca que está junto al río muge endemoniadamente. ¿Qué palabras están relacionadas con raíces del indo-europeo y tienen sentido o función semejantes? La: hel, vaca: wak, que: kwi, está: sta, junto: yeug/yung, a: hed, el: hel, río: reu, en: en, de: dai, mon: mon, mente: men. Resultado: todas (!).

¡Vaya!, pensé, si esto ocurre al nivel simple de las palabras, ¿qué pasa con las creencias?

El prestigio personal (gloria imperecedera) era el valor supremo en esta cultura y lo ganaba el héroe, el que sabía conquistar y vencer sobre un enemigo considerado malo y perverso, personas, animales, una naturaleza indómita, en fin, lo oscuro desconocido que no estaba al servicio del héroe. Una escala de prioridades muy distinta a la que profesaban los taoístas al otro lado de Eurasia: respeto por los otros, por la naturaleza, sus ciclos y desarrollos, sensibilidad, humildad e inclusión. ¿En qué mundo quiero vivir, qué quiero hacer válido en mi vida? ¿En el carro de qué moda no quiero ir?

El saber de estas cosas con tanta claridad me facilita la toma de decisiones y colabora en la realización de acciones mías más autónomas y con más sentido personal, y como consecuencia, más sanas.

Jens Bücher – Ingeniero Comercial, Fellow, American Institute of Stress y miembro del Colegio de Ingenieros – Chile, dirige el Centro de Desarrollo de la Persona Bücher y Middleton Ltda.

www.persona.cl

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Aprovechemos el clima a nuestro favor

Es muy común que cada día al despertarnos revisemos el pronóstico metereológico o miremos por la ventana para ver cómo está el clima. En otoño e invierno solemos exclamar “qué feo está el día!”, eso que es tan cotidiano nos afecta mucho a nuestra predisposición a cómo partimos y cómo viviremos las próximas horas. Aún más les afecta a nuestros niños porque, en un segundo y con sólo una frase, se imaginan que será un día aburrido, en el cuál estarán encerrados sin poder correr ni jugar al aire libre.
Cómo revertimos esto y le damos una oportunidad al cielo gris y a las bajas temperaturas?
  • Primero es importante no hacer un juicio, o sea, eliminemos el feo, fome, que lata de nuestro vocabulario y sólo lo definiremos tal y cómo está: ventoso, lluvioso, nublado e incluso, puede ser más positivo, qué rico como la lluvia limpia el aire, me encanta el sonido del viento y de las hojas, etc. Ya con eso, todos tenemos una sensación  más agradable de lo que estamos viendo y sintiendo.
  • Segundo, aprovechar el clima para cambiar el ritmo de nuestro hogar. Estar más juntos, reunidos haciendo algo, cocinando, acurrucados viendo algo entretenido, haciendo manualidades.  Sin duda, se pueden hacer actividades igual de entretenidas y que desarrollen más aún el vínculo y la creatividad. Y en el futuro, serán adultos que se acordarán con una nostalgia amorosa de esos días en los cuales se estaba en la casa, comiendo algo rico (ahí cada una elige qué hacer, hoy en internet se encuentran muchas recetas de opciones saludables y a la vez exquisitas, como sopaipillas al horno o queques integrales). Cuando yo era chica me acuerdo mucho del olor a eucaliptos que emanaba de la estufa a parafina, y pucha que es rico quedarse con esos olores y vivencias para siempre, que te llevan al recuerdo más profundo de amor y protección.
  • En tercer lugar las incentivo a hacer algo distinto. Atreverse a salir al patio y a la calle, con ropa adecuada, los beneficios en los niños de saltar sobre las hojas secas; chapotear en las pozas de agua; tocar la tierra húmeda; oler el pasto mojado son muchos más, que quedarse encerrados por el miedo a que se resfríen. Y a la vuelta, un rico baño de tina y el panorama fue perfecto.
Entonces la invitación queda hecha a vivir estas estaciones desde el agrado, la cercanía y los detalles que sin duda, marcarán los recuerdos de nuestros hijos para siempre y crecerán con la oportunidad de darse cuenta de que, sin importar las variables meteorológicas, cada día tiene su lado amable, y sólo depende de uno, sacarle el máximo de provecho a lo que hay.

Paula Eugenia Fischer Levancini

Coach en Programación Neurolingúística

 

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4 frases que usas a menudo y deberías eliminar para siempre

Artículo publicado originalmente en El Definido

Las repetimos en muchas situaciones de nuestra vida, pero sin darnos cuenta están influyendo nuestra manera de ver las cosas para mal. ¿Cuáles son? Aquí el ranking de Mane Cárcamo.

Ese cliché que dice que los hombres somos animales de costumbre tiene mucho de cierto. Nos acostumbramos a casi todo y podemos perder la capacidad de asombro y análisis sin mucho esfuerzo. Por lo mismo, creo que debemos ser lateros y cada cierto tiempo mirarnos con autocrítica y revisar cómo vivimos y qué decimos.

Porque hay frases que están tan instaladas que ya no nos hacen ni cosquillas, pero que poco a poco van haciendo daño y normalizando visiones de vida que no nos hacen para nada mejores como sociedad. Las repetimos como loros, las integramos en nuestras conversas y así sutilmente las vamos transformando en realidades.

Aquí algunas que humildemente considero que deberíamos revisar:

No es mamá, por lo tanto no puede opinar

Como varios han leído, tengo 4 hijos y no comparto para nada esta frase que deja fuera a toda mujer que no sea mamá de hablar libremente de lo que se le cante. ¡Viva la posibilidad de opinar sobre todo! La frase anterior es solo un ejemplo que se aplica para muchos temas de conversación y/o reflexión. ¿Solo se puede opinar de algo que hemos vivido? ¿Para hablar de lo devastadora de la guerra tengo que haber pasado una temporada en Siria? ¿Para criticar una dictadura tengo que haberla sufrido en carne propia? Personalmente pienso que no. Creo que todos podemos opinar de todo mientras tengamos argumentos serios y fundados para hacerlo.

No hay nada que me enerve más, que una chiquilla no pueda opinar de temas de maternidad porque no tienen que sonar mocos, pagar matriculas o llevar a alguien al pediatra. Es más, creo que su visión con cierta distancia puede enriquecer mucho el debate y la mirada de las cosas. O lo mismo en el tema del aborto, ¿por qué un hombre no puede levantar la voz? ¿Quiénes somos nosotros para autorizar quién sí o quién no puede dar su punto de vista? Hay que dominar el pequeño censor autoritario que llevamos dentro y darnos cuenta que invalidar sin anestesia la opinión de otro/a, es la manera más básica de terminar con ese fascinante acto que nos enaltece y nos abre la mente: la posibilidad de dialogar de verdad.

Soy así y no voy a cambiar

Esta frase es LA definición de soberbia. Onda me tienen que aguantar así y punto. Está bien que nos aceptemos con nuestros defectos y virtudes, pero otra cosa muy distinta es creer que somos el último durazno del tarro y que el resto nos tiene que padecer sin chistar. Creo firmemente que todos podemos cambiar, es más creo que tenemos la obligación de hacerlo.

Asumir que el resto tiene que acostumbrarse a mi mala onda en la mañana, obligar a mis vecinos a experimentar mis arranques de ira en el chat del barrio, torturar a tu pareja con el desorden personal y no pretender hacer nada a cambio, está tan pasado de moda como el ICQ y los mensajes de texto juntos.

¿Pagan?

Aquí seré cuidadosa para no morir a trolleos y ser acusada de explotadora o winner. Entiéndanme bien, claro que considero que hay muchas pegas que uno hace y que deben ser pagadas con un monto digno y justo. Pero también me parece que hoy, cada gesto que realizamos por el otro se ha transformado en una transacción y se espera que siempre recibamos algo a cambio.

Los niños quieren que les paguemos cuando les pedimos que ordenen su pieza, los voluntariados son cada días más escasos y si alguien pide un simple favor la pregunta refleja es “¿pagan?”. “¿Me ayudas a cambiarme de casa? = ¿pagan?”, “¿Me revisas un texto? = ¿pagan?”, “¿Me puedes traer los jueves a Juanito? = ¿pagan?” Son lógicas cada vez más frecuentes entre AMIGOS. Esto no quiere decir que pretendamos que las personas con las que tenemos lazos de afecto no nos cobren por su trabajo, pero querer recibir lucas por todo me parece mucho y desolador. Hay acciones que se hacen por simple cariño. Punto final.

No es mi problema

Está quedando la hecatombe en la casa colindante, echaron a tu partner de la pega por una injusticia, al compañero de tu hijo no lo invitan a ningún cumpleaños, fuiste testigo de un acto deshonesto en tu grupo de amigos y la tendencia natural es pensar “para que me voy a meter si no es mi problema”, y rápidamente correr hasta Tierra del Fuego sin siquiera parar a hacer pipí.

Eso es lo que nos nace de la guata, el primer instinto. Pero, ¿qué pasaría si todos los seres humanos pensaran así? Claramente habría que cerrar por fuera y decir “hasta la vista baby”. Pero como soy una convencida que siempre hay más gente buena que mala, y que los pequeños gestos que cambian la vida de los otros se hacen de manera piola y sin fuegos artificiales, tengo mucha fe. Fe en que hay más que quieren asumir el problema de otro como propio, empatizar con lo que sufre el que está sentado a 30 centímetros mío y levantar la mano para decir que lo que está sucediendo no es correcto. Hay mucha gente dispuesta a meterse en problemas (en el buen sentido de la palabra, no a lo Pablo Escobar), a salir de su acogedor y cómodo metro cuadrado, a jugársela por lo que cree y piensa. Y te aseguro que si piensas en la gente que te ha marcado en la vida te darás cuenta que pertenecen a ese grupo de valientes que son capaces con pequeños actos hacer de este mundo un lugar mejor.

¿Estás de acuerdo? ¿Qué frases te gustaría que se dejaran de usar?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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Modificar el lenguaje POR FAVOR

Siguiendo con el tema que propone la PNL (Programación Neurolingüística) respecto al lenguaje que utilizamos a diario, existen otras palabras que debemos sustituir o bien,  eliminar de nuestro vocabulario para lograr el cambio que deseamos.

La primera que es muy recurrente es el “pero”. Cuando la usamos nuestra mente se conecta con la última frase, es como si anulara la primera y sólo se quedara con lo que viene seguido del pero, que casi siempre, evoca algo negativo. Por ejemplo, me preguntan cómo me fue en el paseo a la playa y mi respuesta es: “bien, el día estuvo rico, nos bañamos, tomamos sol, nos reímos, conversamos mucho pero al final se puso ventoso y nos tuvimos que ir”…aún cuando fue perfecto, el hecho de terminar con lo “malo”, hace que la sensación en quién lo narra sea de que en realidad fue fome eso y el recuerdo se torna desagradable y/o negativo. Entonces cuál es la solución, una opción es conscientemente quedarse con lo agradable y pasar por alto, olvidar, dejar de dar importancia al evento único que hizo que fuese menos maravilloso el paseo. Otra opción es sustituir el pero por “sin embargo”, es mucho menos dañina para nuestra sensación, para el recuerdo que registra nuestra mente y logra el mismo objetivo, de unir dos ideas. También podríamos invertir el orden y decir primero lo negativo y luego lo positivo, así el mensaje se suaviza y nuestra mente se queda con la sensación placentera.

Otra palabra que es aconsejable eliminar es el “tratar”, fíjense que la mayoría de las veces cuando uno trata de hacer algo, finalmente no lo hace y además pone a nuestra mente en un estado de alerta de incomodidad, de que es algo que muchas veces no quiero hacer o que me cuesta. Vamos a un caso práctico: alguna vez han dicho “voy a ir a comer con mis mejores amigos y voy a tratar de pasarlo bien”, pues la respuesta es: nunca. El tratar siempre va de la mano de una obligación, de un desgano, de una imposibilidad, etc. Entonces la invitación es, en el caso de realmente querer hacer algo, en vez de referirse a que trato o que debo, digan “lo haré, “puedo”, etc., usen verbos que denoten seguridad y positivismo en que la acción será realizada.

El último tema que quisiese compartir con ustedes es que a menudo hablamos desde generalizaciones  como “nunca”, “siempre”, “todos”, “nadie”, etc. Todas estas palabras son sumamente peligrosas pues  se refieren a una supuesta verdad absoluta y por lo general, es falsa. Son aseveraciones que dañan tanto a quien las escucha como a quien las dice, deja anulada la esperanza de que sea, aún por una vez, distinta la realidad. En el caso de los niños estas palabras son aún peores, pues hacen que ellos carguen con una etiqueta, muchas veces de por vida, de alguna generalización que un profesor o papás le dijeron. Por ejemplo, en el caso de nuestros hijos, si les decimos a diario “nunca ordenas”, “siempre eres pesado”, ellos comienzan a forjar su “yo soy” desde ahí, y estoy segura, que nadie nunca ordena nada, ni es siempre pesado. Aquí la forma de mejorar su autoimagen y lograr que efectivamente ordene más y sea más simpático es desde el cambio de vocabulario y destacar sus logros, mostrarle lo bien que lo pasa cuando está alegre y amistoso (logrando así un refuerzo positivo); especificar cuando ha actuado mal (sin generalizaciones) o sea diciéndole “hoy ordenaste poco” o incluso preguntándole “¿para qué te comportaste así? y sobretodo, hablarle con amor. En el caso de los adultos, sucede lo mismo, cuando mis pacientes me dicen que “todos los hombres son malos” la pregunta ahí es “¿cómo todos?, ¿existirá algún hombre bueno en el mundo? Y así comenzamos a analizar que en realidad, se ha involucrado con algunos que la han dañado, sin embargo, existen ciertamente otros diferentes. El sustituir las generalizaciones por palabras más acotadas y temporales, logra que vuelva a aparecer la esperanza de que las cosas sí puedan ser mejores, de que la realidad si se mira desde el positivismo, sí se vive más feliz, que finalmente es lo que todos deseamos de corazón.

Paula Eugenia Fischer Levancini

Coach en Programación Neurolingúística

 Foto portada:Diseñado por Freepik
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Lenguaje impecable

Muchas veces nos cuesta lograr cambiar alguna situación, algo en lo cual permanecemos estancados sin poder avanzar. Desde la Programación Neurolingüística (PNL) la explicación recae en cómo pensamos y hablamos sobre el hecho. Así hay ciertas palabras que nos perjudican y mientras no las reemplacemos por las correctas sólo lograremos frustración, porque estaremos lejos de conseguir lo que deseamos.

Una de las palabras prohibidas para la PNL es el NO.

Hemos reflexionado alguna vez en ¿porqué cada vez que me digo que no voy a hacer algo hago justo lo contrario? El clásico ejemplo es: no pienses en un gato, y pues bien, ¿qué hace nuestra mente? Justamente lo contrario, seguro que la imagen de un gato vino a tu cabeza…

La respuesta a esto está en que en primer lugar es que el no es una palabra abstracta y en segundo, que son tantos los no que escuchamos en nuestra vida que nuestra mente ya no la registra, por lo que la orden que sí escuchamos es justo lo que viene a continuación, así tu mente capta el mensaje contrario y lo cumple.

Esto es aún más categórico en los niños. Se dice que ellos escuchan alrededor de 80 no al día, esta es la explicación a porqué cada vez que le digo a mis hijos, ¡no saltes en el sillón! ¡no rayes la pared! ¡no corras! ¡no te pararás hasta que yo diga! ¡no llores más! Y así podría seguir enumerando miles de ejemplos, sucede justo lo contrario: los niños siguen saltando; rayaron la pared; corrieron incluso más veloz; se pararon de la silla; siguen llorando, etc.

¿Cuál es la solución?

Para comenzar a generar el cambio debemos eliminar la palabra NO de nuestro vocabulario. Tomen conciencia de la cantidad de veces que la dicen, de forma casi automática. Así la reemplazaremos por palabras como prefiero; por otro lado o de otra manera. Y si queremos que algo nos resulte o que los niños nos hagan caso, debemos dar la orden inversa correcta, en positivo y directa.

Ejemplos:

  • Clásico es cuando nos ponemos ponemos a dieta y pensamos, voy a ir a comer y no me voy a comer el pan ni voy a pedir postre. Pues bien, qué pasa en realidad: llegamos nos comemos el pan y nos pedimos el postre. ¿Cómo lo hacemos para poder cumplir con lo que deseamos? Debemos pensar: que rico, voy a ir a comer, me pediré una ensalada y un vaso de agua y lo disfrutaré. Hagan la prueba y verán que es mucho más fácil lograr lo que quieren.
  • Un niño va corriendo y en vez de gritarle ¡no sigas!, dile para, detente, camina, la orden que quieras que obedezca.
  • Les ha pasado que se despiertan con la corazonada de que algo malo les va a pasar y efectivamente pasan cosas indeseadas! Ahí la solución es en evocar imágenes de lo que queremos que nos suceda. Voy a salir, todo me saldrá bien, llegaré a tiempo a la reunión, lo pasaré bien, etc.
  • Los chilenos tenemos una frase clásica cuando nos sentimos un poco congestionados o con frío: “parece que me quiero resfriar” Ojo! Esa es la orden que le estás diciendo a tu mente y ésta ya se imaginó con fiebre, con miles de remedios, sintiéndote pésimo, y efectivamente, te resfrías. La próxima vez piensa que el malestar es pasajero y que mañana amanecerás sano.

 

Los invito entonces a empezar a tener un lenguaje impecable, a eliminar el No y a pensar y decir lo que deseamos y les aseguro que el resultado será maravilloso.

Paula Eugenia Fischer Levancini

Coach en Programación Neurolingúística

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Compartir versus competir y otras cosas

Estoy en México y siempre que estoy en este país me pasan cosas extrañas donde aprendo cosas nuevas que me aumentan las ganas de volver.

Estoy aquí lanzando mi reciente libro “oídos sordos” y ya en esta frase hay un nuevo aprendizaje que se lo debo a los periodistas mexicanos. Escribí recién mi reciente libro; hasta llegar aquí decía mi último libro y no me daba cuenta de lo que decía, hasta que una periodista que conozco hace años me reta al aire en su programa de radio y me dice “ no digas el último, porque decretas que no vendrá otro después, tienes que decir mi reciente libro”.

Y me dejó pensando tanto en el cómo el lenguaje marca y genera realidades y que somos tan poco conscientes de esa importancia que efectivamente cambié la forma de expresarme.

Después me toca hacer la presentación y Jorge Bucay generosamente decide acompañarme en ella, en un país donde él es tremendamente seguido, reconocido y querido y me muestra cómo se parecen las palabras “competir” y “compartir” pero también como apuntan a lugares tan distintos en las relaciones humanas.

Todo lo anterior me ha hecho pensar en el cómo estamos todo el día mandando mensajes a través de las palabras, que terminan formando realidades en nuestras cabezas y también en nuestro mundo emocional más cercano.

Decirnos por ejemplo, “amanecí fea(o)”, “estoy cansada(o)”, “la gente buena no existe”, “estamos en un mundo inseguro”, “no se puede confiar en nadie”, “esto…. No va a resultar”, etc.

Todas estas frases y muchas más, al final determinan nuestra forma de ver el mundo y a nosotros mismos, movilizando nuestros afectos y también nuestros cerebros para generar “profecías autocumplidas” que al final nos hacen sentir de verdad más feos, más cansados y más desconfiados o negativos entre otras cosas.

Creo que así como me ayudaron a ver la diferencia entre decir mi reciente libro a decir mi último libro, los quiero invitar a revisar cada una de las palabras que decimos en el día, sobre todo aquellas que repetimos sin darnos cuenta como el “estoy cansada”, que sin duda es un clásico en los tiempos que corren.

Aquí me enseñaron de decir “hoy estoy menos cansada que ayer” y repetir eso cada vez que me lo pregunten y me he dado cuenta que efectivamente mi cuerpo responde distinto y casi podría decir que resulta. Esto debe ser lo mismo que le pasa a mucha gente con los mantras que repiten en el día y que determinan otros estados de conciencia.

Quiero humildemente invitarlos a revisar el lenguaje que usan todos los días y a realizar el acto de voluntad de modificarlo por palabras más positivas y vean que les pasa. Se sorprenderán de cómo se sienten diferentes y cómo sus realidades en la forma en que se miran o miran el mundo irán cambiando junto con ustedes.

Gracias al pueblo mexicano y a otros pueblos de Hispanoamérica que me enseñan tanto en las caminatas que realizo y por sobre todo al mío que me hace ser lo que soy.

Disfruten mi reciente libro y aprendamos a compartir y no a competir en este camino que nos lleva a estar menos cansados que ayer.

Extraído de www.pilarsordo.cl
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