El estrés se ha instalado en nuestra rutina diaria que ya no nos damos cuenta que lo estamos padeciendo. Sólo cuando «explotamos» vemos que estamos agotados mental y físicamente.
Cuando has pasado por un período largo de estrés, ya sea por temas laborales, de pareja, familiares, etc.. es muy probable que hayas padecido de agotamiento emocional. Es importante tener a ralla el estrés por las consecuencias ya muy conocidas que pueden tener en nuestra salud física y emocional.
Hay mucha sintomatología relacionada con el estrés emocional: A veces nos sentimos cansados, otros sin ganas de de hacer nada, quizás te sientas susceptible e incluso con ansiedad. Pero cuando sientes que has perdido el control, que al mínimo estímulo saltas y que estás en continua alerta, llena de adrenalina y acabas el día completamente exhausta y sin energía, entonces es muy probable que estés padeciendo agotamiento emocional.
Aquí te presentamos los puntos que puedes ir analizando para comprobar si sufres de agotamiento emocional:
1-Te levantas cansada incluso después de haber dormido 8 horas.
Tu sueño no es de calidad, sientes que necesitas más descanso. Vas a la cama muy cansada, te cuesta dormir y cuando te levantas sigues igual de cansada.
2-Te enfadas con facilidad
Has perdido la paciencia y te enojas por cosas sin importancia.Tu tono de voz se eleva sin que puedas controlarlo.
3-Sonríes cada vez menos
No encuentras alegría en cosas que antes te la daban. En vez de sonreír haces cara de cansada o de enfado
4-No tienes motivación
No te sientes motivada por nada. Ya no encuentras placer en la lectura, o en tus actividades favoritas.
5-Lloras con más frecuencia
Te afectan más las noticias tristes, las películas o algún comentario o relato de algún conocido.
6- Tu vida social es nula
Ya no te seduce la idea de quedar con amigos o familiares y cuando estás con ellos sientes que no conectas, ni encajas.
7-Tus niveles de ansiedad son elevados
La música alta, el tráfico, sitios cerrados, incluso hacer la compra se convierte en una actividad que te genera un alto nivel de estrés.
8- Te sobresaltas con más frecuencia
Estás en estado de alerta constante y el sonido del teléfono, el timbre de la puerta, etc., te hacen saltar.
9-Falta de concentración
Te cuesta concentrarte y recordar las cosas. Sientes que vas lenta en tus pensamientos y respuestas debido al cansancio extremo que sufres.
10-Te sientes fracasada
Sientes que por más que te esfuerces no estás a la altura de las situaciones. Sientes que no haces nada bien.
Sobretodo si sientes que estás estancada, sin esperanzas ni motivación debes intentar cambiar tu situación para que no llegues a caer en una depresión.
Buscar el origen de tu agotamiento emocional te ayudará a ponerle fin. Puede estar en tu entorno familiar o laboral. Analiza lo que puedes cambiar para que no te siga afectando más. En alguna situación podrías tomar decisiones drásticas cómo cambiar de trabajo, si éste es el foco de tu problema, o quizás con unos simples cambios como pedir ayuda a un familiar o amigo, contratar personal que te ayude en casa, etc. puede ser la clave para que tu estado cambie No dudes en buscar ayuda profesional si ves que el estrés te está afectando demasiado físicamente o emocionalmente.
le dicen siempre a mi amiga de la sonrisa tatuada, a la que siempre parece que todo le va de color de rosa. ¿La tiene? ¿Hay gente que nace tocada por una varita mágica a la que todo le sale bien porque tiene mucha suerte?.
Pues yo creo que la suerte, la mayoría de las veces, es de los que se lanzan a por ella. Creo que la suerte, es cuestión de insistencia, pero también creo que mi amiga si que tiene mucha suerte. La suerte de ver la vida desde un vaso medio lleno, la suerte de haber nacido y crecido pensando siempre en positivo y esa, es para mi la verdadera suerte (y también parte importante del camino a que las cosas sucedan).
Durante estos días de home schooling con mis hijos, he reflexionado mucho sobre la importancia de la educación presencial a partir de mis experiencias en mi querido colegio St. John´s de Concepción. Tuve tantos aprendizajes ahí que, sin desconocer deficiencias, puedo decir que mi colegio fue muy exitoso conmigo.
Quizás este es un momento único para que las escuelas aprendan en qué han sido exitosas hasta ahora. Hay muchas escuelas que ya están pensando en cómo será la vuelta a clases, y con buenas razones, anticipan muchas dificultades de adaptación y de desregulación emocional de los estudiantes. Es legítimo prepararse entonces para dar contención.
Pero tal vez si escucháramos con más detención y profundidad a los estudiantes podríamos estar más preparados, no sólo para contener si no para ser una escuela mejor que la que habíamos sido antes de la pandemia. Ellos y ellas podrían contarnos muchas historias de éxito ocurridas en nuestras salas y patios, si empezamos a preguntar ¿qué has echado de menos de la escuela?
Tal vez muchos educadores piensan que esto puede ser ingenuo, porque obviamente todos van a contestar que lo que más echan de menos es el recreo. Y aunque dudo que eso sea así, si ahondamos un poco más veremos que hay diferentes razones para echar de menos el recreo. Para conversar con los amigos y amigas, para tener espacio, para comer algo rico, para despejar la mente, para conversar con los profesores más relajadamente, para reír, etc. ¿Para qué puede servir esa información?
Por ejemplo, si en los recreos están ocurriendo cosas significativas para los estudiantes, ¿cómo podemos hacer que esa experiencia sea positiva para todos y todas? ¿O cómo podemos hacer que las clases incorporen el juego, la risa y el contacto con los amigos?
Creo que muchos estudiantes también dirán que echan de menos a algunos profesores y profesoras. Hay niños y niñas que tenían en la escuela al único adulto protector y cariñoso de su vida. Hay muchos que adoran aprender algunas materias por la pasión que mostraban sus profesores. Con toda esta información las escuelas podrían orientar mejor a sus docentes para entender cómo funciona la contención exitosa y cómo motivar mejor a los estudiantes.
Estamos demasiado acostumbrados a que hay que aprender del fracaso, y a tratar de solucionar los problemas enfocándonos en todo lo que nos falta. Esa perspectiva olvida que también podemos mirar todo lo que sí tenemos y aprender a usarlo de mejor manera, no para solucionar problemas, sino para alcanzar objetivos.
Podemos aprender del éxito, para eso es necesario conocer esas historias, grandes y pequeñas, que nos mostrarán cómo, cuándo y dónde estamos impactando positivamente a nuestros estudiantes, y amplificarlo para hacerlo mucho mejor a la vuelta a clases.
Te invitamos a compartir tus historias de éxito en la escuela, como estudiante, profesor o director. Pueden ser de este tiempo o del pasado, todas las historias nos conectan y nos enseñan. Puedes escribir en este link:
¿Has oído o has leído alguna vez la historia de la catedral y las piedras? Dice algo así…
”Había dos albañiles trabajando, colocando piedra sobre piedra, sudando, cansados…
Al rato se acerca una persona y le pregunta a uno de ellos: ¿Qué haces?
Y el albañil le responde: aquí trabajando, colocando piedras, cansado, con calor y ni siquiera me pagan bien pero aquí estoy.
Después le preguntó al otro albañil, que estaba haciendo exactamente lo mismo: ¿qué estás haciendo?
Y él dijo: estoy construyendo una catedral, que va a durar siglos y siglos y me siento orgulloso porque va a ser imponente y mucha gente va a venir a verla”.
Mismo trabajo, muy distintas experiencias…
Y es que tener un porqué más grande te ayuda a estar motivada, feliz, a ver la importancia de lo que haces y a tener otra actitud.
En lugar de pensar en las pequeñas acciones de tu día a día o en lo que no te gusta de tu profesión busca qué estás aportando al mundo.
El otro día me decía una amiga, auxiliar odontológica, que no quería ir a trabajar ahora, poner en riesgo su salud…
Y yo le recordé algo que se le había olvidado.
Que lo que hace es importante y más ahora. Que cuando te duele una muela es horrible y no poder ir a que te atiendan sería horroroso. Que aliviarle el dolor a alguien es ¡muy importante!
Su misión es ayudar a aliviar el dolor y mejorar la vida de muchas personas que sufrirían mucho si no fuera por profesionales como ella.
Otro ejemplo lo vemos hoy en día con los transportistas y las cajeras y cajeros y trabajadores en supermercados. Su trabajo tiene mucho valor y quizá nunca se lo habían planteado hasta ahora, que si no están nos quedamos sin suministros.
Y es así en todo momento no solo ahora. Solo que en ciertas situaciones lo vemos más claro…
Y lo mismo para ti.
Si encuentras tu “catedral” en lugar de pensar que estás poniendo piedras y ya está, tu realización personal y profesional será MUY DIFERENTE. Aquí tienes un vídeo que lo explica muy bien y que siempre recomiendo. Así que esos son tus “deberes” para hoy, averiguar o definir cuál es tu gran porqué, tu “catedral”.
Y si aun así sientes que no, que lo que haces no te llena, que no hay “catedral” a la vista, mi programa online Qué Hacer Cuando No Sabes Qué Hacer te ayudará mucho.
Un Programa de 5 Semanas para Ayudarte a Salir Del Estancamiento, Encontrar Tu Camino y Pasar a La Acción (incluso si el miedo, la confusión y las dudas te paralizan).
¿Qué me dices? ¿Cuál es tu “catedral”? Cuéntamelo en los comentarios, me encantará saberlo.
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La Dra. Aida Baida Gil, coach certificada y fundadora de www.coachdelaprofesional.com se dedica a ayudar a las mujeres profesionales que se sienten estancadas o insatisfechas y que están listas para avanzar profesionalmente, establecerse por su cuenta o redirigir su carrera.
Después de varios meses de vacaciones de nuestros niños y algunas semanas nuestras, nos hemos encontrado con que esta vuelta a marzo y este mes se transforma en un aterrizaje forzoso a la realidad. Comienzan los compromisos, el trabajo empieza a andar mucho más rápido de lo que quisiéramos y nuestros hijos -al mismo tiempo- están volviendo a su ajuste, tanto o más que nosotros. Tienen que volver a levantarse temprano, estudiar e ir al colegio. Y quizás, a muchos de ellos la alegría de volver al colegio para a reencontrarse con sus amigos, les dura tan solo el primer día o la primera semana de clases. ¿Cómo lograr que este año se mantenga como ese primer día? ¿qué hacer para poner el ojo como papás en lo que es realmente importante y los hace felices en el proceso de aprendizaje?
No son preguntas fáciles. Nuestros hijos están en un sistema educacional que lleva décadas igual, y eso que nos enseñaban a nosotros, hoy siguen haciéndolo de la misma manera, quizás sólo con algunos pequeños y matizados cambios. ¿Cómo mantenerlos motivados al aprendizaje en un sistema que no los motiva? ¿cómo hacer que esa sensación de felicidad de ir al colegio durante el año perdure?.
El mundo ha cambiado y la manera que tienen de aprender nuestros hijos también. Hace poco vi en televisión a Tal Ben-Zhahar, precursor de la psicología positiva, reflexionando acerca de la educación y el sistema actual. El mismo se cuestionaba (al igual que yo) porque todo sigue idéntico que hace 30 años. Lo peor es que existen datos duros e investigaciones que entregan respuestas claras en torno a lo que nos genera felicidad y bienestar emocional. ¿Qué pasa en los colegios hoy en día que se ha abandonado lo más importante? ¿Qué pasa que aun sabiendo aquello que nos hace felices, el sistema educacional sigue enfocado en aquello que nos genera desilusión y frustración? ¿por qué nuestros hijos siguen sentados frente a un profesor dictando la materia si pueden aprender haciendo? ¿será realmente esa la mejor manera que tienen nuestros hijos de aproximarse al aprendizaje?
Están identificadas las dos cosas que nos entregan mayor bienestar emocional y felicidad. Una es nuestra capacidad de generar vínculos profundos y significativos; y la otra, es la gratitud, esa capacidad de poder agradecer día a día lo que tengo y lo que el otro me da. En el mismo sentido, está comprobado que lograr nuestras metas, sólo otorga una felicidad pasajera, que tiende a transformarse en desilusión cuando nos damos cuenta que eso que buscaba y que encontré, no me llevó a la felicidad que esperaba, sino más bien a la necesidad de ir aún más lejos. En ese momento, recién ahí, sí puedo llegar a ser feliz. La felicidad de esta forma, como lo pueden ver, nunca se alcanza.
Y entonces, si enfocarnos en el logro de metas más que en el proceso nos llena de desilusión ¿por qué seguimos otorgándole tanta importancia a la nota? A ratos veo que el sistema educacional pone a sus alumnos en un lugar absolutamente pasivo frente al aprendizaje, como si ellos no pudieran ser los protagonistas, lo que tiende a aburrirlos al poco andar. La importancia se pone en la prueba y en enseñar para esa prueba. ¿Qué pasa con enseñar a agradecer por el proceso de aprendizaje? ¿a dar espacio para la curiosidad sin una nota de por medio? ¿Qué pasa que no ponemos énfasis en los vínculos que podemos formar en una sala de clases a través de un trabajo colaborativo e inclusivo y no en las notas que me tengo que sacar?.
Siempre me ha llamado la atención, por ejemplo, cuando veo como mis pacientes se enfrentan a un trabajo en grupo. Es tanta la importancia de la nota, que olvidan lo más importante, que finalmente es aprender a trabajar en equipo, obviamente además de aprender del tema que se está investigando. Entonces se subdividen el trabajo, coordinan por WhatsApp, y la mayoría de las veces, la más mateaapreta al menos interesado y termina, o haciéndolo sola o corrigiendo todo lo que entregaron los demás. ¿En qué parte de este proceso aprendieron a trabajar en equipo? ¿a liderar? ¿a discutir si hay algo que no me parece? Lamentablemente, ese aprendizaje no existe y lo que es peor, tampoco es valorado por nosotros los adultos, que probablemente solo estaremos contentos con la entrega del trabajo y su nota, más allá de como este se gestó. Tengo pacientes, dispuestos a inventar enfermedades con tal de estudiar más para una prueba y así sacarse una buena nota. Se olvidan completamente que para lograr esa “mejor nota” tuvieron que mentir en el proceso y que la mentira daña las relaciones humanas, lo que es peor, incluso a veces nosotros como papás avalamos está mentira para que ellos puedan faltar y así rendir “más” o “mejor”. Me sigo preguntando ¿qué y cómo les estamos realmente enseñando a nuestros hijos? ¿a nuestros jóvenes? ¿la felicidad está en el éxito académico? ¿en el profesional? ¿está en lograr tus objetivos sin importar el medio, sin importar el otro?.
Desde mi mirada – o mi sueño- poner el ojo en el proceso y no en la meta, es lo que nuestros hijos necesitan aprender de nosotros y ojalá del sistema educacional. Sería fantástico que el sistema los llevará a generar vínculos a través de un trabajo en equipo respetando las diferencias de cada ser humano.
Podemos enseñarle a nuestros hijos, como ellos tienen la oportunidad de elegir que los hará felices, pero entregándoles la respuesta científicamente comprobada de donde se encuentra ese bienestar emocional o felicidad. Piensen en ustedes mismos ¿qué es lo que los hace más felices? ¿qué los lleva a sentirse plenos? Segura, que la respuesta es: nuestros vínculos y en poder mirar y agradecer lo que tenemos. ¿por qué no enseñarles lo mismo a nuestros hijos? ¿por qué no enfocar la mirada en los logros durante el proceso, en el respeto a los vínculos y en agradecer lo aprendido y no en lo memorizado?
Se que muchos pensarán distinto a esta postura que planteo, dirán que la nota es necesaria para medir los aprendizajes y que las pruebas generan hábitos de estudio. Ante eso yo sólo les pregunto ¿qué los hace felices a ustedes? ¿cómo quieren transmitirles a sus hijos la importancia de la vida? ¿a qué quieren otorgarle importancia en el proceso de aprendizaje para que sus hijos realmente disfruten este camino largo de la educación? Finalmente ¿qué necesitan nuestros hijos de nosotros y del sistema educacional para DISFRUTAR APRENDIENDO?
Para mí el mensaje es claro: “esfuérzate y disfruta mientras aprendes, genera lazos profundos y significativos con los que te rodean, aprovecha y aprende de las diferencias, respeta al que puede y ayuda al que no puede tanto y da gracias todos los días por esas pequeñas cosas que hicieron de tu día, un día mejor. La nota no me importa y espero que tú puedas medir tu felicidad sin que ella sea una variable en esta ecuación de lo que es la vida y la felicidad. Disfruta el colegio y todo lo que puedas aprender de él y de las personas que te rodean. Sé feliz agradeciendo del proceso y no de la meta … que a veces nunca llega.”
¿Estás buscando motivación para alcanzar tus metas, o estás permitiendo que la inspiración te use?
Si bien Motivación e Inspiración, suelen usarse como sinónimos, hay una gran diferencia entre estos dos estados emocionales y de consciencia. Y podés saber cuál está a cargo de tus decisiones y tus proyectos, por la forma en que te sentís…
Muchos de nosotros aprendimos el paradigma de la motivación. La educación nos fue incentivando a lograr nuestros objetivos a fin de obtener una recompensa externa, o a fin evitar una consecuencia negativa, algo que tenemos miedo que suceda.
Este es el paradigma básico de la motivación, que lo podés ver en funcionamiento en la vida personal, cuando buscás trabajo por miedo a no tener dinero o a la pobreza, buscás pareja por miedo a la experiencia de la soledad, buscás triunfar para ocultar una sensación de inferioridad.
Y lo podés ver en la vida de la empresa, cuando sólo se motiva con incentivos externos a los trabajadores para evitar el fracaso en las ventas, para que produzcan más rápido o para mantenerlos dentro de la compañía.
Sin embargo, si te fijás en las personas más felices y exitosas, no es sólo la motivación externa, sino una inspiración interna que los impulsa…
Hay una idea, una visión interna, que los impulsa a tomar acción, a desarrollar sus capacidades, a ejercer sus dones, a aceptar los desafíos, y traer sus metas más importantes de lo invisible a lo visible. No necesitan ¨mantener la motivación¨, por esta visión que los inspira viene con la energía para hacer lo que debe hacerse.
Entonces, ¿cómo hacer el cambio de la motivación a la inspiración?
Vamos a conectar algunos puntos que nos ayudan a distinguirlas:
Algo que caracteriza a la motivación es la necesidad de ¨mantenerla¨. La motivación es una fuerza que tira de uno, una reacción al incentivo externo, y pide satisfacción inmediata. La clave es tener un motivo lo suficientemente significativo para hacer las cosas, y recordar frecuentemente ese motivo.
En cambio la inspiración funciona como un músculo. Es un proceso, y cuando estás conectado con la inspiración sentís que hay un propósito interno, más profundo, que te impulsa a actuar y por tanto te volvés más productivo.
«Motivación es cuando me engancho con una idea, inspiración es cuando la idea me engancha y me lleva hacia mi destino.» -Wayne Dyer
Generalmente la motivación proviene de una sensación de dolor, malestar, carencia o insuficiencia interna de la que se quiere escapar, eso la convierte en una fuerza de corta duración. Por eso podemos decir que la motivación es del ego.
En cambio, la inspiración viene de un sentimiento de suficiencia, te sentís inspirado a lograr más, a crecer, prosperar, e ir por más. Es un poder expansivo que te impulsa, conduce y produce cambios sostenibles. Por eso podemos decir que la inspiración proviene del Alma, de nuestros principios espirituales auténticos.
Este es el proceso…
El Alma te da la inspiración, y cuando está presente en tus intenciones, impregna todo lo que hacés: hay fluidez y las cosas se sienten bien. Estás cambiando tu relación con algo, adquirís una perspectiva diferente respecto a tus circunstancias, y estás motivado naturalmente para lograr todas las cosas que precises.
Ahora bien, cuando algo ha seguido su curso y cumplió su propósito, el alma comienza a retirar su energía y enfoque. Este proceso puede ser confuso porque la inspiración que se siente al principio desaparece, la motivación entra al juego: recurrimos a nuestra fuerza de voluntad para motivarnos.
Pero este tipo de motivación no es realmente productivo. De hecho, genera agotamiento. Y cuando la motivación dirige los esfuerzos, lo que estás tan desesperado por lograr se distorsiona en el proceso.
La pasión se diluye y comenzás a preguntarte si estás haciendo lo correcto, o incluso si estás en el camino correcto. Todas esas dudas sobre tu capacidad infectan tus planes, tus intenciones y, finalmente, los resultados que conseguís.
A esta altura, te estarás preguntando cómo saber si estás usando motivación o estás permitiendo que la inspiración te use…
Primero que nada, precisás estar atento y presente, para reconocer tus sentimientos.
Tus sentimientos te permitirán saber si la inspiración o la motivación dirijen tus planes.
Si la inspiración está guiando tus pasos, podés identificar la sensación de Bienestar que la acompaña. Seguí adelante con la seguridad de que el resultado será excelente.
Si, por otro lado, la motivación se ha convertido en tu brújula, la ansiedad y el agobio son las sensaciones predominantes. Precisás detenerte, aquietar el ruido mental y esperar ese impulso que viene del Alma para inspirarte y animarte.
Algunas veces te llevará en una dirección diferente, a la que te conducía la motivación.
Otras veces, cambiarán tus intenciones respecto a lo que estás haciendo, y alcanzarás metas y riquezas inesperadas.
Este cambio, pasar de la motivación a la inspiración, no sucede de la noche a la mañana.
Así que a medida que vas descubriendo y trasciendiendo tus viejos paradigmas y modelos mentales, sostené una actitud compasiva hacia vos mismo. La compasión, hace lugar a la inspiración.
No hay orgullo más grande que ver a nuestros hijos dominando habilidades: los primeros pasos, las primeras palabras, el primer partido de fútbol o recital de ballet y hasta la primera vez que se sientan solitos son momentos épicos y los celebramos con euforia. El orgullo rebasa nuestro pecho y es normal sentirse así.
Pero muchas veces nos encontramos todo el tiempo alabando o aplaudiendo cosas que nuestros hijos ya han dominado hace tiempo o quizás lo hacemos exagerando sus logros y debo decirles que los niños son muy vivos y se dan cuenta cuando no somos del todo sinceros con nuestras alabanzas y aunque creamos que enaltecer es siempre positivo hay momentos y formas en las que pasa todo lo contrario.
Por supuesto que una familia amorosa que alienta a sus hijos usando determinados tipos de elogios logrará efectos positivos en su persistencia, resiliencia y felicidad. Así lo sugieren los hallazgos del estudio realizado por Morris and Zentall (2014).
Una de las hipótesis de este experimento era que cuando los cumplidos eran ambiguos o solo gestuales los efectos no eran tan beneficiosos que cuando la alabanza incluía una propiedad o característica particular (por ejemplo: “muy bien” versus “lo lograste porque eres inteligente”) pero su conclusión fue que en realidad los elogios ambiguos o gestuales eran igual de efectivos que los que incluían una característica específicas e inclusive los niños sentían menos presión parental.
Es más, observaron que los elogios gestuales (como el famoso dedo pulgar hacia arriba) proporcionaban beneficios positivos únicos en la autoevaluación de los niños. Algo que sorprendió a los investigadores fue que cuando un niño atribuye su éxito a rasgos específicos, como la inteligencia, y luego experimenta fallas, es menos probable que persista porque el fracaso amenaza la creencia de que él / ella es inteligente.
Por otro lado, mientras determinados tipos de elogios son aliados en el desarrollo de la inteligencia emocional y de la motivación otros pueden afectar la autoestima de nuestros hijos. Así concluyeron en su investigación Brummelman y colaboradores (2017) quienes observaron que, dependiendo de las circunstancias, los elogios pueden dañar la autoestima de los niños o servir como combustible en el desarrollo del narcisismo.
Por eso, a la hora de hacerles un cumplido para motivarlos, podemos seguir los lineamientos sugeridos por Jennifer Henderlong Corpus y Mark Lepper, psicólogos de renombre que analizaron los datos obtenidos en más de 30 años de estudios sobre los efectos de los elogios (Henderlong & Lepper 2002). Un artículo en inglés que leí hace un tiempo supo resumir estas directrices de una manera fenomenal y se las comparto (un poco adaptadas):
Ser específicos y muy sinceros a la hora de elogiar el desempeño de nuestros hijos.
Alabarlos solo sobre atributos o características que ellos tienen el poder de cambiar o mejorar.
Utilizar palabras que describan estándares realistas y alcanzables.
No excedernos al elogiar logros que se consiguen muy fácilmente
No abusar de las adulaciones a los hijos cuando estos se deban a alguna actividad que los niños amen hacer.
El enfoque debe ser el de motivar a nuestros retoños a dominar habilidades, no en compararse con otros niños.
Esto requiere práctica y toma tiempo, lo sé por experiencia propia, y es debido a que los cumplidos nacen espontáneamente de nosotros.
Yo puedo adicionar, en función a lo que he aprendido en mis cursos, mis lecturas de investigaciones y mi experiencia personal, que más allá de estos hallazgos es fundamental transmitirles a nuestros hijos que:
Los fracasos no determinan quiénes somos y son parte de la vida.
Nuestro amor para con ellos NO se determina en función de sus logros o su belleza, es incondicional y no deben hacer nada excepcional para ser merecedores del mismo.
El amor nunca está de más, como tampoco está de más tratar de utilizar todas las herramientas disponibles para hacer el mejor trabajo en la crianza dentro de nuestras posibilidades.
Estudiar, levantarse temprano, hacer tareas y usar uniforme. Para algunos niños y adolescentes, el término de las vacaciones representa un proceso difícil que en ocasiones puede generar rechazo y angustia en el escolar. A días de empezar las clases, la psicóloga de Centros Médicos Vidaintegra, Paulina Pérez, se refiere a los factores de riesgo que pueden derivar en estas conductas y entrega recomendaciones para cambiar la actitud del menor frente al colegio.
Es normal que un niño no quiera volver al colegio después de tres meses de vacaciones y descanso, en especial considerando que cada año se suman responsabilidades mientras avanzan de curso y se desarrollan como adolescentes. No obstante, en algunos casos el rechazo que genera el ingreso a clases empieza a producir angustia en el menor, lo cual puede comprometer su desarrollo social, desempeño académico e incluso su salud mental.
Para cambiar la percepción negativa del colegio que tienen algunos estudiantes y amenizar la entrada a clases, la psicóloga de Centros Médicos Vidaintegra, Paulina Pérez, recomienda identificar la causa que desmotiva al escolar e integrarse como padres en el proceso educativo. “La actitud de los papás es lo primero que hay que observar. Si ellos son muy autoritarios, se quejan constantemente y no participan de sus actividades, podrían favorecer que el niño o adolescente adquiera la misma actitud”, señala la especialista.
Cómo disfrutar del colegio
Hay que tener en cuenta que el colegio es una parte esencial de la vida de los escolares, ya que pasan la mayor parte de su día en esta labor, mientras están en pleno desarrollo emocional, cognitivo, intelectual, motor y social. “Para que disfruten de este proceso, es importante que sepan que a pesar de que se terminaron las vacaciones, no perderán sus espacios de descanso y recreación” afirma la psicóloga.
Para lograr una imagen positiva del colegio, Paulina entrega las siguientes recomendaciones:
Prestar atención a la causa que perturba su motivación y ayudarlo tanto a nivel de los padres como de los profesores.
Reforzar los logros y la autoestima del adolescente.
Buscar un colegio considerando sus habilidades, gustos y tradiciones familiares.
Realizar las tareas en casa de forma divertida, aprovechando de compartir y comentar anécdotas reales para que vayan visualizando lo interesante de ciertas materias.
No exigir perfección en el rendimiento académico y considerar que algunosramos no son de su preferencia.
Conversar sobre las actividades que realizan durante el recreo para saber si son de su gusto o no.
Invitar a sus compañeros a la casa para mejorar el vínculo con ellos.
No dejar que las tareas en casa consuman toda la tarde, se deben considerar momentos de descanso, recreación y juego.
Tomar un buen desayuno y priorizar colaciones saludables para favorecer su energía y concentración.
Cuando las conductas de rechazo ante el colegio se trasforman en pataletas, “es importante como padres mantener la calma, no obedecer al menor durante el episodio, esperar que se calme, luego escucharlo y llegar a un acuerdo con aquello que deseaba y agradecerle que ya no esté haciendo pataleta”, aclara la especialista.
Señales de alerta
En algunos casos, el menor puede estar pasando un mal momento en el colegio sin comunicar la situación a los padres. Así, el rechazo es más profundo pero no necesariamente evidente. Para identificar una situación como ésta, se debe poner atención a cualquier cambio en el niño desde el inicio de clases. “Algunos síntomas son el bajo rendimiento escolar, irritabilidad, desconcentración, aislamiento, no desea hablar del colegio, baja autoestima, angustia en las horas previas y posterior a la jornada escolar”, dice la psicóloga.
De hecho, alrededor de los 12 años el adolescente tiende a desmotivarse y puede estar más cansado y rechazar algunas asignaturas que no son de su agrado. “Acá es importante buscar estimulación ya sea en lo social, pulir sus habilidades, premiarlos con algún taller que ellos deseen, felicitarlos ante cada logro, apoyarlos, identificar sus metas, dejarlos descansar en las tardes o fines de semana, no darles mucha tarea en casa, entre otros”, explica la especialista.
¿Cambio de colegio?
El cambio de colegio debe ser una decisión pensada en familia y también con la opinión del escolar. Si hay un problema dentro de la institución y se agotaron los intentos de solución sin lograr resultados favorables, es tiempo de un cambio.
Es importante que haya coherencia entre el colegio y los hábitos de vida familiares para que el escolar se identifique mejor con su escuela. “Por ejemplo, no colocar a un niño de una familia no exigente en un colegio muy exigente, o si le gusta el deporte, privilegiar un colegio que fomente esa área”, asegura la psicóloga.
“No sé qué quiero” “Nada me motiva” “Hago y hago y nunca estoy satisfecha” “No me alcanza el tiempo para nada”
Frases como estas son recurrentes en mis entrenamientos y consultas. La lista sigue, pero el desafío en común es el mismo: en la vorágine del día a día, somos muy pocas las personas que nos detenemos a reflexionar sin culpa, sobre el valor del tiempo y cómo rediseñar mis acciones para mejorar mi calidad de vida, y la de quienes nos rodean. Ensayemos algunas preguntas: ¿cómo juzgar qué valor le doy al uso de mi tiempo? ¿Siento pasión realmente por algo? ¿Cuántas de las cosas que hago a diario son realmente importantes para mí?
Detente. Deja de leerme. Reflexiona en silencio. Retoma en unos minutos.
¿Estás de vuelta? Sigamos entonces.
Ahora te invito a que tomes un lápiz y papel (o tu computador si eres digital) y responde estas preguntas:
¿Qué actividad realizas para “regalonearte”? ¿Con qué frecuencia?
¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez?
¿Cuál de todas las actividades que realizas sientes que te acerca a tu auténtico yo?
A esta altura del ejercicio puede que sientas enojo, porque no tienes o haces lo que quieres, también puedes sentirte frustrada, porque no estás logrando lo que te has propuesto, o desanimada, porque no tienes claridad hacia el futuro. También, es cierto, puedes estar entusiasmada, porque has logrado proyectar y estás encaminada en tu visión.
Detente. Nuevamente, deja de leerme. Reflexiona en silencio. Retoma en unos minutos.
¿Qué obligaciones se transformarán en elecciones deseadas para un fin mayor?
Como habrás observado, esta vez, son menos las palabras de mi parte. Esta vez, la decisión y el esfuerzo por darle sentido a tu hacer, es tú responsabilidad. Ojalá leerme te impulse a la transformación. Ojalá escribirte, me acerque a mí cada vez más a mi propósito de invitarte a reflexionar para qué haces lo que haces…
Si hay algo que podemos hacer ahora para cumplir nuestras metas del año es definir nuestro propósito. Cuando hablamos de propósito, es mucho más profundo y significativo que un objetivo, es lo que nos motiva en la vida a levantarnos, a hacer todo lo que hacemos, por otro lado la falta de propósito es la razón de muchos desaciertos en nuestra vida, es algo así cuando nos encontramos perdidas y no sabemos por qué. Muchas veces es porque justamente hemos olvidado o bien no tenemos claro el propósito. Nuestro propósito.
Si queremos bucear en un sentido más profundo de nuestro ser, es altamente recomendable en esta época del año, hay más espacio de descanso y la posibilidad de mirarnos con mayor detención.
La literatura, estudiosos de todas las épocas y la ciencia fundamentan que el propósito es el motor que nos mueve a esencialmente mantenernos vivos, el libro “el hombre en búsqueda de sentido” del psiquiatra austriaco Viktor Emil Frankl, quien sobrevivió al holocausto, realizó un análisis en su tiempo de encierro y tortura en torno a sus pares que estaban en las mismas condiciones que él, y les preguntaba ¿Ustedes por qué no se suicidan? e increíblemente las respuestas iban desde “es que tengo la esperanza de volver a tocar el piano alguna vez en mi vida”, “sé que en algún lugar debe estar el amor”, “porque aún tengo sueños que cumplir”, en definitiva lo que había detrás de las respuestas de las personas que se mantenían vivas, era una motivación. De este libro nació la Logoterapia, se trata de una psicoterapia que propone que la voluntad de sentido es la motivación primaria del ser humano, una dimensión psicológica inexplorada, y esencial para la recuperación integral del paciente.
El propósito es nuestra dimensión más profunda que existe en cada uno de nosotros donde tenemos la sensación intuitiva de quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde vamos. Según la Kabbalah, la sabiduría milenaria, estamos en la vida para ser feliz, y nuestro objetivo es poder completar la imperfección del mundo, desde un lugar, que es nuestro lugar, en donde podremos sentirnos realmente plenos y satisfechos, esta corriente de pensamiento afirma que venimos al mundo a aprender a compartir con otros, solamente por el hecho de compartir, si uno logra aprender a compartir sin esperar nada a cambio, el universo se ocupa de ayudarte, guiarte a encontrar tu propósito. Es así como se recomienda a personas que están por iniciar un proceso de autoconocimiento y sanación personal, hacerlo en alguna instancia en comunidad, porque es en la relación con los otros en donde se generan los procesos de crecimiento real, porque nuestra existencia sólo tiene sentido en relación con los otros, y en la dinámica del dar y recibir. Es ahí que cuando hablamos de propósito es mucho más profundo que una palabra, implica darle sentido a la vida, y como ya lo decía uno de los más grandes pensadores contemporáneos del S XIX, Friedrich Nietzsche «Quien tiene un porqué para vivir, encontrará casi siempre el cómo”