Existe un divorcio en el que todos ganan

La relación de pareja está agotada. Hay hijos fruto de esta relación, y a veces también una familia ensamblada que ha convivido durante años, otros hijos que se adaptaron a una situación nueva, un nuevo grupo que desarrolló sus gustos, ritmos y peculiaridades.

La decisión de separarse ha sido profundamente meditada, y es la mejor solución en medio de este desgaste en el que los diálogos son escasos y muchas veces tensos, la irritabilidad está a flor de piel y los mínimos detalles cotidianos despiertan elevado malestar en el estado de ánimo.

Los chicos ya están siendo perjudicados y esto puede notarse: su desempeño académico, su salud física, su estado de ánimo han variado negativamente. También discuten frecuentemente, se ven más tristes o buscan estar fuera de casa todo lo posible. Y vaya tristeza cuando están en casa y se aíslan en su habitación, en la TV,  o en sus auriculares y dispositivos tecnológicos. Es que no parece por gusto, sino por necesidad.

Generalmente resulta penoso el simple hecho de pensar en atravesar por todo el proceso que conlleva una separación y, sin embargo, también está claro que ya no queda otra opción. Esta convivencia resulta hoy insostenible.

¿Puede existir un divorcio en el que todos ganen?

Claro que sí, porque cuando el día a día se torna insoportable, ninguna persona del grupo familiar se está beneficiando con esta situación: ni los adultos en medio de una relación en la que no hay una verdadera pareja que esté eligiendo permanecer allí, ni los niños que absorben el clima emocional y las dinámicas tan disfuncionales.

Ganemos todos en este contexto, ¿qué quiere decir?

Que lo que está ofreciendo es un modelo de relaciones con vínculos que no son saludables. Los resultados están a la vista: son negativos.

Que los niños pueden buscar mover la atención de los adultos en medio de la tensión presente en la pareja con algunos síntomas, con el objetivo inconsciente de dar por finalizadas las discusiones, ya que si hay que resolver alguna situación de los pequeños, las diferencias entre los adultos suelen pasar a segundo plano.

Que los pequeños, suponiendo que ellos van a ser más importantes, provocan que les ocurra algo que se transforma en lo más importante, y entonces dividen a los productores de las discusiones o riñas.

Parejas candidatas

Cuando la relación de pareja se ha tornado difícil, donde hay cada vez más desencuentros y menos encuentros.

Aquellas parejas unidas anteriormente por uno o varios proyectos comunes que se han concretado o, se han diluido dejando un vacío en la relación.

Donde comunicarse es una odisea que transforma en malentendidos las frases neutras, o se malinterpretan las intenciones del otro como si tuviera en mente destruir o dañar, forzando al otro a defenderse en forma permanente de este ataque alarmante.

Cuando se hace cada vez más complejo llevar a cabo aquello que en el pasado había resultado más sencillo, una variación en las actividades de los niños que hay que cubrir, o una actividad de alguno de los padres que requiere del apoyo del otro.

Quiero divorciarme y que ganemos todos

Si te identificas con algunas o todas de las circunstancias que se han detallado aquí, o agregarías algunas más de tu experiencia personal y familiar, ten en cuenta que para que realmente sea una situación de ganancia para todos, deberás estar preparado para mantener una actitud de mucha altura respecto del otro padre y de los niños, y esto se resume en:

Mantener un trato respetuoso y cordial. Aún en las circunstancias menos favorables, puedes demostrar una maravillosa manera de afrontar las diferencias y las dificultades que –casi seguramente- surgirán.

Mantener la neutralidad respecto del otro padre delante de los niños. Esto es hablar en términos de respeto sobre su punto de vista, aún cuando no acuerdes en lo más mínimo.

Si lo ves imposible…

A veces en este contexto, las emociones impiden visualizar una resolución pacífica de esta circunstancia, entonces siguen existiendo opciones, como buscar sin dudarlo un buen apoyo terapéutico, si es que sientes que no te resulta posible encarar la situación de este modo, sabiendo que los más perjudicados en una separación disfuncional son los pequeños.

De paso, podría ser una oportunidad para aprender una nueva manera de crecer en situaciones de adversidad y desarrollar la resiliencia, esa habilidad de salir no solo airoso sino fortalecido de una adversidad.

¿Me cuentas cómo te fue?

Por: Lic. Marcela Monte

Facebook:  https://www.facebook.com/LicMarcelaMonte/
Licenciada en Psicología
Universidad Nacional de San Luis / Argentina
Psicoterapeuta Cognitivo – Conductual Infantil
Contacto: info@infantopsicologia.com 

 

 

Extraido de: Editorial Phronesis

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Frente a frente con el fracaso: cómo sobrevivir y aprender de él

Artículo publicado originalmente en El Definido

A propósito de los candidatos icónicos que salieron perdedores, Mane Cárcamo aprovecha de reflexionar sobre el fracaso. ¿Cómo salir de la humillación y plantarse ante un nuevo escenario?

Andrés Zaldívar, Ignacio Walker y Lily Pérez (entre otros) no pasan por su día más felices. Tuvieron que cerrar las champañas, guardar en las bodegas el merchandaising y apagar las luces de los escenarios que tenían dispuestos para celebrar. Después de años en el parlamento, la ciudadanía (y el nuevo sistema electoral) les pasaron el sobre azul. Fueron protagonistas de lo que a todas luces conocemos como fracaso.

No votaría ni he votado por ninguno de ellos. Pero sí debo decir que algo de extrañeza me provocó ese tufillo festivo y por qué no decirlo soberbio, que celebró mayoritariamente en las redes sociales que a otros les fuera mal. Porque amigos seamos sinceros, ¿a quién no le ha pasado?

Le pasó a nuestra selección que tendrá que ver el mundial de Rusia por la TV. Walt Disney fue un fracaso en el colegio y prácticamente en todos sus trabajos anteriores a la animación. Don Francisco fue despedido al mes en su primer programa de televisión “Show Dominical” en Canal 13. A Steve Jobs lo echaron de Apple, su propia empresa, en 1985.

O sea, está clarísimo que nadie está libre de mandarse un gran guatazo y que tal vez sería bueno reflexionar de cómo hemos enfrentado los que hemos vivido o si estamos preparados para resistir uno con dignidad y altura de miras.

Paula Ortiz, psicóloga PUCV y Doctora de la Universidad de Granada en Ciencias de la Actividad Física, Deporte y Calidad de vida, con más de 12 años de experiencia de trabajo con deportistas de alto rendimiento conoce y ha estudiado muy bien el tema del fracaso.

El fracaso y el éxito lo interpretamos respecto a situaciones de evaluación. En el deporte es un partido, a nivel académico es una prueba, en el ámbito político son unas elecciones por ejemplo. Ante una situación de evaluación aparecen emociones respecto al resultado obtenido. Esas emociones están relacionadas a tres grandes aspectos, primero, la significación o relevancia social del resultado obtenido, segundo el grado de dificultad de la tarea y tercero las características personales,nos aclara la especialista.

El animador Martín Cárcamo (hermano de quien escribe para ser muy transparente) no siempre bailó con la bonita. Por muchos años participó en programas que apenas marcaban 1 punto de rating, estuvo un largo tiempo “congelado” en CHV y fue el animador al que le tocó bajar la cortina de programas emblemáticos como “Extra Jóvenes” y “Rojo”.

“Mi carrera partió con muchos momentos difíciles. Fueron cerca de 10 años en donde tuve que enfrentar el fin de programas íconos de la televisión chilena, bajas audiencias y críticas desfavorables. Fue muy complicado, porque si ya que te vaya mal en la pega es fuerte, la exposición mediática lo hace más complejo. Sin embargo, siempre tuve claro que ésta era mi vocación y creo que eso me permitió perseverar cuando muchos me decían que mejor tomara otro camino. Y el rigor también fue clave. Trabajar duro y con una meta clara, fueron gravitantes para no decaer cuando el viento no jugaba a favor”, nos cuenta.

Para Paula Ortiz la resiliencia es fundamental en este tipo de situaciones: Las emociones post fracaso en general son negativas, tales como pena, desasosiego, frustración e incluso ansiedad. Es aquí donde la resiliencia entra a jugar un papel clave. Las personas resilientes son capaces de ver el futuro como una oportunidad de mejorar lo que está mal y están claras respecto a su responsabilidad personal para construir el propio camino. Este tipo de personalidades son capaces de trasformar las emociones negativas en oportunidades de auto superación, con una mirada de optimismo y esperanza”.

Luis Larraín, ex Presidente de la Fundación Iguales y hoy ex candidato a diputado por el distrito 10 en Santiago, a simple vista pareciera haberlo tenido todo. Viene de una familia acomodada, ingresó con puntaje nacional a Ingeniería en la Universidad Católica, incursionó en el modelaje, tuvo la posibilidad de estudiar en el extranjero, aprender otros idiomas y se ha transformado en una figura reconocida en los medios por su participación en la Fundación Iguales.

Sin embargo ha tenido varios encuentros cercanos con lo que podríamos llamar fracaso. El más reciente fue no haber obtenido los votos necesarios para ocupar una silla en el parlamento: “He tenido muchos fracasos, en el colegio me costó relacionarme con mis compañeros. Hacer amigos fue mi primer fracaso. Me fue mal en el examen de título. Por un problema de salud tuve que dializarme tres veces por semana durante 5 horas, lo que no me permitía encontrar pega. Me trasplanté, pero me falló el riñón… por lo que mi vida ha sido bien zigzagueante y ya estoy acostumbrado que en la vida hay mejores momentos que otros”.

Luis tiene muy claro lo que le ha hecho no auto compadecerse y estar siempre en búsqueda de nuevos desafíos y liderazgos. “Creo que lo que me hace salir adelante es la convicción de que los fracasos son parte de los aprendizajes. Nadie que tenga una vida perfecta, que no toma ningún riesgo, hace un gran aporte a la sociedad. Para producir cambios, para influir en la vida del resto, hay que arriesgarse, hay que equivocarse, reflexionar y todas las cosas que me han pasado me han transformado en mejor persona”, nos revela.

El trabajo de los padres en la crianza de niños preparados para enfrentar bien un fracaso también es fundamental. No es raro ver a papás gritando en las canchas deportivas, más ofuscados que los propios hijos cuando estos pierden un partido de fútbol, o mamás que están pendientes de los promedios de notas de las otras compañeras de sus hijas, como para hacer un ranking mental con el fin de posicionarse en el mundo. Cabe preguntarse si estamos preparando a nuestros niños no solo a tolerar la frustración, sino que también a aceptarla y aprender de ella. Porque como dije al inicio, NADIE está libre.

“La palabra fracaso es muy fuerte, porque se puede interpretar como una situación constante y claramente no es así. Como tampoco lo es el éxito. Cuando somos presos de la emoción negativa que produce un fracaso hay que preocuparse, ya que nos bloquea y no nos permite avanzar. La clave está en no centrarse en el problema, si no muy por el contrario, en buscar soluciones”comenta Ortiz.

¿Qué hacer frente a un fracaso?

Ya perdimos la elección, ya nos echaron de la pega, nuestro emprendimiento se fue a las pailas y no quedamos seleccionados en el concurso de piano para el que practicamos durante seis meses. Ha llegado el momento de usar la cabeza fría y la sicóloga Paula Ortiz es muy clara a la hora de tomar las riendas del asunto:

1. La ola ya arrasó y no sirve seguir llorando por las esquinas. Ortiz es enfática en manifestar que lo primero es “plantearnos qué expectativas u objetivos tendré frente a este nuevo escenario, para saber cómo iniciar la reconstrucción”.

2. Otra sugerencia que entrega es preguntarnos frente al fracaso del que somos protagonistas: ¿Qué estuvo bajo mi control y qué no estuvo bajo mi control? En esto es fundamental ser objetivos para evitar caer en “soy un incompetente” o “todo me sale mal”. Es importante ser capaces de ver los matices y aquellas situaciones de las que no somos responsables y así poder aceptarlas y soltarlas.

3. Evaluar nuestro actuar: es importante cuestionarnos qué acciones fueron efectivas y cuáles no. Y respecto a las segundas, preguntarnos de corazón: ¿Qué podemos cambiar? La idea es lograr salir de la situación misma que nos tiene enredados en un mismo tema y comenzar a centrarnos en las soluciones.

4. Finalmente y (aunque nos de rabia este consejo) mirar la situación del fracaso como un aprendizaje y no como una sentencia determinante de nuestra vida. Porque pase lo que el mundo sigue girando y siempre hay nuevas oportunidades. Si no, pregúntenle a Don Francis.

¿Cuál ha sido tu peor fracaso y cómo saliste de él?

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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4 cosas que puedes hacer para acompañar a tu hij@ en la PSU

Este 27 y 28 de noviembre se rinde la PSU. Para muchos jóvenes significa una tremenda presión, muchos padres y educadores señalan que ven a sus hijos estresados y cansados. Para algunos la PSU es el paso para ser primera generación universitaria en su familia, para otros es jugarse la entrada a una carrera exigente en la mejor universidad posible. Para todos es un hito importante, que si bien no determina el futuro ni la felicidad, si puede condicionar las circunstancias en que se desarrollará la propia vocación.

 ¿Cómo acompañar a los hijos en este proceso de manera que se transforme en una experiencia positiva y de aprendizaje?

En primer lugar hay que decir que es difícil eliminar el estrés asociado a la PSU. El estrés no es malo en sí mismo, es una respuesta fisiológica a ciertos estímulos que nos pone en lo que se llama modo “huir o atacar”. Lo relevante es que el tipo de adaptación frente al estrés es lo que hace que este se transforme en un elemento de motivación y energía o en uno de ansiedad y paralización. Por lo tanto, nuestro rol como padres y educadores no es decirles que no se estresen ni que da lo mismo cómo les vaya, esa actitud es de cero empatía con lo que efectivamente está viviendo el o la adolescente. Tampoco sería bueno aumentar ese estrés, ya sea criticándolos por lo poco que se esforzaron o acosándolos todos los días para que estudien sin parar motivados por el miedo a no alcanzar el puntaje. Lo que necesita un joven estresado es ante todo comprensión y tener un espacio de desahogo. Hablar de lo que le está pasando y sentir que es comprendido le ayudará a regular los niveles de estrés y a tener la pausa para ponderar con mayor reflexión las cosas. Existe numerosa evidencia de que lo más sano para canalizar de manera adecuada las emociones es hablar de ellas.

En segundo lugar, podemos propiciar y fomentar algunas prácticas de autocuidado que les ayudarán a llegar menos tensos, con más energía y más concentrados al día D.

Es prioritario que cuiden el sueño. Hoy día sabemos que para que haya un real descanso necesitamos 7 a 9 horas de sueño. Durante estas horas el cerebro no sólo descansa sino que se activan las células gliales que son auxiliares de nuestras neuronas. Su función es limpiar y eliminar las toxinas que producen las conexiones neuronales durante el día. Si no hay una limpieza adecuada nuestra capacidad de concentración, la memoria e incluso el metabolismo se ven afectados. Así es que ojo con los carretes, porque como ya no van a clases, puede que sea tentador juntarse con los amigos hasta tarde durante la semana. Y al respecto sólo comentar que el alcohol en exceso y la marihuana disminuyen las capacidades cognitivas, no sólo en el largo plazo.

Enseñarles ejercicios de respiración profunda, que duran máximo dos minutos y que cuando se practican unas tres a cuatro veces durante el día ayudan a disminuir el estrés y favorecen la concentración.

Contarles que tomar mucha agua les ayuda a mejorar las capacidades del cerebro, porque el agua facilita las conexiones neuronales. Idealmente que vayan con su botella el día de la prueba, pero que también tomen agua durante los tiempos de estudio.

Ayudarlos a elaborar un plan de trabajo para los últimos días, haciéndoles ver que los períodos de descanso son tan importantes como los de estudio. Y si pueden tener algún tipo de ejercicio entre horas de estudio mucho mejor. Hoy día sabemos que se aprende mejor después de hacer algún tipo de actividad física, el cerebro está más alerta y mejor oxigenado, entre otras muchas evidencias sobre la relación entre aprendizaje y movimiento.

Una tercera orientación para los padres y educadores es que nunca podremos evitar o aminorar el dolor que produce un fracaso o una decepción a través de la anticipación. Esto significa que no es necesario decirles que piensen en el peor escenario para que después, si les va mejor que eso, se sientan bien. Creemos que si imaginamos el fracaso antes, cuando éste ocurra será menos doloroso, pero eso es sólo una ilusión. Esto no significa que tengamos que irnos al otro extremo de la fantasía y jurarles que van a sacar 800 puntos. Hay que permanecer optimistas dentro de las circunstancias reales. El anticipar resultados positivos predispone al éxito. También existe evidencia de que la esperanza y los pensamientos positivos nos dan motivación y un mejor funcionamiento de nuestras capacidades cognitivas.

Si después de la PSU no se dan los resultados esperados viene la cuarta cosa que podemos hacer como adultos, y que es fundamental para el crecimiento, el aprendizaje y la resiliencia: consolar.

La compasión y la conexión emocional en el dolor es lo que más alivio produce y ayuda a salir del sentimiento de vergüenza y la autocrítica destructiva, que no ayudan en nada a reflexionar sobre las opciones disponibles y a reinventarse. Lo que todos necesitamos en el fracaso es contención con una clara señal de que nuestro valor como persona no está en discusión. “Has sufrido un fracaso” es muy distinto a “Eres un fracaso”. Hay muchas formas implícitas de dar este último mensaje. Si como padres vivimos este proceso como propio y no como algo sólo del adolescente, será difícil tener la distancia suficiente para consolar adecuadamente, porque estaremos sufriendo el fracaso como algo personal y probablemente culparemos al hijo o hija de nuestro dolor.

Es el momento de reflexionar sobre los propios sentimientos frente a la PSU que rinde nuestro hijo o hija. ¿Cuáles son mis temores? ¿Siento ansiedad? ¿Trato de imponer mis expectativas sobre las suyas? ¿Me estresa o enoja que no haga las cosas como yo quiero? ¿Sentiría vergüenza si no alcanza el puntaje?

Queda poco tiempo, pero hay bastante por hacer.

Acompaña a tu hijo o hija y pase lo que pase, que nunca sienta que su valor depende de un puntaje.

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.talleresama.cl

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Lecciones de un rotundo fracaso

No puedo estar más desilusionada con la derrota de Chile y su eliminación del Mundial. Menos puedo imaginar la desazón de los jugadores y el cuerpo técnico que deberán enfrentar a los medios de comunicación y a todo un país.

Sin embargo, el fracaso es una tremenda oportunidad para aprender. Nuestros hijos menores crecieron viendo triunfos y no habían presenciado una caída tan significativa de los bicampeones de América. Como padres podemos sacar provecho de esta derrota para mostrar a nuestros hijos cómo asumirla con resiliencia y contención. La psicología positiva revela que las personas felices no son las que menos fracasan o las que más ganan, sino aquellas que tienen una mirada positiva sobre su propia vida. No caigamos en el pesimismo diciendo que se acabaron los años de gloria ya que Chile ha crecido mucho futbolísticamente y no se retrocede veinte años de la noche a la mañana.

Enseñémosles a ser compasivos, ya que escucharán y leerán todo tipo de críticas destructivas hacia el entrenador y jugadores. El fracaso es parte de la vida, no es lo que determina nuestra felicidad y no se es menos valioso por haberlo sufrido. Creer que se puede vivir de éxito en éxito es una ilusión que tarde o temprano lleva a no arriesgar nada y a no disfrutar del triunfo por miedo a perder. Charles Dickens dijo que “cada fracaso le enseña al hombre algo que debe aprender“.    

Alejandra Ibieta I, 

de AMA Consultora Parental

Articulo extraido de www.talleresama.cl

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Estilos afectivos en colisión – Segundas relaciones (6ta parte)

Todos hemos crecido en un escenario familiar con reglas y modos afectivos propios. Como niños nos insertamos inocentes a la familia a la que pertenecemos y ahí hacemos los aprendizajes principales sobre los vínculos y las relaciones. En particular nuestra exposición al dolor y el intento de apartarnos de el va conformando un estilo afectivo que nos guiará en nuestras elecciones y relaciones afectivas adultas. Podríamos decir que es universal una cierta desconfianza hacia el amor ya que aquellos que amamos nos han herido y los hemos herido y como marionetas gobernadas por el dolor tratamos de protegernos tomando posiciones. Así una vez adultos se juntan Don no valgo para nada con Doña segura, o Don delicado con Doña cuidadora, o Don optimista con Doña abandonada, o Don me peleo con todo con Doña yo tengo razón, o Don agresivo con Doña resignada, y mil etcéteras. Sin duda una pareja es una segunda oportunidad para reaprender, para arriesgarse de nuevo a confiar en el amor. A veces los estilo afectivos aprendidos se complementan y la pareja avanza. Otras veces los estilos colisionan con tanta vehemencia que no es posible un mínimo de bienestar. A pesar del amor la pareja tiene entonces que enfilar caminos divergentes. Como señala Boris Cyrulnik con su teoría de la resiliencia, cada nueva pareja es otra oportunidad para rehacer un vínculo seguro e íntegro. Después de una separación el trabajo consiste en hacer una inmersión en el estilo afectivo que no resulto funcional y equiparse para realizar cambios.

 

Implicaciones en las familias de origen

A veces él no consigue dejar de ser el hijo de sus padres para ser el marido de su mujer, a veces ella sigue tan ocupada con el destino de un hermano que no concede la prioridad al marido y la nueva familia formada. Únicamente son ejemplos pero cuando dos personas forman una pareja y se unen, en realidad, se unen dos familias con su historia particular cimentada en hechos y vicisitudes particulares, y cada uno en la pareja conserva sus lealtades más o menos camufladas a sus orígenes. La pareja se vuelve consistente cuando, con el tiempo, logra afianzarse y sentir que como pareja y como nueva familia son fuertes y tienen prioridad a los vínculos anteriores y esto se consigue lentamente, madurando a fuego lento. Hay sagas familiares donde planean creencias que arrastran a todos sus miembros como por ejemplo “ninguna mujer será nunca feliz con un hombre” o “no se puede confiar”, etc. Beneficia preguntarse sobre estas creencias, ver como actúan como frenos, desafiarlas si es preciso. Ayuda plantearse las ataduras de amor con nuestros orígenes que nos dificultan  el tránsito a la madurez y a la posibilidad de tomar el lugar al lado de un compañero.

JOAN GARRIGA

Extraído de www.joangarriga.com/

www.facebook.com/joangarrigabacardi

 ver artículo anterior AQUI
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Todo aquello que nos hiere, también nos fortalece

La vida está llena de obstáculos y decepciones. Las cosas no siempre marchan como lo deseamos o como lo habíamos planeado y esta incongruencia entre los hechos y las expectativas personales puede generar frustración y tristeza.

El budismo es claro en esto: el origen del sufrimiento es el deseo. Para los occidentales, sin embargo, puede ser más difícil asimilar el desprendimiento material y emocional con la misma naturalidad que para los orientales, especialmente porque nos vemos invadidos por una cultura de consumo y posesión.

La mirada superficial que aplicamos en Occidente a los eventos de vida traumáticos hace que nos perdamos gran parte de las enseñanzas que cada experiencia, sobre todo las más dolorosas, guardan para nosotros.

Nos centramos únicamente en el dolor, en la desilusión, en el sentir de la herida abierta pero no en el inmenso valor que tendrá la cicatriz una vez haya sanado.

El escritor William Shakespeare se refiere del siguiente modo al ejercicio de develar lecciones de vida donde sólo parecen haber tragedias:

“Dulces son los frutos de la adversidad que, semejante al feo y venenoso sapo, lleva en la cabeza una joya preciosa”.

De este modo hemos de aprender a contemplar los momentos difíciles, los cambios inesperados de rumbo, las desilusiones, los amores que no pudieron ser y las despedidas dolorosas: como un fruto latente, una lección de vida que resplandece como una joya preciosa.

El sendero de la resiliencia

La Asociación Americana de Psicología (APA) nos habla de la resiliencia como el proceso de adaptación que nos permite sobreponernos a las adversidades y los eventos traumáticos, como la muerte de un familiar o el rompimiento de una relación amorosa.

La resiliencia no es un super poder ni un privilegio reservado para los grandes maestros espirituales: todos somos capaces de recuperarnos emocionalmente de las dificultades. Lo que marca una gran diferencia es la disposición que tengamos a pensar, creer y actuar a favor de la resiliencia.

En otras palabras: ser una persona resiliente es una decisión que involucra una forma de persona, un conjunto de creencias y una forma de comportarnos.

Factores que influyen en nuestra capacidad de ser resilientes

La APA menciona un elemento clave que guarda relación con nuestra capacidad de ser más o menos resilientes: las personas que nos rodean.

Nunca ha sido un secreto que el tipo de gente del que nos rodeamos influye en los hábitos que adoptamos e incluso en la imagen que conformamos de nosotros mismos. Cuando se trata de resiliencia, contar con relaciones interpersonales que sean modelo de amor y confianza fortalece nuestra capacidad de resurgimiento.

Además, algunas prácticas asociadas con la resiliencia son:

  • Hacer planes con bases realistas y seguir pasos concretos para cumplir nuestros objetivos.
  • Desarrollar una visión positiva de nosotros mismos y confianza en nuestras fortalezas y destrezas.
  • Estar abiertos a comunicarnos con los demás, compartir nuestras ideas y sentimientos y recibir apoyo de otras personas para resolver problemas.
  • Fortalecer nuestra capacidad para lidiar con sentimientos fuertes e impulsos a través del diálogo interno con nosotros mismos.

Aprendiendo a ver el arcoiris después de la tormenta

Incluso los eventos de vida más dolorosos representan una oportunidad invaluable para crecer espiritualmente y fortalecer nuestro amor propio, pero esto implica que tomemos una decisión clara: aprender de nuestro pasado.

Tomar esta ruta no siempre es fácil, ya que aprender del pasado implica asimilar que ha quedado atrás, que somos personas distintas y que la vida continúa.

Algunas estrategias útiles para aprender a ver la belleza en los cambios y apreciar la virtud detrás de las nubes negras son:

1.Aceptar que el cambio forma parte de la vida. La naturaleza misma es un ejemplo del eterno devenir necesario para que exista un equilibrio sano en el mundo.

Una vez que hayamos decidido visualizar el cambio como una metamorfosis evolutiva y no como una condena, dejaremos de sentirnos víctimas de nuestras circunstancias y podremos enfocarnos en las oportunidades que acompañan a todo cierre de ciclo.

2.Crear nuevas conexiones. No solo con personas completamente nuevas, con gustos e intereses distintos, también es positivo conectar con aficiones que hayamos dejado a un lado o con actividades que siempre hemos querido explorar.

El negativismo que sobreviene con las adversidades es peligroso: nos aprisiona en lamentaciones constantes y pensamientos negativos. Salirse de esta zona de peligro y reencontrarse con el milagro de la vida a través de experiencias nuevas nos ayuda a superar las dificultades y asumir un nuevo comienzo.

3. Negarse a ver las crisis como un amontonamiento de problemas. Las crisis no son más que creencias que se han dado encontronazos con una pared de eventos inesperados.  

Gran parte de las experiencias de sufrimiento que vivimos se deben a nuestra obstinación, a nuestra terquedad por negarnos a aceptar que la vida gira en un eterno renacer y que no podemos controlarlo todo.

Desentiéndete de la responsabilidad ficticia de llevar el mundo sobre los hombros. No te culpes, no te flageles, recibe con el asombro de un niño cada cambio que se presenta en tu vida y conviértete con ilusión en el arquitecto de una nueva obra.

No eres una víctima de las adversidades, eres un alumno digno y capaz en el camino a convertirse en un maestro de vida para otros.

Refuerza esta lectura con las guías prácticas , del reconocido psicólogo y escritor Walter Riso

 

Escrito por: Editorial Phronesis

www.elartedesabervivir.com

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Referencias: Guías prácticas de Walter Riso 

 

Foto portada:Designed by Freepik

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Qué es la resiliencia y cómo desarrollarla

¿Cuántas veces te has encontrado con personas que han pasado por circunstancias inimaginables y sin embargo salen adelante? Hoy hablamos de qué es la resiliencia y cómo desarrollarla.

El mejor ejemplo que te puedo dar de qué es la resiliencia es el de una amiga que en un período de dos años sufrió cuatro operaciones mayores, un accidente que la obligó a dos cirugías más y varios meses de recuperación, la pérdida de su empleo, una bancarrota personal y el intento de suicidio de su hija. Te confieso que en más de una ocasión temí por su vida. Pensaba que ella misma no sobreviviría a semejantes tragedias. Pero no sólo lo hizo, sino que salió fortalecida de esa etapa de su vida.

Qué es la resiliencia —Definición

Hay muchas definiciones de resiliencia, una palabra que se toma de la resistencia de los materiales que se doblan sin romperse y vuelven a su forma original.

Definicion de resiliencia según el Diccionario de la Real Academia Española

Según Wikipedia “La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad saliendo fortalecido y alcanzando un estado de excelencia profesional y personal. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.”

Cómo impacta la resiliencia tu capacidad de crecimiento profesional

No alcanza con saber qué es la resiliencia. Lo importante es dimensionar su efecto en tu vida profesional. Para eso, considera que cuanto más resiliente seas más fácil te resultará:

  • Superar serios reveses y las peores traiciones
  • Adaptarte a los cambios tanto los que buscas como los que ocurren de manera inesperada
  • Manejar situaciones de alta presión
  • Enfrentar momentos de crisis y emergencias
  • Atravesar los peores momentos personales y profesionales

En los últimos años se han multiplicado los estudios de resiliencia. Estos están ayudando a distinguir a las personas y organizaciones que superan adversidades extremas de las que no lo logran. (Por ejemplo quienes se sobreponen a una recesión, un desastre natural o un ataque terrorista y quienes no.)

Características de las personas resilientes

Una de las maneras más efectivas de entender mejor qué es la resiliencia es explorar qué tienen en común las personas resilientes.

Según Diane Coutu, autora de un artículo muy interesante (en inglés) sobre qué es la resiliencia y cómo

Para saber qué es la resiliencia sólo basta observar a las personas que se sobreponen a los peores desastres naturales

Para saber qué es la resiliencia sólo basta observar a las personas que se sobreponen a los peores desastres naturales

funciona, las teorías actuales coinciden en que las personas resilientes comparten tres características:

1.-Una fuerte aceptación de la realidad. Es lo que les permite considerar la posibilidad de situaciones extremas y adversas que puedan ocurrir en el futuro. Y es lo que les permite prepararse para esa eventualidad.

2.-Una profunda creencia de que la vida tiene un sentido. Es lo que les permite fortalecer relaciones con otras personas, respaldarse en sus valores, interpretar lo que ocurre como un reto y encontrar esperanza para seguir adelante. En lugar de preguntarse “¿por qué me está pasando esto a mi?” adoptan una actitud proactiva frente a las nuevas circunstancias.

3.-Una inusual capacidad de improvisación. Es lo que les permite adaptarse a cualquier situación, por difícil o retadora que sea, y encontrarle una solución a menudo creativa.

Si tiendes a derrumbarte cuando te enfrentas con un obstáculo o te toma excesivo tiempo recuperarte de un revés, es hora de fortalecer tu resiliencia. Te ayudará no sólo en tu profesión sino en tu vida personal.

Aquí te doy algunas ideas de cómo lograrlo:

  • Enfrenta la realidad de que en la vida suelen pasar cosas inesperadas y muy estresantes y prepárate lo mejor posible para cuando lleguen.
  • Entiende que hay cosas fuera de tu control y enfócate en aquellas que puedas controlar. Como por ejemplo, tu interpretación de lo que está ocurriendo. Si encuentras darle un sentido a la situación, te será más fácil atravesarla.
  • Fortalece tus relaciones sociales. Son fundamentales para sostenerte en momentos de gran presión.
  • Practica la improvisación y creatividad para resolver problemas.
  • Construye la confianza en ti misma para que te sea más fácil superar la adversidad como parte natural de la vida.

En la actualidad, la resiliencia es una de las características más apreciadas por los empleadores. Les garantiza tu adaptabilidad a situaciones nuevas y tu velocidad de reacción. Si lo piensas, estos son rasgos muy típicos de quienes crecen en Latinoamérica donde lo normal suele ser lo impredecible, lo inesperado. Donde siempre tienes un plan B y un plan C listos. Piensas en soluciones creativas para cualquier problema que se te presente. Y la historia muestra que has superado cualquier desafío que la situación en tu país te haya puesto delante. (Hiperinflación, escasez de insumos, cortes de luz, prohibición de importación, congelación intempestiva de cuentas de ahorro, etc, etc.)

Aprovecha todas estas fortalezas y refuérzalas. Son las mismas que puedes usar para superar la adversidad en tu carrera.

Extraido de http://redshoemovement.es/blog/

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