La importancia de la empatía y la tolerancia en la relación de pareja

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

…el amor es una cosa ideal… el matrimonio una cosa real y la confusión de lo real con lo ideal, jamás queda impune”, Goethe.

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De entre todos los tipos posibles de relaciones y convivencia, la de pareja es la más compleja y difícil. En consecuencia, es la que precisa un mayor grado de empatía y disposición a aceptar al otro con sus riquezas y miserias, con sus virtudes y defectos.

La empatía en la relación de pareja y/o matrimonio, se entiende como el profundo conocimiento y aceptación del otro. Mi pareja, tal cual es, un ser de luz y también de sombra. A través de nuestra propia aceptación, nos resulta más fácil aproximarnos a la persona que es nuestra pareja.

Generalmente la empatía en la relación de pareja se hace difícil porque antes de la convivencia, obnubilados por esa etapa de enamoramiento no vemos al otro, objeto de nuestros afectos, tal cual es. Una persona con fortalezas y también con debilidades, como todo ser humano.

Todo es tan perfecto…

En nuestra inicial idea del amor, la felicidad y el compartir en una relación de pareja, solo vemos virtudes. Es probable que ambos nos estemos esforzando en mostrar nuestra mejor cara. Pero el tiempo hace de las suyas, hace mella en nuestra disposición, y el yo real emerge, ratificando el viejo adagio que dice “de la convivencia nacen las diferencias”.

Puede suceder que el tiempo funcione como hilos que entretejen la relación y la hagan más fuerte y sólida. Nace el compromiso como una carpa de campaña que ante la adversidad inevitable de las discusiones y peleas, los protege.

Puede suceder que el otoño, con sus días nublados y de poco sol, les desprenda sus ganas de amar y acompañarse, como hace con las hojas de los árboles. Y entonces la rutina traicionera socave las bases de ese compartir y la convivencia se nos hace fría y oscura.

El invierno hace de las suyas si nos encuentra desprotegidos, si andamos sin el abrigo que nos da el amor y la comprensión. Nos extraviamos de la relación y todo se vuelve viento gélido. El frío se le queda a vivir en sus vidas. ¡Cuidado! El amor de tu vida puede pasar a ser tu ex.

El enamoramiento no basta…

Cuando nos embarga la expectativa, la decepción y el aburrimiento… si no tenemos un plan para que nuestra relación perdure y pase del enamoramiento al amor con compromiso, un amor maduro, sobreviene el desamor y a veces la rabia y el rencor.

¿Qué sucede? ¿Por qué tantos conflictos? ¿En qué momento del camino se extravía el amor? ¿Qué podemos hacer para tener una sana convivencia desde el respeto, la valoración mutua y el amor maduro, transparente y honesto? ¿Es posible recuperar el amor?

Las diferencias de carácter afloran porque cada uno tiene su personalidad, criterio, forma de evaluar y juzgar las cosas. Resulta casi imposible convivir sin discrepar y sin discutir. Necesitan adaptarse, y negociar, pero sobre todo tolerar.

¿Si yo también tengo aspectos que mi pareja debe tolerar, por qué no empezar yo a tolerar los suyos? Sin empatía, esa capacidad de comprensión del otro sería muy difícil de alcanzar.

La empatía debemos aplicarla en la comunicación, que al fin de cuentas significa estar en comunión con el otro. Para ello es necesario que se relacionen desde el respeto, la consideración y la comprensión. Buscar primero entender al otro, escucharlo y después buscar ser entendido es la clave para una comunicación empática y asertiva.

En una relación sana de pareja los dos hacen esfuerzos por el mutuo entendimiento. Nadie anula ni chantajea, ni descalifica al otro; lo acepta tal y como es porque sabe que no puede cambiarlo. Porque antes de juzgar al otro se juzga a sí mismo y reconoce que no es perfecto. También tiene oportunidades de mejorar nuestras debilidades.

¿Qué tanto admiras y respetas a tu pareja?

Escrito por: Editorial Phronesis

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Un lugar nuevo

Me mira con ojos que parecen huecos, los labios se le abren un poco, parece no respirar. Acaba de entender. Sospecho que ha sufrido en la mente algo así como  un terremoto.

Es el momento de ver lo que antes no se veía, de reconocer algo nuevo como más cierto que las creencias que hasta ahora recién se asumían eternas y seguras. Es el momento en que un edificio se cae, el momento en que un edificio de empeños, de buena voluntad, de cariño y cuidados, se viene abajo. Nada que hacer. Confusión e incredulidad envuelven la mirada.

Años asumiendo crédulamente algo que no era verdad, esfuerzos diarios depositados en el altar de una ingenuidad fuera de lugar. El sentido del trabajo. La lealtad en la relación de pareja. O más hondo: la salud. El gran despertar. El caminar indeciso en medio de un día inmenso, de un día más grande que todo lo que uno conoce. Y cuando te empiezas a recuperar sabes que esto es una verdad sin vuelta, sin atrás, sin otra oportunidad, sin más enmiendas. Que lo que te queda es sin adornos, sin muletillas, sin cuentos. Que ahora es de veras.

Un lugar nuevo.

Es el lugar en el cual se desarrolla nuestra asistencia, el trabajo en el CDP, atenciones de psicoterapia, de consultoría, de talleres. Como este taller que acaba de finalizar, cuatro días dedicados a esclarecer supuestos, verdades del corazón, sufrimientos reprimidos y acarreados desde la infancia, temores ante la negligencia y a veces la maldad de adultos y de gente que se las da de algo que no corresponde. Días de aceptar otra mirada, una mirada más profunda, comprometida y cercana. Y de un crecer hacia lo desconocido.

Horas de compartir lo simple y grande del corazón, de crear lazos de solidaridad, de caminar junto a la persona que está al lado, de evaluar y comparar lo que es más importante de lo que es secundario, de botar lo que ha sido un error, de recoger lo que merece ser recogido. Horas de lágrimas aquí, de sonrisas cada vez más seguras allá. Un tejido de verdades que emergen a medida que pasa el tiempo.

Se desarrolla una confianza basada en la biología y no en construcciones culturales, y un saber que no es necesario temer a cada paso que damos. El nacimiento de ganas por hacer esto simple, de hacer esto simple bello, de hacer esto simple bueno. Las ganas de proyectar hacia afuera – sin razones ni ideas – lo que está guardado en la intimidad: la bondad, la humildad, la flexibilidad, la empatía, la compasión, los entusiasmos del alma.

Y el ver el gran contraste entre la semana pasada y ahora. ¿Cuándo estás con más riesgo a enfermar, a no recuperarte, cuando eres como días atrás o cuando eres como ahora? Risas, miradas seguras, más risas.

El empoderamiento del alma, de la vida propia. La vitalidad recuperada. Como en los mejores momentos de días juveniles. El gran sentir de la niñez: la apertura del corazón. Y días preciosos por delante.

Ahora de veras.

Jens Bücher – Ingeniero Comercial, Fellow, American Institute of Stress y miembro del Colegio de Ingenieros – Chile, dirige el Centro de Desarrollo de la Persona Bücher y Middleton Ltda.

www.persona.cl

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