La palabra mágica que te unirá con tus hijos por siempre

En este camino de autoconocimiento, autoaceptación y evolución espiritual me ha tocado sanar a mi niña interior como parte del proceso, por lo que para conseguirlo tuve que cuestionar y perdonar a mis propios padres, comprender que ellos hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas que tenían y también entender las trabas y las necesidades emocionales no cubiertas que transitaron en su infancia.

En medio de mi introspección me hicieron la pregunta: ¿qué le pediría esa niñita a sus papás que le digan que nunca le dijeron? y la única palabra que vino a mi mente fue PERDÓN. Mis padres fueron y son padres espectaculares, amorosos y presentes pero no son perfectos y muchas veces se han equivocado y me han herido, sin embargo no recuerdo que nunca me hayan dicho “lo siento, me equivoqué”.

A lo largo de mi capacitación en crianza consciente aprendí lo importante que es pedirle perdón a nuestros hijos cuando nos equivocamos. Es muy común que los papás estén dando órdenes o directivas pero es muy poco visto que un padre o una madre le pida disculpas a su hijo, quizás porque no estamos acostumbrados a hacerlo ya que nuestros padres no lo hicieron con nosotros o tal vez porque pensamos que nos desacredita o nos resta autoridad. Lo paradójico es que por más que los papás no se disculpen con sus hijos si que les exigen que ellos pidan perdón a otros niños, y eso es una ambigüedad, un mensaje confuso. 

La pregunta que varios padres me hacen es: ¿Cuándo debemos pedir disculpas? Esto es más simple de lo que parece, deberíamos hacerlo cada vez que actuamos de una forma en la que no nos gustaría que actuaran nuestros hijos. Por eso el mindfulness aquí es muy importante ya que practicar continuamente la apertura de conciencia nos permite estar alerta y percatarnos cuando estamos equivocándonos. 

Es importante que reconozcamos cómo se siente el niño o el adolescente al que hemos herido y que pongamos en palabras lo que sucedió, incluyendo los motivos por los que reaccionamos mal: “veo que estás muy asustado, me doy cuenta que te grite muy feo porque no me contestabas cuando te llamaba. Te pido una disculpa, he dormido muy poco anoche y mi cuerpo está muy cansado, descargue mi tensión contigo y eso no es justo, gritar no es la solución, me equivoqué”. 

Debemos también evitar echarle la culpa a los niños de alguna forma para justificarnos “te grite porque tu gritaste primero”. No! recuerda que nosotros somos los adultos y deberíamos tener nuestras emociones bajo control y nunca compararnos con las de un niño que recién está saliendo al mundo o un adolescente que está atravesando una crisis importante de identidad.

Pedirle perdón o disculpas a nuestros hijos cuando nos equivocamos lejos de desautorizarnos va generando en ellos respeto hacia nosotros, pero no un respeto a base del miedo sino uno que se forja al vivenciar que sus progenitores son lo suficientemente maduros y humildes como para reconocer sus equivocaciones, su humanidad. Con el ejemplo se educa.

 

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Ana_AcostaAna Acosta Rodriguez

Maestranda en Psicología Positiva Aplicada y experta en Mindfulness,  Inteligencia Emocional y Crianza con apego.

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Los hijos Trofeo

Hay dos necesidades básicas que deben ser cubiertas cuando un niño nace y para las cuales llega preparado a este mundo para sobrevivir : una es el llanto para que mamá lo proteja del peligro y otras es el reflejo de succión para que mamá lo alimente… y yo me pregunto una y otra vez: por qué esta sociedad trata a como de lugar de ir en contra de la sabiduría milenaria de la naturaleza?

Hemos cambiado el orden natural, queremos tener hijos pero queremos seguir nuestra vida de antes, no queremos postergar nada, no queremos que nos alteren nuestras rutinas ni nuestras prioridades superficiales.

Queremos hijos trofeo. Queremos que el niño duerma solo en la cunita, se alimente solo con el biberón, que deje el pañal rápido para poder meterlo en una escuelita, que camine aún más rápido, que no llore, no “moleste”, que aprenda a hablar claro porque nos frustra no entender lo que nos pide, queremos que sea “independiente”.

Al mismo tiempo queremos que sea emocionalmente inteligente, que no nos guarde rencor y que tenga bien desarrollada su autoestima. No nos damos cuenta del nivel de incoherencia? Tan ciegos estamos?

SI al colecho, SI a la lactancia prolongada, SI al amor incondicional, NO a la violencia verbal o física, NO al método Estivill, NO a las amenazas, NO a los hijos trofeo.

LA CRIANZA CONSCIENTE no nos hace bichos raros, nos devuelve la humanidad.

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Las consecuencias son castigos disfrazados

En los últimos años son cada vez más las familias que se deciden por la crianza respetuosa. Esta filosofía está en contra de los castigos.

Para ser coherentes con este estilo de crianza los papás buscan alternativas a la hora de disciplinar o poner límites a sus retoños y una de las que habitualmente se sugiere es la de las “consecuencias”.

Sin embargo, la mayoría de las veces que la he visto en práctica he notado que son solo castigos disfrazados por lo que debemos tener en cuenta algunos puntos importantes si vamos a utilizarlas en casa.

Decirle al niño “si no haces lo que te digo tendrás una consecuencia” sin aclarar primero cuál será la misma, no es más que una amenaza. De igual manera la supuesta consecuencia que se dice en el momento pero que nada tiene que ver con la acción (causa/efecto) es simplemente un castigo. Por otro lado si la consecuencia es ambigua o temporalmente alejada es muy complicado que el niño pueda dimensionar su alcance.

Algunos ejemplos de Consecuencias verdaderas podrían ser:

  • Si te sacas el cinturón de seguridad no podremos ir a la fiesta de cumpleaños porque puedes lastimarte muy fuerte y porque es ilegal.
  • Si sigues tirando tus galletas al agua te dará hambre luego y no he traído más comida ni dinero para comprar.
  • Si sigues sacando tierra de la maceta no podremos ir a jugar al parque como querías hasta que no hayas recogido lo que has ensuciado.

7D35AE13-79FD-4E13-BEF5-6F7899A147CFTampoco es cuestión de dejar que se lastimen fuerte o lastimen a otros para que aprendan las consecuencias. En estas situaciones yo les digo por ejemplo: “Si sigues corriendo fuera del parque nos regresamos a la casa porque no voy a dejar que te atropelle un auto”. No es un castigo velar por su integridad.

Es altamente probable que los niños respondan de manera positiva cuando les explicamos las consecuencias reales porque las entenderán como lo que en realidad son, el resultado de determinada acción y no como un castigo para herirlos por no hacer lo que nosotros queremos que hagan. De esta forma podrán con el tiempo ser responsables de sus acciones porque comprenderán los efectos de las mismas y no por miedo a ser castigados. De igual forma no sentirán una lucha de poderes o una minimización de sus deseos y elecciones, sentimientos a flor de piel en la edad preescolar.

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Criar con respeto empieza por uno mismo

Hay muchos tipos de crianza alternativa en auge, lo cual es muy positivo: la crianza respetuosa o con apego, la crianza positiva, la crianza consciente, etc. Cada una tiene sus puntos centrales los cuales varían,  pero hay un eje en el que todas coinciden y es el énfasis en el desarrollo emocional saludable de los hijos cuyos pilares son el respeto, la empatía, la resiliencia, la atención plena y el respeto a las etapas neurobiológicas y conductuales por la que atraviesan los niños durante su crecimiento y desarrollo.

La única forma de poder abordar estos estilos de crianza es haciendo las paces con nuestra historia personal. La paternidad es una caja de pandora de la que sale una cascada de asuntos pendientes, de sentimientos reprimidos, dominados o dormidos y no queda otra que trabajarlos y superarlos lo mejor que se pueda para poder ser los guías y facilitadores que nuestros hijos se merecen.

Como se dice en la calle: no podemos amar a nadie si no nos amamos a nosotros primero, a lo que yo agrego que no podemos criar a nadie en el respeto si no nos respetamos a nosotros mismos y a nuestra pareja, no podemos criar un niño seguro de sí mismo si todavía nos cuesta tanto amarnos por quienes somos, no podemos criar hijos felices si nuestro concepto de felicidad sigue siendo errado, no podemos criar niño emocionalmente inteligentes si no somos resilientes.

No podemos proyectar nuestra mejor versión de padres si no hemos perdonado a los nuestros por los inevitables errores y les hemos pedido disculpas por juzgarlos tan duramente. Todos estos puntos nos van tocando a lo largo del camino de la crianza y nos invitan a leer mucho, a formar una tribu de pares, a aprender estrategias y herramientas nuevas, nos empujan a auto- analizarnos, nos obligan a ser mejores, a dejar ir.

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La crianza con apego, y especialmente la crianza consciente, nos hacen caer en la cuenta que el trabajo no empieza por los hijos sino por uno mismo y ese es un regalo muy especial que yo no me esperaba. Porque mientras los hijos crecen, crecemos nosotros con ellos, mientras desarrollan su inteligencia emocional quizás con muchos menos vicios que nosotros, somos nosotros los que, trabajo mediante, los vamos alcanzando a ellos a su nivel para ir a la par, para aprender y crecer en el amor, la confianza, la tolerancia, el respeto, la armonía y la creatividad.

Nuestros hijos son nuestra segunda oportunidad de ser quienes siempre quisimos ser pero no pudimos por el contexto, por la falta de herramientas emocionales de nuestros padres, por el adoctrinamiento, por perseguir un falso ideal de felicidad.

La buena noticias es que siempre estamos a tiempo de ser luz.

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La importancia de la empatía y la tolerancia en la relación de pareja

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

…el amor es una cosa ideal… el matrimonio una cosa real y la confusión de lo real con lo ideal, jamás queda impune”, Goethe.

Conferencia walter riso

De entre todos los tipos posibles de relaciones y convivencia, la de pareja es la más compleja y difícil. En consecuencia, es la que precisa un mayor grado de empatía y disposición a aceptar al otro con sus riquezas y miserias, con sus virtudes y defectos.

La empatía en la relación de pareja y/o matrimonio, se entiende como el profundo conocimiento y aceptación del otro. Mi pareja, tal cual es, un ser de luz y también de sombra. A través de nuestra propia aceptación, nos resulta más fácil aproximarnos a la persona que es nuestra pareja.

Generalmente la empatía en la relación de pareja se hace difícil porque antes de la convivencia, obnubilados por esa etapa de enamoramiento no vemos al otro, objeto de nuestros afectos, tal cual es. Una persona con fortalezas y también con debilidades, como todo ser humano.

Todo es tan perfecto…

En nuestra inicial idea del amor, la felicidad y el compartir en una relación de pareja, solo vemos virtudes. Es probable que ambos nos estemos esforzando en mostrar nuestra mejor cara. Pero el tiempo hace de las suyas, hace mella en nuestra disposición, y el yo real emerge, ratificando el viejo adagio que dice “de la convivencia nacen las diferencias”.

Puede suceder que el tiempo funcione como hilos que entretejen la relación y la hagan más fuerte y sólida. Nace el compromiso como una carpa de campaña que ante la adversidad inevitable de las discusiones y peleas, los protege.

Puede suceder que el otoño, con sus días nublados y de poco sol, les desprenda sus ganas de amar y acompañarse, como hace con las hojas de los árboles. Y entonces la rutina traicionera socave las bases de ese compartir y la convivencia se nos hace fría y oscura.

El invierno hace de las suyas si nos encuentra desprotegidos, si andamos sin el abrigo que nos da el amor y la comprensión. Nos extraviamos de la relación y todo se vuelve viento gélido. El frío se le queda a vivir en sus vidas. ¡Cuidado! El amor de tu vida puede pasar a ser tu ex.

El enamoramiento no basta…

Cuando nos embarga la expectativa, la decepción y el aburrimiento… si no tenemos un plan para que nuestra relación perdure y pase del enamoramiento al amor con compromiso, un amor maduro, sobreviene el desamor y a veces la rabia y el rencor.

¿Qué sucede? ¿Por qué tantos conflictos? ¿En qué momento del camino se extravía el amor? ¿Qué podemos hacer para tener una sana convivencia desde el respeto, la valoración mutua y el amor maduro, transparente y honesto? ¿Es posible recuperar el amor?

Las diferencias de carácter afloran porque cada uno tiene su personalidad, criterio, forma de evaluar y juzgar las cosas. Resulta casi imposible convivir sin discrepar y sin discutir. Necesitan adaptarse, y negociar, pero sobre todo tolerar.

¿Si yo también tengo aspectos que mi pareja debe tolerar, por qué no empezar yo a tolerar los suyos? Sin empatía, esa capacidad de comprensión del otro sería muy difícil de alcanzar.

La empatía debemos aplicarla en la comunicación, que al fin de cuentas significa estar en comunión con el otro. Para ello es necesario que se relacionen desde el respeto, la consideración y la comprensión. Buscar primero entender al otro, escucharlo y después buscar ser entendido es la clave para una comunicación empática y asertiva.

En una relación sana de pareja los dos hacen esfuerzos por el mutuo entendimiento. Nadie anula ni chantajea, ni descalifica al otro; lo acepta tal y como es porque sabe que no puede cambiarlo. Porque antes de juzgar al otro se juzga a sí mismo y reconoce que no es perfecto. También tiene oportunidades de mejorar nuestras debilidades.

¿Qué tanto admiras y respetas a tu pareja?

Escrito por: Editorial Phronesis

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7 señales de que tu relación de pareja va en la dirección correcta

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

No cabe duda de que el mejor “termómetro” en el terreno del amor serán siempre las emociones. Cuando, en una pareja, ambos integrantes crecen y aportan al crecimiento personal del otro, cuando existe confianza, comprensión, solidaridad, respeto, entendimiento físico y la complicidad de los mejores amigos, la presencia del ser amado se convierte en un “as bajo la manga” que promueve nuestra felicidad individual al tiempo que nos revela la magia de una felicidad mutua, una alegría compartida lúdicamente como comparten dos niños la danza del juego.

Sentirse a gusto siendo uno mismo y porque el otro es quien es, sentirse respaldado y valorado son per sé las señales más fidedignas de que hemos establecido una relación de pareja propicia para el enriquecimiento y el disfrute de la vida. No obstante, existen indicadores adicionales que quizás, en medio del día y día y de aquello que a lo interno de las parejas se vuelve habitual, pasa desapercibido u olvidamos poner sobre la balanza al momento de evaluar la madurez de nuestras relaciones. Después de todo, el “romanticismo” — contrario a lo que nos han enseñado — no lo es todo.

Cómo saber si estás en una buena relación de pareja

Toma nota de las siguientes siete señales que, según los psicólogos, se presentan en toda relación de pareja sana y estable.

¿Cuáles reconoces en tu relación?

Sé que estoy en una buena relación si…

  1.  Mi pareja y yo expresamos libremente nuestras opiniones y sentimientos

No se trata de compartir pensamientos o discrepancias en torno a la mejor salsa para acompañar las comidas, sino de un vínculo donde revelar nuestras angustias, miedos y fantasmas sea posible, porque contamos con el apoyo y acogida del ser amado.

La Asociación Americana de Psicología (APA) recomienda a las parejas, en especial a las que llevan un estilo de vida muy ajetreado o están casadas, apartar unos minutos al día para conversar acerca de temas de índole más personal, de manera que puedan mantenerse siempre en sintonía con la vida interna del otro.

  1. Tanto mi pareja como yo tenemos una vida fuera de la relación

La dependencia emocional es una de las problemáticas comunes que más afecta las relaciones de pareja.

La necesidad de estar cerca del compañero sentimental, emocional o físicamente, da lugar a los celos, la posesión y la manipulación, es debido a eso que las parejas integradas por personas independientes que no experimentan ansiedad al estar separadas del ser amado para atender las obligaciones personales tienden a ser más estables, sanas y duraderas.

El psicólogo y escritor Walter Riso hace énfasis, en este aspecto, en el requisito indispensable de no dejarse absorber por la vida en pareja, sino conservarse como un individuo libre que participa voluntariamente en una relación, pero que no pertenece a ella.

  1. Mi pareja y yo nos inspiramos mutuamente para crecer en el plano personal

Una relación de pareja donde ambos miembros se motivan y apoyan para crecer en el ámbito personal o profesional es una relación de camaradería donde no existe el egoísmo y, por tanto, es un vínculo sano.

Si, por el contrario, sientes que tu pareja te retiene de algún modo o que sabotea tu crecimiento individual, podrías estar en medio de una relación perniciosa que ocasione, a mediano o largo plazo, heridas de consideración sobre tu autoestima.

  1. Mi pareja y yo sentimos admiración por las cualidades del otro

La admiración (reconocimiento y valoración) no debe ser confundida con la idolatría (reconocimiento, exageración y valoración obsesiva).

Que tu pareja te admire implica que es capaz de ver más allá de la superficialidad y apreciar tus virtudes y cualidades positivas, incluso aquellas que tú mismo desestimas. A veces, es el reflejo en los ojos del ser amado, donde se nos muestra más fuertes y rebosantes, lo que nos contagia de valentía para emprender nuevos caminos y abrirnos paso hacia nuestros sueños.

  1. Existe solidaridad y comprensión entre ambos

“Si te duele, me duele”.

Puede parecer una premisa demasiado drástica, pero en lo absoluto sugiere que debamos fusionarnos con nuestra pareja hasta perder la separatidad de las propias emociones. Se trata, más bien, de desarrollar una empatía amorosa que nos permita estar en conexión con los sentimientos de la persona que amamos, que despierte cada fibra de nuestra sensibilidad y nos motive a tomar acción, a reconfortar al ser amado, a ofrecer lo mejor de nosotros para el alivio de alguien más.

Las relaciones de pareja son un equipo de dos unidades donde los vaivenes de la vida pueden hacer tambalear un par de piernas en cualquier momento, pero jamás derrumbarlas ni aplastar el espíritu ante la mirada indiferente del otro.

  1. Cada uno aporta a la relación con igual interés y dedicación

Es cierto que cada persona posee una forma característica de expresar afecto, y que esta forma puede ser singularmente distinta de las demás. Sin embargo, la diversidad de recursos y maneras de expresar amor no debe ser excusa para fenómenos como los “amores a medio tiempo” o los “amores clandestinos”, donde uno de los miembros de la relación integra y hace partícipe al otro en su vida, mientras el otro parece ir y venir de vez en cuando, medir su tiempo con la pareja o esperar que sea ella quien tome siempre la iniciativa.

Como dejó en papel Julio Cortázar: “Me atormenta tu amor que no me sirve de puente, porque un puente no se sostiene de un solo lado”.

  1. Tanto mi pareja como yo reconocemos y respetamos nuestras diferencias

Una de las razones esenciales para definir y conservar la idea de una relación de pareja formada por dos personas y no por una “unión metafísica” es que los gustos, la filosofía de vida, las prioridades y los esquemas de valores difieren enormemente de un individuo a otro, incluso si existen puntos de coincidencia en ciertos aspectos.

Un refrán muy popular dice que cuando dos personas piensan exactamente lo mismo es porque una de las dos no está pensando. Una relación constructiva y madura es aquella donde la pareja fomenta el libre pensamiento y la libertad emocional del otro, donde no se aspira a suprimir las preferencias individuales ni a imponer las propias.

“Ser y dejar ser”, dicen los sabios.

Escrito por: Editorial Phronesis

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