No destruyas con palabras lo que has construido con el corazón

Redacción Editorial Phrònesis – www.elartedesabervivir.com

Muchos psicólogos y expertos en el tema han optado por referirse abiertamente a los vínculos de pareja, ya sean noviazgos o matrimonios, como “viajes compartidos” en lugar de solo “relaciones”.

No se debe a que haya en este concepto mayor romanticismo u optimismo, sino a que hay en él más veracidad, puesto que una relación amorosa consiste en un lazo de intercambio constante, de consumación de lo mutuo, un esquema que puede ser mejor entendido cuando se piensa en él como en una travesía de cientos de kilómetros donde los vaivenes del día y la incertidumbre de la noche acosan, pero al mismo tiempo iluminan el amor cuando es sincero, auténtico y real.

No obstante, al igual que las grandes aventuras van de la mano de riesgos e imprevistos, también las relaciones de pareja han de hacer frente a cambios de marea bruscos, tempestades repentinas, sequías y silencios interminables. En la dificultad surge a menudo la tensión y, con ella, las palabras que cortan y los actos que hieren… que atraviesan algo más sensible y difícil de sanar que la piel.

Las acusaciones injustas son más frecuentes en las relaciones sentimentales de lo que deberían ser, y esto se debe a una carencia capaz de afectar gravemente los cimientos de cualquier pareja: el no saber cómo manifestar asertivamente lo que sentimos, pero insistir, desde luego, en hacerlo.

Tú, y Yo soy Yo

Las fallas de comunicación en una pareja son, más que las piedras que trae el río, el vaticinio de una avalancha.

Los psicólogos y expertos en relaciones de pareja depositan a menudo la responsabilidad de este hecho al olvido o total desconocimiento de un factor muy preciado para una comunicación efectiva: el uso de “Mensajes Yo” en lugar de “Mensajes Tú”, es decir: frases que inicien con el reconocimiento de las propias emociones y puntos de vista, y no con el reproche o reclamo por las emociones y puntos de vista ajenos.

De este modo, si las palabras o gestos del ser amado nos han hecho enfadar, lo correcto sería expresar: “Me hizo sentir enojo lo que dijiste o hiciste”, pero no: “Tú me hiciste enojar”.

Los errores más comunes a la hora de comunicarnos con nuestra pareja derivan de una externalización total de nuestros sentimientos, o en otras palabras: una urgencia por deshacernos de ellos para “dejar de sentirnos así”. Esto impide que seamos capaces internalizar (asimilar) nuestras experiencias afectivas — algo más que necesario para alcanzar un conocimiento pleno de quiénes somos — pero, además, nos conduce a sufrir e infligir heridas mucho más profundas de lo que pensamos.

“Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que crees oír, lo que oyes, lo que quieres entender, lo que crees entender y lo que entiendes, hay diez posibilidades de no entenderse”

(Bernard Werber)

 

5 claves para decir lo que sientes sin herir a quien amas

Para expresar nuestras emociones y pensamientos desde el “Mensaje Yo”, es preciso cuidar el seguimiento de una serie de principios básicos de comunicación que atienden no solo al contenido (qué se dice) sino también a la forma o paralenguaje (cómo se dice).

Estos atributos pueden resumirse en forma de consejos rápidos que indican situaciones a ser evitadas con el fin de comunicar a nuestra pareja lo que pensamos guardándonos de no herir sus sentimientos:

 No levantar la voz

Los gritos y las exclamaciones no hacen más que imprimir dramatismo y sugerir una falta de respeto absoluta hacia la postura del otro.

Una conversación que se conduce en un tono de voz calmado es clave para el intercambio de opiniones y la conciliación, además de ser una señal de madurez, confianza y seguridad.

No actuar como si lo supiéramos todo

“Cuando creíamos tener todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas”, escribió Mario Benedetti, y hay tanta certeza en esto como lo hay en el dicho de que nunca dejamos de aprender.

Dar inicio a una conversación auto proclamándonos dueños de la verdad absoluta es un acto de egocentrismo. Sea cual sea nuestro punto de vista, no debe ser una excusa para ignorar que nuestra pareja es un ser humano, un individuo con derecho a ver y palpar retazos blancos donde nosotros solo vemos retazos grises.

Pasar por encima de la perspectiva de los demás sólo pronostica mayor discordia.

No acudir al sarcasmo ni a la ironía

Aunque para muchas personas resulta más cómodo sacar a la luz una verdad disfrazándola de media verdad, este recurso no es necesariamente la mejor alternativa, ya que puede llegar a sembrar confusión y pérdida de la confianza.

Frases como “no lo decía en serio” rebuscadas velozmente luego de manifestar una verdad a medias son causa de malentendidos y desorientación, incluso de una angustia incómoda por no saber en qué grado era cierto o falso lo que se dijo. En cambio, desarrollar estrategias de comunicación claras y directas, sin que esto implique refugiarse en ráfagas de agresividad, es la mejor forma de expresarnos dejando sitio a la posibilidad de que seamos, además de escuchados, comprendidos a plenitud.

Respetar la voz de nuestra pareja como desearíamos que fuese respetada la nuestra

Implica no interrumpir ni comportarnos como si cada frase pronunciada diera cuerpo a un contraataque.

Respetar y escuchar la opinión de nuestra pareja refuerza un nexo mutuo de respeto a la opinión del otro. En palabras del escritor Alejandro Jodorowsky: “Lo que das, te lo das. Lo que no das, te lo quitas”.

No forzar una “respuesta urgente”

Es necesario entender que no todo silencio supone indiferencia. Que nuestra pareja no reaccione al instante de cara a la revelación que le hemos hecho no significa que no haya palpado su magnitud o que, llanamente, no le importe cómo nos sentimos.

Es preciso saber distinguir entre los silencios apáticos y los reflexivos, así como reconocer y respetar el hecho de que toda persona merece tiempo y espacio para procesar y asimilar, tanto como tiene derecho a responder en el momento en que se sienta capaz de hacerlo en buenos términos.

Recuerda: cuida lo que dices con el mismo empeño que depositas en cuidar en lo que haces, y no permitas que tus palabras destruyan lo que tanto has construido con el corazón.

 

Escrito por: Editorial Phronesis

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Referencias:

The “I Message” vs. the “You Message” – Steven J. Fogel (2013). Steven J. Fogel. Disponible en http://stevenjayfogel.com/the-i-message-vs-the-you-message/

4 Things You Can’t Do When You Argue With Your Partner (2015). Psychology Today. Disponible en https://www.psychologytoday.com/blog/between-you-and-me/201506/4-things-you-cant-do-when-you-argue-your-partner

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7 errores comunes que aniquilan el amor

No siempre el buen porvenir de una relación depende del modo en que nos comportamos con nuestra pareja, también juega un papel determinante la manera en que decidimos no comportarnos, la sabiduría para saber cuándo guardar silencio, la templanza para saber cuándo no empujar, la intuición para saber bailar al son del vals con una gracia tal que dos cuerpos parezcan uno.

Presta atención a los siguientes errores comunes que muchas parejas cometen día tras día sin saber que, a raíz de ellos, se va tejiendo la cuerda que asfixia el amor. Reflexiona sobre cada uno y cúrate de imitarlos para que tu relación de pareja se conserve dulce, solidaria y perdurable.

  1. Dejar que se pierda el contacto emocional

Presencia física no equivale a presencia emocional. Puede que tu pareja y tú pasen tiempo juntos en gran proporción durante el día, pero compartir el desayuno, ir al trabajo juntos o ver un programa de televisión por las noches no hace las veces de tiempo de calidad al menos que sea palpable un intercambio de ideas y sentimientos, ya sea verbalmente o a través del tacto.

La falta de conexión en la pareja produce una sensación de “estar sin estar” que va marchitando poco a poco el amor hasta que la relación se transforma en una mera coincidencia rutinaria entre desconocidos.

  1. Afrontar las discusiones con una postura ofensiva

Las diferencias y roces de la convivencia son completamente normales en cualquier relación, el inconveniente es que muchas personas no saben cómo hacerles frente de manera asertiva y caen en el error de atacar a su pareja, responsabilizarla injustamente por los problemas que atraviesa la pareja o desacreditarla.

Aprende a guardar silencio cuando el enfado te incite a pronunciar palabras que puedan herir los sentimientos de quien amas. Edúcate en el arte de la moderación y evitarás, en apenas un segundo, largas horas de amargura.

  1. Poner “a prueba” los sentimientos del otro

Algunas personas recurren al chantaje para forzar a su pareja a “demostrar” la veracidad de sus sentimientos. Suelen ser individuos con tendencia narcisista, o bien con una baja autoestima y problemas de seguridad que necesitan verificar constantemente el compromiso que el ser amado ha adquirido con ellos para controlar sus niveles de ansiedad, o incluso para definir qué tanto deben aportar ellos a la relación.

Recuerda esto: todo tipo de manipulación, sin importar el grado, supone una violación del derecho individual a la libre toma de decisiones. Ningún amor prospera bajo esas condiciones.

  1. No apoyar al ser amado

Uno de los principios básicos de toda relación estable y feliz es que exista solidaridad entre sus miembros, que cada uno sea capaz de alegrarse por la dicha del otro, o bien acompañarlo en sus horas más oscuras de forma natural, sin empujones, sin exigencias, no porque sea una cláusula de contrato sino porque el idioma del amor también habla de compasión.

Si tu pareja no siente tu apoyo cuando atraviesa un momento difícil, esto dice mucho del estado y potencial de la relación. Todo es tan fácil como entender que donde hay falta de interés, también hay falta de amor.

  1. Ser insistente en errores del pasado

Muchas relaciones se ven sujetas a periodos de oscura calamidad y, sin embargo, son capaces de reponerse y seguir adelante. Ya sea que se trate de una infidelidad, una ofensa o un evento doloroso respecto al cual se acordó un perdón sincero y un borrón y cuenta nueva, salir a desenterrar tumbas cada vez que ocurre una discusión o nos sentimos irritados o angustiados es un golpe bajo que deteriora severamente la relación, ya que no sólo evidencia que el perdón nunca terminó de darse, sino que envía un mensaje claro a nuestra pareja: “Hagas lo que hagas, no volveré a confiar del todo en ti”.

  1. Dar la relación por garantizada

Caer en la monotonía es un grave error, y suele ser la causa de muchas infidelidades y disolución irremediable de parejas que, en otras circunstancias, pudieron permanecer juntas.

Jamás puede darse una relación por asegurada. Tal y como cuenta una metáfora muy conocida (y certera), el amor es como una planta que debe regarse todos los días para no morir de resequedad. En el plano opuesto, cuando asumimos que el afecto de nuestra pareja ha alcanzado un punto de madurez en el que no cambiará sin importar lo que hagamos o dejemos de hacer, pecamos de arrogantes e insensibles, algo ante lo cual ni siquiera el amor es inmune.

  1. No decir a tiempo lo que sentimos

Acumular descontentos es la fórmula mágica para matar lentamente el amor. Pronto, deja de tener importancia si nuestra pareja olvidó nuestro cumpleaños o si dejó abierta la ventana de la cocina: cualquier equivocación se convierte en una sentencia de muerte que concluye con un: “No más”, y todo termina “de pronto”, sin razón aparente.

Expresa siempre tus preocupaciones o insatisfacciones en el momento en que las experimentamos, no calles tus sentimientos a propósito para evitar episodios incómodos. Tarde o temprano, la consciencia te pasará factura y sentirás que has estado traicionándote a ti mismo para mantener a flote la relación.

Escrito por: Editorial Phronesis

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Referencias: Guías prácticas de Walter Riso 

 

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