MI HIJO ESTÁ DISTINTO: ¿QUÉ HAGO?

Muchas veces, como padres sabemos que las cosas no andan bien, sentimos que no vamos por el buen camino y algo nos va indicando que deberíamos desviarnos para llegar a puerto seguro. Muchísimas veces nos sentimos perdidos en lo que le pasa a nuestros hijos. No sabemos leerlos, nos preocupan y no tenemos idea cómo llegar a ellos. Tenemos la imagen de que algo no camina, pero no sabemos por dónde partir para descubrir qué podemos hacer distinto. Vamos intentando distintas soluciones, dando palos de ciegos, los cuales en reiteradas oportunidades nos vuelven más inconsistentes como padres, lo que inevitablemente impacta en nuestros hijos, muchas veces, empeorando la situación. Porque con la inconsistencia de las soluciones intentadas ineficaces, viene la incertidumbre. No sabemos qué esperar y perdidos, intentamos de todo para ayudar a nuestros hijos. Este proceso de incertidumbre para nosotros como padres, solo va angustiando aún más a nuestros niños en sus emociones, haciéndoles casi imposible leer lo que les pasa y descubrir el camino que los llevará a estar mejor.

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En un mundo que nos exige tener hijos perfectos y ser padres perfectos, tendemos a escuchar los pedidos desesperados de profesores, amigos o pares, de que por favor alguien ayude a nuestro hijo. Y entonces nos sale natural preguntarnos ¿podré ayudarlo yo? ¿necesitará ayuda profesional? ¿cuándo realmente se hace necesario consultar?. La mayoría de las veces el mundo nos dirá que nos queda grande el problema y que tenemos que pedir ayuda a un profesional. Sin embargo, vale la pena poder detenerse y mirar el problema con perspectiva, ¿qué nos entrampa?  ¿qué nos hace a nosotros como padres y a ellos como hijos, estar paralizados frente a una situación?.

Bajo mi mirada, la mayoría de las veces buscamos distintas soluciones, pero que finalmente terminan siendo más de lo mismo y esto empeora el problema. Entonces me encuentro en la consulta con padres que me dicen “lo hemos intentado todo” “ya no sabemos que hacer” “nada de lo que hago resulta como espero“, y la verdad es que sin darnos cuenta estamos haciendo todo el tiempo más de eso que complica la situación. Mi hijo tuvo un año difícil el año pasado, empezó a tener conductas que no eran propias de él, estaba irritable, sensible, agresivo. Con mi marido sabíamos que algo no andaba bien, y nos perdimos en un sin fin de intentos que solo llegaron a empeorar la situación. Algunos días lo conteníamos, otros lo retábamos y también lo reforzábamos….solo inconsistencia. Fue necesario para nosotros como papás detenernos y darnos cuenta que necesitábamos ayuda. Una nueva mirada de lo que estaba pasando y una manera distinta de hacer las cosas por parte de nosotros como padres.

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Siempre el cambio en nosotros, repercute directamente en nuestros hijos, la vida es interacción y los problemas muchas veces se alimentan de esta interacción. Basta con que podamos mirar el problema y ver qué podemos hacer distinto para que se rompa ese círculo vicioso. ¿Cómo darnos cuenta? Lo primero es poder sentarnos y descubrir qué es lo que esta pasando con ellos, no basta con saber que algo anda mal. Averigüemos, conversemos con ellos, observémoslos con sus pares, miremos cómo se mueve en el mundo adulto y por sobre todo intentemos pensar qué es lo que me está queriendo transmitir con sus conductas, ¿qué es eso que esta necesitando y yo no estoy pudiendo entregarle?. Para mí, mi hijo estaba en un grito de ayuda desesperado a que algo en su vida tenía que cambiar y para eso tuvimos que tomar decisiones más radicales, el tema es que uno tiene que tener la entereza de mirar eso y hacerse cargo como papás, con o sin ayuda. La decisión de pedir ayuda depende del camino que ustedes como padres decidan recorrer. Nosotros decidimos pedir ayuda porque ya nos sentíamos demasiado perdidos en los intentos por ayudar a nuestro hijo, y nada estaba dando resultado para que él estuviera mejor.

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Somos como padres, el espejo de nuestros hijos, y muchas veces el cambio en nosotros se verá reflejado en ellos. Mirémonos en nuestros defectos, en eso que me hace ruido de mí misma y tratemos de pensar cómo eso se relaciona con cómo estoy viendo o relacionándome con mi hijo. Si cargo con miedos, exigencias y el perfeccionismo, no puedo pensar que eso no impacta en su manera de ser. De alguna manera lo veremos reflejado, quizás en niños autoexigentes, críticos, o cautelosos. Todo lo que somos los impacta, todo lo que trasmitimos de nosotros mismos los afecta y todo aquello que yo puedo cambiar es por lejos lo que más los ayuda al cambio.

¿Cuándo pido ayuda? Cuando veo sufrimiento en mi hijo, cuando me siento entrampada en mis soluciones como mamá  o papá, cuando necesito una mirada distinta que me haga reflexionar. Pero estemos claros, para consultar tenemos que estar dispuestos como padres a mirarnos, descubrirnos y por sobre todo a cambiar. Si no estamos dispuestos, nada de lo que hagamos, ni siquiera con ayuda, dará resultado. Porque finalmente nosotros somos los portadores del cambio, nosotros somos los que vamos construyendo camino y acompañando a nuestros hijos en construirse y descubrirse. Ojo!! Nunca, pero nunca lleven a sus hijos obligados a pedir ayuda, eso no sirve, eso solo les hace sentir incapaces y enojados frente al no entendimiento. Para poder pedir ayudar, es fundamental poder crear con ellos algo que los motive al cambio, y esa primera tarea es totalmente nuestra como padres. Si ellos no quieren recibir ayuda, no habrá ningún profesional que pueda lograrlo, nunca olviden que ustedes son los primeros actores del cambio en sus hijos y toda solución que encuentren debe ser co-construida con ellos.

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Muchas veces las decisiones más difíciles son las que darán más fruto y ese fue mi caso. Tenemos que atrevernos como papás y como personas a mirar la realidad desde un lado más flexible, porque solo esa actitud se nos abrirá la posibilidad de intentar algo distinto. Todos tenemos problemas, varios de nuestros hijos presentarán síntomas alguna vez en sus vidas, el tema está en poder tomar las decisiones necesarias y abrirse a las distintas posibilidades. Me encanta una frase que dice “el cambio nunca es doloroso, solo la resistencia al cambio lo es“…. ¿cómo podemos abrirnos al cambio?. Si necesitan ayuda, pídanla, siempre con la mente abierta a intentar cosas nuevas, ayudando a nuestros hijos a lograr su bienestar y abiertos siempre a que el cambio parte por nosotros….sobretodo por nosotros.

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¿“Sempáticos”?

Todos hemos oído hablar de empatía, y muy a menudo se nos ha explicado como “la capacidad de ponerse en el lugar del otro”. Sin embargo, en la mayoría de los casos, mano en el corazón, esto no suele funcionar tan bien en la práctica. Por supuesto es frecuente, que efectivamente logramos ponernos en la situación del otro, pero generalmente es porque estamos de acuerdo con esa persona, es decir simpatizamos con ella.

Así es que la simpatía exige consonancia, concordancia, coincidencia y muchas veces, ideas de valores similares. Simpatizamos con nuestras amistades y con quienes compartimos algo en la vida, por lo que nos parece más fácil “ponernos en su lugar.”

Sin embargo, no nos será tan fácil ponernos en la posición de cualquier persona, con la cual a primera vista no tengamos nada en común o diferencias abismales en algún ámbito. Por ello, no me gusta tanto la arriba citada definición simplificada y “vox populi” de empatía.

Más bien coincido con que la empatía es una postura comunicativa que nos permite respetar acciones interpersonales, y también sentirlas comprensivamente, independientemente de si estamos de acuerdo o no, si simpatizamos con esa persona o no.

Por lo tanto y tratando de hacer una mejor aproximación a la definición de empatía, propongo la siguiente: “la capacidad de expresar respeto y comprensión por la manera de actuar, pensar o sentir de la otra persona, ya sea que estemos de acuerdo o no.” En ese contexto, nuestra situación personal y opinión son indiferentes, ya que las posiciones incluso podrían ser contrastantes o antagónicas. De lo contrario, si las posiciones y opiniones son más bien coincidentes, simpatizamos con nuestra contraparte.

De la manera que lo explico arriba, lo he vivido muchas veces en mi vida, aunque debo reconocer, de que durante décadas actuaba más intuitivamente en ese sentido y no era tan consciente de ello. Cuando tomé real consciencia, fue hace unos doce o trece años atrás, cuando ahondé en una amistad con una persona por la cual sigo teniendo un inmenso afecto, quien muchos años antes de que la profundizáramos había sufrido el asesinato por razones políticas de su padre, en una época complicada y muy delicada de nuestra historia. Esta persona, de una posición política muy distinta a la mía, estaba pasando por un momento puntual especialmente sensible respecto de la pérdida de su padre. Efectivamente, a pesar de nuestras grandes diferencias ideológicas, la respeté honestamente y pude sentir comprensión por lo que había pasado y estaba pasando en ese momento, sin falsas posturas, tanto así, siento que en esos años incluso fui un buen apoyo, más allá de mi comportamiento al estilo del Río Guadiana: aparecer y desaparecer, el que nada tenía que ver con la situación señalada. Debo decir eso sí, de que simpatizábamos muy fuertemente en varios valores, diferentes a los meramente ideológicos políticos.

Por lo tanto, claramente sí somos capaces de llegar a sentir comprensivamente, si respetamos la posición y vivencia de la otra persona, sin condenarla o realizar un juicio de valor.

Para mostrar empatía, no es necesario expresar nuestra propia opinión sobre el tema, ya que ante todo la empatía requiere escuchar, observar y respetar la posición o situación de esa otra persona. Por supuesto, existen otras formas de hacer ver nuestra opinión y mostrar respeto, por ejemplo, a través de una comunicación tranquilizadora y deferentemente apropiada a la situación.

Pero por favor, no confundamos: a veces sentimos que somos empáticos, o incluso nos dicen que lo somos, pero cuidado, frecuentemente se trata sólo de querer complacer al otro o tratar de ser bien comportados, incluso a querer caer bien y obtener su aprobación. Tratamos de simpatizar, pero en realidad no empatizamos.

El respeto real, exige conocimiento y empatía. Ello, porque debemos conocer y observar a la otra persona para poder mostrarle nuestro respeto en su situación. El respeto requiere que todos tengamos el derecho de decidir cómo queremos vivir, pensar, actuar y sentir, sin ser juzgados por esas decisiones. Por supuesto, sin que ello ocasione daños a otros.

Cuando respetamos, comprendemos desde la posición en que habla, piensa o siente la otra persona, según sus propios valores, sin que necesariamente exista plena coincidencia en ellos. Además, si no pretendemos cambiarla a través del convencimiento racional o emocional.

Simpatizar significa compartir muchos valores, inclinaciones, etc. Empatizar significa mostrar respeto comprensivo por las diferencias sin juzgar.

Por lo tanto, no siempre puedes ser simpática(o) y empática(o) al mismo tiempo.

 

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MI PAPÁ ME ENSEÑÓ…

Hay días que me pregunto ¿por qué el rol de los padres siempre queda relegado a segundo plano?. Es como si las mujeres nos adueñáramos de la crianza y educación de nuestros hijos e inconscientemente, los fuéramos dejando cada día más de lado y a ratos nos jactáramos de todo lo que sí hacemos. Encontramos a veces las “razones” para alejarlos: o porque vemos que están menos en el día a día o porque creemos que no se involucran “lo suficiente”. ¿Cuánto necesitamos que estén ahí? Y más importante aún ¿en qué necesitamos que verdaderamente estén? ¿Queremos que sean iguales a nosotros? ¿Cómo abrimos la puerta para que ellos sean parte de manera distinta a la nuestra?. Quizás podríamos empezar por mirar y valorar lo que sí hacen, lo que aportan en la crianza y lo mucho que enseñan con su mirada de la vida… diferente a la nuestra.

Si pienso en mi papá no puedo dejar de mirar todo eso que me aportó en la vida. Me entregó la contención y tranquilidad en momentos de duda. Me enseñó la importancia de mantener el equilibrio, y dentro de su simpleza, siempre me ayudó a no angustiarme antes de que los problemas pudieran ocurrir. Siempre lo escuché decir “no intentes solucionar problemas que no existen” (frase que uso con casi todos mis pacientes). Con esas quizás, simples palabras, me entregó la certeza de que siempre tuve y tendré las herramientas de enfrentar lo que venga. Si la vida se pone cuesta arriba, no necesito tener todo bajo control antes de que eso ocurra, porque eso es enredado y básicamente imposible. Me enseñó a ser simple, y confiar en mí y en mis recursos por sobre todas las cosas. Nunca dejó ni una mínima ventanita de duda, de que yo era capaz de hacer y enfrentar lo que me trajera y propusiera en la vida.

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Mi papá me enseñó el valor de la austeridad y la humildad, que no necesitamos adornarnos de cosas materiales para hacernos valer, ni para valorarnos a nosotros mismos. Tengo grabado a fuego que podemos ser felices con tan poco y que no necesitamos “tener” para buscar la alegría. Porque la felicidad se encuentra en los lazos de amor, en los vínculos y en cómo ponemos al otro como una pieza fundamental en nuestras vidas.

Con su pragmatismo me ayudó a ser realista cuando yo quizás solo quería soñar, me ayudó a buscar objetivos claros y alcanzables, siempre confiando en que yo lograría todo aquello que me propusiera con trabajo y empeño. Me enseñó de la perseverancia y de como con responsabilidad, compromiso y trabajo duro se logra todo aquello que te propongas… aunque en el proceso cueste y te caigas mil veces. Mi papá me enseñó que existe espacio para el error y que de ellos aprendemos, que de las crisis salimos fortalecidos y que es ahí cuando podemos encontrarnos con nuestras sombras, abrazarlas y quererlas.

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Mi papá me enseñó la cautela, pensar bien las cosas antes de actuar, tener un plan y alternativas. Su racionalidad me permitió mirar que en el universo existen miles y miles de alternativas y es uno la que elige cual tomar. Siempre dejaremos una por otra y entonces tenemos que asumir lo que eso conlleva. Me enseñó a crecer y a volar, siempre con la cautela de no estrellarme. Me enseñó a cuidarme, quererme y respetarme, y en mi adolescencia pude cuidarme desde el cuidado incanzable de él, que nunca bajó los brazos. Mi papá me enseñó el respeto, el respeto profundo por el ser humano, el nunca pasar a llevar al otro y siempre poder mostrar tu punto de vista pero sin críticas o juicios. Logré aprender de la tolerancia y mucho me enseñó en aceptar y valorar la individualidad y diversidad.

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Hoy veo al papá de mis hijos y se también cuánto les está enseñando: simpleza, autonomía, respeto, perseverancia, compromiso, el valor del deporte y el juego, la empatía, el regalo del tiempo y el respeto por el ser humano. Mi papá y mi marido no se diferencian en casi nada. Quizás solo que mi papá es más “machista” y nunca se metió en las labores del día a día de la crianza, por otro lado mi marido cumple el mismo rol que yo. Existe un equilibrio pleno entre lo que yo hago y lo que el va asumiendo en la crianza. Y entonces creo que al final, si bien ha sumado infinitas enseñanzas para mis hijos tener un papá más inmerso en las labores domésticas, creo que lo más importante, verdadero y profundo es todos aquellos valores que nos entrega la figura de nuestros padres. Finalmente su amor incondicional, su alegría, su respeto, su cariño y su conexión emocional es lo que vienen a regalarnos en nuestra vida. Todos necesitamos mamá y papá, ambos nos entregan distintas enseñanzas, valores y maneras de ver la realidad.

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Dejemos de relegar el rol del hombre al trabajo y sostén económico, ellos son muchísimo más importantes. Son fundamentales en los lazos de amor que van construyendo con nuestros hijos. Hoy solo puedo agradecer: agradecer al papá que tengo y me enseñó tanto, agradecer al papá de mis niños que me sigue enseñando día a día, agradecer que somos dos en esta tarea de hacer familia y que nos equilibramos en nuestras miradas, formas, valores y maneras de hacer familia.

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El desafío está en dejar espacio para que cada uno, en su rol e individualidad, aporte desde ahí a nuestros hijos. Ninguno es más importante que otro, ninguno hace más que el otro. Somos distintos y en esa diversidad crecemos como personas y hacemos crecer a nuestros hijos en su mirada al mundo. Y a ti, ¿qué te enseño tu papá? ¿qué quieres que tus hijos aprendan de su papá?. Y tu papá, ¿Qué quieres dejar marcado a fuego en tus hijos?…..solo les digo: ¡que nada los detenga!.

¡Feliz día a todos los padres! (SOBRETODO AL MÍO)

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Mujeres Realizadas: ¿Por qué nos cuesta tanto?

¿Por qué nos cuesta tanto a las mujeres conciliar trabajo, familia y lograr la realización personal? Tanto en el mundo del empleo, como en los emprendedores que llegan año a año a Simón de Cirene, vemos como este dilema está tan presente. Ha mejorado con el tiempo, no lo niego, antes era mucho peor, pero, sinceramente falta mucho para resolver que el éxito de la mujer dependa de si tiene o no resuelto el tema familiar. Y eso es preocupante.

Y no quiero caer en el clásico reclamo de que no nos entienden y que difícil nos hacen la vida. Las mismas mujeres somos responsables de los frenos que nos ponemos. Usamos excusas, no nos creemos el cuento, no visualizamos el éxito y no planificamos nuestro camino de realización personal. Porque no estamos hablando de que hay que ser la gerenta más reconocida o ser la dueña de la coca cola para triunfar. El éxito real es lograr la realización personal de cada una, con el equilibrio entre la vida personal y la laboral como base.

Las presiones que caen sobre las mujeres son varias, se ha escrito mucho sobre eso. De estas presiones, una de las que más me preocupan son las asociadas al cuidado de algún familiar. Se da por obvio que, ante una guagua recién nacida, un enfermo en la familia o un padre o madre adulto mayor que necesite cuidados, una mujer de la misma familia debe quedarse en la casa haciendo esa labor. Dentro de todos los cuidados, hay unos más agradables que otros y unos más solitarios que otros, pero no es una opción a elegir. Y eso genera una serie de consecuencias en el proceso de realización personal de la mujer. A las que eligen de corazón hacer esas labores de cuidado, la que sea, les aplaudo de pie. Están aportando a una sociedad más conectada, más humana y menos individualista. Lo celebro, siempre que con eso estén decidiendo conscientemente postergar los avances laborales de su vida y asumiendo las consecuencias sin frustración.

Pero, qué pasa con las que debemos hacernos cargo de algún familiar con necesidades y vemos con angustia como el tiempo no da, nos vamos quedando fuera de ciertas decisiones de la organización, de oportunidades para emprender. O peor aún, ¿qué hace esa gran generación estresadísima que tiene hijos adolescentes y padres ancianos? Es difícil estar en condiciones de emprender o emplearse teniendo que llevar a una madre a diálisis en la mañana y tratar de acompañar a una hija en problemas en la tarde.

¿Qué han traído las nuevas generaciones al mundo laboral? Hace 15 años entré a trabajar y me encontré con una forma bastante rígida de hacer las cosas. Así se habían hecho hace muchos años en todas las empresas, y quién era uno, recién egresada, para modificar algo super impuesto por hombres y muy secundado por las mismas mujeres de generaciones anteriores. El concepto era, o eres exitosa en lo laboral o eres exitosa con tu familia, tienes que elegir. Por eso me siento agradecida de las nuevas generaciones que llegaron a cambiar la mentalidad de los que estábamos paralizados con estos conceptos. Llegaron a humanizar el ambiente laboral, haciendo presente que los aspectos personales y laborales se cruzan permanentemente durante el día, sin que por esa razón se baje el rendimiento y logro de objetivos. Esto es un avance maravilloso que se debe traspasar a la mentalidad de todas las mujeres de forma profunda.   Debemos cambiar en todas nosotras la idea de que, con un plan y disciplina, si se puede lograr. Que podemos irnos antes de la pega para acompañar al hijo en problemas. Que para emprender exitosamente no podemos usar sólo el tiempo libre que nos dejan las tareas de la maternidad. Hay que organizarse distinto, pedir ayuda. No es obvio que estamos solas en esto, a cargo de todos los cuidados familiares. Hay padres, hermanos e hijos que pueden y deben hacerse cargo, pero somos nosotras mismas las que debemos, con humildad, abrir los espacios para que se logre esto, organizar buscando soluciones, forzando el equilibrio personal y laboral de todos. Y nosotras tenemos el deber de hacernos cargo de nuestro camino, de lo que nos hace feliz ahora y lo que haremos en los próximos cinco años para buscar la realización personal. Porque sólo así la sociedad entera se humaniza, se conecta y crece en conjunto, sin dejar a nadie atrás y aprovechando los grandes talentos femeninos que están dormidos.

Artículo escrito por Macarena Troncoso

Extraído del Blog de Universidad del Emprendedor – Simón de Cirene

Imagen Portada : innerwhispers en Pixabay

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Amor sin estrés: Promover armonía en las relaciones de pareja

Importancia de las relaciones amorosas

El amor constituye una de las dimensiones fundamentales del ser humano, en tanto la mayoría de metas vitales que nos proponemos giran en torno al establecimiento de relaciones de pareja que nos resulten satisfactorias y trascendente. Lo que a la vez lleva a las personas a experimentar sufrimiento y dolor asociados al amor, bien sea por tener dificultades en una relación amorosa, por no tener una relación establecida o por el dilema de experimentar varias relaciones afectivas a la vez.

La experiencia clínica evidencia que los problemas del amor constituyen el motivo de consulta más frecuente en la práctica terapéutica. Las personas generalmente tienen metas vitales referidas al establecimiento de relaciones de pareja soñadas, pero al no conseguirlas, sufren por amor. Es tal la necesidad de vivir una relación afectiva ideal, que muchas personas se vuelven irresponsables emocionalmente al asumir que su felicidad y bienestar dependen del estado emocional de la relación.

Los vínculos amorosos no son para padecerlos, sino por el contrario, para vivirlos al máximo y disfrutarlos. A pesar de que, como plantea Irving Yalom (2008): “El amor siempre está contaminado por el dolor”, el disfrute y el bienestar de la vida en pareja debe ser lo que prime en la relación, de no ser así, habrían que replantearse los asuntos de la pareja.

¿Quién no ha sufrido alguna vez por estar con la persona equivocada, por sentir que el deseo se ha apagado o, simplemente, por la caricia que nunca llegó?. No hay nada más hipersensible que el amor, nada más arrebatador, nada más vital”.  Walter Riso – Ama y no Sufras.

El Dr. Walter Riso señala que con frecuencia el amor nos hace sufrir. Incluso aquellas personas que han encontrado su pareja perfecta tienen momentos de inseguridad y frustración. La buena noticia es que es posible superar los aspectos de nuestras relaciones que atraen la infelicidad, pudiéndose construir vínculos más saludables y gratificantes, sin apegos, con un mayor “cociente amoroso” y “ligando el corazón con la mente”.

Algunas personas sostienen que una buena relación amorosa es una condición contribuyente al bienestar personal, y en efecto, en la psicología clínica se asume que la vida en pareja es un factor protector para la salud mental de las personas, siempre y cuando reine la armonía en la relación.

Se escucha en el argot popular que el amor es un dispositivo suficiente para mantener una buena relación de pareja. Es evidente que para establecer y mantener un vínculo afectivo, el amor es necesario, y estar enamorado de la pareja es la base para para construir y vivir una buena relación. Sin embargo, y como plantea Aaron Beck (1990), el amor, a pesar de ser un incentivo poderoso para la vida en pareja, no constituye en sí mismo la esencia de la relación. Hay cualidades esenciales que deben cultivarse, como el compromiso, la sensibilidad, la generosidad, la lealtad, la responsabilidad, la confianza, la cooperación, la tolerancia, la comunicación y el perdón, que son determinantes para una relación feliz.

En la conjunción de estas cualidades, las parejas asumen una actitud constructiva en la relación, que les permite afrontar las dificultades cotidianas con compromiso y decisión. Es evidente que en todas las relaciones de pareja, como en cualquier proceso de interacción humana, se presentan situaciones problemáticas que pueden generar desencuentros, y por ende, reacciones de estrés. Ese no es el problema. El asunto a revisar son las estrategias de afrontamiento que las personas implicadas en la relación asumen, tanto de manera individual como en pareja, que les llevan a superar los conflictos o enfrascarse en el problema y deteriorar cada vez más el vínculo.

¿Qué es el amor?

El concepto del amor es tan difícil, que de su definición se han encargado los filósofos, sacerdotes, poetas, novelistas, psicólogos, médicos, físicos y un sinnúmero de “especialistas”, por lo que no se puede llegar a un consenso satisfactorio al respecto. Inclusive, se puede afirmar que cada persona, en su realidad subjetiva, tiene una definición propia del amor, que cree cierta y en torno a la cual construye y busca sus relaciones.

Para tener un soporte conceptual que nos permita hacer la reflexión sobre el estrés en las relaciones, se adopta la definición del psicólogo norteamericano Robert Sternberg (2000) quien propone que:

El amor de pareja es una conjunción de tres elementos que le dan la dinámica a las relaciones: Intimidad, amor y compromiso, que se grafican en un triángulo en el que cada elemento está ubicado en los vértices de la figura”:

La intimidad

Se refiere a la confianza y conocimiento de la pareja, saber quién es el otro, cuáles son sus sueños, anhelos, dificultades, temores, virtudes, necesidades, asuntos propios de su cotidianidad.

La pasión

Es la atracción física, el deseo y la intención de compartir cercanía corporal en pareja. Tiene que ver con la gratificación por el contacto, el disfrute por la cercanía y la búsqueda de la interacción física y sexual.

El compromiso

Es la decisión y voluntad por mantener la relación. Es la intención de construir juntos, de definir metas en pareja, tener lealtad y responsabilidad frente a la relación y buscar soluciones a las dificultades que se presentan en la pareja.

La relación de estos elementos define el tipo de amor que se vive en pareja, pues en cada relación puede primar o faltar alguno o algunos de ellos, lo que puede ser la base para la generación de reacciones de estrés, por constituirse una relación no consumada, como propone Robert Sternberg. El amor ideal, fortalecido, pleno, es aquel en el que los tres elementos confluyen de manera armónica, constituyendo un propósito de fortalecimiento en la relación en la que ambos protagonistas deben implicarse con decisión y compromiso.

Manejando el estrés en las relaciones de pareja

Para evitar que el estrés afecte las relaciones de pareja, y procurar que en vez de generadora de sufrimiento la vida en pareja sea un factor protector de la salud mental de las personas, se pueden tener estrategias tanto individuales como en conjunto, en cada uno de los elementos señalados como constitutivos de la relación.

En cuanto a la intimidad, es importante que las personas implicadas en una relación de pareja cultiven confianza entre sí, asumiendo que sí están dispuestos a mantener la relación no se puede estar con una persona casi desconocida.

Algunos tips para fortalecer la intimidad son:

  • Hablar todos los días sobre lo transcurrido en la cotidianidad de cada uno, en el trabajo, el estudio o en la casa.
  • Fomentar espacios para dialogar sobre asuntos personales como temores, necesidades, anhelos, deseos, entre otros.
  • Compartir espacios diversos, evitando la monotonía en pareja.
  • Evitar hacer juicios o críticas al pasado de la otra persona y asumir que la relación se sostiene con quien es la persona en el hoy y el ahora.
  • Permitir y fomentar la expresión abierta y franca de las emociones, sin enmascaramientos u ocultamientos falsos.
  • Expresar los desacuerdos, incomodidades, desencuentros e inconvenientes percibidos en la relación.
  • Respetar la individualidad y territorialidad personal de cada uno, sin pretender intromisiones o invasiones de la intimidad.

Para favorecer la pasión, es necesario que se mantenga viva la llama del deseo, del disfrute por la cercanía corporal y el placer por la interacción en pareja. Para promover la pasión en la relación, se sugiere:

  • Crear espacios de encuentro en pareja, en los cuales ambas personas puedan compartir sin la compañía de otros.
  • Buscar los espacios y momentos adecuados para iniciar el contacto físico, sin presiones ni manipulaciones.
  • Tener frecuentes expresiones sobre lo que se admira físicamente de la otra persona, de aquello que se percibe como atractivo del otro.
  • Resaltar la propia imagen física para compartir en pareja, esmerarse en “ponerse bonito” para el encuentro con el otro.
  • Permitirse cercanía e interacción física, con miradas, besos, caricias y encuentros sexuales placenteros.
  • Buscar estrategias de cuidado corporal en pareja, como hábitos alimentarios, ejercicio físico, cuidado en general de la salud.
  • Evitar comparaciones de los encuentros físicos en pareja con personas con quienes se compartió anteriormente.
  • Ser abiertos y receptivos para hablar sobre asuntos sexuales, como temores, expectativas, desacuerdos, fantasías y demás.

Por último, para favorecer el compromiso en pareja, es necesario que ambas personas mantengan la intención de construir juntos y comprometerse a que mientras exista la relación es menester alimentarla para que se proyecte a futuro. Como plantea Yalom, entender que “el amor debe ser eterno, mientras dure…”.

Algunas pautas para promover el compromiso en la relación, son:

  • Hacer planes en pareja, acordes con el momento de la relación. Asumir que en cada momento compartido en pareja debe representar un avance en el afianzamiento de la relación.
  • Compartir los esfuerzos para mantener el vínculo amoroso. Los aportes en la construcción de la relación no pueden recaer en una de las personas, debe ser una tarea compartida.
  • Ser sinceros y claros en la expresión de los sentimientos hacia la otra persona. No se deben generar falsas expectativas o ilusiones en la pareja.
  • Plantearse metas en pareja que cumplan tres condiciones esenciales: Que sean viables, que generen gratificación y que resulten trascendentes.
  • Resolver con prontitud los conflictos y situaciones dilemáticas que aparecen en la relación. No dejar que los problemas se aumenten por no afrontarse a tiempo.

En conclusión, el proceso de vivir las relaciones de pareja con las suficientes intimidad, pasión y compromiso, requiere de la decisión de ambas personas, de manera que el esfuerzo y la constante lucha por construir juntos deben ser compartidos.

En pareja, como en cualquier proceso de interacción humana, no todo es armonía. Es inherente a las relaciones tener momentos de desacuerdo, conflicto y adversidad, que son generadores de estrés. No se trata de buscar que la armonía caracterice a la relación en todo momento, sino de desarrollar estrategias de afrontamiento individuales y en conjunto que permitan superar los problemas, incrementando el potencial de disfrute, construcción y desarrollo potencial del vínculo afectivo.

Por: Dr. Rodrigo Mazo Zea

rodrigo.mazo@upb.edu.co

Extraido de: Editorial Phronesis

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Referencias

  • Beck, A. (1990). Con el Amor no basta. Cómo superar malentendidos, resolver conflictos y enfrentarse a los problemas en pareja. Barcelona: Paidós.
  • Group, E. F. (2016). Cómo eliminar el estrés con amor. Tomado de: https://www.globalhealingcenter.net/
  • Natalia (2013). Estrés y vida íntima: Cómo afecta a la pareja. Tomado del blog: Ella hoy. www.ellahoy.es /pareja/articulo/estres-y-vida-intima-como-afecta-a-la-pareja/
  • Riso, W. (2009). Ama y no sufras. Cómo disfrutar plenamente de la vida en pareja. Barcelona: Planeta.
  • Russek, S. (2014). El estrés y los problemas en la relación de pareja. Tomado del blog: Crecimiento y bienestar emocional. http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/pareja.html.
  • Sternberg, R. (2000). El triángulo de amor: Intimidad, amor, compromiso. Barcelona: Paidós Ibérica.
  • Yalom, I. (2008). El verdugo del amor. Historias de psicoterapia. Buenos Aires: Emecé Editores.

 

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LA IMPORTANCIA DE SANAR EL VÍNCULO MATERNO

Tu madre te conecta con la vida, es el puente para acceder a mayoría de tus experiencias como mujer adulta.

Míralo de este modo; en tu inconsciente está el vivo recuerdo de haber tenido la relación más simbiótica que jamás volverás a tener con otro ser humano en tu vida, ni con tu pareja, hijos o amigas, lo vivirás. Es el vínculo que viviste con tu madre cuando habitaste su vientre, donde tenías todo lo que necesitabas y querías a libre disposición.

Ahí conociste la incondicionalidad, y luego por situaciones de la vida, la olvidaste, quizás tu madre no fue quien deseaste o necesitaste, aun así, ella estuvo para ti de la única forma que podía según sus recursos internos y su propia historia.

Hoy te toca aceptar que tu madre te abrió la puerta a la vida, y que la relación que puedas tener con ella ahora, es el reflejo de cómo está tu vida, ya que la madre representa:

-tu éxito,

-tu relación con el dinero,

-tu pareja y

-tu cuerpo.

Cómo miras a tu madre es cómo miras tu vida, por eso, es fundamental sanar este vínculo, sanar la herida materna, que aparece cuando:

-tú madre no tiene recursos internos para acompañarte en tu desarrollo,

-no te proporciona protección,

-no te guía emocionalmente,

-aparece más bien como una enemiga en tu vida, intenta controlarte, a través de la culpa o criticando tus decisiones y despierta en ti el deseo de no verla más o vivir lo más lejos posible.

Esto último lejos de ser una solución, solo trae más dolor y resentimiento, pues no logras llevar a tu madre a tu corazón, tomar la vida que ella te traspaso y hacerte responsable de tu experiencia, en alegría y libertad.

Como mujer adulta, tu puedes decidir seguir luchando contra tu madre y todo lo que representa para ti, o aprender a llevar una relación con límites saludables y aceptar que ella, ya te dio lo máximo que tenía para ti, la vida, y del resto, ahora te encargas tú.

Irina Duran MartinezIrina Duran Martínez Psicóloga de Mujeres

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Viña del Mar

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5 cosas que solo pasan en la familia (y que debemos cuidar)

Artículo publicado originalmente en El Definido

A raíz de la triste situación de tantos niños que han sido vulnerados en sus derechos en Chile, Mane Cárcamo nos recuerda las razones de por qué es tan importante la familia y por qué debemos velar por protegerla como sociedad.

Hace unos días leí una entrevista a la neuróloga infantil y directora de la Fundación para la Prevención de la Violencia infantil (Previf), Laura Germain, que aparte de confirmar todas las situaciones terribles y tristes que ocurren en el Sename, pone en la palestra la urgente necesidad de hacer visible, revitalizar y enaltecer a la familia.

Germain cree que lo que más daña a los niños del sistema actual es “que no son nada. Los niños no tienen identidad en ese tipo de instituciones. Todo esto que hablamos de la necesidad del vínculo del niño en una familia, de ser alguien, que tiene que tener a alguien que lo guíe, una persona que le dé afecto. Nada de eso existe en el sistema actual. Ese daño es para todos los niños”.

La crisis del Sename tal vez no es solo una crisis de recursos, de expertos, de gestión del Estado, tal vez es ante todo una crisis de amor, de afecto, de entender que los niños no necesitan “funcionarios acreditados a cargo”, sino ante todo personas que sean capaces de vincularse con cada niño en un ambiente cálido, acogedor… básicamente familiar.

Dicha entrevista me hizo pensar que no por nada la palabra “hogar” viene del latín “focus” que es de donde viene la palabra castellana “fuego”. En el hogar, en la familia, todo el calor y la bravura del fuego se hacen patentes. Y es en torno al fuego, que ocupaba un lugar central en la casa y por necesidades de luz y calor, donde los integrantes se congregaban. En la familia ocurren cosas que no pasan en ningún otro lugar, no es un modelo copiable, no acepta imitaciones. Tiene ese “qué se yo” que hace que la mayoría de los seres humanos anhelen una. Y no cualquiera, una feliz. Y feliz no quiere decir perfecta, porque evidentemente esa no existe. Feliz para mí quiere decir que todos los días ese grupo humano lucha por quererse más, por cuidarse con mayor detalle, por estar ahí para aplaudir los éxitos y abrazar sin decir nada cuando vengan fracasos. La definición que iré haciendo a continuación puede sonar al “decálogo” de tarjeta de cumpleaños o película de Disney. Algunos me leerán y dirán “pobre ave ilusa, no existen las familias así”.

Claro tal vez no existen las que cumplan con todos estos requisitos, pero podría apostar que tu familia al menos tiene algún ingrediente de lo que viene a continuación.

  • En la familia uno descansa, aunque el lugar físico no sea ni el más cómodo, ni el más lujoso, ni el más espacioso. Esa sensación de llegar al hogar y sentir que “ese es nuestro lugar” es tan misterioso como inexplicable.
  • En la familia las peleas pueden ser dantescas, explosivas, incluso hirientes, pero se dan en un contexto que cuando el amor es lo que la orienta, esas discusiones pasan al olvido, vuelven las risas, las tallas, aunque hayan significados llantos y desilusiones, incluso aunque sepamos que esas guerras peligrosas pueden volver a estallar. Pero es en familia y eso permite que el vínculo tenga una resistencia mayor a cualquiera que se le parezca.
  • En familia se da un perfecto matrimonio entre aceptación de la diferencia y la exigencia cariñosa. Habrán personajes que son centros de mesa, intelectuales, deportistas, sensibles, observadores, desordenados y detallistas. La familia es como un gran rompecabezas en donde cada pieza es distinta, pero necesaria. Y además de querernos tal cual somos, también nos invitan a mejorar lo que es corregible, lo que nos hace mejores personas, los que nos permitirá soñar en grande.
  • En familia aprendemos a leer el mundo como sólo esa familia sabe leerlo. No hay una familia igual a otra. La familia nos entrega un filtro particular (del cual después podemos desprendernos), para entender a nuestro entorno, establecer nuestros límites, definir el marco valórico que orientará nuestros actos, gozar la vida, entender aquellas cosas que nos mueven y motivan. Es en esa tropa donde recibimos nuestra primera carta de navegación, que muchas veces nos ha salvado del naufragio total.
  • En familia sabemos que nos pueden mostrar muchas tarjetas rojas frente a nuestros pastelazos, pero que nunca nos echarán del partido. Nos leerán la cartilla cuando estemos perdidos, nos quitarán el piso si es que estamos equivocados, pero por muy grande que sea el condoro ellos estarán ahí… pase lo que pase. Y eso la hace imprescindible.

La lamentable situación de tantos niños vulnerables en nuestro país debería abrir una reflexión acerca de cómo la sociedad apoya la formación de familias para que puedan tener las condiciones básicas para poder construir lo anteriormente descrito. Si el mundo que nos rodea generara redes de educación para pololeos sanos, trabajos que permitieran vivir dignamente a quienes se lanzan en esta aventura, no castigara la maternidad (e incluso la celebrara), permitiera la conciliación laboral y familia, otro gallo cantaría.

Y también en donde nosotros influimos cabe preguntarnos: ¿aporto a que aquellos con los que me relaciono puedan darle tiempo, amor y dedicación a sus familias? ¿Promuevo un estilo en donde los vínculos afectivos sean la prioridad por sobre los resultados de la pega, la productividad y el éxito?, ¿o soy de aquellos que critica el sistema con grandes posteos, quejas afiebradas en Twitter, extensas sobremesas, pero cuando tengo la posibilidad de cambiar el mundo en mi lugar de trabajo, en el lugar que influyo, mantengo sistemas abusivos en contra de la familia?

Grandes preguntas y desafíos que al menos a mí me dan mucho para pensar.

Magdalena Cárcamo – Periodista

Fuente: www.eldefinido.cl

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